miércoles, 16 de enero de 2008

Suculentos artefactos y aficionados dementes

Por favor, que alguien me diga la verdad. A ver si hay alguna persona por ahí con la suficiente mala sangre como para soltarme, aunque sea con dos palmaditas en la espalda, lo que ya empiezo a sospechar: que me estoy convirtiendo en un dinosaurio, y que esa especie de demencia senil que es el conservadurismo me ha llegado antes de lo que esperaba. Verán, porque el otro día despotricaba contra los críticos musicales de El País, y juro que alguna duda me reconcomía por dentro, porque es cosa sabida que la estadística funciona regularmente, y que si de diez críticos encumbrados nueve me parecieron equivocados, lo más probable es que sea yo el que andaba alejado del acierto. Pues bien, hoy leo con algo de atraso el Babelia del sábado, y en su sección musical aparece un artículo firmado por Iker Seisdedos, uno de los críticos del otro día, titulado Los cofres del tesoro musical, y dedicado a la edición especial de discos en cajas de lujo y con materiales inéditos.

Digamos que su texto, así en general, me parece un verdadero despropósito, y no sólo en cuanto a los contenidos, sino también en lo referente a su lamentable uso del estilo y la gramática. Por ejemplo, en la introducción, plagada de ideas de una sosa obviedad, este buen hombre dice lo siguiente:

Una buena caja (las convenciones reservan la denominación a la agrupación en edición limitada, con intenciones estéticas y de exhaustividad de tres o más CD) es capaz de tentar desde el empedernido coleccionista de vinilo (al fin y al cabo, se cita también la erótica del objeto, aunque sea digital) hasta el aficionado que se tragó lo del disco compacto como formato definitivo y ahora contempla con melancolía las cajas de cristal de su colección.

No sé si ustedes se han enterado, porque lo que soy yo… Verán, entiendo perfectamente lo que quiere decir el crítico, pero también creo entender perfectamente que no sabe bien cómo decirlo, y que sólo la educación que me dieron mis padres permite que le entienda este párrafo atroz.

Por supuesto me he negado a investigar todas las propuestas musicales que este hombre incluye en su artículo, y menos con las secuelas del otro trabajito tan reciente, pero claro, miro los títulos y distingo a Miles Davis y John Coltrane, y bueno, las ya típicas apuestas sobre seguro. También veo a Nick Drake, con el que se demuestra que, aunque un buen músico debe tener personalidad, no basta la personalidad para ser buen músico. Pero yo iba al apartado que nuestro amigo les dedica a los U2, con su disco Joshua Tree. Para que ustedes no tengan que leer todo el artículo, les reproduzco el pasaje completo sobre los ínclitos U2, párrafo que, además de producirme gran asombro, me llevó a escribir este texto y pedirles que, por lo que más quieran, me saquen pronto de este seguro error mío. En dicho pasaje podrán comprobar nuevamente la expresión inteligente y elegante del crítico, además de cierta declaración que me permito subrayarles. Les pido, en todo caso, que tengan mucho cuidado con la respiración, porque no me hago responsable de ningún caso de asfixia lectora:

U2. Joshua Tree. Todo (el veinte aniversario de la publicación incluido) podría haber quedado en una de las habituales argucias para volver a vender lo que ya se había colocado antes. El cuidado en la edición, así como en la reproducción de los descartes de las sesiones fotográficas de Antón Corbijn para el disco que marcó los últimos años ochenta y la vida de la que se iba a convertir en la mayor banda de rock de su tiempo salva un empeño que podía haberse quedado en un irrelevante punto que tratar en una reunión de marketing de la compañía. Es, por el contrario, un suculento artefacto destinado más al común de los fans que al aficionado demente.

En fin, yo qué quieren que les diga… ¡La mayor banda de rock de su tiempo! Ahí es nada. Tantos y tantos fueron quemados en la hoguera por blasfemias mucho menores… Por supuesto, escribiendo todo esto me quedo más tranquilo, pero vuelvo a pedirles que me saquen de esta mezcla de prejuicios y de vanidad, de esta ofuscación que nubla mi mente y acogota mi razón. Porque o este mundo está organizado con salva sea la parte, o yo estoy realmente malito. Ustedes dirán.

16 comentarios:

ANA DE LA ROBLA dijo...

Oye, ¿y eso del aficionado demente? ¿Va por él, por ti, por mí o por Luis López-Cortés? :-)
Qué bueno...
Beso "ananadado".

Sir John More dijo...

No sé, Ana, la verdad es que por muchas vueltas que le doy no entiendo lo del "suculento artefacto destinado más al común de los fans que al aficionado demente". Aunque refiriéndose al producto de ese gran artista que es Bonito y sus sardinas, pues la verdad, todas las bobadas que se digan serán pocas. A mí la mayor banda de rock de su tiempo me repatea especialmente las entrañas.

A ti te perdonaré que te guste el Mercury, y a Luis le perdonaré que le gusten Deluxe y los otros, pero porque sois buenas personas, porque si no...(:-P). En cuanto a mí, perdona, pero mis gustos están refinadísimos, así que no necesito perdón... Espera, espera, que tengo por ahí ese fanatismo mccartniano que me da unos disgustos... Besos a mi crítica preferida.

Francisco Sianes dijo...

Sir,

Romperé el encanto de tu irónico desconcierto: el señor crítico quiere decir que esa edición de lujo no es sólo recomendable para el aficionado demente (aquel fanático que compraría hasta una patata caída de las fauces de Bono -no bromeo: hace unos días se subastó una patata que huyó de los morritos de Beckham-), sino que el aficionado común (sensato) de U2 encontrará en esta flamante edición novedades que justifiquen el desembolso de sus eurillos.

Y, por favor, no me seas talibán: la música de la segunda mitad del siglo XX que perdurará será menos la de los Stockhausenes, Nonos, Xenakises, Lutoslawskis, Pendereckis, Ligetis* y demás patulea, que la de los grandes artistas de música popular: jazz, pop, folk y rock de los 50, 60 y 70.

Ana, no sé qué epíteto lírico podría asignarle con más justicia: Ananodada o Anadonada. Sí sé cuál elegiría.

Un saludo a cada uno.

* [Por mucho que algunos hayan compuesto obras que no te conducen irremisiblemente a la huida, la sordera, el suicidio o la invasión de Polonia]

leo dijo...

¿Y tú crees que mucha gente va a hacer caso a ese señor, regañao con las comas y los puntos como está?
No porque no quieran, sino porque no puedan ;)
Ay, sir, cómo va el mundo, sí: nosotros incluidos.
Besotes.

Pd.- Genial Ananadada Y el Sr. Sianes y su anadonada. Un abrazo a ambos. Y al resto también. Hala.

Sir John More dijo...

No, no, por Dios, Don Francisco, me malentiende usted. Soy mucho más del jazz, del pop, del folk y del rock que de esos señores que usted ha citado, aunque a algunos ya me atreví a hincarles el diente y, entendiéndolos por momentos de forma muy superficial, he de declarar que disfruto con ellos. Por supuesto, también soy un aficionado demente de la música clásica, pero en todos los estilos busco, además de pasión, calidad, interés, expresión, fuerza, delicadeza, elegancia, y tantas otras virtudes que la música puede albergar. Por supuesto, y emito una opinión que podríamos discutir (porque los gustos son siempre discutibles, dialogables), considero que es complicado que exista un aficionado sensato de U2. O más correcto sería decir que cualquier aficionado a U2, por muy sensato que sea, alberga un cierto grado de insensatez si gusta de los ritmitos reiterativos y ñoños de ese líder lleno de poses bobas que es el señor Bono. Cuando me conozca mejor sabrá que cuando considero que una obra, en vez de incomprensible (y por tanto provisionalmente inalcanzable), me resulta patentemente simple y estúpida, no tengo pudor alguno en decirlo, sea de Luis Aguilé, sea del mismísimo Dios tocando el cencerro. El silencioso Cage pagó mi osadía hace poco en el acogedor cuaderno de Ana.

No obstante, me alegra muchísimo que, aunque comprensiblemente mal dirigida, haga esta apreciación que yo mismo he colocado en varios rincones de este cuaderno: el mundo clásico (y clásico contemporáneo) a veces respeta y conoce poco a otras músicas, las cuales pueden llegar a alcanzar la calidad de muchísimas obras clásicas, e incluso superarla. Aunque yo añadiría que, sea en el mundo clásico o en el popular, sea en la música o en cualquier disciplina artística, últimamente el cáncer se llama originalidad, palabra que parece eximir a muchos espabilados de dar contenido y grandeza a sus obras, y que les abre las puertas del éxito y el entretenimiento. Un abrazo promisorio de futuros intercambios musicales.

Lo que me alucina, Leo, es que un suplemento tan prestigioso como Babelia combine artículos realmente lúcidos y hermosos con majaderías como ésta. Un beso a cambio de tantos abrazos (sigo recordando con arrobo aquella velada contigo y el amigo Tawaki).

Ruth dijo...

"...cualquier aficionado a U2, por muy sensato que sea, alberga un cierto grado de insensatez si gusta de los ritmitos reiterativos y ñoños de ese líder lleno de poses bobas que es el señor Bono."
¡Ay! ¡Me duelo! ¡Me duele por todas partes! Primero los ojos por la falta de puntuación del pseudo periodista ese y ahora por esta crítica mordaz... ;-)
Hombre, no es que me vuelvan loca, y el Bono me parece más feo, tonto y creído que uno que lo era mucho, pero es musiquita pachanguera, de esa para pasar el rato, y de vez en cuando tienen alguna letra que merece ser escuchada. Claro que yo a la música le pido que me entretenga y, a ser posible, que me haga saltar y olvidarme de la hipoteca. Cosa que no hace el jazz ;-)

RosaMaría dijo...

Por favor pasa por mi blog que aclaré una situación en la que estás incluído.

Lula Fortune dijo...

La verdad es que debo estar algo espesita a estas horas porque yo también he tenido que leer dos veces al crítico (la segunda porque en la primera casi me ahogo). No es que no se entienda, es que se entiende antes de leerlo y por eso no se explica que dé tantas vueltas para decirlo. Verás, yo tengo la teoría de que los críticos, de lo que sea, son seres frustrados de eso que critican: músicos frustrados, escritores frustrados, cineastas frustrados... y subliman su frustración haciéndonos saber lo buenos que son, al descubrir los fraudes o las estrellas.
En fin, buenas noches Sir. A mí tampoco me gusta U2.

ANA DE LA ROBLA dijo...

"Lo que me alucina, Leo, es que un suplemento tan prestigioso como Babelia..."
Sir, ¿estás enfermo? ¿Suplemento prestigioso el Bobelia? Me temo que será para los mismos aficionados dementes que cita el eximio... El Bobelia hace ya muchos lustros que perdió su reputación, entre otras cosas porque todas las semans nos obsequia con algunas de las críticas más indignas, ágrafas, desviadas y corruptas de los suplementos españoles.
Y sí, por cierto, el Mercury me parecía un showman impresionante; al menos ya tenía una gracia que no tienen muchos de esos que van de elitistas y cantan con voz de tísicos y algunos críticos dicen que son la ****** (letra por asterisco). Porque, oye, ¿te has dado cuenta de que la mayoría de los que se supone que son buenos cantan desafinando y con voz de tísicos? Por supuesto que Mercury y los Queen no son mi grupo favorito, ni de lejos, pero su sentido teatral es único (la ironía deliciosa de ese Bohemian Rhapsody les libra del infierno con toda seguridad: Mama, just killed a man. Put a gun against his head. Pulled my trigger, now he's dead. Mama, life had just begun. But now i've gone and thrown it all away. Mama, ooo. Didn't mean to make you cry).
Y ahora ya, poniéndonos serios, en cuanto al viejo truco de que algunos compositores de contemporánea no entienden nada de moderna, diré dos cosas: 1/ Eso es absolutamente incierto; 2/ Lo más frecuente suele ser lo contrario. Que hay compositores de moderna que han hecho algunas cosas mejores que los clásicos... sí, depende de qué clásicos. Dime un solo tío que haya hecho algo mejor que Bach; Bach es como los griegos, Sir: lo inventó todo, y los demás viven de las rentas. A la contra, los clásicos que han hecho cosas mejores que la mayoría de los modernos son legión. Hablo de la estricta complejidad y calidad de la composición musical, no del grado de disfrute que puedan proporcionar.
En todo caso, en pocos ámbitos se puede percibir tanta disparidad como en la música. Hace unos días me reía leyendo reseñas del Mesías que ha grabado Minkowski. Para unos se había convertido en una grabación de referencia, mientras que otros la echaban por tierra y decían que Minkowski se había cargado el Mesías. Unos y otros parecían tener criterio suficiente. ¿A quién creer?
Un beso para ti... y otro beso casi anamorado para el señor Sianes.

Sir John More dijo...

Querida Ruth, entiendo lo que dices, pero tengo que hacer dos matizaciones con las que seguramente comprenderás mejor mi pensamiento. Por un lado, yo también le pido a la música que me entretenga, siempre, y de hecho, por muy técnicamente maravillosa que sea una música, si no me lo paso bien con ella dejo de escucharla (si no la comprendo la dejo para más adelante, y si la comprendo pero me aburre entonces la suelo dejar para siempre). Por tanto, el entretenimiento no es una prerrogativa de la música pachanguera o música del chimpún, como yo la llamo, ni tampoco es su valor musical, por mucho que a veces sirva para algo. Por otro lado, estoy de acuerdo contigo en que en determinadas circunstancias uno necesita escuchar esa música (o esa lo que sea, porque a veces llamamos música a cosas que se parecen más a un tractor averiado que a una obra musical), y aunque cuando entro en alguna discoteca o pub echo de menos que se cuide un poco más incluso la música de baile, pues me pongo a bailar con Michael Jackson o incluso con los U2. Lo que me asombra es que se considere en algunas instancias a U2 como uno de los mejores grupos de rock de la historia, cuando observando de cerca su música no es más que un hatillo de lugares comunes y sonidos repetitivos. Ah, y con el jazz deberías probar más, te juro que concretamente para olvidar los temas hipotecarios es de lo más adecuado... :-) Un beso.

Estoy en ello, Rosa María, ando pensando en el cuestionario... Menuda tarea me pusiste... Besos.

Ay, Lula, creo que tienes razón en parte, porque hay muchos críticos que son precisamente eso, artistas frustrados, pero también hay algunos que nos hablan de las obras con el cariño de los que disfrutan de ellas, y con la rabia del que ve hecha pública una tontería. Si lo piensas bien, todos actuamos un poco de críticos, y yo últimamente no paro de soltar mandobles, pero si me miro un poco hacia dentro creo que esos cabreos no van tanto contra los criticados, como a favor de los que sí producen obras fascinantes. Bicos.

A ver, Ana, lo primero es que sí, que estoy enfermo. Estoy por publicar en el blog mis síntomas a ver si alguien sabe decirme qué tengo: al parecer neuralgia, con inflamación de parótidas, dolor de garganta, malestar general, y llevo unos meses ya... Aunque verás, te explico lo del Babelia. No compro el periódico: mi suegro lo compra y yo me aprovecho del suplemento que él ni siquiera abre. Incluso así, cada vez que lo termino acabo diciéndome que no vuelvo a leerlo, pero hay que reconocer que de vez en cuando aparece alguna perla, y las críticas de algunos colaboradores me gustan invariablemente. El amigo Savater me sigue pareciendo un tío la mar de salao, y su último artículo (que me salté sin querer y que leí gracias al amigo Jorgewic) sobre Gómez Dávila fue encantador. Pero sí, tienes razón en que el suplemento hay pocos sitios por donde cogerlo. Aunque también hay que reconocer que en este bendito país hay instancias muy prestigiosas (¿o sería mejor decir prestigiadas?) que, a pesar de su prestigio, no valen un real.

En cuanto a lo musical, y salvo en el tema Mercury, que puede ser un gran showman, pero cuya música no me parece ni siquiera de una mínima calidad (a no ser que uno la compare, claro, con la de Estopa o la de Enrique Iglesias), en cuanto a lo musical, digo, estoy totalmente de acuerdo contigo: nadie consiguió una música tan grande como la de Bach. Y por supuesto, hay otra gente enorme (Haendel, Mozart, Beethoven...) que han hecho música fascinante, pero Bach es un dios inalcanzable, y de hecho Dios mismo no sería casi nada sin él. Y también estoy de acuerdo contigo en que hay muchos más compositores grandes en el mundo de la clásica, pero eso no quita que exista, y de forma bastante generalizada, una ignorancia a veces insultante por parte de los artistas y aficionados a la clásica respecto de otros tipos de música. Lo veo diariamente, y en el texto que dediqué a la conversación entre Trías y Andrés traté de demostrar que estos dos buenos hombres, que son tremendamente interesantes a la hora de hablar de música clásica, se convierten en pardillitos en el momento en que les piden que se refieran a otras música; y juraría que es por puro prejuicio, porque creen que toda la música no clásica es igual, así del estilo de U2. Y podemos decir que entre Van der Graaf o King Crimson y U2 hay el mismo abismo que entre Vivaldi y Luis Cobos, pero estos señores, a los que nadie puede negarles una ilustración y una sensibilidad bárbaras, son incapaces de advertir ese abismo. Creo, imagino que como tú, que el oyente musical debe disfrutar de la música e introducirse en ella repensándola, y aunque lo primero se hace primero, y lo segundo viene después del disfrute, lo segundo produce nuevo disfrute, y así entramos en una rueda deliciosa en la que algunas músicas se nos van cayendo por simples, y otras más complejas y emocionantes van incorporándose a nuestra discoteca. Pero cuando uno teoriza mucho sobre un tipo de música, además sobre aquella música con más historia, corre el riesgo de despreciar otras músicas, y estos señores habrían hecho muy bien en contestar que no tenían ni idea de rock, en vez de comentar de forma con indiferencia e incluso desprecio todo un mundo musical en el que hay monstruos no tan grandes como Bach, pero sí tanto como muchos buenos compositores clásicos. Todo ello en mi opinión, claro.

En cuanto a lo que dices de la disparidad legítima en música, es cierto que ocurre, pero ocurre en todas las artes. Entiendo perfectamente que dos personas, una aficionada a Mozart y otra a Beethoven, se puedan llevar siglos exponiendo los motivos de la superioridad de uno u otro, y todos serán motivos instructivos y aceptables. Ahora bien, si no confundimos el derecho que todos tenemos a escuchar lo que nos dé la gana (tolerancia) con la consideración y la discusión amigable sobre la calidad de esta o aquella pieza musical (respeto), resulta definitivamente insensato defender que U2 es el mejor grupo rock de su tiempo. Besos muy tolerantes, respetuosos, amigables y de todos los otros tipos que usted merece.

amart dijo...

Pero, hombre, Sir, con lo selectivo que me pareces en cuestión de letras, ¿cómo se te ocurre dedicar semejantes esfuerzos a descifrar jeroglíficos retórico-estúpido-dialécticos?
Luego dices de la amenaza del alzheimer...
Un abrazo.

Sir John More dijo...

Querido amigo Amart, tú sabes, que me dio mucho coraje leer esas tonterías y bueno, esto de tener un cuaderno electrónico sirve también para eso, para desahogarte. Oye, aunque por varias cuestiones un viaje a Madrid se me sigue haciendo complicado por el momento, confío en que la exposición esté marchando como seguro que tus pinturas merecen. Un abrazo.

elita dijo...

No creo que sea cuestión de enfermedad, me identifico totalmente con tu desconcierto y sorpresa. Cuando encuentro artículos como el que nos has mostrado, y tras soltar tres o cuatro (por decir algún número) palabras llenas de indignación, suelo abandonarlos a su suerte; porque qué manía con la idea de que a más palabras y complicaciones mejor texto y mejor crítico.
Bueno, y después de todo este tiempo, ya tenía ganas de volver a "verte".
Te dejo muchos besitos.

Sir John More dijo...

Bienvenida, Elita, ya se te echaba mucho de menos, y además con tanta, tantísima envidia de tanto viaje. Menos mal que nos has aclarado que no todo es bonito en tu vida, y tú sabes, los envidiosos nos calmamos con las desgracias de los envidiados... :-) Espero que nos "veamos" mucho en el futuro. Besos.

elita dijo...

Uuuix, si te contara de verdad de la buena, verías como de bonito nada. ¡Lo que pasa es que una hace lo que puede para pasear detrás del telón!
¡Besitos futuristas!

RosaMaría dijo...

Interesante leerlos,las opiniones en música suelen ser variadas pues cada uno tiene su propia frecuencia y de ahí las preferencias diferentes. Lo del artículo mejor no darle tanta importancia.
Lo de Bach, Beethoven o por decir otros Grieg, Mozart, también va por las preferencias primero, por el estado de ánimo despues, y también por el haber tenido oportunidad de oírlos a todos y luego sacar conclusiones, que casi siempre llevarán a diferente elección.
Un abrazo a vos y a tus lectores.