viernes, 6 de marzo de 2015

Jesús el zelote

Carl Bloch . jesus-christ-cleansing-the-templeLa secta judía de los Zelotes, considerada por algunos historiadores como la primera organización terrorista de la historia, era un grupo nacionalista que luchaba contra la invasión romana, a veces atacando a civiles que, según ellos, colaboraban con los invasores. Barrabás pertenecía a esta secta, y también dos de los apóstoles de Jesús, Simón y Judas Iscariote. Este último, Judas, podría muy bien haber pertenecido a la facción de los Sicarios, una de las más violentas del movimiento. Los Zelotes se oponían a sus hermanos fariseos porque los consideraban demasiado adictos al dinero y poco afectos a la causa antirromana. Todo encaja. No cuesta imaginar a Jesús como un zelote con ínfulas de líder (de Mesías), alguien que, a partir de cierto momento, intenta distinguirse de sus correligionarios y elevarse sobre ellos a base de consignas espirituales. En la historia tenemos infinitos ejemplos de individuos así, aunque no muchos consiguieran la fama que obtuvo nuestro amigo. ¿Quién sabe si Judas traicionó a Jesús precisamente porque éste se había separado, con sus místicas vanidosas y sus sermones infantiles, de la línea oficial de la secta?

Resulta curioso que el pueblo judío eligiese salvar, entre élJesucristo_contempla_su_creacion-12756 y Barrabás, al zelote Barrabás, tal vez harto de las necedades de aquel excéntrico que se consideraba a sí mismo, como muchos otros excéntricos, el definitivo Mesías. Está claro que ningún judío con dos dedos de frente pudo comulgar con las pretensiones de Jesús. ¿Qué iba a conseguir Jesús con sus espiritismos, tan inútiles al lado de la lucha armada de los zelotes? Con seguridad, la mayoría de los judíos, como ocurre con casi todos los pueblos oprimidos, soportaba con resignación al Imperio Romano, que además solía respetar las culturas conquistadas y enriquecerlas con adelantos públicos y políticos. Los primeros cristianos debieron ser una pesadez no sólo para los romanos, sino para los propios judíos.

Aunque la adopción del cristianismo fue uno de los elementos (causa y a la vez consecuencia) del desmoronamiento del Imperio, nadie puede afirmar seriamente que Jesús consiguiera vencerlo, porque, en primer lugar, su mensaje llegó a las altas esferas del Imperio tres siglos después de la desaparición del propio Jesucristo, y extraordinariamente manipulado por Pablo y sus compinches; segundo, este mensaje manipulado no consiguió realmente tumbar al Imperio, sino envenenarlo alimentándose de su cadáver.

jesucristoTodo el mundo sabe que el mensaje de Jesucristo, tal como nos ha llegado, es una mezcla viciada de principios dispares, un batiburrillo incalificable de historietas provenientes de fuentes y períodos bien distintos. Lo más probable es que Jesús fuera justamente eso, un iluminado que quiso buscar su gloria en un modo alternativo de lucha contra los romanos, y perdió el seso en los vericuetos de sus parábolas. Encontró prosélitos porque, como en todos los tiempos, la reacción de un pueblo al dolor y a la invasión toma por lo común una de dos vertientes, o las dos: la violenta y la espiritual. En la primera la gente pelea, con medios más o menos legítimos, y en la segunda reza y confía en la acción furibunda de algún Dios justiciero. A partir de la conversión del imperio, la historia del cristianismo es la gran alianza entre la adormidera popular de sus enseñanzas y el negocio tradicional de los poderosos. Su historia es la de una organización que acaba intoxicando al opresor con sus manejos y sus falsedades, pero que no busca ni consigue otra cosa que reforzar al Poder y aborregar a los mansos vasallos. Su historia, durante muchos siglos, será una historia sanguinaria y represiva.

466844009No obstante, como sostuve antes, todo esto ocurre mucho después de Jesús. Es algo que crece (como excrecencia) a partir de un mensaje que debió ser sencillo, inocente, torpe, incluso algo cretino. Un mensaje que sigue repitiéndose desde la Iglesia con interesada insistencia. El otro día Pepa Bueno entrevistó a Carlos Osoro, nuevo Arzobispo de Madrid. Cuando la periodista le preguntó por el adoctrinamiento cristiano en las escuelas públicas de un país aconfesional como el nuestro, el cura hizo lo mismo que había hecho en el resto de las preguntas, salir por peteneras y no contestar a lo que se le preguntaba. En este caso, respondió que la Iglesia estaba para enseñar a los pobres mortales a dar de comer al hambriento, a dar de beber al sediento, a visitar (así lo dijo) al enfermo… Por supuesto, las ideas banales de Jesucristo pudieron ser inocentemente cretinas, pero las de este cura no son inocentes en absoluto, sino profundamente interesadas.

Como dejó escrito el propio Nietzsche, se dice de Jesús que está más allá de todo, de la cultura, del Estado, del mundo y de sus manifestaciones; se dice que no niega casi nada porque está en otro mundo, porque ni siquiera negar tiene sentido cuando el objetivo está más allá de nuestra propia vida. Y Nietzsche reconocía que Jesús está más allá de todo, afirmaba que Jesús está justo en la "tontería pura".

Según el filósofo alemán, la Buena Nueva, la promesa de otro mundo inaugura al cristiano moderno. Pablo y sus sucesores comerciales toman el mensaje de Jesús y lo descargan de preceptos ju­díos y de las boberías circunstanciales del propio Mesías. Poco a poco van tomando importancia conceptos como la inmortalidad, la otra vida, el pecado, la salvación… y sobre todo la buena vida de los representantes más listos de Dios en la tierra, esos a los que Nietzsche llamaba vampiros astutos, sigilosos, invisibles y anémicos.

¿Jesús? Un personaje inflado y simple…

2 comentarios:

Ozanu dijo...

En los blogs Historias de España y Asia, Buda y rollitos de primavera hablan varias veces de la "Cristología", es decir, los orígenes del cristianismo. En líneas generales, coinciden contigo en que muy probablemente Jesucristo era uno más de tantos líderes que abogaban por expulsar a los gentiles de su tierra, aunque ambos le han dedicado al tema varias entradas, incluyendo una crítica a la manipuladora película Quo Vadis?.

Los judíos son un pueblo fascinante. Muchos de sus representantes han destacado en prácticamente cualquier disciplina, pero a la vez pueden resultar maniáticos hasta la risa con sus costumbres. La peor de las consecuencias fue la intolerancia hacia otros cultos, que en el caso de los paganos sólo se daba con los "impíos" (Anaxágoras, Sócrates y su daimón...). Fue a partir de entonces cuando no bastó ser piadoso, sino ser piadoso al dios "correcto". Da que pensar.

Sir John More dijo...

El panteísmo fue una respuesta hasta cierto punto lógica a todos los interrogantes que tenía el ser humano antiguo. El monoteísmo fue el negocio de la religión, la oportunidad de usar desde el poder la droga de la fe, la posibilidad de controlar a la gente desde ella misma, desde el interior de cada oveja, embrujando a los rebaños con historias de miedo. Y ahí se parecen todos los monoteísmos... Saludos.