domingo, 1 de junio de 2008

A veces el tiempo es luminoso

16 comentarios:

leo dijo...

Qué ternura, Sir.
Tiene que ser maravilloso asistir a la vida de un hijo, carne de tu carne...
Un tío grande, Adrián (que recuerda mucho a ti).
Besossss

Sir John More dijo...

Sí, amiga mía, es maravilloso, y a la vez tremendo, porque te consume durante mucho tiempo. No obstante, uno se para a mirarlos, o recibe un poquito, la más mínima atención por parte de ellos, y todo, todo vuelve a valer la pena. Es la droga perfecta... Un beso y gracias por los piropos a ese grandullón de mis entretelas.

Lula Fortune dijo...

Ay! qué miradas permaneciendo inmutables a lo largo del tiempo. Se preguntan, te preguntan...Qué mezcla de alegría y nostalgia.
Besos orgullosos (me gustan los tulipanes)

Sir John More dijo...

Y a mí me gusta que te gusten esos tulipanes tan especiales, Lula. Esto de los niños crea los únicos sentimientos extraterrestres que conozco... En concreto, este vídeo salió de una forma muy diferente a la que pensé: iba a ser algo simpático, curioso, y ahora cada vez que lo empiezo no puedo pararme hasta que termina. Oye, e incluso miro a los niños de otro modo cuando los veo por casa, con sus manías y sus escaqueos... El único amor eterno, sin duda... Un beixo.

Diarios de Rayuela dijo...

Sigue pareciéndome que Juan tiene una cara de pillo que no se puede aguantar. Está muy bien el montaje, Juanma. A ver si me animo a hacer algo parecido. Mi trabajo es sólo la mitad. Por cierto, ese tercero que sale al final ¿es algo tuyo también?
Un abrazo.

Sir John More dijo...

Bueno, aquí andan los dos disputándose el título mundial de pillería... El tercero en discordia, la verdad, sí es bastante mío e incluso bastante nuestro. Estos dos pillos, sin ir más lejos, han visto muchas de sus películas, y son unos forofos del amigo. Ahora se me ocurre una que les encanta, y que no es de las más conocidas de él, aunque sí una de las más hilarantes: La última noche de Boris Grushenko. Si no la viste, no os la perdáis... Abrazos.

an dijo...

esto de la "evolución de las fotos" también es un juego apasionante... te recomiendo que lo hagas contigo mismo.

Sir John More dijo...

Uf, no, no, qué va. Tengo muy malos recuerdos de mi adolescencia, que estos pelos y estas barbas que ahora visto vinieron a suavizar. Tuve la evolución contraria del patito feo, aunque eso sí, la madurez (si así se la puede llamar) de algunas de mis ideas tuvo un efecto bien lindo sobre el joven pato, y usando términos lesluthieranos, pasé de una preciosa fase infantil, a otra horrorosa juvenil, para al final caer en una digna fase maduril. Que no, que no, ¿qué dirían mis monstruos interiores? Besos y, de todos modos, gracias por la propuesta. ¿Tú la hiciste?

it dijo...

¡Vaya cosa chula has hecho! (y no me refiero a los dos hijos, chavalooooote; sino al montaje: ¡qué apañao! ¿¿¿ande tengo que mandarte los tropecientos albumes de fotos para que me hagas uno propio?? ...andaaaa, porfaplix, que ha sido mi cumple, que es primavera, que a veces el tiempo es luminoso.....)

Escribió Kant que la felicidad dependía de la manera de interpretar la realidad. También la luz. Siempre la hay, incluso en lo más oscuro. Y aunque no la hubiera podríamos imaginárnosla y con sólo su idea nos sentiríamos felices.

Hay algo más, otro factor impepinable e inargumentable: el tiempo, que es finito. Razón de más para que apreciemos su constante luminosidad.
Otra cosa es irrazonable (e inhumana).

Y ahoraaaa, hale, SUELTA LA DIRECCIÓN QUE TENGO AL MENSAJERO CARGANDO CON LOS ÁLBUMES QUE PESAN UN WEB....

;-))

Sir John More dijo...

Señora It: que del hecho impepinable e inargumentable de que el tiempo sea finito se deba concluir que debemos apreciar la (supuestamente) constante luminosidad de la realidad es en sí una inferencia bastante discutible. El tiempo es lo que es, y nosotros, obligados a pensarnos a nosotros mismos, lo convertimos en largo o corto a fuerza de virtualidad subjetiva. Yo mismo, del hecho de que las amapolas suelan ser rojas, podría inferir que no me queda otra que silbar por las mañanas la obertura de la Traviata. Y a ver quién me discute esto. Por supuesto, usted tiene la ventaja de que se apoya en dos milenios de tradición incuestionable, mientras que yo me acabo de inventar una tontería.

Que todo es interpretable, claro, pero que uno, con sólo descubrir los atisbos de luz en la oscuridad ya se sienta automáticamente feliz... No sé, mi querida señora, no sé. Me parece que se pasa quince pueblos con la inercia de su optimismo sistemático. Pero creo que el tema merece una entrada propia en este cuaderno.

Dicho esto, pasando a sus peticiones, y contando con que mi tiempo es impepinable e inargumentablemente escaso, creo que se conformará con que le cuente cómo hice (fácil, fácil...) para conseguir ese vídeo de mis rorros: se cogen unas fotitos chulas, organizadas temporalmente, se meten en el escáner unos segundos, y cuando vea que ya están hechas, las recorta de forma que las caritas de sus malvados descendientes den la impresión de que son angelitos. A continuación se busca usted un programita llamado Proshow, donde dispondrá las fotos una vez salidas del escáner, y, allí, removiendo bien con el ratón y con suma facilidad, creará usted un vídeo añadiéndole unas pizquitas de música amable. Le digo, el plato nunca sale igual cuando se lo hacen a uno... :-ppp Un beso, optimista del diablo...

JuanJe dijo...

Es cierto que solo a veces el tiempo es luminoso pero cuando lo es hay que aprovecharlo y veo que tu con tus hijos lo has aprovechado bien. Sigue tomando el sol que irradian, el moreno que te dejen será del que no se quita nunca. Saludos

Sir John More dijo...

Mucha razón, Juanje, llevas mucha razón. Todos los disgustos y las delicias que uno vive con estos malditos gusanos se quedan ya en tu corazón para los restos. Reconozco que la paternidad ha tenido para mí momentos en los que me hubiera gustado tener la capacidad de autodesintegrarme, pero también es cierto que en el resumen de la historia estos dos enanos son tan parte de mi vida como mis manos o esa imagen que veo todos los días en el espejo del baño. Y también es cierto que, si de algo me siento orgulloso en esta vida, es de tenerlos, de ellos mismos, que son dos buenas personas. Aunque tengo que aclarar que si no hubiera sido por la madre que tienen, que ha hecho mucho más por ellos que yo, el tema habría sido mucho más peliagudo. Un abrazo y gracias por la visita, y cuida de ese enano grandote que tienes por amigo, y que también es un poquito parte de mí. Es un poquito brutito pero tiene un gran corazón.

Luna dijo...

Creo que tienes unos hijos encantadores.

Me quedo sin palabras cuando veo a los padres babositos con las cosas de sus niños (risas)
La verdad, cuando se ven las cosas con unos cuantos años de distancia, las reacciones con variadas: nostalgia, melancolía, liberación, años cumplidos, los que están, los que no están.

Montones de sentimientos afloran...

Saludos

Sir John More dijo...

Ay, los hijos, Luna, los hijos... Y nosotros, los papás y las mamás... Ay de nosotros...

Respirando dijo...

Querido Sir John, cuánto brilla el tiempo algunas veces, es verdad que sí.

Y más que lo verás brillar, sus ojos prometen.

Beso.

Sir John More dijo...

Gracias, amiga. En parte baso mi confianza en ellos en sus miradas... Un beso.