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domingo, 2 de marzo de 2008

LOS PLANETAS DE HOLST, Teatro para niños (y VII)

Acto 7º y último. NEPTUNO, EL MISTICO


 
Neptuno sale brillante a un escenario oscuro, donde danzando con suavidad, yendo de un lado a otro de la escena, coloca, colgándolas, estrellas en el fondo nocturno del cielo; Neptuno gira con elegancia bajo las estrellas.Cansado, se sienta en el centro de la escena en posición de loto. Al poco van apareciendo personajes y objetos abstractos a su alrededor, figuras imposibles con objetos imposibles. Y a éstos, que pronto se desvanecen, los sustituyen otros personajes oscuros, que llevan con ellos insectos transparentes y encendidos que inundan la escena.Neptuno sigue inmóvil con los ojos cerrados, pero en cierto momento lo despierta un canto de mujeres, que espantando a los insectos brillantes entran en la escena. Neptuno, aún dormido, es conducido por las mujeres y llevado de un lado a otro de la escena, caminando sin rumbo, dejando que por detrás de su paso un velo oscuro, salpicado de estrellas fugaces, oculte el cambio de escenario. Al fin, Neptuno es depositado sobre el suelo, las mujeres desaparecen y el fondo se va encendiendo: unas montañas aterciopeladas, un castillo de cuento, un lago dulce como un susurro…Todo se oscurece en el último instante, y queda el místico iluminado, abriendo de par en par los ojos y sacando un libro de entre sus ropas. Así queda, leyendo.
(Nicolas Poussin, El triunfo de Neptuno)

jueves, 22 de noviembre de 2007

LOS PLANETAS DE HOLST, Teatro para niños (VI)

ACTO 6º. URANO EL MAGO

Aquelarre en un claro del bosque. Un fuego crepita en el centro y el Mago, con una gran capa blanca sobre un traje negro, con barba y cabellos largos y plateados y un báculo retorcido, danza pesadamente alrededor de las llamas. Los árboles brillan en el fondo, iluminados por el fuego.

La mutilación de Urano por Saturno
Giorgio Vasari y Gherardi Christofano
El mago comienza a usar el báculo y hace aparecer animales. Primero entra un gran oso que torpe e indeciso avanza, alzándose de vez en cuando sobre sus patas traseras, y volviendo al suelo con una suerte de decepción. Al par de la cuerda, la escena se puebla de inquietas mariposas que vuelan alrededor del fuego. Luego surgen peces nadando por el aire con elegancia, mientras unos copos de nieve caen cada vez con más insistencia. El escenario es un carnaval de movimiento, pero el Mago ordena a los animales que se reúnan cubriéndolos a todos con su capa, y la música cesa mientras el Mago se queda solo de nuevo.
Luego de permanecer pensativo unos instantes, Urano inicia una danza de movimientos extraños, y animales fantásticos surgen de sus movimientos: cabras de tres cabezas, sirenas con cuerpo de bruja, camellos azules y compungidos, elefantes con patas de bailarina, el inevitable unicornio… Pero en cierto momento parece caer en la cuenta de lo que parecía haber estado buscando todo el tiempo, y mientras los animales se retiran asustados, se convierte a sí mismo en un niño, que con la sombra del mago detrás sale de escena observándolo todo como si el mundo fuera nuevo.

miércoles, 10 de octubre de 2007

LOS PLANETAS DE HOLST, Teatro para niños (V)

Acto 5º. SATURNO, EL DIOS DE LA VEJEZ

El acto empieza con el encendido lento y gradual de un foco que va iluminando una habitación con una cama, una silla, una mesa, diversos objetos repartidos por la estancia.Renqueando, entra Saturno, anciano y torpe, y deambula un rato por la habitación moviendo esto y aquello con gran dificultad. En cierto momento, el anciano dirige su atención, extrañado, hacia el foco que le alumbra. Tras alcanzar un libro de fotografías, se sienta en la cama, el cual enseñará al público como si tratara de verlo con la luz del foco. Un momento después se levanta a contemplar la foto de una mujer en la pared, y hace un gesto con la cabeza que es claramente de lamento. Vuelve a sentarse y deja a un lado el libro. Al poco se levanta de nuevo y se dirige a una ventana, donde comienza a encenderse el crepúsculo.
En cierto momento las campanas se oyen fundidas en la música, y comienzan a llegar hijos y nietos que vienen a visitar al abuelo. La casa se ilumina y bulle de alegría. El viejo, alegre, juega con los nietos y charla animadamente con sus hijos. Pero no pasa mucho tiempo y ya tienen que marcharse, y la casa vuelve a quedarse vacía, y el viejo se echa sobre la cama luego de mirar de nuevo hacia el foco de antes, que es el único que ha quedado iluminando la habitación. El foco se hace cada vez más tenue con el final de la música.

jueves, 20 de septiembre de 2007

LOS PLANETAS DE HOLST. Teatro para niños (IV)

ACTO 4º. JÚPITER, EL PORTADOR DE ALEGRÍA


Júpiter, con vestido muy ceñido, de vetas anaranjadas y jirones de gasa flotando en sus movimientos, aparece entre muchos amigos, en una fiesta celestial. Es verano. Todos bailan alegres, en grupos, cogidos de la mano, en danzas con ritmos oscilantes, mientras él va de un corro a otro con su sonrisa inquebrantable, contagiando a todos su contento.

Pero Júpiter, súbitamente, escucha una llamada de abajo, y tras cubrirse la escena con un velo opaco donde se pueden ver fenómenos estelares, aparece la Corte de un viejo Rey, con el trono vacío porque el Rey es sacado del escenario en hombros y muerto. Al trono se acerca una princesa, triste, que se tiende sobre el trono y llora. Júpiter, vestido de planeta, comenzará a transformarse en un bufón, en un arlequín rebosante de colorido. Trata de alegrar a la princesa con movimientos caricaturescos, con algún juego de manos, pero consciente de que nada de eso da resultado, encuentra de pronto la solución: hace ademán de abrir una puerta en el lateral del escenario, por la que entra un príncipe y su corte, el cual se dirige a la princesa y la sienta en el trono, haciéndole una profunda reverencia. Ella da una orden, y un trono exactamente igual al suyo aparece por el otro lateral, y queda dispuesto junto al suyo. El príncipe se sienta y ambos entrelazan sus manos. Entretanto Júpiter, al otro lado de la escena donde los príncipes son reyes y los cortesanos se arrodillan, ríe y deja caer el disfraz de bufón. Entonces nuevos velos caen y la escena cambia, y Júpiter vuelve a la fiesta celestial donde sus amigos andan algo decaídos, y recupera la sonrisa de todos. Pero pronto la fiesta acaba, y los amigos se despiden. Júpiter ahora danza solo, y con la música esa danza se va haciendo más grave y desatinada, con pausas de tristeza. Al final, Júpiter se coloca una máscara de payaso con una gran sonrisa de mentira.

lunes, 3 de septiembre de 2007

LOS PLANETAS DE HOLST. Teatro para niños (III)

Acto 3º. MERCURIO, EL ALADO MENSAJERO


Mercurio es un planeta que reúne a los demás. Por supuesto, lleva alas y corretea alegre entre sus hermanos, llevando y trayendo mensajes y regalos de uno a otro. Cuando recoge o entrega un presente o un mensaje hace una reverencia graciosa al planeta que tiene delante. Los planetas son esferas reales, iluminadas sobre pedestales oscuros.

De vez en cuando, Mercurio se sienta contento contemplando a los planetas de los que cuelgan regalos, cartas y flores, y en cierto momento, el universo entero se llena de pétalos multicolores, de sobres franqueados y luces que espejean en la nada al son de la alegre música, y Mercurio, mientras contempla sentado el éxtasis de la escena, comienza a sentir sueño, y poco a poco se duerme, lentamente, y conforme se duerme el cielo se apaga, quedando al final los planetas desnudos y sin regalos, sin cartas, sin flores ni luces salvo las que ellos mismos, silenciosos, reflejan.

martes, 21 de agosto de 2007

LOS PLANETAS DE HOLST. Teatro para niños (II)

Acto 2º. VENUS, LA DIOSA DE LA PAZ



Aparece Venus encogida, acurrucada en el centro del escenario, y con la música empieza a desperezarse. Luce blanca, con un vestido hecho de jirones de gasa brillante. La escena se ilumina tenuemente con su luz. En la escena van apareciendo árboles y plantas en los que Venus, danzando, comienza a engarzar flores, y luego, apuntando hacia las ramas, hace que los pájaros comiencen a cantar.

Más tarde la escena cambia, los árboles se retiran y comienza a iluminarse el mar (telas azules que ondulan graciosamente desde los laterales), y tras el horizonte va alzándose el astro rey. La orilla del mar se empieza a llenar de gente que pasea, con trajes de baño de época y sombrillas, paseantes entre los que Venus, apagada por el brillo del sol, corre intentando sin éxito llamar su atención. Nadie atiende a su solicitud. Al fin, la luz se torna de un amarillo más oscuro y cremoso, y la gente comienza a recoger sus chismes y a marcharse.


Venus queda de nuevo sola, atenuada y melancólica. El mar se desvanece y aunque aún es de día aparecen lago oscuro rodeado de rocas desnudas, sin vegetación. Venus se sienta sobre una roca y mira de vez en cuando hacia lo alto, hacia las cimas. Atardece. Se siente inundada de una serenidad triste, de la pura sensación de soledad, como si la muerte del día fuese la suya propia. Algunos picos se encienden levemente con la luz indecisa del atardecer. Venus comienza, con la tarde, a acurrucarse de nuevo, y a brillar gradualmente mientras la escena se oscurece.

viernes, 17 de agosto de 2007

LOS PLANETAS DE HOLST. Teatro para niños (I)

Acto 1º.- MARTE, EL DIOS DE LA GUERRA

Marte, vestido de rojo, entra en escena pavoneándose, remirándose con vanidad y autocomplacencia. Al son de la música, Marte comienza a bailar austera y frenéticamente sobre un fondo de cielo tormentoso y oscuro, revolviéndose de un lado a otro del escenario, y en cierto momento, habiéndose levantado un vendaval, llamas de papel surgen de su cuerpo poderoso.


A continuación, Marte marcha militarmente, y comienza a demostrar sus espantosas habilidades. En su recorrido ilumina personajes que parece inventar en su danza, y así, bajo su brazo aparece una mujer corriendo con un niño pequeño e inerte en los brazos, y luego un soldado muy joven, de rodillas con las manos sobre la cabeza vendada y sangrante. Figuras moribundas van arrastrándose desde el foro oscuro, cuerpos que caen muertos sobre el campo de batalla donde empiezan a destellar las explosiones y a flotar un humo lento y triste.


Conforme la música se serena, todo se borra y Marte queda de nuevo solo, recogiéndose con suavidad sobre sí mismo y como mirando la guerra que se despliega en su pecho. Entonces, después de resucitar a los muertos con caricias y borrar del escenario los desastres que antes creó, comienza a alumbrar nuevas imágenes, todas de un rojo intenso: un gran libro que lleva Don Quijote bajo su brazo, un director de orquesta ataviado de prisionero nazi, al que obedecen luces rojas que van al son de la música, un escalador que se para ante la inmensidad de una gran montaña roja y nevada...


Lentamente, conforme baja la música para terminar, Marte vuelve a quedarse solo, de pie, girándose lánguidamente para marcharse. De súbito se detiene, y dirige al público una mirada oblicua, una larga sonrisa maliciosa, y se retira hacia la oscuridad.