al pasar? Pero no, caminás de puntilla como una bailarina, sin provocar el mínimo ruido, haciendo y deshaciendo los pasos como una diosa transparente, y antes de rajarte hurgás en los cajones de la casa, en busca de secretos y delicias. Pero juraría que vos ya sabés que podés comportarte conmigo a la criolla, porque yo transito la vida de puro vicio, y nada más lejos que yo de un alma podrida; arrabalero sí, y a mucha honra, y si querés un tanto safado, pero lo que me cuadra es el mero juego, la timba sin pelar a nadie, la milonga sentimental de a ratos, que de caprichosa acaba siendo la única farra que no se descompone en fiaca. Decí hola, miráme otra vez entre el montón de piojeras boludas, como descubriendo un nuevo continente. Decí algo, papirusa...
sábado, 5 de mayo de 2007
Mirá que sos...
al pasar? Pero no, caminás de puntilla como una bailarina, sin provocar el mínimo ruido, haciendo y deshaciendo los pasos como una diosa transparente, y antes de rajarte hurgás en los cajones de la casa, en busca de secretos y delicias. Pero juraría que vos ya sabés que podés comportarte conmigo a la criolla, porque yo transito la vida de puro vicio, y nada más lejos que yo de un alma podrida; arrabalero sí, y a mucha honra, y si querés un tanto safado, pero lo que me cuadra es el mero juego, la timba sin pelar a nadie, la milonga sentimental de a ratos, que de caprichosa acaba siendo la única farra que no se descompone en fiaca. Decí hola, miráme otra vez entre el montón de piojeras boludas, como descubriendo un nuevo continente. Decí algo, papirusa...
Más de Don José
Con esta edición, como otras tantas que se hayan publicado, se intenta de forma fácil y sencilla, la consulta sobre la misma, obteniéndose, como es obvio, la ayuda necesaria a entender y facilitar su manejo con las normas de tipología política o lo concerniente a las Comunidades Autónomas.
Recordar a modo de consulta el significado más fácil sobre los temas derivados de su contenido.
Cabe destacar en el caso de la Constitución Española de 1978, la inserción en el aspecto de su ordenamiento jurídico, acomodándose a sus preceptos y (continúa aún presentándose) dificultades muy notables a su acomodación de la normativa a las nuevas disposiciones Constitucionales.
Se pretende evitar de forma totalitaria el caos político existente, penetrando más aún si cabe con anotaciones entre las viejas leyes y la Constitución nueva, quedando con ella olvidadas las rencillas de épocas pasadas partiendo de nuevo.
(José Jiménez Silva, Historia Ilustrada y la Constitución Española, Sevilla, Jamais Sistema Edición, 2003).
jueves, 3 de mayo de 2007
Infusión templada de salvia
la tomo templada, y tirar entonces el sobre de plástico de la bolsita de té en el cubo de basura orgánica, maldiciendo a la humanidad, y deseándole con ese gesto bobo de rebeldía que se hunda en el caos del que vino. Sí, otras veces, como hoy, sólo aceptarías gestos primarios, y borrarías de un manotazo el resto, toda esta jodida civilización de idiotas en la que vivimos, tanto ajetreo sin furia, tanta luz sin pasión, tanto movimiento grueso, grosero, sin contraste ni detalles… Aunque concluyes entonces que eres tú mismo el primer majadero que se cree toda esta payasada, el mayor de los necios jugando a las casitas un día y otro y otro, mintiendo y mintiéndote, dejándote llevar por la brisa viciada y deleznable del devenir de los ciudadanos gusanos. Estas otras veces las dulzuras diminutas callan, dispersas en las calles y las avenidas, acurrucadas en las plazas muertas, y agachan la mirada y permiten que la realidad se muestre desnuda, tal cual, con todos sus defectos, con todas sus maldades miserables, con toda su chabacana insuficiencia… Y apenas quedan entonces rincones donde descansar.lunes, 23 de abril de 2007
jueves, 19 de abril de 2007
Breve salto al Paraíso desalmado
o una imagen suave y sin aristas que se cuela en el fondo de tus pensamientos, o quizás un hecho trivial que interrumpe tus rutinas, como la visión de un viejo vagabundo que, al despertar entre sus cachivaches, enciende una colilla sucia; a veces algo, alguna minucia, estimula tu atención, y entonces basta mirar para ver. Algo parecido a ponerte esas gafas de rayos raros que te permiten ver a la gente desnuda, pero ahora es el mundo el que enseña sus vergüenzas, hábilmente disimuladas tras una capa de prisas, tras un manojo de miedos, tras una bruma de cansancio, tras esta irreprimible ansia de armonía-a-cualquier-precio. Sí, mirar y ver, una actividad que te aleja de tus tesoros cotidianos como si viajases a un rincón ignoto del mundo, dejando la caricia de las esperanzas muy, muy detrás...
viernes, 13 de abril de 2007
El comercio cronopial de lágrimas
Los cronopios lloran con un llanto nunca igual pero siempre inocente.
En ocasiones las lágrimas les brotan con motivo conocido, por ejemplo ante una ausencia irreparable. La cabeza se les puebla de recuerdos y de impulsos infantiles (es decir, caóticos, ilusionados), pero de súbito un retrato les muestra el rostro del adiós, y entonces sacan sus pañuelitos arrugados y esconden sus caritas de vagabundos en la oscuridad de sus ojos cerrados.
Otras veces los razones de su llanto no estás tan claras, y las lágrimas surgen de un imposible, de una puerta cerrada con llave, de un espejo roto, de un solar antaño poblado de malas hierbas y veredas, y hoy destrozado por cómodos y cálidos edificios...
Los famas no saben que sus propias lágrimas, cuando son inocentes, poseen exactamente la misma composición que la de los cronopios, porque si lo supieran podrían llevarlas al mercado de sus vecinos, y trapichear con ellas en los quioscos de lágrimas, donde los cronopios las cambian por todo tipo de objetos preciosos. Los cronopios adoran las lágrimas como si fueran perlas, y las observan con sumo detenimiento, destacando en ésta su delicado sabor a melancolía, en aquélla las formas de saquito aterciopelado que la tensión superficial y su composición salina les concede, o en aquella otra la virtud de transformar la luz de una sonrisa posllanto en un carnaval de brillos inesperados.
Dicen que una vez un cronopio, al que algunas lenguas insustituibles pero maledicentes tachaban de fama, ofreció todo su reino por una sola lágrima, y eso sabiendo que a aquel pequeño diamante líquido lo sucederían otros muchos imposibles, y, claro está, otros muchos llantos.
Cielos
Observé el cielo de Santander y creí que iba a romperse. Pronto la bahía se encendería con rayos poderosos, pero ahora el cielo, del que aún no caía una sola gota de lluvia, parecía augurar una catástrofe. Las nubes componían un
dibujo terrible, enlazándose unas a otras con rabia, deshaciéndose en grises agrietados, y arremolinándose en una danza retorcida y violenta de torbellinos y agujeros, arrugas inusitadas. Al fin, la tarde se oscureció palpablemente, hasta convertirse en una noche prematura, y el cielo estalló en una lluvia hambrienta, entreverada de interminables chispazos descomunales.
Refugiados en los soportales de un edificio del puerto, tratamos de cazar con nuestras cámaras la visión de aquellos nervios encendidos del planeta, mientras el cielo había diluido su propia furia, sus gestos de fiera
encrespada, para crear un fondo lechoso sobre el que los rayos iban y venían como gritos del propio mundo.Hoy, cruzando un patio bajo la lluvia lenta del azahar, observé de nuevo el cielo, y creí descubrir algunas pinceladas de aquel otro, como el recordatorio de su poder. Las nubes se mostraban tranquilas, pero entre ellas surgían, aquí y allá, formas extrañas, muestras de otra dimensión, razones para nuestro desamparo...
lunes, 9 de abril de 2007
Doble descubrimiento
lunes, 2 de abril de 2007
Nunca Jamás aquí y allá
viernes, 30 de marzo de 2007
Ejemplo de hilo invisible
martes, 27 de marzo de 2007
David el aventurero
Las personas más ricas eran los pescadores y buzos, que estaban constantemente pescando conchas. El pequeño David decidió buscar un trabajo que le tuviese cerca del mar para pescar conchas y hacerse rico.

– Si no encuentro trabajo –pensó–, iré a buscarlas sin trabajo.
Dicho esto, se fue hacia la costa, donde vio a la gente con las caras alegres, no como en su barrio. Preguntó y preguntó hasta que, sin pensárselo dos veces, entró en una tienda, robó una escafandra y se tiró al agua.
Cuando tocó suelo, vio todo lleno de conchas y empezó a recogerlas una por una, hasta que no pudo coger más. Subió a la superficie, cogió las conchas que se le cayeron y se dirigió a su casa.
Cuando llegó, guardó las conchas y se fue de nuevo a la costa para coger más conchas.
Al cabo de tres horas, era más rico que el rey. Lo primero que hizo fué pagar la escafandra, luego fue a ver al rey para decirle que, al ser más rico que él, sería el nuevo rey. El rey dijo que sí, pero con una condición, que le dejara el puesto de Presidente del Gobierno.
David dijo que sí y también dijo que le repartieran 700 conchas a cada pobre.
Ya no hubo más pobres en el país de Gnomitas.
martes, 20 de marzo de 2007
Técnicos literarios
El artículo del maestro de la literatura decía así:
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TRIBUNA: PIEDRA DE TOQUE
MARIO VARGAS LLOSA
Los próximos cuatro años
(Publicado en El País, el 11 de noviembre de 2004)
¿Es posible prever las grandes líneas de lo que ocurrirá en el mundo a partir de la victoria de George Bush? La acción militar en Irak continuará, acaso de manera redoblada, a fin de conseguir que las elecciones prometidas se celebren a principios del próximo año y de ellas resulte un Gobierno iraquí más o menos representativo que, con un apoyo internacional amplio, pueda continuar la pacificación y democratización del país, como ocurre ahora en Afganistán. Este objetivo no es imposible, aunque nada fácil de alcanzar, vista la ferocidad y multiplicación de unas organizaciones terroristas que harán todo lo posible -y hasta lo inimaginable- por impedirlo.
Pero, aun si el Gobierno de Bush alcanza este objetivo, el problema del Medio Oriente seguirá haciendo correr mucha sangre y manteniendo al mundo en vilo. La región continuará siendo un polvorín mientras el problema entre Israel y Palestina no encuentre solución. Y no la encontrará con una Administración que se ha identificado de manera automática con la política de Sharon, apoyando sus peores excesos y desafueros. ¿Moderará Bush su política ahora que ha desaparecido Arafat? Es difícil predecirlo. Una victoria de Kerry y los demócratas hubiera significado una actitud más flexible y equilibrada frente a este tema, y acaso un esfuerzo semejante al que llevó a cabo el presidente Clinton para lograr un acuerdo entre las partes, acuerdo que se frustró en las negociaciones de Camp David y de Taba por la intransigencia de Arafat.
La lucha contra el terrorismo internacional en todos los continentes, columna vertebral de la política de Bush que han legitimado los electores estadounidenses, mantendrá abierta la brecha que la intervención unilateral en Irak ocasionó entre Estados Unidos y Francia y Alemania (y, luego, también España). Aunque sin duda habrá gestos conciliatorios de ambas partes, las diferencias al respecto son demasiado profundas, y en esos tres países europeos los desplantes contra Estados Unidos traen todavía demasiados beneficios electorales a sus gobernantes (sobre todo, al desfalleciente presidente Chirac), como para que se restablezca la antigua colaboración y amistad atlántica. El distanciamiento tendrá un efecto muy negativo para la construcción de Europa, pues, contrariamente a lo que se quiere presentar como un diferendo radical entre Europa y Estados Unidos, la verdad es que en el seno de la Unión Europea existe una división muy grande al respecto, y que muchos países europeos, empezando por el Reino Unido, Italia, Polonia, la República Checa y todos los recién llegados a la Unión, no participan de la hostilidad franco-alemana y su peón español contra Washington. Con el senador Kerry en la Casa Blanca, el antagonismo se hubiera atenuado, sin duda, aunque no eclipsado.
Este asunto no es adjetivo a la edificación de Europa, el más ambicioso y trascendente proyecto que haya surgido en el seno de los países democráticos del Occidente. Y no lo es porque el Reino Unido -al igual que otros países pequeños jamás se integrará realmente a una Europa construida contra los Estados Unidos, como quisiera esa extraña alianza de fascistas, comunistas y nacionalistas europeos que constituyen la espina dorsal del movimiento antinorteamericano al que, con motivo de la guerra de Irak, han ido atrayendo a sectores democristianos y socialistas. Sin el Reino Unido, Europa nacería coja, tuerta y manca, podría ser presa fácil del mercantilismo económico al que Francia se resiste a renunciar y tarde o temprano reproduciría a nivel comunitario las taras nacionalistas de las que la Unión Europea, en su concepción prístina, debía redimir al Viejo Continente.
Para América Latina, la reelección de Bush representa la posibilidad de que nuevos países accedan al NAFTA, el Tratado de Libre Comercio del que es ya parte integrante México, y que se concrete el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), algo que con Kerry en la Casa Blanca no era nada seguro, pues su vicepresidente, el gobernador Edwards, ha sido un adversario resuelto de incorporar a aquel Tratado unos países que, según los industriales estadounidenses proteccionistas de los que era vocero, son competidores desleales por sus bajos salarios y sus condiciones laborales precarias. El riesgo de que la Administración Kerry mantuviera a raya a América Latina del mercado estadounidense y de que dificultara la descentralización industrial norteamericana hacia el sur del río Grande era considerable.
¿Se atreverá el presidente Bush, ahora que cuenta con el control de ambas cámaras y un inequívoco mandato, a hacer la gran reforma de la Seguridad Social que ha insinuado en su campaña y que los sectores más liberales del Partido Republicano le exigen? Al igual que en muchos países europeos, el sistema estatal de reparto está técnicamente quebrado en los Estados Unidos, pues, para cumplir con sus obligaciones en los próximos años, el Estado necesitaría la cinematográfica cantidad de 5 billones de dólares (es decir, cinco millones de millones). En su campaña, Bush insinuó que la reforma consistiría en permitir a los nuevos ciudadanos incorporados al sistema colocar parte de sus impuestos a la Seguridad Social en cuentas personales, lo que, en la práctica, equivaldría a una privatización parcial del sistema, tal como se hizo en Chile. Es una reforma muy audaz, y que, de llevarse a cabo, sentaría un modelo para el resto del Occidente, donde el crecimiento elefantiásico del Estado benefactor se ha convertido en uno de los mayores obstáculos para la elevación o incluso el simple mantenimiento de los actuales niveles de vida de la población. Pero no hay garantías de que así suceda, pues, contrariamente a las teorías liberales que dice profesar Bush, su Administración ha sido una de las más gastadoras de la historia de Estados Unidos y la que más ha incrementado el déficit público. En este aspecto, Kerry hubiera tal vez restaurado la política económica de Clinton, que fue bastante liberal.
La reelección de Bush puede traer tremendos perjuicios a la sociedad norteamericanay a su sistema institucional, precisamente en el ámbito en el que, según todas las encuestas, el presidente batió de manera contundente a su adversario demócrata: el de los llamados "valores morales". Evangélicos y católicos integristas, y un vasto sector de familias no siempre identificadas con una iglesia, pero de moral tradicionalista y afincados principios puritanos, le dieron su voto para que frenara lo que consideran una desenfrenada liberalidad de costumbres y una tolerancia excesiva para todos las manifestaciones culturales y sexuales de la modernidad. Esto, en términos prácticos, significa que el Gobierno de Bush aumentará sus acciones legales contra el aborto, los matrimonios homosexuales, la eutanasia, la experimentación con células madre, y su apoyo a las campañas para que la religión se infiltre en las escuelas públicas, autorizando las oraciones al comienzo de las clases y una enseñanza de las ciencias compatible con la palabra bíblica. Éste es un camino peligrosísimo que puede deteriorar gradualmente la cultura de la libertad y restablecer diferentes formas de censura en la vida cultural y social de los Estados Unidos, así como restringir y abolir derechos individuales que son la más preclara expresión de una sociedad libre. En este dominio, no hay duda de que Kerry, pese a su voluble trayectoria y a su programa vacilante, era una opción preferible a la de Bush.
Sin embargo, admitiendo que el peligro de una reacción conservadora que lesione la democracia norteamericana existe luego de la última elección, hay que señalar también que, por fortuna para los Estados Unidos, gracias a una inveterada costumbre que echó raíces desde que llegaron allá los primeros europeos buscando una libertad religiosa que el Viejo Continente les negaba, el sistema de descentralización del poder a todos los niveles -político, educativo, económico, judicial, administrativo, cultural- ha hecho de aquél un país donde, según el ideal fijado por Popper para una sociedad democrática, los gobernantes no pueden hacer demasiado daño, porque el sistema, con sus contrapoderes y frenos legales, los ataja a tiempo. Por eso Estados Unidos no ha tenido un solo dictador a lo largo de toda su historia y por eso fue capaz de superar periodos tan riesgosos para la libertad como los del maccarthismo. Y la disidencia, aun la de corte más radical, ha existido y se ha manifestado incluso cuando parecía a punto de ser aplastada por una opinión pública que se identificaba totalmente con la política oficial, como durante los años de la guerra fría.
Algo más, incluso. No es imposible que ciertas expresiones truculentas y deslenguadas de la oposición a la Administración Bush, de bufones simpáticos a la manera de Michel Moore o de demagogos siniestros tipo Oliver Stone, hayan contribuido a ganar a aquél el apoyo de norteamericanos demócratas y liberales que de pronto se sintieron asustados o indignados por las exageraciones, deformaciones y simplificaciones de la guerra sucia electoral. De hecho, parece probado que el Partido Republicano presionó e intrigó para que el film anti-Bush de Moore Fahrenheit 9/11 se exhibiera en lugares de provincia donde jamás hubiera llegado por sus propios méritos.
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Leí hace mil años, cuando era muy joven y aún más ignorante que ahora, La ciudad y los perros y La guerra del fin del mundo. Algo en esos libros, en apariencia delirantes, me transmitió frialdad. Del primero no recuerdo apenas nada, y del segundo apenas conservo la sensación de que el autor asistía con una profesional indiferencia a toda aquella sucesión de fantásticas tragedias. Desde entonces, me dejó de interesar Mario Vargas Llosa.
Ahora, más viejo que entonces y un poco menos ignorante, leyendo manifestaciones como su último artículo publicado en El País, creo poder explicarme aquella decisión de no seguir perdiendo el tiempo con este magnífico técnico de la literatura. Ese indecente modo suyo de elegir una simplificadora ingenuidad o una informada sabiduría, según convenga al tema del que habla, cuadra a la perfección con aquella frialdad que entonces sentí al leer sus libros. Sólo hay que ver cómo pasa de una descripción frívola y cegata del problema de Irak, a un análisis microscópico pero igual de torpe (o interesado) sobre las relaciones entre Europa y Estados Unidos.
Sólo un personaje de un liberalismo tan curioso puede hablar del “mercantilismo económico” francés, aliado de “fascistas, comunistas y nacionalistas” europeos, en contraposición con la ética y la bondad incontestables del Señor Bush y de su amigo Tony Blair. Sólo un hombre tan obsesivamente preocupado por su imagen de sabio defensor de la libertad y los derechos humanos puede calificar de “audaz” un modelo de seguridad social privada, y proponerlo como “modelo para el resto de Occidente”. Sólo una persona incapaz de mirar con un poco de compasión el fangal en que sobreviven sus compatriotas, que se debaten en una miseria nada ajena a esa ética que él aplaude, puede afirmar que la reelección de Bush va a beneficiar a toda América Latina.
Pero lo peor del artículo de Vargas Llosa es lo que dice de sí mismo: incapaz de enorgullecerse de sus ideas, de su conservadurismo radical y su insensibilidad acomodada, víctima tal vez de algunos restos de conciencia, une a la cal algo de falsa arena, y trata así de contentar, cobarde e inútilmente, a tirios y troyanos. No, definitivamente no volveré a perder el tiempo con sus libros.
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miércoles, 14 de marzo de 2007
Tarde de paseo

Hay una luz endiabladamente hermosa, que se cuela en el gran silencio, en ese que sólo rompen las ráfagas de aire jugando con los envoltorios de los ramos de flores que alguien arrojó, ya inservibles, a contenedores y basureros. Los cipreses saben dibujar sombras en la tarde dorada, y entre ellos divagan las tórtolas con sus aleteos metálicos, y algunos pajarillos diminutos que con sus lánguidos trinos acompañan al viento en su canción sosegada. El cementerio está desierto. Un aburrido conserje me ha saludado al entrar, y más adelante, al pasar la primera glorieta donde calla el Cristo de la Mieles, encuentro a un meditabundo guardia de seguridad, también deseando que llegue la hora de cerrar. Soy el único visitante.
Luego de una larga caminata, flanqueado por vanidosos panteones, criptas que se airean (abiertas como bostezos) y muros saturados de nichos y nombres oxidados, abandono la avenida principal y me interno en el laberinto de tumbas. Camino rodeado de un mar de cientos, de miles de cuerpos inertes que el tiempo va deshaciendo inmisericorde, un ejército de pruebas de nuestro abandono que algunas capas de mármol y madera no consiguen ocultarme. Siempre me encantó conocer ese atajo hasta la tumba de mi familia, y esa sensación de alcanzar el centro querido sorteando recodos idénticos, enredos de calles y el peligro constante de extraviarme en la maraña de sepulturas y cruces. Alcanzar el centro, el lugar exacto donde ella yace... Te levantas temprano por la mañana, te aseas y te vistes, programas tu día y tus afectos, repasas tus sueños imposibles y aprietas en tus manos las pequeñas delicias posibles que quedan como resto del recuento, y te lanzas a caminar, a disponer, a telefonear, a cumplir rituales trascendentales, y al final del día te espera una cama que recogerá tus últimas calorías, una cama donde te enfrías y desde la que ya ni siquiera el llanto de un niño que te echa de menos puede emocionarte. Y en nada, tras los trámites preceptivos, sin sueños ni delicias, sin teléfono ni rituales, acabas en un agujero oscuro y húmedo, derritiéndote en el tiempo, que en el cementerio pasa lenta, muy lentamente.
Me asalta un deseo grande de hablarle a mi madre. A mi alrededor sólo sepulcros y un olor penetrante a flores quemadas. Pero sé que ella no me escuchará. Ella permanece dentro de mí, pero sin oídos. Conserva sus gestos, la fuerza descomunal que la condujo hasta el último día, su entrega discreta y misteriosa y su amor incondicional, pero no tiene oídos, ni manos; tampoco puede abrazarme. Y por ello me resisto a ese impulso de hablarle, de decirle que allá estoy, a su lado, tan cerca de ella, que me gustaría apartar la losa y buscarla y abrazarla aunque sólo queden de ella unos trazos desvaídos de lo que fue. Dejo que el silencio hable por mí, como hice durante tantos años, aunque tal vez ahora ella lo entienda mucho mejor que a mis palabras. Miro el reloj, porque podría quedarme encerrado en el cementerio. Acaricio el mármol de la tumba y doy dos pequeños golpes de despedida, convencido de que ella sentirá las pequeñas vibraciones que correrán del mármol a la madera, y de la madera a su cuerpo de luz inmortal. Y doy la espalda a la tumba, resignado con todo eso que se despliega ahí delante, zigzagueando por el laberinto, consumando los recorridos sin sorpresa en el plano detallado de mis días, y no me disgusta pensar que algún día descansaré con ella ahí dentro, en su confortable y fresco cobijo de tierra.
lunes, 12 de marzo de 2007
Museo...
martes, 6 de marzo de 2007
La Luna eclipsada
domingo, 4 de marzo de 2007
El llanto

martes, 27 de febrero de 2007
El niño

lunes, 26 de febrero de 2007
Música

domingo, 25 de febrero de 2007
lunes, 19 de febrero de 2007
viernes, 16 de febrero de 2007
Trenes, desiertos, oasis
La sombra de las ventas
martes, 13 de febrero de 2007
Paula
jueves, 8 de febrero de 2007
Y luego el primer capítulo...
Sí, bueno, tal vez hubiese sido mejor que Denys Arcand se hubiera detenido en El declive del imperio americano. No veo la impostura que mi amigo Moyano le adjudica a Las invasiones bárbaras, porque, como la primera película, no deja de ser una pintura acabada a pinceladas imprevisibles, como una foto borrosa del caos en el que vivimos, una instantánea que luego, tras ser observada con más detenimiento, revela un elegante retrato del mundo. Y en este sentido el segundo capítulo parece querer explicar lo que no necesita explicación y, a la vez, es inexplicable. Aunque también es cierto que enfoca un poco más ese componente esencial de nuestras vidas: la muerte, y cómo ella consigue que elevemos nuestras miserias a tesoros; sí, quizás sea por ahí por donde la película aporta algunas pinceladas esenciales al cuadro de antes. Con la piececita de piano del final, y esa imagen de la casa nevada y solitaria, sentí que dentro de unos cincuenta años yo y casi todos mis amigos no estaremos ya por aquí, y ahora se trata de decidir si en la balanza de nuestros méritos pesará más el platillo del honor o el de las delicias.miércoles, 7 de febrero de 2007
martes, 6 de febrero de 2007
viernes, 2 de febrero de 2007
Misterio desvelado

Y resulta curioso, porque este cuadro de Courbet se llama, como el otro, La fuente, pero fue pintado seis años antes, y aparece por Internet muchísimo menos que su hermano. Como humilde compensación al regalo de nuestra Suscriptora Invisible, y además del cuadro con la mujer original, le muestro aquí esos Primeros pasos de Van Gogh. Algo me dice que le tocarán el corazón y el instinto...
La fuente mágica















