miércoles, 9 de marzo de 2011

Libros

A vosotros, porque algún día sintáis en mis libros la fiebre del navegante.
A ti, porque llevo ya conmigo algunos de tus mejores viajes. Y a ti,
porque aun viajera de los universos virtuales te sé marinera de alta mar.

No concibo subir al autobús, sacar la lectura de la mochila y comprobar que a mi libro se le está acabando la batería. Comprendo que haya jovencitos, algunos más por alocados que por mocedad cronológica, que prefieran las nuevas tecnologías, la inmediatez elevada al cuadrado, el milagro de las bibliotecas comprimidas; pero yo, lo siento mucho, no le veo demasiadas ventajas a la cosa.

Los libros electrónicos que circulan de forma gratuita por la red contienen numerosas erratas, e imagino que al menos los libros adquiridos directamente en las editoriales o librerías electrónicas serán de confianza. Ni siquiera las copias directas de estos textos nos asegurarán que estamos leyendo el libro que pensamos, puesto que sin la certificación expresa de la editorial nunca podremos afirmar que en las sucesivas copias el texto original no se ha corrompido. En varias ocasiones, con el deseo de trabajar directamente en el ordenador y evitarme el trabajo de escanearlos, he buscado en la red la versión electrónica de los libros que traduzco, y en todas las ocasiones las diferencias entre el libro en papel y el texto electrónico eran suficientes para no fiarme en absoluto de la copia electrónica. Ejemplo incontestable de este asunto son los poemas famosos que corren por la red, de los que existen tantas versiones como internautas admiradores de sus autores. En las distintas muestras de un poema se difumina la puntuación, la división en estrofas, incluso la posición inusual de los versos, las mayúsculas y minúsculas… Por no hablar de las mil traducciones que algunos aficionados hacen usando el impresionante traductor de Google. Por lo tanto, esa sensación de tener acceso con el aparatito a la Biblioteca Universal resulta bastante falaz.

Creo que alguno de esos aparatos permite escribir notas al margen, marcar páginas, por supuesto hacer búsquedas inteligentes en el texto, sin necesidad de recordar en qué rincón del libro leímos esto o aquello. Pero ¿dónde queda el tacto de nuestros dedos sobre los libros, dónde el esfuerzo de nuestra memoria por destacar ese párrafo, o incluso recalcarlo con nuestro pulso y nuestra caligrafía? ¿Se notarán también en esas maquinitas tan feas las diferencias que hay entre un libro sin abrir y otro abierto una y otra vez ante nuestros ojos?

Por lo demás, cada libro se convierte en la prueba palpable y temporal de un viaje, un argumento más contra el caos. Nuestras estanterías respiran ternura, rebosan experiencias y amistades, personajes que han transitado nuestro interior y que vuelven luego a reposar entre el papel en espera de un nuevo navegante. Sí, una biblioteca se construye con esa sustancia blanda y artesanal que luego de pasar por nosotros ya no es nunca más lo mismo. Ningún libro que vivamos volverá a ser igual a ningún otro, por muy idéntico que parezca. ¿Dónde está todo eso en el universo virtual? ¿No son nuestros libros, los libros que amamos porque calentaron nuestras manos y desviaron nuestros ojos hacia la aventura y el sueño, no son esos objetos como las huellas de nuestra pasión de vivir, un mar de papel donde algún día, cuando faltemos, podrá reposar nuestra memoria?

Entre el primer rumor del azahar camino por la calle, sintiendo el latido de ese pequeño libro en mi mochila, un libro al que nunca, nunca se le agotará la batería…

domingo, 6 de marzo de 2011

El Señor Marqués

Reconozco que me inquieta un poco la antipatía que siento por Vargas Llosa. Entro en las librerías y sus obras colman los anaqueles. Leo artículos de gente a la que admiro y encuentro no sólo alabanzas generalizadas al escritor, sino defensas emocionadas de su persona pública y del luchador por las libertades que dicen encarna. Hasta Cortázar revela en sus Cartas una gran admiración por ese joven escritor que es Vargas Llosa, que luego será su amigo.

No he tropezado con un solo reproche, ni con la más mínima censura, pero sí con innumerables elogios; y Marqués de Vargas Llosacuando alguien se le enfrenta lo hace por motivos puramente políticos, reconociendo previamente su extraordinaria valía literaria. En los elogios se insiste principalmente en dos cuestiones: por un lado, la alegría generalizada ante un merecidísimo Nobel, que supuestamente todos los amantes de la literatura esperábamos; por otro, se subraya la liberalidad conservadora de este señor, antiguo defecto que hoy, tal y como está el patio, parece haberse convertido en virtud. Y así a Vargas Llosa lo alaban todos, incluso el bueno de Savater, hasta La Página Definitiva; lo alaban demócratas y anarquistas, letrados e iletrados, rojos y azules, tontos y locos. Diga que sí, oiga, un gran escritor y aún mejor persona…

Por si acaso, releo las palabras que dediqué al peruano hace un tiempo y trato de descubrir ese ardor que a veces me pierde, por si pudiera enmendarme de algún modo. Pero nada, en una época juvenil en que casi cada libro suponía una explosión en mi interior pude admirar de algún modo su capacidad de trabajo, su memoria, la profusión de detalles, el verbo rebosante, pero acababa sus libros y, bueno, ni la más ligera explosión. Y la imagen que me hice luego de este señor, con su fama ubicua y con algunos detalles biográficos que tomé de las Cartas de Cortázar y de La tentación del fracaso de Julio Ramón Ribeyro, fue la de un tipo listo, pero con la inteligencia puesta al servicio de una idea sagrada: él mismo.

Dos detalles me han reafirmado recientemente en mi repulsión por el Marqués de Vargas Llosa: uno que confirma la inocencia de mis consideraciones literarias sobre su obra. No, por una vez la memoria no me engaña: los dos libros suyos que leí (La ciudad y los perros y La guerra del fin del mundo) no me entusiasmaron, y he aquí un fragmento de mis diarios de 1985 que lo atestigua.

Foto 150El segundo detalle ocurrió hace unos días, hojeando sus memorias, tituladas El pez en el agua (Punto de Lectura, Madrid, 2010), en las que no sólo no encontré ningún argumento contra mi aversión, sino que me topé con una escritura desabrida y sin ritmo, de puntuación insoportable, muy inferior a la de cualquiera de los libros que leí recientemente como Retatros y A sangre fría, de Truman Capote, Insolación, de Pardo Bazán, Como Dios manda, de Ammaniti, Los emigrados y Austerlitz de Sebald... El Señor Marqués escribe como en los artículos que publica últimamente en El País, y esto me anima a seguir ignorando su obra incomparable. Lean un párrafo de este libro de memorias. Si ustedes consiguen leerlo de corrido, me lo hacen saber.

Una historia que había comenzado once años atrás, a más de dos mil kilómetros de este malecón Eguiguren, escenario de la gran revelación. Mi madre tenía diecinueve años. Había ido a Tacna acompañando a mi abuelita Carmen —que era tacneña— desde Arequipa, donde vivía la familia, para asistir al matrimonio de algún pariente, aquel 10 de marzo de 1934, cuando, en lo que debía ser un precario y recientísimo aeropuerto de esa pequeña ciudad de provincia, alguien le presentó al encargado de la estación de radio de Panagra, versión primigenia de la Panamerican: Ernesto J. Vargas.

En fin, que a mí, además de un tipo con unas ideas bastante feas, no me parece un gran escritor, qué quieren que les diga. ¿Que escribe mejor que yo? Conozco a mucha gente que escribe mejor que yo, y no le dieron el Nobel. Si no fuese por los dineritos que comporta el premio, me atrevería a exclamar que afortunadamente para ellos…

viernes, 4 de marzo de 2011

Paseo en coche

Durante más de un mes ha sonado en el coche un disco rebosante de hermosas cantatas de Bach. Enredarse en la música del mejor compositor de todos los tiempos es la mejor forma de escapar de uno mismo, aunque siempre corra uno el riesgo de encontrarse definitivamente…

Frank ZappaLos fríos del invierno tardan en disolverse, pero la primavera, con sus doradas y amplias propuestas, va abriendo las tardes y adecentando las ilusiones. Cambio el disco en el coche. Coloco uno variado: Rush, Stevie Wonder, Zappa. Suena ahora Broadway the hard way, uno de los muchos discos collage de Don Francesco, y conforme suena voy recordando cuánto se parece la música a los sueños. Frank Zappa, en conjunto el músico más interesante del siglo XX, entre bromas da consistencia a esta tarde que anochece, me eleva lo justo para que el tiempo no pisotee mi alma. Con él recuerdo lo cálida y acogedora que puede ser la música…

jueves, 24 de febrero de 2011

Austerlitz, W.G. Sebald

WGSebaldY en ese espantoso estado de ánimo me pasaba horas y días mirando a la pared, me atormentaba el espíritu y aprendía poco a poco a comprender lo horrible que es que incluso la tarea o el deber más nimio, como, por ejemplo, ordenar un cajón de cosas diversas, pueda ser superior a nuestras fuerzas. Era como si alguna enfermedad ya latente en mí se dispusiera a declararse, como si algo desmoralizador y obstinado se hubiera metido en mi interior y, poco a poco, lo paralizara todo. Sentía ya tras mi frente la infame apatía que precede al desmoronamiento de la personalidad, sospechaba que en realidad no tenía memoria ni capacidad intelectual, ni una verdadera existencia, que durante toda mi vida sólo me había ido extinguiendo y apartando del mundo y de mí mismo. (pp. 125-126)

 

Desde que los alemanes habían dictado las normas aplicables a la población judía, sólo podía hacer sus compras a determinadas horas; no podía tomar un taxi, tenía que viajar en el tranvía en el último coche, no podía ir a un café ni al cine, ni a un concierto o cualquier reunión pública. Tampoco podía ya subir a un escenario, y el acceso a las orillas del Moldava, a los jardines y parques que tanto le gustaban, le estaba vedado. A ninguna parte donde hay verde puedo ir, dijo una vez, y añadió que ahora comprendía realmente lo hermoso que era poder estar sin preocupaciones contra la barandilla, en un vapor fluvial. (p. 174)

miércoles, 16 de febrero de 2011

La isla de extraños nombres

Niño

Habría en el regreso mismo un otoño y sus ondas,

y en su sino

era la luz,

rodeado por eso de identidad, de la nieve y el orgullo,

de error en el lugar.

Amplio y mudo, los ojos resplandecientes:

el patíbulo, los estrechos recorridos, olvidado

tras los recuerdos e intacto, soportado por torres estuve,

y en las expediciones siquiera

tragado por el azar, las maletas, los balnearios

y la isla de extraños nombres.

lunes, 14 de febrero de 2011

Se ausentó

antonio_lopez

Alguien, seguramente el cartero, había emborronado su dirección y sobre ella había impreso un sello que rezaba: “DEVUELTO / RETOUR”. En el reverso, sobre el matasellos con fecha 19 de enero, el cartero había escrito: “Se ausentó”, eso sí, sin tilde y con una rúbrica indolente. Habían abierto el sobre y luego lo habían vuelto a cerrar cuidadosamente con celo.

No, no se le ocurrían demasiadas cosas más tristes que una carta devuelta. ¿Qué habría pensado el que la abrió? ¿La habría leído?

Había escrito la carta como en otros tiempos, a mano, sobre un par de esas hojas recicladas, estampadas de virutas de colores, esas hojas que una mujer muy especial le había regalado unos mil años atrás. Y lo había hecho pensando que tal vez fuera la última oportunidad de tomar un café con su amigo. Bueno, lo llamaba así, amigo, aunque la única relación que los unía eran unas pocas cartas cruzadas en los últimos veintitantos años. Y sus películas, claro. Alguna de ellas se le había quedado grabada muy dentro, como si el argumento fuera una hermosa metáfora de su vida...

¿Qué se podía hacer con una carta devuelta? ¿Qué rincón le buscaría en casa? ¿Dónde se guardan los regalos malogrados, las palabras perdidas en el camino? Sabía que aquella silenciosa amistad había llegado a su fin, pero a ver, ¿no consistía la vida precisamente en eso, en una sucesión de principios y finales? Así que, luego de pensar un rato en el asunto, lo admitió sin darle mucha más importancia, rasgó el celo, volvió a leer muy despacio la carta, y tras devolverla al sobre la introdujo en un sobre mayor y la envió al paraíso.

domingo, 30 de enero de 2011

Hombres…

toulouse_lautrec1 Dicen por ahí que la mujer tiene su propio modo de hacer las cosas; no esta o aquella mujer, sino la mujer, todas las mujeres. Según algunos, lo mismo ocurre con los homosexuales: también tienen su manera peculiar de expresarse y crear. Según estas teorías podríamos hablar de un arte femenino (o feminista) y un arte homosexual.

Partimos, pues, de una situación histórica en la que mujer y homosexual (masculino o femenino) exigen ser considerados personas, con todos los derechos y obligaciones de cualquier mortal; pero una vez conseguido este objetivo, al menos legalmente, las avanzadillas de estos movimientos reivindicativos se sienten calentitas en el seno de la organización y recrean estos grupos culturales: Mujeres y Homosexuales.

Cualquier grupo social, sea real o teórico, se forma por afinidad entre sus miembros, porque a todos ellos les une una serie de semejanzas frente a los que no pertenecen a ese grupo. Si el conjunto (teórico) de las mujeres se diferenciaba del de los hombres por sus características sexuales primarias y secundarias, ahora también las diferencia la forma de hacer arte. Por supuesto, en este esquema, el hombre (o sea yo mismo, Henry Kissinger o Henri de Toulouse-Lautrec) se queda con la forma secular (masculina, machista) de hacer arte, y la mujer (mi sobrina Paula, Marie Curie y Belén Esteban) inventa una nueva forma de ver el mundo y representarlo. Así son las cosas.

belenesteben Con la irrupción de nuevos sectores sociales, de nuevas divisiones del electorado, las personas heterosexuales masculinas mayores de cuarenta años, con pelo en la cabeza y sin moto nos estamos quedando enfrente de todo dios, eso sí, con una responsabilidad monumental: somos los putos guardianes de la cultura caduca, machista, inmovilista, marginadora, peluda y desmotorizada que se ha venido haciendo en los últimos miles de años. Un poner, que diríamos por aquí: uno mira cualquier actividad alternativa y se da uno cuenta rapidísimo que uno no está ya currándose la vida como esos muchos fracasados escolares que, aburridos en las clases, se pusieron a dibujar, y ahora hacen unos fanzines dabuten, con unos primeros planos de tetas, culos, coños y poyas la mar de majos y transgresores.

manjardeamor Viene todo esto a que hace unos añitos vi una película titulada Manjar de amor, dirigida por Ventura Pons. La vi en la televisión, y creo que era la primera película medio interesante que veía sobre el tema homosexual. Verán ustedes, la película no era buena, ni siquiera el guión valía un pimiento. Si ese mismo guión hubiese tenido a un hombre y una mujer de protagonistas, la película hubiese sido calificada como bodrio infumable. No obstante, como digo, me sorprendió gratamente ver cómo los protagonistas vivían sus problemas de amor sin las exageraciones propias de algunos homosexuales, y la única que se salía del esquema normal era la madre de uno de ellos, que no acababa de aceptar la forma de ser de su hijo. En fin, que me quedé con ese nombre, Ventura Pons.

ventura.ponsEn estos días, tragándome las noticias trufadas del Telediario, asistí a la sección de publicidad cinematográfica (dicen que no tienen publicidad, pero las crónicas cinematográficas son a todas luces de pago), y anunciaron la última película de este buen hombre: Mil cretins. La película se anuncia así en la página del director (www.venturapons.com, transcribo literalmente tanto texto como puntuación):

ELS FILMS DE LA RAMBLA que MIL CRETINS (MIL CRETINOS), la nueva película de VENTURA PONS con guión del propio director, basada en relatos de QUIM MONZÓ se estrenará comercialmente el próximo mes de enero. Con MIL CRETINS (MIL CRETINOS), VENTURA PONS adapta por segunda vez textos de QUIM MONZÓ después del éxito internacional que obtuvo con EL PERQUÈ DE TOT PLEGAT (EL PORQUÉ DE LAS COSAS).

En MIL CRETINS (MIL CRETINOS) se explican quince historias, contemporáneas y algunas históricas, donde en clave de humor, sarcasmo y valentía se pasa cuentas con el dolor, la vejez, la muerte y el amor pero sobretodo con la estupidez humana, sin concesiones, mirando a la cara el díficil equilibrio entre vida y miseria humana.

Aparte del bonito y habilidosísimo texto introductorio, la película contiene escenas como estas:

Conozco a homosexuales que escriben muy, muy bien, y que cuando se trata de hablar de amor no esconden sus gustos (como hacen las personas corrientes y molientes), pero cuando se habla de otros temas no necesitan aclarar si son homosexuales, heterosexuales o hinchas del Manchester United; es decir, son como Henry Kissinger o como yo… bueno, como Henry Kissinger no… Quiero decir que no necesitan ir por la vida de locas ni de lesbianas hipohuracanadas, sino que con ir de personas, tan distintas como cualquier otra, les llega para hacer arte. Almodóvar y sus locuras de lacitos y eructos, con sus chistes chabacanos y su estética de terciopelo, abrió una vía anchísima donde casi todo cabe, y Don Ventura, se ponga como se ponga, hizo una película mala pero digna con aquella historia de amores homosexuales, y ahora parece haber hecho algo que al menos a los hombretones de pelo en pecho… (esperen, a ver… joder, pues no sé si yo…), con pelo en la cabeza y sin moto, y eso sí, con un cierto gusto por el cine y una pizquita de inteligencia, no nos va a gustar demasiado. Igual Ventura iba de persona homosexual y ahora se dejó llevar por la locura arrebatadora…

martes, 25 de enero de 2011

Mucho más que un libro…

Libro Acosta EPB

...un documento no dice sino lo convencional: detrás del documento está, sangrando, la vida, y si no es la vida lo que en él busca­mos, no tiene significación alguna. Y un documento debe vestir de piel y carne a las edades pasadas, y hacerlas resurgir ante nuestra contemplación para enseñanza de lo profundo y de lo íntimo de la historia.

Si no sirve para esto, será arena, grano de arena en el inmenso playal de la indagación, y disgregada la arena, en ella no brota vege­tación alguna.

 

Emilia Pardo Bazán, La Ilustración Española, 3 de agosto de 1914, citado en Emilia Pardo Bazán. La luz en la batalla. Biografía, de Eva Acosta (Editorial Lumen, 2007)

lunes, 24 de enero de 2011

Alborada

La luna de noche larga se desinfla suspendida en la fría bruma del cielo. El suelo bulle de prisas y compromisos. Mis pasos navegan sobre las aceras rotas, en esa penumbra confusa del imperfecto y desafinado amanecer. Las acacias posan larguiruchas, esqueléticas, avejentadas, mientras las ramas de aquellos plátanos, iluminadas aún por la luz artificial de unas desengañadas farolas, afierran sus hojas escasas contra el viento helado de la mañana que las azota. Un joven vagabundo, ido y cándido, duerme arrimado al exterior de un local vacío. Bajo el saco de dormir su perro enorme asoma la cabeza y observa sereno el infinito con una mirada reflexiva, casi humana, atravesando con ella, absorto, la cortina de piernas y ruedas que fluye incomprensible por la avenida. No hay flechas, no hay sentidos recomendados, no hay señales de dirección. El paisaje se despinta como si lloviera sobre una acuarela. Mi mirada cae sobre las cosas como la lluvia.

Jackson Pollock - Night Mist

Jackson Pollock, Night Mist (Norton Museum of Art)

domingo, 23 de enero de 2011

Chundachunderos

El sino de la música, tal vez como el de la cultura en general, es triste, realmente triste. Y no porque dejen de aparecer obras fascinantes y originales, sino porque la música es un lugar donde todo vale, donde esas obras fascinantes se disuelven en un insoportable océano de ruidos, atestado de expertos voceros para los que cualquier ritmito facilón se halla al mismo nivel que la más depurada obra de arte. También le pasa a la pintura, a la literatura, y no digamos al cine.

libreria_reguera Por ejemplo, en las librerías de Sevilla resulta más y más complicado encontrar un libro que no sea de Saramago, de Marías o de Vargas Llosa. Los estantes de actualidades van ganando terreno en las macrolibrerías, y cuando buscas un libro que no sea de nuestros escritores insignes (como Almudena Grandes, Pérez Reverte, Ruiz Zafón o Elvira Lindo), la respuesta suele ser: se lo encargo. La contrarrespuesta mía suele ser: vete al diablo, vine a la librería a comprar un libro, no a encargarlo. Como muestra un botón: estas navidades quise regalarle a mi hijo mayor un libro de Highsmith. Se ha zampado todos los de la saga Ripley y me daba igual el título. Pues bien, menos mal que en Sevilla queda aún una pequeña librería de las que antes abundaban en la ciudad, Reguera, porque de lo contrario no hubiese podido regalarle el libro a mi hijo. En los estantes kilométricos de la Casa del Libro, de Librerías Beta y de la FNAC no había un solo libro de Patricia Highsmith.

TomasFernandoFlores Pero les hablaba de música. El otro día, engatusado por la buena de Nieves Concostrina, que sonaba en esos instantes en Radio 5, y siguiendo mi mala costumbre de escuchar la radio mientras me ducho, escuché un microespacio realizado por Tomás Fernando Flores. El microespacio se iniciaba con unos grititos vulgares, plagiados a un grupo disuelto hace cuarenta años, uno que ustedes tal vez conozcan: The Beatles. Pero eso era sólo el principio: el individuo causante de aquella canción consideró que con esas voces en falsete del principio había suficiente homenaje a los de Liverpool, y pasó directamente al meollo de su obra: el chunda chunda. Cualquiera puede bajarse programas gratuitos de la red que permiten crear este tipo de música, incluso sin tocar una sola cuerda de guitarra ni una sola tecla del piano, y sin dar el más mínimo porrazo sobre una batería. Fíjense la basurilla que hice en un ratito perdido con uno de estos programitas, y sin entender muy bien lo que hacía:

Todo electrónico, algo que de por sí no es malo, claro, pero también todo automático, y que yo sepa aún ningún fulano inventó el arte automático… Esperen esperen, que alguna cosa vi en el Reina Sofía que iba por ahí... Lo que sí parece incontestable es que el chunda chunda es universal, patrimonio de la humanidad, y nos une en la fraternidad musical y bailonga.

No contento con programar este bodrio, el amigo Flores, con un tonillo que nos recuerda sospechosamente a ese gran entendido en música, al buque insignia del chundachunderismo actual y nihilista musical donde los haya, Diego A. Manrique, el amigo Flores, digo, nos suelta lo siguiente:

Bruno-Mars Se llama Bruno Mars, y se ha convertido en una de las revelaciones del pop mundial. Nació en Honolulú (Hawai). Hijo de músicos, comenzó su carrera como productor y compositor. Su álbum de debut como cantante se titula Doo-Wops & Hooligans, un disco que incluye entre sus canciones este Just The Way You Are que están escuchando. Calificado como el nuevo genio del pop por el domino de los arreglos y las melodías, ya ha sido laureado por la crítica, nominado para todo tipo de premios y acogido como la gran estrella emergente de este 2011.

O sea, que el individuo no sólo hace otro tema papanatas y vacío, exactamente igual a otros cientos de miles perpetrados en los últimos cuarenta años; no sólo evacua otra mierda más de las muchas que ahogan la sensibilidad musical de vecinos y vecinas, sino que es laureado por la crítica, se le conceden todo tipo de premios y se le considera “la gran estrella emergente del 2011”; aún más, Flores lo llama “el nuevo genio del pop”.

Y vean que la cancioncita no tiene desperdicio: al chunda chunda de fondo (verdadero corazón de la obra, puesto que le da el latido que la hace vivir y la capacidad de poner a la concurrencia a bailar) se le une la letra que el genio expele por esa boquita:

Oh her eyes, her eyes
Make the stars look like they're not shining
Her hair, her hair
Falls perfectly without her trying
She's so beautiful
And I tell her every day
When I see your face
There's not a thing that I would change
Cause you're amazing
Just the way you are

O lo que es lo mismo:

Oh, sus ojos, sus ojos
hacen que las estrellas parezca que no brillan.
Su pelo, su pelo
cae perfectamente sin ella pretenderlo.
Es tan hermosa
y se lo digo cada día…
Cuando veo tu cara
no cambiaría nada en ella
porque eres alucinante
justo tal como eres.

Pura poesía… Aquí tienen la dirección del microespacio radiofónico y un vídeo del genio, para que no pierdan detalle… Por cierto, al ver el vídeo, absorto en su elaborado mensaje, acabé con la convicción de que no se la tira, que ella es una actriz muy mala elegida por estar muy buena, y que él, como macho, es más blandito y pegajoso que el mousse de chocolate. A ustedes ¿qué les parece?

Rne5         

jueves, 13 de enero de 2011

Paisajes con móvil (IV)

Abajo y arriba

Abajo y arriba

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Buen viaje

Bon viaxe 

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Espejismo tras el cristal

Espejismo tras el cristal

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 Estrellas

Estrellas

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Huella y suspiro

Huella y suspiro

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La tapa

La tapa

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Matu Maloa

Matu Maloa

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Pista de vuelo

Pista de vuelo

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 Por fin

Por fin

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Vini tipici

Vini tipici

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Resplandor

Resplandor

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Sin nombre

Sin nombre

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Vacío

Vacío

miércoles, 12 de enero de 2011

El Pato Rojo

Foto 049Hay lugares discretos en los que uno puede darse el gusto. El rinconcito de Joaquín, en la calle La Cruz, en Zafra (Badajoz), es uno de ellos. Tomamos una exquisita ensaladilla de pescado y mariscos, una tosta inolvidable de jamón (sobre todo para mí, poco aficionado a los panes de la casa y las tostas), un bacalao gratinado con patatas suave y delicioso, repetimos con el bacalao de la Abuela, donde el pan va solo a mojarse, y probamos un muflón con setas que para nosotros se queda.Todo ello regado con un vino de Usagre, Privilegio de Chacona, que supo a gloria. Así que ya saben, si visitan este hermoso pueblo, nada mejor que descansar en El Pato Rojo, aunque si están varios días verán que en Zafra la cocina es fabulosa vaya uno donde vaya.

 

El pato rojo

Plano

El pato rojo - foto

domingo, 9 de enero de 2011

El sur del sur

Comparto con los enanos un rato de fútbol. A estas edades hay que aprovechar cualquier excusa para poder estar cerca de ellos, y aunque sé de otros espectáculos más hermosos, el juego mágico del Barcelona no es de los peores.

El Sur Al acabar el partido, muy tarde, el mayor hace rato que duerme en el sofá, pero el pequeño se queda conmigo en el asombro de unos minutos finales de El sur. Apenas asistimos a las últimas conversaciones de Agustín con su hija Estrella, y al desenlace de la película, con ese final ilegítimo que al cabo fue, también por el arte de Erice, una hermosísima puerta abierta a la imaginación. Y vuelvo a preguntarme por qué esta película me hechiza de este modo, por qué siempre se me presenta como la obra cinematográfica más hermosa que nunca vi. Erice no sólo es un mago de la luz, no sólo es un maestro del silencio; Víctor Erice es, sobre todo, un fotógrafo del alma, alguien que intenta retratar la esencia de esta especie aturdida, para que luego los que quieran, aquellos que sepan detenerse, puedan recordar de qué color es el deseo intenso de vivir.

Ese final ilegítimo, impuesto por un Querejeta sin palabra, más apegado al negocio que al arte, nos privó de la continuación de la película, no de una segunda parte, sino del resto de la película. Yo, que soy del sur, que ardo en él ansiando a veces el verde frescor del Cantábrico o de las Tierras Altas de Escocia, tuve que estremecerme cuando Estrella cierra la maleta para, desde un lugar de nieves y musgos, viajar al sur, al sueño, al lugar donde se consumieron el secreto y el corazón de su padre muerto. Y suena la música de Granados, que ayuda a dibujar ese fondo de calor, soledad y tristeza sobre el que flota este sueño, un sueño que, sin embargo, está tan lleno de vida…

Los escenarios estaban elegidos (Carmona), como los nuevos personajes (Fernán Gómez entre ellos); el guión escrito, la obra maestra ahí, tan a mano… Tenemos que conformarnos con lo que nos ha dicho Víctor sobre ese final. Para mí, no sé para vosotros, sus palabras recogen hasta el último gramo de esa emoción que algún día pudo acabar de iluminar esta fascinante película…

El sur 2

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Diurnos (III)

Nicolás Alpériz - Cuento de Brujas barra separadoraSILENCIO. El silencio, igual que el agua, es un elemento refrescante, una simplicidad que reconforta y despeja, una suave luz clarificadora que, como el lejano horizonte, como la página en blanco, invita a perseverar en uno mismo.

barra separadoraSU VOZ. Bajo el estruendo poderoso del aguacero, entre el aire limpio y mojado del mediodía, alumbrada por esta lánguida luz de temporal aletea su voz de afán y delirio, su voz de paraíso.

barra separadoraTACTO Y MEMORIA. Pienso en mis padres y me asombra esta capacidad natural para guardar muy dentro, vívida y reciente, la ternura de un abrazo, la textura de otra piel, la insustituible verdad de unas mejillas.

barra separadoraEMILIA. Para cuando el tiempo acabe de disolver el último vestigio de su vida, aquel entusiasmo suyo por la calle, aquel ímpetu de su pecho y aquellos papeles que ilustró con su imaginación ya habrán germinado irremediablemente en nuestros corazones.

barra separadoraPOLIZONES. Los libros que más me gustan son aquellos que se vinieron escondidos en mi maleta, los que viajaron hasta mis ojos de forma inesperada, esos que, además de sus propios mensajes, trajeron prendido a sus páginas el aroma de una pasión turbadora.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Que el firmamento entre en mis pulmones…

DSC08036 Me hallaba en un mundo destrozado, poblado por animales tan ridículos como fabulosos, a los que aquella gente clasificaba por su peligrosidad. Era un mundo delgado, de escondrijos breves y claustrofóbicos. El jefe de la horda que me había acogido me lo explicaba todo, y me llevó a aquella casa hundida en un mar de basuras. Estábamos dentro, no sé cómo había entrado, pero para salir sólo había un agujero trapezoidal y minúsculo en el suelo, y me dijo que pasara. Le contesté en silencio que ni siquiera me cabría la cabeza. A un gesto suyo, uno de los que nos acompañaban pasó con elegancia por el hueco. Luego me colocaron en posición, con la cabeza por delante, y comprobé que pasaba sin dificultad, pero esa angostura comenzó a aprisionarme el ánimo. Salimos al exterior por una puerta en una de las plantas superiores del edificio, una puerta que habría perdido la escalera que bajaba a la calle, tal vez una de esas escaleras metálicas de seguridad. Daba a un inestable y ajustado pasillo, trenzado con basuras, que corría suspendido en la pared. Todos comenzaron a caminar por él sin temor a la caída, pero al poner el primer pie en él resbalé. Pude sostenerme sin caer, pero tal vez se llegaron a mí todos esos sueños de cuando niño, ésos en los que me veía saliendo de mi casa por la ventana, agarrado a la fachada a una gran altura, una y otra vez deshecho por el vértigo. Abajo los desperdicios se amontonaban…

Poco después caía la noche sobre aquel mundo inasible. El crepúsculo era la hora de los animales, engendros variados que poblaban la noche de peligros. Era una constante huida de lo desconocido. Caminábamos con sigilo, mirando sin descanso a un lado y a otro, vigilando los árboles del parque porque de ellos podría saltar cualquier alimaña inimaginable. Habíamos llegado a una especie de escondrijo oscuro y húmedo, y descansamos, estábamos seguros. Para calmar mi terror alguien que me invitó a que entrase en goyaun diminuto charco, excavado en la piedra e iluminado por un resplandor que mostraba el cieno del fondo. Aunque tampoco cabía en ese charco, no sentí extrañeza alguna, podía hacerlo de forma natural, aunque me sumergí con una sensación intensa de claustrofobia. Buceé un instante y descubrí en el fondo un mundo multicolor, criaturas increíbles que nadaban con placer meloso, cautivas en el exiguo charco. Flotando en el agua mi mente descansaba, pero ese mundo no me decía nada, nada…

Nuestra horda recorría ahora la ciudad llena de sombras, y de la penumbra del parque, saltando la verja, apareció un amenazante grupo de monstruos, liderado por uno alto y terrible. Nos acorralaron contra unos veladores metálicos que brillaban mojados y tristes. El animal más peligroso era una especie de jirafa enorme y pardusca, más bien una enorme avestruz sin alas y con rostro humano, que desde muy arriba me miraba amenazando con lanzar su cabeza contra mí en un golpe mortal. Agarré una de las mesas de aluminio y golpeé al animal en el pecho, lo golpeé con todas mis fuerzas, esperando que huyera por el dolor, pero su piel era dura y la mesa crujió contra ella como si golpease contra un suelo enmoquetado.

Grasmere cemetery Tal vez me atacó, quizás perdí el sentido. No sé bien cómo volvimos a estar hacinados en una guarida sin luz, fría y húmeda. Me fijé en un pequeño charco circular, y el líder de la horda, con barba y pelo largo, me invitó de nuevo a descansar, a entrar en el charco; pero esta vez rehúso, me niego porque estoy harto de ese mundo estúpido de coloreados engendros, que flotan en el agua como verdades inútiles, y no quiero seguir distrayéndome con ellos, engañándome con sus movimientos suaves sin futuro. Siento náuseas y necesito romper estas estrecheces. Odio esta existencia precaria donde sólo sirve huir, huir sin descanso. Querría vomitar pero siento miedo, miedo a la muerte. Medio despierto, pienso que todos hablamos de la muerte con demasiada ligereza, y entonces rememoro los ojos abiertos de mi suegro pocos instantes antes de morir, el pavor de aquellos ojos, los ojos de un buen hombre…

Ya estoy despierto del todo, y me digo que seré un mal moribundo, y que tal vez hay situaciones donde el suicidio puede ayudarnos con las náuseas cuando éstas llegan para quedarse, con la asfixia que llenó mis últimas pesadillas. Necesito levantarme, salir a un espacio mayor que este dormitorio, rasgar el mundo que me rodea para que el aire limpio del firmamento entre en mis pulmones. Primero me pregunto, ya regresado de esos abismos, si existirá un lugar así, tan abierto. Luego me digo un número, el 304, y por una complicada asociación de ideas concluyo que quizás la inmensidad se me haya presentado algunas veces en forma de pequeños rincones aparentemente simples, en los que, sin embargo, se ocultaban profundidades universales y delicias tan inexplicables como estos sueños…