sábado, 25 de octubre de 2014

El amor…

En un bombón de chocolate que mi hijo me trajo de Perugia…

Cuento Aurora 004logo2

Roma (5)

Es un día de destellos, deslumbrante y frío. La Torre delle Milizie se alza oscura contra un cielo definitivo, aún más viejo que las ruinas.

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En cualquier edificio se descubren milagros. En este de la Via IV Novembre, dos ángeles juegan en el lejano año de 1870, despreocupados ante el futuro de guerras y crímenes que se derramará a sus pies.

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El monumento a Víctor Manuel II de Saboya, el Altar de la Patria, parece advertido por las ruinas de la Basílica Ulpia, un edificio enorme dedicado en la época de Trajano a la justicia y al comercio, y que fue destruido por la fuerza imparable del tiempo.

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Se puede imaginar sin dificultad a las masas pululando por el Mercado de Trajano, quizá el primer centro comercial cubierto del mundo. La tecnología ha acabado no sólo con el esfuerzo y la lentitud, sino con la artesanía. Basta pensar en cualquiera de nuestros centros comerciales…

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Las ruinas de la Basílica Ulpia, con la Columna de Trajano y las iglesias de Santa Maria di Loreto y Santissimo Nome di Maria. A la izquierda, completando el maremágnum, la Piazza Venezia.

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Harían falta años para disfrutar de todos los detalles que han resistido a la historia. En cada rincón, en cada trozo de piedra, surgen humildes relatos sin palabras.

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Ángeles y soldados, heroísmo y muerte; la sangre de los hijos convertida en el honor y el orgullo de los poderosos, bajo la usurera y miserable mirada de los consagrados padres sin hijos.

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Por todos lados hay pruebas de la obstinación del ser humano, de esa insistencia en el alarde y la vanidad que, sobre el dolor, el sacrificio y la esclavitud de los muchos, ha producido lugares de una extraña hermosura.

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Bajo la iglesia de Santa Maria in Aracoeli, el tribuno Cola di Rienzo arenga a las multitudes apelando a la Roma eterna y a la revolución contra los patricios. Luego sería decapitado en ese mismo lugar y por ese mismo pueblo, al que lo administró con la bilis y la hipocresía propia de tantos revolucionarios de mentira…

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Arriba de la Cordonata, Cástor y Pólux, los Dioscuros, los hijos que Zeus concibió con Leda, custodian la hermosa Piazza del Campidoglio, diseñada por el mismo Miguel Angel.

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El dios fluvial Marforio, desde el patio de entrada, se asoma por la puerta del Palazzo Nuevo, anunciando las incontables bellezas que guardan los Museos Capitolinos. Cualquier visita a Roma que no sea de por vida será siempre un breve resumen de sus tesoros…

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En una esquina de la plaza, bajando hacia el foro, nos encontramos con la copia de la estatua de Rómulo y Remo mamando de las ubres de la loba. En la original griega, que se encuentra en los Museos Capitolinos, los dos niños parece que fueron añadidos en el siglo XV. Pretender una historia limpia y lineal es absurdo…

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Bajo el Arco di Settimio Severo debieron pasar las gallardas centurias, los senadores altivos, los emperadores divinos, y sin embargo hoy sólo quedan estas piedras que los siglos han convertido en hermosura.

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Augusto, turistas, la oscura religión saliendo al sol… Roma es un desbarajuste, un intrigante enredo, una cloaca asombrosa.

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Aún confundidos por las ruinas, mareados por el laberinto de infinitas dimensiones del Foro, nos dirigimos a San Pietro in Vincoli. Por el camino, a través de Via del Cardello, volvemos a intuir el gran Coliseo...

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lunes, 8 de septiembre de 2014

Memorable bodrio

RetratoEsto de las traducciones no tiene solución. Una proporción enorme de los libros traducidos que leemos son basura. Lo único a lo que podemos aspirar algunos cretinos melindrosos es que el texto traducido posea una mínima corrección en castellano, pero ni disminuyendo tanto nuestras exigencias obtendremos demasiada satisfacción.

Lo peor del asunto es que las más conspicuas calamidades de la traducción reciben con alegría el reconocimiento de los gurús literarios y, seguidamente, cae sobre su reputación la baba de un gran ejército de lectores, que sobrevuela esos engendros como enjambre de moscas sobre un buena plasta de vaca.

No tenía yo bastante con mi mundialmente admirado Rafael Cansinos Assens, que perpetró entre otras enormidades la traducción de las obras completas de Dostoievski. No tuve suficiente con María Luisa Balseiro, nada menos que Premio Nacional a la Mejor Traducción en 1993 por su descabellado trabajo en la novela de A.S. Byatt Posesión. Tampoco me bastaba con tener que leer a Cioran en la desmañada versión de Carlos Manzano o esa dulzura de Doña Flor y sus dos maridos en la de Rosa Corgatelli y Cristina Barros. Ahora mejuanguerreroruiz_044035.jpg ha costado la misma vida acabar Retrato del artista adolescente, la versión insoportable que Dámaso Alonso hizo en 1926 de A Portrait of the Artist as a Young Man, de James Joyce.

No me extraña lo más mínimo que el traductor se escondiera tras un seudónimo, porque el trabajo que hizo fue una soberana porquería. No, no quiero discutir sobre gustos literarios: el castellano que Alonso usa en el libro es en el mejor de los casos incorrecto e ilegible, y por momentos grotesco.

Cuando me da por cotejar la traducción con el original, empiezo a pensar que la osadía de algunas personas es infinita. Pero cuando repaso la trayectoria profesional de este buen hombre, caigo en que james-joycenada tiene de extraña su osadía ni su torpeza. Me da igual que estuviese considerado un gran hombre de letras, o que tuvo este mérito y el otro. Esta traducción es a todas luces deplorable.

Después de veintiséis años de la primera lectura, he releído el Retrato como forma de coger impulso para la lectura del Ulises, un libro enorme que lleva años resistiéndose. No entiendo cómo el traductor y editor de este Ulises, José María Valverde, califica la traducción de Alonso de “memorable”. Aunque en cierto modo es así, es un memorable e inolvidable bodrio.

jueves, 20 de marzo de 2014

Roma (4)

Mientras nos dirigimos a la Plaza del Quirinal hay pormenores de la ciudad que llaman en silencio al objetivo de mi cámara. Ahora es la estatua de Carlo Alberto di Saboya, rey que fue de Cerdeña, además de duque del Piamonte y príncipe de Carignano. Así, visto en su estatua, no es para tanto…

01 Carlo Alberto di Saboia

Aunque nos lleva el encargo de una amiga (el catálogo de una atractiva exposición sobre Adriano), descubrimos que desde la plaza hay una vista curiosa de la ciudad. San Pedro se va apagando en un suave atardecer.

02 Plaza del Quirinal

03 San Pedro desde el Quirinal

Ponemos rumbo al Panteón de Agripa, y por el camino descubrimos la ostentosa fachada de Sant’Ignazio di Loyola. En la web de la Iglesia se dice de ella que nació como «Scuola di grammatica, umanità e dottrina cristiana, gratis». A continuación se afirma que «los Jesuitas, convencidos que la evolución positiva del mundo dependía de la buena formación de la juventud, han contribuido indiscutiblemente a la difusión de la cultura literaria y científica, a la educación cristiana de los jóvenes y a la preparación filosófica y teológica del clero católico en todo el mundo». Una pena educar a los jóvenes para luego infectarlos con todas esas creencias insensatas. Si la educación pública dispusiera de los medios que todos estos señores del más allá poseen en abundancia…

04 Chiesa di Sant'Ignazio di Loyola

El Panteón de Agripa es el primer edificio de Roma que la Iglesia ocupó con sus santerías. A eso debemos que sea el único que sigue totalmente en pie, lo que lejos de indicarnos la bondad del cristianismo con este templo pagano, nos muestra la maldad con el resto de los edificios que no le fueron entregados. Fue templo romano dedicado a todos los dioses, pero sobre el siglo VII pasó a estar dedicado en exclusiva a nuestro ubicuo dios cristiano. Y adivinen quién mantiene el edificio: claro, todos y cada uno de los italianos a través de su gobierno.

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Contrasta la columnata de la entrada, que es la parte más antigua del templo, con la rotonda y la cúpula interior, que también son romanas.

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07 Panteón09 Panteón

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Curiosamente, el óculo de la cúpula, de nueve metros de diámetro, está abierto, dejando pasar la luz pero también la lluvia, por lo que en el suelo del templo existen varios desagües. Mi hijo Adrián me cuenta que las proporciones de esta segunda parte del edificio se consideran perfectas. La cúpula descansa sobre una parte inferior que tiene la misma altura que la propia cúpula, por lo que dentro del templo, proyectando las curvas de la cúpula, se podría obtener una esfera completa.

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Dentro del templo hay varias estatuas y además de Rafael están enterrados el artista Vignola y el rey Víctor Manuel II y su familia.

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17 Panteón - Tumba de Rafael

Ya de noche, el Panteón de Agripa luce hermoso, con una luna que posa imbuida de tanta belleza…

18 Panteón

19 Luna

En la plaza, un grupo de gente se manifiesta con antorchas. Son de una asociación de defensa de los animales. Los turistas los observamos como si no tuviéramos nada que ver con los animales italianos…

20 Piazza della Rotonda

21 Piazza della Rotonda

Ya de vuelta a casa pasamos por la Piazza della Minerva, donde se alza la estatua Elefante y obelisco, de Bernini, y la iglesia de Santa Maria sopra Minerva, construida sobre un antiguo templo que Pompeyo dedicó a la diosa Minerva.

22 Santa Maria Sopra Minerva

23 Santa Maria Sopra Minerva

La iglesia posa enorme y encantadora, pero hay algo indefinible que le da un toque de descuido y abandono. Tal vez sea el desmesurado tamaño del templo, comparado con la pequeña superficie que ocupa la misa que en esos momentos se celebra. Pienso que, con un poco de suerte, en el futuro las iglesias serán lugares para extasiarse con el arte, la historia y la belleza, y no con vanas promesas de otros mundos.

24 Santa Maria Sopra Minerva

25 Santa Maria Sopra Minerva

26 Santa Maria Sopra Minerva

Caminamos de vuelta hacia el barrio de Trastevere, pasando por el Largo Torre Argentina, donde la plaza se llena de ruinas. En alguno de los edificios funcionaba el Senado en tiempos de Julio César, y fue allí donde dicen los estudiosos que asesinaron al dictador.

27 Area Sacra en Torre Argentina

28 Area Sacra en Torre Argentina

La tarde se hace noche en Roma. Aún nos queda la cena por el Trastevere. Los romanos vuelven a casa como si vivieran en un lugar sin historia…

29 Via Arenula

30 Via Arenula