lunes, 5 de octubre de 2009

Apuntes para una teoría de la existencia

Distracción Hemos venido al mundo para distraernos.

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Bienaventurados todos aquellos (tantos) que se distraen con facilidad, porque de ellos son los restos de nuestro futuro.

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El distraído puede ser un gran analista, e incluso puede sacar conclusiones de su análisis, pero siempre habrá un instante en el que, sin mucho tardar, el distraído olvide las conclusiones negándose a aplicarlas a su vida, porque entonces dejaría de distraerse.

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La mayor o menor capacidad de distracción proviene de una disposición fisiológica, es decir, es parte de nuestro destino, y aquellos a quienes cuesta distraerse poco o nada pueden hacer por participar en el alborozo general.

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La historia de la humanidad es la historia de la progresiva perfección de nuestras distracciones.

10 comentarios:

eva al desnudo dijo...

El distraido puede ser un gran analista siempre y cuando no esté distraido y al quite de lo que pase ¿reconoces esa distracción en la que pasan cosas de las que no te has enterado? Por ejemplo: Voy conduciendo y delante llevo un coche rojo, cuando me doy cuenta el coche rojo no está y no me he dado cuenta de donde ha girado, si ha parado o ha sacado el intermitente o sea que ¿qué me queda? En fin, que tiene cierta dosis de peligro.

Besos nada distraidos.

María dijo...

Distraerse no es despistarse..., a mi modo de ver.

leo dijo...

Ays, cuánto mejor nos iría si dedicáramos nuestros esfuerzos a concentrarnos.
Un beso, Sir.

Sir John More dijo...

Claro, Eva, digo que el distraído puede ser buen analista, pero no que deba serlo en todos los casos. De hecho, no suele serlo. Trataba de curarme en salud, porque hay mucho distraído (entretenido y feliz) con una cabeza privilegiada, pero le sirve para poco en tanto en cuanto su cabeza piensa por un lado y su cuerpecito decide por otro, y decide siempre distraerse. Por eso también estoy de acuerdo con María en que distraerse no es despistarse, o al menos pienso que el despiste no es la distracción más nociva... Y sí, Leo, creo que es posible una cierta distracción concentrada, no es necesario aburrirse cuando uno se concentra, y no sólo no es necesario, sino que cuando uno aprende a concentrarse y lo consigue, los resultados no te distraen de lo importante, pero son la mar de distraídos... :-) Tres besos.

Sean O'no dijo...

Buenas, Sir. Creo que el tema está en el difícil equilibrio entre la capacidad de atención continuada, producto de nuestras facultades cognitivas y sensoriales, y la necesidad de las neuronas de descansar de tan pesada carga. Creo que además influye el ambiente que nos rodea, tan estimulante en ambos sentidos en el momento actual, nada comparable al de la limitada inmediatez de nuestro pasado animal. No lo veo tan inevitado como inevitable, en eso estoy contigo, pero no lo veo tan predestinado como influenciado. Ahí están los intentos de los que "meditan", de cómo contrarrestar las distracciones, en los que un entrenamiento que apela a un cambio de costumbres perceptivas y cognitivas, producto de un "trabajo" al fin y al cabo, los libera de las distracciones, cambiándolas por otras, en mi opinión. Lo que sí que es congénito es el despiste, que te lo digo yo, María. Interesantes esos primeros apuntes a tu teoría del monopolo existencial. Pero, ¿qué es consciencia?, que no es lo mismo que conciencia. Ya mismo nos contratan de neurofilosofobiólogos (¿te ha mandao Sandro el video del McFerrin?), ja, ja, ja... Abrazos.

Sir John More dijo...

Digamos, Sean, que pensaba con estos apuntes en una teoría más social que personal, en esa tendencia generalizada de que el arte, el pensamiento e incluso la ciencia deben distraernos, es decir, deben sacarnos del lugar donde se supone que nos interesa estar, cuando la función de la cultura es precisamente hacernos más conscientes de lo que somos y de donde estamos. Divirtiéndonos, claro, pero no alejándonos de nosotros mismos, de la consciencia de nosotros mismos. Creo que es lo que hace que estos tiempos tengan tan mala pinta, todos estamos distraídos, no despistados, sino distraídos, a conciencia entretenidos en otras cosas...

Pd.- Sí, vi ese vídeo, si te refieres a ese en el que Don Roberto toca el piano con los pies y el público.

Sean O'no dijo...

Perfectamente de acuerdo, Sir, la tecnología ayuda bastante a eso que te refieres, el arte no digamos, casi en su totalidad al servicio de la pasta, consumismo puro, el pensamiento podría salvarse en parte...
El video me dejó pasmao, esas estructuras musicales pentatónicas que traemos de la fábrica, innatas, como el ritmo, como la mentira o el altruismo... ¡Dioses todos, qué gazpacho habéis hecho! ¡Pero qué manera de mostrarlo Don Roberto! ¡Qué gozada!

Sean O'no dijo...

Ah! Y agradecerte ese temazo de los Allman con que nos azota a gusto D. Francisco el Grande.

Sandro dijo...

Lo vimos juntos... no lo he olvidado (como se podria olvidar un cocierto del Zappa?)
un besazo

Sean O'no dijo...

Querido mío, pues sería el primero al que fuimos juntos. Recuerdo también a Enrique y a Francis, a toda la basca de primos y primas. Tampoco estuvo mal el último al que fuimos. Tengo todavía la sensación de estar clavado a los ojos del Maestro Swallow mientras le apretaba la mano prodigiosa. La mano, los dedos porrones de un músico admirado por Evans, por Chano... Tres días sin lavármelas, mitómano que es uno... Ya te devolveré el besazo.