viernes, 25 de mayo de 2007

Dioses

En un concierto de Rory Gallagher, que celebraba en un teatro de Dublín, todo el mundo se removía sentado en su asiento, pero un par de borrachos iban y venían por el pasillo del patio de butacas, bailando y perdiendo el equilibrio. En cierto momento, Rory se acercó al borde del escenario, y en ese instante uno de los borrachillos se acercó también al músico irlandés, alargó lentamente su brazo y rozó con sus dedos la guitarra de Rory. Nunca asistí a una imagen más hermosa de lo que significa adorar a un músico. Huyendo de los fanatismos, hay veces que algunos seres humanos se equiparan a los dioses, y en esos instantes es maravilloso andar ahí, cerquita, para contagiarte un poco de su divinidad. Tal vez sea por eso que uno no puede dejar de escuchar a Bach, el creador de Dios...

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