martes, 24 de marzo de 2009

Contra el respeto tolerado e indiferente

Me alegra leer, aunque sea con unos años de retraso, el artículo de Ángel Manuel Faerna, Cómo ser tolerante sin renunciar a tener razón (revista Claves de razón práctica, nº 118, pp. 71-76). En él encuentro reflexiones que confirman ciertas intuiciones que siempre tuve. ¡Cuántas veces no habré discutido sobre el significado más adecuadRoto - indiferenteo de la palabra tolerancia, y cuántas más no habré sufrido por el uso adulterado de la palabra respeto!

Casi siempre que, en una conversación, me han exigido tolerancia ha sido con la intención de evitar que mis argumentos rozaran las convicciones de mi interlocutor. Me pasó con frecuencia en aquellas juveniles conversaciones sobre religión, donde mis fieles amigos siempre terminaban recurriendo al falaz salvavidas de la tolerancia para proteger las flagrantes y respetables contradicciones de su fe. Y lo que me pasmaba era que la petición estaba de más, porque yo toleraba ya escrupulosamente las ideas de mis amigos: en ningún momento se me hubiera pasado por la imaginación recurrir a la fuerza para prohibirles pensar lo que pensaban. Estos amigos confundían el significado de tres palabras: tolerancia, respeto e indiferencia.

Y es que tolerar es sinónimo indudable de consentir, de permitir, en este caso de no prohibir a nadie creer en lo que le plazca. Por otra parte, respetar es un término algo más complejo, activo, interesado e interesante. La indiferencia todos sabemos lo que es. Así, una vez demostrada nuestra tolerancia por las ideas de los demás, una de dos, o nos sentimos indiferentes ante ellas o les demostramos nuestro respeto considerándolas, interesándonos por ellas, discutiéndolas, tomándolas en serio.

Llevo años insistiendo, sin mucho éxito, todo hay que decirlo, en que el respeto a las ideas de los demás reside en su consideración, en el reconocimiento y en la sana discusión de las mismas, mientras que el hecho de que nuestras ideas sean toleradas es un derecho fundamental como el de que no nos maten o, aún más, el de que no nos obliguen a escuchar discos de Jarabe de Palo.

El esquema tolerancia/respeto es un requisito de la libertad de pensamiento y de la búsqueda del bienestar, mientras que el de tolerancia/indiferencia produce acciones propias de una sociedad moribunda, irrazonable y estancada. Además, sólo se es tolerante y respetuoso con los demás si uno es tolerante y respetuoso con uno mismo, es decir, si uno es suficientemente autocrítico como para considerar que sus ideas e incluso sus convicciones nunca son definitivas. Nos diferenciamos de los animales no tanto en nuestra capacidad para tener convicciones, cuanto en el divertido y fructífero proceso de construcción (y destrucción) de nuestro pensamiento.

Dicho lo cual, recomiendo que, cuando queramos poner alguna de nuestras convicciones o creencias lejos del alcance de los argumentos (del respeto) de los demás, usemos otros términos para expresarnos. No digamos: “sé tolerante con mis ideas” o “respétame como persona”, porque con un “¡déjame en paz!” todo se entenderá mucho mejor. La gente respetuosa es la mar de tolerante…

9 comentarios:

bLuEsMaN dijo...

Tolerancia es una palabra muy peligrosa.

saludos

Ruth dijo...

Qué se puede decir a esto, más a "amén" (tómese con cachondeíto si se quiere). Completamente de acuerdo.

Sir John More dijo...

Saludos, Bluesman. Pienso que la palabra tolerancia puede ser peligrosa por dos cuestiones: una porque a veces se acude a ella para sostener ideas que pretenden coartar los derechos básicos de los demás (véase el uso que hace la Iglesia de ella); pero también puede ser peligrosa porque, dado que la tolerancia debería ser obvia, casi automática, tolerar alguna idea acaba suponiendo casi un desprecio. Sí, la tolerancia, en todo este barullo de términos, puede esconder eso, una falta absoluta de respeto por las ideas de los demás, sobre todo de las minorías o de los que disienten de las modas y las ideas políticamente correctas. Un ejemplo que se me ocurre muy cercano a tus gustos y a los míos: tolerancia en música es, para muchos, que todos los gustos no sólo tienen derecho a existir, sino que son igualmente válidos y valiosos, y eso, tú lo sabes bien, en música es un disparate. En fin, me alegra volver a verte por aquí. Un abrazo.

Querida Ruth, por este camino vas a acabar en el infierno. Ya nos tomaremos algo en alguno de sus bares... ;-) Besos.

sean o'no sean dijo...

Tolerancia es una palabra que me rechina por sus connotaciones de superioridad. El que tolera se coloca un escalón por encima del tolerado, sin base ética ni moral que sustente dicha jerarquía.
Sorprende (a mi no), por tanto, su profusión en el lenguaje de los políticos, en tantas y tantas campañas propagandísticas políticas que pretenden expresar respeto.
Saludos, Sir.

Luna dijo...

Me inclino por la patada en la espinilla directamente.

Saludos

Sir John More dijo...

Efectivamente, Sean, la tolerancia no debería argumentarse, es puro derecho. Cuando alguien me dice: "sé tolerante con mis ideas", inmediatamente me veo como si estuviera arrancándoselas a tortazos. Y por la misma razón ocurre lo que dices: si hablamos de tolerancia como algo que el otro me concede, es porque el otro dispone de uno de mis derechos fundamentales. Pero como nuestros políticos no saben muy bien distinguir entre los derechos fundamentales y los derechos de pernada, pues así andan... Un saludo.

Ay, Luna, eres otra que me voy a encontrar en el infierno... Un beso muy fuerte.

ana de la robla dijo...

Conocí a un fulano cuya bandera era "soy profundamente tolerante". Me ponía de los nervios cuando decía aquello, oye. Porque lo que buscaba con ello era una justificación para hacer lo que le salía de los mismísimos, pasándose por el arco de triunfo el respeto más elemental a lo demás. Y ya lo del "tolerante" que le acusa a uno a gritos de intolerante... eso no tiene nombre. O bueno, sí. Pero mejor me lo callo. Besos, Sir.

leo dijo...

La tolerancia es un curioso palabro, casi tan manido como la solidaridad y tan mal usado como el amor.
Me apunto a lo de "Déjame en paz". Besisss.

Sir John More dijo...

Sí, creo que al tipo de Ana, en el momento que clama su profunda tolerancia, hay que decirle inmediatamente lo de ¡déjame en paz! O mejor la fórmula labordetiana: ¡aaaah a la mierda! Así, además, hasta se nos va contento al comprobar nuestra intolerancia con la capacidad de diálogo de los mentecatos...

Dos besos dos.