viernes, 6 de febrero de 2015

La extraordinaria y lucrativa sensibilidad del agua

Samuel_Hahnemann_1841Christian Friedrich Samuel Hahnemann era un médico alemán muy listo, que sabía muchos idiomas y que a principios del siglo XIX tuvo una ocurrencia genial. Por entonces la medicina andaba todavía en pañales, y en muchos casos los médicos se guiaban por la intuición más que por los siempre limitados conocimientos científicos. Nuestro protagonista sufría al comprobar cómo los medicamentos eran más fastidio que cura para los pobres enfermos.

Un día leyó en un artículo que la corteza del árbol de la quina (rica en quinina) se usaba para combatir la malaria, y algo no le gustó en los argumentos de aquel texto. Entonces hizo pruebas consigo mismo y se metió entre pecho y espalda una infusión de dicha corteza. Se puso malísimo. Los síntomas que observó se parecían demasiado a los de la malaria. No contento aún, tomó infusiones cada vez más diluidas de la corteza, y comprobó que los síntomas iban desapareciendo. Al observar que un preparado concentrado de dicha corteza producía los síntomas de la malaria, mientras que con una progresiva disolución de la sustancia estos síntomas desaparecían, concluyó varias cosas:ley_de_similitud_homeopatia

1. Que las sustancias que en un hombre sano producían los síntomas de una enfermedad, convenientemente diluidas podrían curar esta enfermedad.

2. Que la eficacia de los medicamentos sería mayor cuanto más diluidos estuviesen.

Al parecer, Christian Friedrich Samuel era simplemente alérgico a la quinina, pero ya sabemos que a veces Dios elige camino retorcidos para iluminarnos.

En fin, convencido de todo esto, el bueno de Christian Friedrich Samuel hizo otro enorme descubrimiento intuitivo: cuanto más fuerza se aplique al agitar la disolución, más energía poseerá el producto y más eficaz se mostrará. A este proceso de agitación propiciatoria lo llamó sucusión. La sucusión más poderosa que encontró fue la que se producía cuando golpeaba el producto con su Biblia, aunque, con el tiempo, los seguidores de nuestro amigo descubrieron que la sucusión ideal es la agitación repetida en tres dimensiones: hacia los lados, hacia arriba y abajo, y hacia delante y detrás.

Pero Christian Friedrich Samuel era médico, no lo olvidemos, así que se dispuso a vestir científicamente sus teorías. Cogió 1 mililitro de sustancia y lo diluyó en 99 ml de agua. Así conseguía una dilución de uno a cien, a la que llamó dilución 1 Centesimal de Hahnemann (1 CH). Luego tomaba 1 ml de esta dilución, y la volvía a diluir en 99 ml de agua. Así conseguía una dilución uno a diez mil de la sustancia, o lo que es lo mismo, una dilución 2 CH. Y así sucesivamente.

Proceso de diluciónChristian Friedrich Samuel, que era un hombre imaginativo pero no idiota, supo que, aplicando la constante de Avogadro (que establece el número concreto de moléculas que hay en cada unidad de masa), una dilución de 12 CH no podía ya contener ni una sola molécula de la sustancia original, es decir, que una dilución tal era agüita pura. Hoy, muchos medicamentos homeopáticos poseen una dilución de 30 CH, es decir, hay 1 ml de sustancia por cada 1057 litros de disolución. Se ha calculado que habría que llenar una esfera de radio la distancia entre la tierra y el sol para meter tanto líquido. Pues bien, usted echa en esa depósito formidable de agua 1 ml de extracto de corteza de quina, le da golpes con una Biblia estratosférica y luego llena un botecito con el que cura la malaria en un pispás.

gotita de agua1Pensarán que si Christian Friedrich Samuel no era idiota, se habría percatado de que algo fallaba en el planteamiento. Así fue, efectivamente. Nuestro amigo solucionó el problema con la misma soltura con la que había afrontado todo el proceso: cuando ponemos la sustancia, en dosis infinitesimales, en contacto con el agua, y además ejercemos sobre el producto la prodigiosa sucusión, la sustancia transmite su espíritu curativo al agua. Hoy, los homeópatas modernos han sustituido esta denominación algo mística por una de apariencia más científica: efecto memoria del agua. Es decir, el agua que ha estado en contacto con la sustancia, al menos por un instante, recuerda a la sustancia y adquiere sus propiedades curativas.

En 1988, un inmunólogo francés llamado Jacques Benveniste publicó en la autorizada revista Nature un artículo sobre determinados experimentos que demostraban la memoria del agua. La misma revista organizó poco después a un grupo de científicos para que reprodujera el experimento de Benveniste y sus colaboradores, entre los que había algunos con claros intereses en la industria homeopática. Se demostró que el experimento era una auténtica chapuza. Aparte de este experimento, no ha habido ninguno más que haya demostrado ni la memoria del agua, ni una eficacia de los productos homeopáticos superior a la del efecto placebo. El mismo Benveniste se fue al otro barrio sin preocuparse lo más mínimo por los experimentos que demostraban la superchería de los suyos.

Y ahí andamos, con las farmacias atiborradas de productos homeopáticos, con cientos, miles de profesionales sanitarios incondicionales de la cofradía del Santo Espíritu Curativo, con nuestros gobiernos sancionando legalmente los primeros medicamentos que no requieren prueba científica de su eficacia. Claro, todo esto en medio del auge de una enorme industria pseudofarmacéutica que James Randiproporciona colosales beneficios a los de siempre.

El grandísimo mago norteamericano James Randi (mago de dulces trucos que les recomiendo), hombre que, entre otras cuestiones, dedica su vida a perseguir las mentiras pseudocientíficas, hace años que va por ahí con un cheque de un millón de dólares en el bolsillo, y promete entregárselo al primero que le demuestre científicamente que la homeopatía funciona. ¡Qué ingenuo! Para las compañías que trapichean con estos brebajes, un millón de dolares es poco menos que calderilla…

 

Fuentes y enlaces

http://queeslahomeopatia.com
http://en.wikipedia.org/wiki/Samuel_Hahnemann
https://tallcute.wordpress.com/2010/02/24/el-dia-que-la-homeopatia-se-colo-por-la-puerta-grande/
No se pierdan este vídeo del Mago Randi: https://www.youtube.com/watch?v=drPNYLVsGQM

2 comentarios:

Ozanu dijo...

Como químico, pues no puedo sino aplaudirle por la gracia con que ha contado el timo pseudocientífico que es la homeopatía. A mi tía (vivo con mis padres por el paro) casi le cuela la farmacéutica de nuestro barrio un producto homeopático, sino fuera por mi censura a ese producto.

En el fondo, todo esto se basa en una especie de vitalismo: los homeópatas viven convencidos por la idea de que agitando el agua ellos mismos, esa energía los cura. Si esto fuera cierto, ¿qué inconveniente para desarrollar equipos que agitaran las disoluciones con cargas energéticas que pudieran curar a miles de personas? Eso sin contar con la absurda idea de que el agua es un líquido mágico que, en lugar de actuar a nivel macroscópico o fisiológico tal como su estructura química provocaría, es capaz de "imitar" propiedades de productos orgánicos por un método que saben bien Dios, el diablo y hasta Thor el de Marvel que vendería mi alma por descubrirlo y ponerlo al servicio del público.

¡Ay, la ignorancia!

Sir John More dijo...

Sin contar, amigo Ozanu, con la de sustancias que están al cabo del día en contacto con el agua, y la de cosas que tendría que recordar la pobre mía... :-)