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jueves, 1 de septiembre de 2011

Borregos y maestros

Escuela-de-Rock-película

Reconozco que soy un crítico furibundo de la casta educativa, sobre todo de los maestros de primaria. Creo que una de las causas fundamentales del deterioro de la educación en España es que el nivel intelectual y pedagógico de los maestros españoles ha disminuido (a la par de todo en el país) a cotas alarmantes. Mi experiencia concreta, la de la formación escolar de mis hijos, ha sido, salvo casos contados y loables, absolutamente nefasta. Creo, además, que una mayoría importante de maestras y maestros no siente la más mínima necesidad de mejorar esa formación cultural y pedagógica que se les supone, y se contentan con inculcar a los niños cuatro conocimientos básicos, sin preocuparse de si éstos adquieren afición al propio hecho de conocer, y mucho menos de si nuestros niños y niñas lo pasan o no bien en las muchísimas horas que permanecen en el colegio.

Creo que en la educación secundaria la situación es menos alarmante, pero alcanza las mismas cotas de fracaso puesto que los chiquillos llegan a ella hartos del colegio, incapaces de mantener una mínima atención, ajenos a cualquier tipo de esfuerzo y, lo que es peor, sin ningún cariño por el saber.

Por supuesto, reconozco que el papel de los padres y madres es asimismo, y por lo común, bastante pobre. Está claro que todo esto forma parte de un desesperante círculo vicioso, porque muchos de los padres y madres de ahora fueron niños que cumplieron con los miserables mínimos legales, y porque los maestros son también padres, y a la vez fueron niños... Un círculo vicioso que se va convirtiendo en una espiral diabólica de papanatería y estupidez que acaba Maestroimpregnándolo todo a nuestro alrededor.

Es obvio que nuestros gobernantes también salieron de la escuela, pero ellos adquirieron una habilidad propia de los políticos, y propia también de esos maestros que saltan de la plebeya enseñanza a las alturas de los órganos administrativos que deciden las pautas educativas, y que por lo común se dedican a teorizar pamplinas inservibles sobre el descalabro general.

Pero dicho esto, considero sin embargo que la reforma que varias comunidades autónomas comienzan a acometer en sus sistemas educativos, y que no dudo irán copiando el resto de comunidades e incluso el propio estado, es una de las muestras palpables de que estos malnacidos que nos representan no se van a parar en nada para conseguir que la cosa funcione sin necesidad de tocar los beneficios a las grandes empresas. Grandes empresas de las que casi todos son consejeros, claro…

El maestro o el profesor que, consciente de su responsabilidad, desee trabajar, afronta una labor tremenda, y dieciocho horas de clase a la semana no son pocas horas, sino muchas. El maestro honrado debe prepararse las clases, debe preocuparse por la evolución de cada uno de sus alumnos, participar en las tutorías, en las actividades extraescolares, en la marcha global del centro… El maestro honrado necesita tiempo para seguir formándose, no sólo en nuevas técnicas educativas, sino en las propias materias que imparte. Siempre he sido partidario de equiparar los flautasueldos de los maestros a los de los médicos, porque su responsabilidad es, como mínimo, y creo que me quedo corto, tan esencial como la de los profesionales de la salud. Pero a la vez habría que asegurarse que las facultades de magisterio imparten una enseñanza especializada tan dura que sólo aquellos que realmente deseen ser maestros, maestros honrados, puedan superarla. En la actualidad, y desde hace ya muchos años, los estudios de magisterio son, con algunas otras especialidades universitarias, los que eligen aquellos que no se sienten capaces de estudiar algo de más envergadura. Por supuesto, hay excepciones, y también es cierto que esas excepciones encuentran que la carrera de magisterio es un estúpido trámite en el que aprenden cuatro cositas generales, reafirman conocimientos tan complicados como las tablas de multiplicar y las normas de acentuación, y se pierden en las teorías impracticables de algunos gurús, al son de alguna interpretación magistral a la flauta dulce del Himno de la Alegría o de la sintonía de Kung Fu.

Pero ahora los ciudadanos se pondrán del lado de nuestros ahorrativos representantes políticos, indignados porque los maestros trabajan sólo dieciocho horas a la semana. De nada valdrá que se les diga que dieciochhoy empieza todoo son las horas de clase, que tienen otras labores a las que también deben dedicar su tiempo. De nada valdrá que se les diga que su trabajo, bien hecho, desgasta mucho más que la mayoría de los trabajos, ni que aunque todos fuesen unos vagos y maleantes, el ahorro de estas medidas que quieren poner en marcha nuestros próceres de la patria sólo beneficiará a los de siempre, y perjudicará también a los de siempre: mucha gente no podrá trabajar, y los niños y niñas que necesitan apoyo especial no podrán disfrutar de la dedicación de un profesor que les permita superar sus deficiencias. Los maestros que no trabajan, que los hay, seguirán sin trabajar, pero los que lo hacen lo tendrán aún más difícil, y se ahorrará dinero a costa de la educación de nuestros hijos. Pero seguiremos aceptando, como el ejército de borregos que somos, los dictados de estos mangantes de medio pelo, que por desgracia demuestran todos los días que su ignorancia y su falta de cerebro va siendo algo menor que la media de la de una población a la que llevan decenios atontando con la palabra mágica: democracia. Falsificándola, claro…