martes 20 de marzo de 2012

Nocturnos (43)

Miquel Blay - Los primeros fríos 211. Dios sólo puede llenar, obviamente, nuestros vacíos. Sólo nos llena en la medida que renunciamos a nosotros mismos.

212. Recorro callejuelas solitarias que huelen a tristeza. Hay muros húmedos de penumbra, con la macilla agrietada por una lenta eternidad, y se intuyen historias gastadas, zaguanes petrificados en los que no se distingue el día de la noche. No ocurre nada en esas calles, salvo el afán de la persistente y silenciosa ruina, que hurga en los resquicios de las paredes. La paz es barrunto y corolario de la muerte.

213. Aquí está la dichosa corriente, insípida como el agua, aunque sin su frescor ni esa suavidad de bálsamo. Aquí está la maldita corriente, sierva de las horas, del despertador impertinente, del terciopelo artificial de los hechos, de la cuadratura de las mezquinas previsiones. Esa terrible corriente que nos arrastra por cauces desenfadados y grises, por la superficie que, siendo el único lugar donde se puede respirar, a la vez me ahoga con su incansable horizontalidad y su continuidad eterna. Aquí, bajo mis pies, fluye esta corriente poderosa que sólo la locura puede conjurar.

214. No sólo el tiempo y el espacio son virtuales: todo se torna virtual por efecto del pensamiento. Al pensar, viajamos desde la impasible objetividad natural a la intrincada Sensitiva - Miquel Blaysubjetividad de la cultura. Por eso, cuando más nos acercamos a la sabiduría, más abismales nos parecen las distancias que nos separan de la comprensión de las cosas.

215. Se dice que el amor es un delirio, un estado pasional definido, un rapto casi místico que nos eleva por encima del simple cariño; un salto de calidad sobre el afecto, un momento perfecto al que se accede por una puerta cuyo vano se traspasa o no se traspasa. No se ama más o menos, decimos todos, se ama o no se ama. El romanticismo nos ha embaucado con sus jubilosos cascabeles, convirtiendo un maravilloso juego sin puertas en una trampa para animales reproductores, cobardes y religiosos.

martes 6 de marzo de 2012

Paisajes con móvil (VII)

---------------------------------------------------  Ángeles  ---------------------------------------------------
Ángeles

-------------------------------------------------  Dos mundos  -------------------------------------------------
Dos mundos

-----------------------  El gran pintor  -----------------------
El gran pintor

----------------------------------------------------  Tebeo  ----------------------------------------------------
Tebeo

-------------------------- El principio --------------------------
El principio

----------------------------------------------- La ciudad dorada -----------------------------------------------
La ciudad dorada

--------------------- El vicio de mirar  ---------------------
El vicio de mirar

--------------------------------------------  Hacia el crepúsculo  --------------------------------------------
Sol sin tren

------------------ Los brillos del recuerdo ------------------
Los brillos del recuerdo

-----------------------------------------------------  Luna  -----------------------------------------------------
Luna

---------------------------  Sombra  ---------------------------
Sombra

domingo 4 de marzo de 2012

Elogio de la modestia y el silencio

Azúcar

miércoles 22 de febrero de 2012

Las flores y el desastre

Me encanta el latido natural y sereno de muchos blogs. Cuando comencé a escribir en el mío, allá por enero de 2007, acababa de morir mi madre, un hecho que había sacudido mi mundo sin romper nada, un aldabonazo imprescindible y brutal del que extraje algunos regalos íntimos y esenciales. Y el blog me ayudó a mirar mis sentimientos, a respetar mi individualidad.

Siempre he creído que la sociedad se construye con individuos, con seres únicos, porque las reuniones de acólitos, partidarios, feligreses, admiradores, prosélitos o incondicionales sólo pueden formar masas irreflexivas y manipulables. Por eso, la reflexión privada, el pensamiento propio me ha parecido siempre condición imprescindible para relacionarnos de un modo sano con los demás. En todas las Valencia1libroépocas se han producido intentos de sustraer al ser humano de su individualidad para que piense al ritmo de la masa, para que se aglomere en multitudes ciegas, porque una oveja solitaria es mucho más difícil de pastorear que un rebaño entero.

Pero hoy, leyendo algunos blogs amigos, la desazón se producía justo por lo contrario. De entre todos los blogs que leo, sólo uno contenía una cierta referencia a la situación actual de nuestra sociedad. A mí mismo me está costando la misma vida sentarme a comentar esta abstrusa realidad que nos rodea, tal vez por eso mismo, porque no sólo nos hemos acostumbrado a las mentiras sociales, y no sólo nos sentimos profundamente cansados de esas mentiras, abstrayéndonos de ellas en la calidez de nuestros rincones particulares, sino que la realidad se muestra tan compleja e inabarcable que sólo encontramos la falsa salida de la resignación.

Guerra en el Congo El mundo lleva mucho tiempo, quizá lo que ha durado la historia del ser humano pretendidamente inteligente, tomando derroteros terribles: hambre, guerra, injusticia, tortura, infelicidad... Y entretanto muchos tenemos la suerte de disfrutar de instantes felices, incluso de vidas razonablemente cómodas. Imagino que es así, que sólo cuando la ignominia comienza a acercarse a nosotros somos capaces de preocuparnos por ella, aunque hayamos podido convivir toda nuestra vida con el dolor de tantos semejantes, y en la certeza punzante de que todos contribuimos a ese dolor con una especie de avaricia social, de avidez inocente y compartida cuya responsabilidad se diluye nuevamente en la masa. Todos hemos aceptado la creciente organización del mal...

Los que nos miramos por dentro, los que nos emocionamos con esta sonata o aquel cuadro, los que suspiramos enamorados y, mal que bien, trenzamos con esos suspiros canciones y cuentos, corremos el riesgo, cierto y frecuente, de olvidarnos de nuestra responsabilidad individual. Todos, por muy melancólicos y desesperados que nos sintamos, nos servimos de la colectividad, de los demás. Valorar cuándo esa colectividad deja de ser un ente imperfecto pero habitable, y empieza a convertirse en un escenario perverso, donde los principios básicos de convivencia y esa mínima justicia social imprescindible comienzan a pudrirse, es también (y sobre todo) tarea del individuo consciente. Porque el desastre podría sorprendernos recogiendo flores en un prado, soñando con nuestro amor, en el éxtasis irresponsable ante un hermoso crepúsculo sangriento...

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lunes 20 de febrero de 2012

Wenn dein Mütterlein

De los Kindertotenlieder, música de Gustav Mahler (1860 - 1911) y poema de Friedrich Rückert (1788 - 1866)
Thomas Hampson, barítono, Wiener Philharmoniker dirigida por Leonard Bernstein, 1988.
Pinturas de Vilhelm Hammershøi (1864-1916) y Van Gogh

Wenn dein Mütterlein

Wenn dein Mütterlein
Tritt zu Tür herein
Und den Kopf ich drehe,
Ihr entgegensehe,
Fällt auf ihr Gesicht
Erst der Blick mir nicht,
Sondern auf die Stelle
Näher nach der Schwelle,
Dort wo würde dein
Lieb Gesichten sein,
Wenn du freudenhelle
Trätest mit herein
Wie sonst, mein Töchterlein.
 
Wenn dein Mütterlein
Tritt zu Tür herein
Mit der Kerze Schimmer,
Ist es mir, als immer
Kämst du mit herein,
Huschtest hinterdrein
Als wie sonst ins Zimmer.
 
O du, des Vaters Zelle
Ach zu schnelle
Erloschner Freudenschein!
Cuando tu madre

Cuando tu madre
viene hacia la puerta,
y giro la cabeza,
para observarla,
mi mirada no cae
primero hacia su rostro,
sino sobre el lugar,
cerca del umbral,
donde tu pequeña carita
solía estar,
cuando tú, radiante de alegría,
entrabas, también,
tan normal, mi hijita.

Cuando tu madre
viene hacia la puerta
a la luz de la vela,
me parece como si
estuvieras entrando,
fugazmente tras ella,
como solías hacer, a la habitación.

Oh tú, trocito de tu padre,
¡ay, tan pronto,
mi alegría, tan pronto extinguida!

viernes 17 de febrero de 2012

Viaje a uno mismo

José Antonio Coderch En el acogedor blog de Andrés Martínez encuentro una foto realmente sugerente. Al pronto la foto no parece nada especial, e incluso leyendo el texto que Andrés incluye en los comentarios, percibo que la cosa no va sobre lo que pienso, sino sobre José Antonio Coderch, un arquitecto catalán, y sobre Espolla, el pueblito gerundense de sus padres y en cuyo cementerio hoy descansan sus propios restos. El pueblo, más que verse, se adivina en el fondo de la imagen...

La foto me resulta curiosa por un doble motivo: primero, porque aunque a primera vista parece una foto de lo más normal, basta mirarla con un poco de atención para descubrir en ella un equilibrio encantador, el mismo que muestran esos paisajes naturalistas que uno podría estar admirando durante horas... Pienso ahora en aquella sala de la National Gallery, en octubre de 1990, cuando la gente se arremolinaba frente a La venus del espejo de Velázquez, y a su izquierda quedaba inadvertido un cuadro impresionante, La cacería Real del Jabalí, ante el que me quedé completamente mudo. En la foto de Andrés son elementos simples los que se trenzan para componer un paisaje promisorio, vital y a la vez templado.

Philip IV hunting Wild Boar (La Tela Real)

La segunda curiosidad fue precisamente ésa, que lo primero que pensé al ver la foto parecía no guardar ninguna relación con la intención de su autor. Y es cierto que las fotos de carreteras que se pierden en el fondo poseen para mí un toque de predestinación y de atavismo a la vez. Representan el viaje y a la vez el regreso, quizá el regreso a mí mismo, a ese lugar del horizonte donde vuelvo a estar dentro de mí, mirando el mundo sin necesidad de analizarlo, tan sólo viviéndolo. Viajar, al fin y al cabo, es eso, suspender los sólitos afanes de la vida para sumergirnos desnudos y hambrientos en ella. No hay forma mejor que el viaje para sentirme más cerca de lo que creo ser, de lo que me constituye, de mis antepasados, de mi carne e incluso de mi futuro.

Y es entonces cuando reparo en que la foto no pretende mostrar ideas muy diferentes de las que me sugiere. Porque Coderch volvió a ese pueblo buscando sus raíces, viajando a un mundo nuevo que era el mundo pasado, embarcándose en una más de esas aventuras que nos dibujan sobre el papel intangible del tiempo.

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martes 14 de febrero de 2012

El poder distante

No recuerdo en qué curso ocurrió. Asistíamos a una clase de ética social en la Escuela Universitaria de Trabajo Social de Sevilla. La clase la impartía un señor maduro, calvo, antiguo cura que, según rumores, dejó los hábitos por el matrimonio. Samuel, que así se llamaba este buen hombre, poseía maneras místicas, movimientos pausados y una dicción embelesada que, sin embargo, no parecía embelesar a ninguno de sus alumnos.

Fe Bahai Aquel día apareció en la estrecha aula acompañado de tres personas jóvenes, dos hombres y una mujer de tez oscura y provenientes de distintos países del lejano oriente. Samuel los presentó como miembros de la Fe Bahá’í, una organización religiosa que aún hoy pretende la instauración de un gobierno único mundial, basándose en la cuestionable certeza de que todos pertenecemos a una misma raza. En el aula, aquella visita despertó el mismo escaso interés de siempre, disminuido si cabe por el alivio que muchos sintieron al saber que no tenían que tomar apuntes.

Después que los tres, por riguroso y estudiado turno, expusieron sus teorías, sólo recuerdo dos intervenciones, la de José Miguel Manzano y la mía. Él era un hombre de izquierdas que lo miraba todo con el tamiz del marxismo. Con sus preguntas enfrentó a los tres jóvenes a las consecuencias mundanas de sus idealistas y bienhechoras propuestas. Luego yo, atiborrado de Nietzsche, del más anarquista Savater, de ese humor pesimista de Cervantes, y que a mediados de los ochenta andaba muy, muy enfadado con la forma en que Felipe González gobernaba este país, aduje que no sólo el gobierno de Madrid estaba empezando a estar demasiado lejos de nosotros, sino que ahí estaba el gobierno europeo, amenazando, entre promesas de bonanza, con hacer aún más inalcanzable los centros de poder. Y ahora llegaban estos pájaros a proponernos un gobierno mundial. No, no, para nada.

Los fieles Bahai respondieron a nuestras apreciaciones y preguntas con vaguedades titubeantes, y azorado Samuel salió entonces en su auxilio con otras vaguedades que invitaban a la concordia y al entendimiento, porque Samuel, en el fondo, seguía siendo un cura. Cuando los invitados se despidieron, gran parte de la clase seguía dormitando.

Y es que esta mañana, leyendo la noticia de la agencia Reuters sobre las medidas que la Unión Europea podría tomar con España por no darse prisa con las reformas, y por no cumplir con los requisitos económicos dispuestos por unos señores que se arrogan poderes que nadie les ha transferido, pensaba en qué lejos está ya el poder real de nosotros. Un ejemplo mucho más sangrante, o si quieren ustedes mucho más materializado, es el de Grecia: un país cuyo destino descansa en las manos de cuatro mangantes...

Argullol Hace un par de días, en El País, Rafael Argullol hablaba de las reuniones del Foro Económico Mundial en Davos, y en algún otro sitio de este rincón nombré con asco a ese exclusivísimo Club Bildelberg, en el que se reúnen nuestros representantes con la gente más poderosa del planeta, no se sabe muy bien para representar qué. Lo cierto es que la distancia es un dato relevante en la política, porque cuando nuestros representantes, los que tras la fiesta de las urnas deberían trabajar para cumplir sus promesas electorales, se encuentran demasiado lejos, esa lejanía nos hunde por reacción en el corral del ganado, nos Davosconvierte en colmena, y separa con éxito, física y cualitativamente, los centros de decisión de la masa entretenida.

En un pueblo pequeño, el alcalde o la alcaldesa se cuida mucho más de lo que hace, porque cada dos por tres se cruza con un conciudadano, porque el ayuntamiento está inserto en el núcleo urbano del municipio, porque se escuchan sus decisiones, y porque en última instancia el pueblo puede congregarse alrededor del ayuntamiento para exigir que se cumpla lo pactado. Pero cuando el gobierno está en Bruselas o en Washington, o incluso más allá, cuando su estructura es incomprensible, cuando en él se integran innumerables instancias técnicas en las que se mezclan los representantes del pueblo con los verdaderos poderosos, con esos señores que se consideran a sí mismos fuera de la dinámica democrática y cuyo poder proviene exclusivamente del dinero acumulado, entonces el ciudadano se convierte en eso, en una pobre hormiga con atolondradas ambiciones de cigarra. Entonces puede consentir que en el Tercer Mundo se aplasten criaturas de todo tipo, incluso puede consumir productos surgidos de una esclavitud que, sin la distancia, le haría vomitar; puede ceder en los repugnantes negocios que unos señores oscuros, con la ayuda administrativa de nuestros representantes, explotan con enormes beneficios, a condición de que en muchos puntos de este planeta salten diariamente por los aires cuerpos mutilados de mujeres, hombres, incluso niños… Pero además puede soportar que el sistema judicial sea injusto e incluso corrupto, o que las fuerzas de orden público actúen ilegalmente con suprema desfachatez; puede admitir como inevitables las diferencias indecentes entre pobres y ricos, y puede observar la debacle de la educación y de la cultura como observa los estragos del otoño sobre los árboles del parque. Y puede, por supuesto, refugiarse en el entretenimiento insubstancial para creer que todas esas bombas nunca caerán sobre su tejado, que todo eso nunca le pasará a él.

hannah-arendt Hannah Arendt, en su magnífico libro Los orígenes del totalitarismo, argumentó con inteligencia que en la historia sólo hubo dos totalitarismos: el comunismo de Stalin y el nazismo de Hitler. De todos los argumentos, destaca el que afirma que ambos fueron regímenes que calcularon con frialdad el daño, tratando de exterminar grupos humanos completos. Pero el totalitarismo no residía tanto en la muerte de las víctimas como en la creación de un poder omnímodo, en el que las víctimas no conservaban ningún poder de decisión personal. En el mundo actual, en estos regímenes modernos y democráticos, se está gestando un totalitarismo aún más calculado que aquél, porque carece incluso de los impulsos emotivos (enfermos, por supuesto) de aquellas bestias del nazismo o del estalinismo, impulsos que de alguna forma fueron su perdición. Lentamente se va sintiendo este progreso hacia el despojo absoluto del poder individual, y hacia el desprecio por las normas que no sean las que emanan de las camarillas de los más listos

San_Marino_1982_La_cigarra_y_la_hormiga La idea de Europa es hoy una idea sagrada sólo porque se gestó como reacción a aquella otra Europa en guerra, pero los avances sociales de Europa han sido sólo efecto de una serie de necesidades económicas. La Europa actual se constituyó, desde el primer minuto, como un negocio, un gran negocio que se ha aprovechado de los esclavos del Tercer Mundo y que hoy empieza a advertir que ni siquiera le resulta rentable el bienestar de sus propios ciudadanos, con todas esas molestas condiciones políticas que impiden la flexibilidad del mercado y el juego obsceno de las inversiones. Y todo esto nos pilla en la colmena ensimismados en el móvil, absortos en una pantalla, encantados con los pasatiempos en que nuestros cargos electos han ido convirtiendo durante años a la cultura, que antes era reflexión y poder, y ahora es superficialidad y adormecimiento. ¿Podrán aún las hormigas-cigarras decir alguna cosa que se escuche entre todo este ruido?

domingo 29 de enero de 2012

La presencia del dulce pasado

El indudable desprestigio actual de la historia tal vez resida en ese vicio desmedido y popular por el presente. A nuestros gobernantes, que no sirven a la gente, sino que se sirven de ella mediante continuos excesos y un despotismo nada ilustrado pero enormemente inteligente, les interesa sobremanera que la historia sea siempre agua pasada, que se contemple sólo como un lastre para el presente feliz y el futuro prometedor.

Entre nosotros han perdido atractivo hasta los buenos recuerdos, y cuando alguien pretende evocar el pasado se le desanima argumentando que nunca tiempos pasados fueron mejores, e incluso, de un modo bastante contradictorio, se le advierte que tratando de evocar el pasado sólo notará que el tiempo no pasa en balde, que todos vamos a peor y que lo que hay que hacer es tratar de vivir el presente, la siempre flamante y arrebatadora actualidad, esa actividad irreflexiva pero vital del hoy mismo. ¿Para qué mirar hacia atrás?

Cuento todo esto porque siempre escuché que los reencuentros de viejos amigos acababan siendo el punto final de la amistad, la ratificación del silencio de años y la prueba definitiva de que la propia amistad es una virtud débil y caduca. En cierta forma, yo mismo he comprobado cómo viejos amigos y antiguos amores aparecían en mi vida para enterrar del todo aquellos recuerdos amables, y ello mediante la decepción y el descrédito del propio recuerdo, que parece edulcorar los hechos. Pero después de este sábado estoy convencido de que no siempre es así, de que el pasado puede ser no sólo una fuente de desencanto, sino la demostración certera de que la amistad puede ser más fuerte que los años.

Encuentro Uno a uno fueron llegando aquellos niños a los que conocí en 1976, uno a uno nos fuimos abrazando con un cariño franco y desenvuelto. Eloy nos besaba a todos dejándonos ver su emoción, y cómo seguía siendo, después de una vida especialmente dura, el mismo tipo rebosante de ganas de vivir de siempre. Quini llegó casi de incógnito, con sus gafas negras y su barba de hombre serio, con esa sana dignidad que tanto nos imponía entonces, mostrándonos hacia dónde debía caminar nuestro crecimiento, y con esa sonrisa cargada siempre de significados. Rafa dejó ver en su primera palabra que seguía siendo aquel chaval sencillo y veraz, aunque por debajo de su aparente sencillez seguía corriendo la sangre de un hombre bueno y fiable. Y el petardo de Juan, al único al que no he dejado de soportar desde entonces, apareció más entero, y sobre todo feliz, feliz como un chiquillo de andar allí con los amigos de siempre. Y también Sema apareció más risueño. Lo había visto sólo una vez en treinta y cuatro años, y entonces lo encontré triste, justo en el extremo contrario de aquel muchacho con el que yo no podía dejar de reír. Pero hoy venía contento y, a pesar de un primer instante de timidez, enseguida se vio envuelto por el núcleo de cariño que brillaba en medio del gentío de la Plaza del Salvador. Y Toba, el bueno de Toba, un tío tan llano como inteligente, un hombre que encuentra siempre la palabra perfecta para la alegría, un tipo que, como el resto, marcó en cierta forma mi vida para después desaparecer durante años.

De pronto pareció que todos estos años, con sus tormentos y delicias, hubieran pasado sobre nosotros sólo para enseñarnos que siempre es bueno apostar por la vida. No se trató ayer de revivir el pasado, ni de sustituir el presente, sólo quisimos respetar lo que una vez ocurrió de verdad, de hacerle preguntas al pasado para que una primaveral tarde de enero en Sevilla se haya convertido en presente inolvidable.

jueves 26 de enero de 2012

Brewdog Punk Ipa

2012-01-26 16.00.21 - SpotDe pronto, uno es capaz de mirar más allá. Caminas por la calle, es cierto que con la dosis necesaria de alcohol en las venas, y lo observas todo con ese deseo inocente y primordial de comprender, de descubrir los detalles que conducen a la verdad. El problema radica en los peligros lógicos de mirar más allá, porque igual tu vida ha estado todo este tiempo avanzando con el piloto automático encendido, y porque igual estás dejándote llevar por el presente casual, por esta inercia que nunca se sabe bien de dónde viene, mientras malgastas tu atención en inconsistentes paraísos artificiales que no tienen nada de alucinógenos, y sí mucho de realistas. Y claro, cuando caminas mirando el mundo, quiero decir mirándolo en el sentido físico de mirarlo, mirándolo a conciencia, sin requisitos ni prejuicios, examinándolo con apego y sincera curiosidad, corres el riesgo de recalar en ti mismo, de ser consciente de tu existencia y desconectar sin querer el piloto automático, experimentando en tus carnes esa maldita tristeza que destilan las historias malogradas, las ilusiones diluidas, las esperanzas convertidas en ridículas ingenuidades del animal extraviado que a veces sientes ser.

Al considerar la vida, al tantearla con atención, al mirarla cara a cara podemos estar concediéndole permiso para llenar nuestro estómago de preguntas. Regresar a esa indolencia afanosa que nos salva del espejo cruel, tornar a esa rutina de los sentimientos que nos salva tanto de la desesperación como de la felicidad, es decir, volver a conectar el piloto automático se puede convertir en una tarea imposible para la que ni toda nuestra capacidad de engañarnos pueda ser suficiente. Y es entonces cuando uno navega a la deriva por las calles precisas, con los ojos mendigando escenas desconocidas y lances de amor privado, deteniéndose en el gesto aturdido de aquel joven oriental y en sus zapatillas gastadas, calibrando la dulzura de esta pequeña brisa que adorna la tarde, escuchando la reservada canción de los árboles, tapando las heridas de la melancolía con el arte taciturno de la vida más sincera.

lunes 16 de enero de 2012

Alma que no se extingue…

La música nos llama, nos sumerge en su poder, nos arrastra como un torbellino en su nave de cien velas, y desbarata el frágil rumbo de nuestros pensamientos. Es una tabla de salvación, un salvoconducto para pasar al otro lado, es el vértigo vital de una muerte sin nunca ni jamás, la irrefutable excusa sin palabras, el electrocardiograma conmovedor de nuestra alma entregada al silencio de los silencios…

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Hard to Cry Today

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A New Day Yesterday

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Heart of the Sunrise / Starship Troopers

domingo 1 de enero de 2012

Fin de año

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Cuando sonó la última campanada todos aplaudimos, y de pronto se apoderó de la gente una sensación extraña con la que, creo, todos supimos lo fácil que es quererse. Justo en ese instante, ningún problema parecía capaz de impedir que el cariño se derramara por el atestado salón. Nos besamos y abrazamos, viejos, adultos y niños, mientras una lágrima irremediable asomaba en mis ojos, porque pensaba en mi madre y en el extraño y enternecedor paisaje que acaba siendo el pasado. A ella le hubiera gustado tanto estar allí… Cada beso que daba, a mi hermana, a mis sobrinas, a mis hijos, sólo en parte eran besos míos, porque su carne, su presencia me guiaba y era ella, cuanto fue, quien se materializaba en el sentimiento puro que inundaba mi corazón.

Pero nadie crece un solo centímetro fuera del terreno abonado de su soledad, y por eso no tardé en verme dentro de mi piel. Reconozco que pasó casi un minuto de la medianoche antes de que mirase a mi alrededor, buscando el vehículo fantasma que me llevaría a París, para pasear bajo la lluvia sin miedo a mojarme, para escribir esa novela eternamente postergada, para tomar un whisky con el dulce espectro de Julio o dar una vuelta en bicicleta con Emil, para abrazar callado a Julio Ramón, para descubrirme tal vez a mí mismo, suavemente zarandeado por risas abiertas y besos de fin de mundo, o descrito con rigor en un poema cabrón que el viejito Benedetti le compuso a la gravedad del amor. El coche llegó, ¿acaso lo dudaron? De hecho llega cada tanto a mi alma y en él viajo por encima de los tejados, hacia lejanas tierras, entre acuarelas y canciones, en el aroma imprescindible de los que quiero y querré eternamente, rozando por momentos la esquiva felicidad…

Leonid Afremov - Early Morning in Paris

viernes 23 de diciembre de 2011

El mejor libro del año

javier_mariasReconozco que comienzo a pensar que es un problema estrictamente mío, que soy yo el que ando del todo descarriado, y que haría bien en sumirme en mi mundo de locos (cascarrabias, tiquismiquis, asociales...) y dejar de perturbar la placidez cultural circundante con mis irritaciones. Porque, a ver, si todo un grupo de prestigiosos críticos literarios, reunidos en una autorizada publicación como es el suplemento cultural de El País, decide que la mejor novela del año es Los enamoramientos, de Javier Marías, digo yo que será por algo, ¿no? Comienzo a sospechar que me tengo en demasiada consideración, yo, que siempre he sido un lector inconstante y desordenado, un pobre diletante en esto de la literatura...

Ayer leía la noticia y no daba crédito. Hace un tiempo, tras el lanzamiento de la novela de Marías, leí una muestra de la misma con sus primeras páginas, y después de leerla tampoco me lo creía, esta vez por el hecho de que se hubiera publicado a bombo y platillo una cosa como aquélla. La verdad es que con Javier Marías ya estaba yo avisado. Hace unos años compré una de sus novelas, ni siquiera recuerdo su título, y con ella me regalaron un pequeño librito en el que Don Javier desgranaba una serie de semblanzas de un grupo de artistas; creo que se titulaba Miramientos. No llegué a leer una sola letra de la novela, pero sí hice un intento de leer el segundo libro, aunque lo dejé a las pocas páginas porque lo juzgué mal escrito y tan sabroso como un trozo de poliuretano. Yo entonces sabía poco de Marías, pero ya oía los ecos de su fama.

manuel garcía viñó Luego me topé con García Viñó, un personaje curiosísimo que, con una expresión torpe y crispada, se dedicaba a sacar las vergüenzas literarias no sólo de Javier Marías, sino de muchos de los más afamados escritores y escritoras patrios. El hecho de que Viñó no pudiera reivindicar el premio Nobel de literatura para sí mismo, e incluso de que pueda actuar movido por inquietudes más o menos limpias, no quitaba una sola pizca de razón a sus críticas, cuajadas de ejemplos que demostraban la ridiculez de muchos de los párrafos de estos vendidísimos libros.

Mi paisano García Viñó, no obstante, demostraba un especial cariño por Marías, y éste había contestado en más de una ocasión al crítico, enzarzándose con él en agrias disputas mediáticas. Cuando por primera vez leí algunos de los listados de barbaridades que Viñó extraía de los libros de Marías, reconozco que me mostré escéptico: no podía ser que los libros de un escritor considerado entre los más grandes de la literatura española actual pudieran contener semejantes barbaridades. Pero luego comprobé que mi paisano no había cambiado ni una sola coma en aquellas citas, que no las había sacado de contexto y que cuando la barbaridad no era gramatical, sino semántica, la explicación de Viñó resultaba del todo fiel a lo expresado por Marías.

Babelia 23 dic 2011 Ahora, con la elección de Los enamoramientos como mejor libro del año por los críticos de Babelia, he vuelto a esas primeras páginas del libro y las he releído. Y si no resultara ridícula, la cosa podría acabar siendo indignante. Aunque pueden leer ustedes mismos el texto y juzgar, he entresacado un párrafo que ilustra en mi opinión el verbo fácil y genial de Marías, el mismo que me hizo dejar sus Miramientos (y malvenderlo luego junto con la novela cuyo título no quiero recordar), y el mismo que llena todas las citas que nos ofrece García Viñó:

Pero lo había visto muchas mañanas y lo había oído hablar y reírse, casi todas a lo largo de unos años, temprano, no demasiado, de hecho yo solía llegar al trabajo con un poco de retraso para tener la oportunidad de coincidir con aquella pareja un ratito, no con él —no se me malentienda— sino con los dos, eran los dos los que me tranquilizaban y me daban contento, antes de empezar la jornada.

Para rizar el rizo, justo hoy, en el mismo suplemento antedicho, Don Eduardo Mendoza publica un artículo en el que describe y ensalza la novela de Marías. En su texto dice Mendoza, por ejemplo, que

Como es habitual en él, Marías no escribe de un modo lineal ni ortodoxo: desparrama el texto, de tal modo que la narración no circula por canales bien trazados, sino por un cauce natural, accidentado, a lo largo del cual se producen meandros, remolinos y desbordamientos, sin perder nunca el rumbo ni el control último del discurso. Esta mezcla de caos y rigor requiere un envidiable dominio de la técnica narrativa, como demuestra el recurso al medido anacoluto como recurso literario, que tanto escandaliza a maestrillos e inspectores, pero que tan bien refleja la percepción de la realidad sobre la marcha, una percepción precipitada, a la vez sagaz y contradictoria, en la que intervienen la inteligencia, las emociones, los prejuicios y las limitaciones de un modo complementario y antagónico. Todo pertenece, en palabras del autor al «vagoroso universo de las narraciones, con sus puntos ciegos y contradicciones y sombras y fallos, circundadas y envueltas toda en la penumbra o en la oscuridad, sin que importe lo exhaustivas y diáfanas que pretendan ser, pues nada de eso está a su alcance, la diafanidad ni la exhaustividad».

eduardo-mendoza Efectivamente, el propio Marías dice en una entrevista anterior que hay dos tipos de escritor: el que escribe con mapa, es decir, el que trabaja el libro antes de ponerse a escribirlo, una práctica que minusvalora tachándola de “mero ejercicio de redacción”, y los autores con brújula, como él, que se sientan y escriben y ya se verá dónde acabamos. Ahora Mendoza nos trata de convencer de que las taras del Marías escritor no son más que originalidades, que sus frecuentes anacolutos no muestran en el madrileño torpeza sino exquisitez, y que, como el chulito del chiste, Marías no se cae por no agarrarse en los vaivenes del autobús, sino que se tira. A mí, por momentos, Mendoza y su análisis me recuerda mucho a la presentación del Vals del segundo, de Les Luthiers, que, para quien no lo escuchó nunca, dura exactamente eso, un segundo:

El Vals del Segundo comienza con un portato assai. El segundo tiempo es un deciso e a terra col battere, en el cual se plantea el desarrollo ulterior de la obra plácidamente, en forma muy tensa, con total serenidad, agitadamente, en una paz plena, turbulenta, creando un clima calmo, caótico, definiendo indubitablemente la intención de los autores... de alguna manera.

No quiero terminar sin añadir una curiosidad. Justo anteayer abandoné, nada menos que en la página 280, la lectura de La ciudad de los prodigios, lamentable libro de Mendoza que, por cuestiones que no vienen al caso, seguí leyendo más allá de la página diez, justo donde debería haberlo cerrado. Mendoza, de pulso algo más firme que Marías, escribió su libro con el mapa, pero se encargó de transmitirnos hasta el último de los datos recogidos para su preparación, y así nos endilgó un libro de casi 600 páginas con una historia que, sin monsergas prescindibles, habría ocupado cien. La cosa no queda ahí: no había un solo personaje en el libro que, tras 280 páginas, hubiera adquirido suficiente entidad para permanecer en mi memoria más de dos horas. Todos eran anacolutos con patas, y ni una sola de las gracietas que salpican el libro consiguió sacar una sonrisa a este sevillano de risa fácil que les habla. En fin, resulta curioso que sea el mismo Mendoza el que alaba a Marías. Cada vez que lo pienso, me alegro de nunca haber soñado en serio con la gloria literaria, no sólo porque crea que no tengo condiciones para escribir grandes cosas, sino porque ese mundo debe ser realmente pegajoso.

sábado 17 de diciembre de 2011

Nocturnos (42)

Imagen0389 206. Quizás sólo con el arte y la voluptuosidad, tal vez sólo tomando los atajos de la delicadeza y el abrazo inesperado, puedan los seres humanos llegar a comprenderse. Y aún así, esa comprensión acaba siendo no más que una mirada a la superficie del vasto mar, la inocencia infructuosa y desamparada de unos ojos que buscan otro mundo en el cielo nocturno.

207. Algunas mañanas, caminando cuando aún no ha amanecido, miro al suelo y el pelo largo me protege del espectáculo de la vida, de los paisajes irremediables, de la esperanza del propio amanecer.

208. Si nuestra prudencia, desfalleciendo, liberara a los monstruos de la imaginación, nuestras noches se llenarían de fecundos e irrepetibles vértigos, de experiencias prodigiosas que nos harían brillar como efímeras supernovas.

209. En las estancias olvidadas del pasado resuenan los ecos de nuestros actuales afanes. En esas habitaciones solitarias que descansan en nuestra memoria, donde las evocaciones crujen como las maderas de un barco y los muertos sopesan con sosiego eterno sus victorias, en ese aire inmóvil y envejecido dejamos flotar inquietudes y entusiasmos, que luego salen al aire libre teñidos por las sombras de nuestros misterios.

Bisabuela

210. Corre, corre corazón mío, no te detengas nunca a contemplar todas mis ausencias, porque así la velocidad difuminará la nitidez de tus ojos y endulzarán tu sangre el olvido y la ignorancia.

viernes 9 de diciembre de 2011

¿Constitución? ¿Qué constitución?

Chiaroscuro by Ralph Towner & Paolo Fresu on Grooveshark

lunes 28 de noviembre de 2011

Fausto Magallanes

Fausto, a pesar de haber vendido muchísimos libros, se había mantenido fiel a su costumbre de escribir por puro gusto. Nunca se habría permitido un libro orientado a las ventas. No obstante, las circunstancias y la suerte habían permitido que, desde hacía más de veinte años, Fausto Magallanes fuera uno de los pocos escritores que podía permitirse vivir de la literatura. Por eso nada extrañó el revuelo levantado cuando, a sus sesenta y tantos años, declaró a una periodista, que a la sazón lo entrevistaba para el periódico con más tirada del país, que se había separado. Pero el hecho de haberse separado tras haber vivido con su mujer durante treinta largos años, y de haber tenido dos hijos con ella, no habría sido suficiente para causar tanto alboroto. Fausto llevaba viviendo unos meses con una chica de veintiséis años.

Reservado como era con su vida privada, aunque sin dar a la cuestión más importancia, no ofreció más datos sobre el asunto, ni la periodista, que lo interrogaba fundamentalmente sobre la influencia de su obra en la literatura patria y en la situación actual de la misma, preguntó nada más sobre el tema. Así que el mismo domingo que se publicó el artículo en el suplemento cultural del periódico se desataron las especulaciones. En pocos días medio país había opinado sobre el asunto. El desaliño encantador de aquel hombre que, a pesar de mantenerse en muy buena forma física, no se entretenía en ocultar los venerables signos de la edad, aumentaba de algún modo el asombro de lectores y espectadores, porque en cuestión de días el asunto había pasado a la televisión, y se debatía en las tertulias, en las serias y en las frívolas, e incluso algunas editoriales de prestigio se hicieron eco de la noticia, relacionándola incluso con la coyuntura económica del país.

Karmele-marchante Hubo opiniones de todos los tipos. Los primeros que investigaron el asunto, por supuesto, fueron los de la prensa rosa, que pronto encontraron fotos de la joven compañera de Fausto, e indagaron en su vida, convirtiendo la escasez de datos sobre ella en una biografía de penalidades, heroicidades y bajezas suficientes como para llenar un centenar de capítulos de telenovela. El atuendo bastante discreto de la “novia afortunada” no sólo fue repasado íntegramente, sino que varias marcas populares de ropa inauguraron una línea a la que llamaron Magallane’s, que pronto comenzó a arrasar entre las jóvenes de todo el país. En las tertulias del corazón había de todo, gente arrobada con el idilio que suspiraba invocando la fuerza invencible del amor, y otros que, comidos por la envidia, usaban las peores palabras para referirse a Fausto y su compañera.

Curiosamente, después de publicarse las primeras fotos de la pareja, todos se preguntaron cómo aquel hombre, que gracias a su celebridad podría haber elegido a un guayabo de categoría, se había conformado con una chica muy linda, pero para cristianoronaldonada exuberante. Aun así, algunas conocidas figuras futbolísticas, que gozaban de una fabulosa precisión con el cuero y una absoluta incompetencia en la comunicación oral más sencilla, regalaron los oídos de sus miles de admiradores con expresiones como las de “¡Faustoooo, machoteeeee!”, o aquella otra que, en cuanto alguien sacaba el tema, también se hizo muy popular en los corrillos de los estadios: “¡Qué semental el jodido Fausto!”. Y no es que en los estadios Fausto Magallanes tuviera muchos lectores, pero la noticia había ya trascendido los estrechos límites literarios.

Curiosa fue la magnitud que el hecho adquirió entre los propios intelectuales, en las secciones de crítica literaria, en los cenáculos de la profesión de los que Fausto huía como de la peste. Las envidias más exasperadas surgieron entonces en opiniones que siempre comenzaban con una declaración de respeto por la vida privada de los demás, y que seguían luego con un “sin embargo…”. ¿Cómo un señor tan respetable se había podido embarcar en una aventura de muñecas, deshaciendo toda una reputación y una seriedad de lustros? Otros se preguntaban cómo influiría aquella locura en la calidad de las obras de Magallanes, augurando una simplificación inevitable de sus libros.

Tampoco en el terreno científico faltaron aquellos que interpretaron el hecho desde los más variados puntos de vista. Hubo psicólogos que hablaron de regresiones peligrosas, endocrinólogos que aprovecharon para enunciar novísimas tesis sobre la segregación anormal de determinadas Punset hormonas asociadas con la edad, e incluso gerontólogos que atribuyeron a nuestro amigo un reguero de disfunciones propias de una vejez que, a decir verdad, y para disgusto de los investigadores, no se le notaba demasiado al bueno de Fausto.

A pesar del debate nacional y de que muchos periodistas sin entrañas se lanzaron a indagar en la vida de nuestra pareja, nadie llegó a saber demasiado sobre Fausto Magallanes, ni sobre su vida anterior ni sobre la actual. Aun así, todo el mundo daba su opinión, aseverando con convicción sobre este o mariano-rajoyaquel aspecto del asunto. Cierta líder feminista, jaleada por alguna eminente magistrada conservadora, fue la que más destacó en sus descalificaciones. “Es el típico caso”, dijo, “el varón dominante que se aprovecha del trabajo silencioso de una mujer durante muchos años, y que cuando la nota envejecida la cambia por otra nueva”.

Ni Fausto ni su compañera contestaron a ninguno de estos despropósitos; en ningún caso creyeron conveniente desmontar ni los insultos ni las frivolidades, ni las teorías científicas ni los disparates literarios. Sólo una vez, cuando la atención pública ya se había desviado del caso Magallanes, gracias a cierto escándalo que conmocionó al país durante meses, a saber, la larga lista de políticos implicados en un trama de importación de calzoncillos de imitación (entonces era el de los calzoncillos de marca un negocio redondo), sólo una vez, digo, Fausto soltó en otra pequeña entrevista un dato sobre aquel idilio. El periodista, sin previo aviso, saltándose el guión previsto, espetó a Fausto:

— Dígame, Señor Magallanes, ¿qué vio en una chica tan joven para vivir con ella?

Fausto sonrió, miró hacia ningún sitio durante un instante, y luego contestó:

— Me hace reír, Noelia me hace reír…

Nadie entendió muy bien qué quiso decir Fausto, pero el país, afortunadamente, no estaba para adivinanzas, inundado como andaba de calzoncillos falsos…