miércoles, 5 de diciembre de 2007

De la buena y la mala literatura

Nuestra amiga Ruth, en una como siempre delicada entrada de su blog titulada Buen vino y mejor literatura, atiende al tema de la buena y la mala literatura. En esta entrada, resumiendo toscamente el directo y brillante texto de nuestra amiga, Ruth hace prevalecer el gusto y el disfrute personal sobre otra consideración a la hora de decidir si una obra literaria es mala o buena.

Pidiendo perdón por el mal juego de palabras, siento disentir con Ruth y con los primeros comentaristas de su texto, que abundan en su tesis y la apoyan. Por supuesto, considero que la emoción, la transmisión de sentimientos y el interés de los contenidos son requisitos de la buena literatura, pero no constituyen los únicos requisitos que hacen de un texto buena literatura. De hecho, hay emoción, sentimientos e interés en otras muchas expresiones que no podrían ser nunca consideradas ni siquiera artísticas, y cuando estas expresiones están formuladas por escrito su aceptación en nombre del derecho al gusto personal (inalienable, faltaría más) nos dejaría flotando en un mar donde todo valdría. O mejor sería decir, donde cualquier cosa sería valiosa desde el punto de vista literario con tal de que le gustara a alguien. Creo que confundimos (en un error muy extendido en el que, en un lugar o en otro, todos caemos con facilidad) el gusto personal, y el derecho que todos tenemos a él, con la valoración de una disciplina artística y de sus obras. En esta disciplina también interviene el gusto, pero éste debería tender a refinarse, y no a refinarse para hacernos más refinados y cultos, sino ante todo para hacernos disfrutar cada vez más, para que las sorpresas que uno se lleva con estos pequeños tesoros que son los libros sean cada vez más intensas e inolvidables.

Ruth pide una definición, y a continuación expone varias características que, en su opinión, nos podrían ayudar a valorar una obra literaria: una buena gramática, una buena estructura, un tema interesante, imaginación, vocabulario correcto, credibilidad y en general una historia que “te haga lamentar haber acabado el libro”. Es una lista sin duda apropiada, pero claro, estos criterios pueden ponderarse, y unos darán más importancia a la estructura, otros al tema, aquélla a la imaginación y éste a que consiga echar una lagrimita al final del libro. Leyendo a Ruth recordaba que de pequeño, con unos diez años, rodeado de una gran familia extensa, por mi casa pululaban siempre varios ejemplares de fotonovelas, que eran devoradas con fruición por las mujeres de mi casa. Corín Tellado era la autora más leída en mi casa, y lo siguió siendo muchos años hasta que conseguí que mi abuela, ya postrada en su sillón, se bebiese todo lo de Agatha Christie, Simenon y Conan Doyle. Te puedo asegurar que pocas veces he encontrado más emoción, más sentimientos y más interés en ninguna obra artística que en esas historias truculentas y apasionadas. Sólo en la vida real me han ocurrido sucesos más emocionantes que aquellos que le leí a esta buena mujer. De hecho, se dice que Corín Tellado es, entre los autores en lengua castellana, la más leída después de Cervantes. Ahí es nada. Ahora bien, ¿se la puede considerar una buena escritora? Sus obras, ¿son buena literatura? ¿Son literatura? Aquí es donde quiero incidir sobre una aspecto relevante del asunto: a mí, así, a bote pronto, me importa bien poco si Corín Tellado es o no es literatura, lo que me importa es que si al coger alguno de sus textos me siento capaz o no de leerlo, y por supuesto ahora no me siento capaz, y no por insuficiencia mía sino del texto. Aquel interés, aquella emoción y aquellos sentimientos que la obra conseguía comunicarme en mis diez años se han atenuado o han desaparecido. Ahora ni siquiera la catalogaría como una obra de formación del lector, porque desde ese punto de vista cualquier cartel publicitario o cualquier panfleto evangelista también lo serían. De entrada, y basándome en cierta sensibilidad lectora que he ido adquiriendo en estos años, y que hasta ahora me ha llevado a leer obras muy hermosas, supongo que la obra de Corín Tellado debe ser una bazofia literaria porque me resulta imposible leerla.

Quiero decir que no deberíamos colocar nuestro objetivo en la determinación de qué obras son buenas y cuáles malas, sino en el crecimiento personal, en ir aprendiendo a leer, de forma en gran parte inconsciente, guiados precisamente por ese gusto que ensalza Ruth, pero no por un gusto estático y final, sino abierto y ambicioso. Más que lamentar el final de una buena obra, deberíamos ansiar esa sensación mitad terrible, mitad deliciosa de preguntarnos al final ¿y ahora qué puedo leer que no me decepcione?

Lo que tal vez nos engaña es el papel que desempeña el gusto personal en todo este tinglado. Nunca pude leer a Rowling y a sus deslavazadas historias de imaginación al por mayor. Y creedme que lo intenté, que compré alguno de sus libros, que traté de leérselos a mis hijos (que tampoco los soportaron), y que aficionado a este tipo de obras quise leer algo para poder entender su impresionante éxito. Pero nada, no pude. Sin embargo, soy un enamorado de Tolkien, sobre todo de sus tres grandes obras (Silmarillion, El Hobbit y El Señor de los Anillos). Me aburre su amigo Lewis (Narnia es una obra con momentos de extremo ridículo), y considero bastante simple al bueno de Ende. En cuestiones de imaginación, a mi juicio Poe es uno de los más grandes. Digamos sin temor a equivocarnos que cualquiera reconocería la distancia cualitativa que existe entre Rowling y Corín Tellado, aunque seguramente habrá alguno que me discuta el gusto mayor por Tolkien sobre Ende o Rowling. Muchos menos serán los que pondrán en tela de juicio la grandeza de Poe al lado de casi todos los mentados... Juro que me fastidia una barbaridad verbalizar estas escalas del gusto, pero lo cierto es que existen, y existen con ciertos parámetros objetivos que impiden que a nadie en su sano juicio se le ocurra conceder más calidad a la Tellado que a Poe. Porque si la cuestión es de puro gusto, ¿quién me impediría afirmar que la asturiana le da varias vueltas al estadounidense?

Y aquí llegamos a la parte final de mi planteamiento, sin la cual todo esto que he dicho probablemente podría malentenderse: todos tenemos el derecho a leer lo que nos dé la gana. Pero aún más, todos tenemos derecho a ir formándonos en la lectura, y a no entender y no disfrutar, en determinados momentos de nuestro camino, de determinadas obras maravillosas, pero sí de otras obras menores. ¿Quién podría decir que esos versos de la alumna de Ruth no son increíbles, y un germen de literatura si no literatura misma? ¿Quién podría decirle a aquel niño que, sin haber leído casi nada, se bebía las fotonovelas de su abuela, que aquello no era literatura, y que lo que debía hacer es leer El amor en los tiempos del cólera? Aunque nadie, supongo, tendrá la más mínima duda de que en cualquier frase de la obra de García Márquez hay mucho más romanticismo que en toda la obra completa de Corín Tellado. Supongo...

23 comentarios:

elita dijo...

Tienes razón al comentar que todos tenemos pleno derecho a elegir lo que leemos, y faltaría más. Pero por muchas pautas que se dicten y que aseguren distinguir literatura de lo que no lo es, ¿quién tendrá la última palabra? Por más Zafones que me pongan en la sopa, seguiré pensando que su libro no vale un pimiento (con perdón), mientras que otros lo consideran la "superrevelación".

Para mí una buena obra es, como bien has dicho, la que me obliga a buscar otro libro que no baje el listón. Una buena obra, creo, logra sorprender.

Besitos y ¡buen puente!

leo dijo...

Qué tema más escabroso, Sir John. Yo creo que tiene que haber de todo y siempre pongo el mismo ejemplo: que nos gusten los solomillos no quita que también comamos chuches. Pero no podemos vivir sólo de unos o de otros.
Y, en lo que a liter-hartura se refiere, prefiero que se lea a la Tellado o a Dan Brown a que no se lea nada. Simplemente creo que hay cosas que no se pueden comparar, porque pertenecen a categorías diferentes y cumplen funciones diferentes. Por mucho que me parezca una maravilla literaria, si me quiero divertir, entretener, evadir, etc. -propósito lícito y saludable, creo- ni de coña leo a Proust.

Ojalá supiéramos la fórmula para hacer buena literatura, qué bonito sería (y qué fácil)...
Besos, valiente.

Pd.- Tímidamente, estoy hojeando a tu adorado Cioran. No me he atrevido aún a hincarle el diente. ya comentaremos...

elita dijo...

¡Ah, por cierto! A mí me encantó Michael Ende y su Historia Interminable... fue uno de los primeros libros que me atraparon de niña. Pero como dice Leo, tiene que haber de todo para cada momento. Y sobre gustos no hay nada escrito.

Más besos.

elita dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ruth dijo...

Fíjate que, aun diciendo cosas muy diferentes a las que yo digo en mi post, estoy de acuerdo en casi todo lo que comentas. Sí es cierto que, si no lees, no adquieres educación literaria; si te hubieras quedado en Corín Tellado, no habrías descubierto a Agatha Christie o a Poe (grande, Poe) y no podrías dar una opinión educada sobre lo que es buena literatura porque no conocerías la literatura, ni buena ni mala. Pero no es tan fácil.
Yo llevo leyendo toda mi vida, y empecé con los clásicos -como todo el mundo-; me leí Ana Karenina con trece años y me encantó; a los dieciséis, La Regenta era mi libro favorito (podía recitar trozos, de la de veces que me lo había leído), me sabía los poetas de la Generación del 98 de corrido, disfrutaba con Bécquer, adoraba El Camino... Y hoy en día no puedo tragar muchas de esas obras. Intenté leer Ana Karenina hace un par de años y lo tuve que dejar, me parecía soporifero. ¿Qué pasa, que he ido hacia atrás? ¿Por qué prefiero un Harry Potter (mira tú, lo intenté con Tolkien y tampoco)? ¿Se puede desaprender a apreciar el arte? ¿Va por épocas?
Supongo que lo que más me molesta de la gente que critica ciertos super ventas es el aire de superioridad con el que lo hacen. Como comenta Leo, mejor leer lo que lee todo el mundo, lo que es comercial, que no leer. Y lo peor es criticar cuando no lo conoces. Yo, como lectora ávida y persona, creo, suficientemente culta para poder dar una opinión sobre literatura, a lo más que me atrevo es a un "pues a mí no me gusta/me encanta/me parece una porquería", pero jamás algo tan tajante como "es una mierda de libro". Me falta un canon para eso.
Uf, qué chapa. Ya lo siento.

Raquel dijo...

sir john, un saludo. Como siempre, disfruto viajando contigo en tus aventuras literarias, que son tú y tu forma de vivir y pensar.
Una abrazo

san dijo...

Quien puede discutir la calidad de Bach o los Beatles? Por compararlo con las artes musicales... A quien puede no gustarle... Habrá quien tenga otros gustos, pero en el fondo han tenido tanta influencia en todo lo posterior que es difícil sustraerse a ellos... Supongo que pasa con la literatura también, es cuestion de tiempo que apetezca ir a esas fuentes primeras... y quiza disfrutarlas, no importa por que camino se llegue, al final quedan algunos lugares de encuentro... por algo sera, digo yo...

san dijo...

Se me olvidaba, maravilloso disco Elis & Tom que honra cualquier discoteca... sin ir mas lejos.
Besos y abrazos

Tawaki dijo...

Quizás el problema es que la palabra "buena" en español es demasiado general. ¿Significa que está bien escrito? ¿Que nos entretiene? ¿Que cumple su función?

Por lo demás, me gusta leer tu idea de que el gusto se educa con la "buena" práctica.

Un abrazo

Lula Fortune dijo...

El tema es escabroso, como dicen por ahí y al leer tu post se me ha venido a la cabeza la noche de ayer. Fui al teatro, a ver una versión en gallego de una obra de Shakespeare (Noche de reyes).Un divertimento del amigo William, una farsa deliciosa de suplantaciones y amores cruzados. Detrás de mí había tres señoras mayores repantingadas en su asiento. Delante, una pandilla de jóvenes modernitos con sus gafas de pasta. En mitad de la representación, las carcajadas y comentarios de las señoras a voz en grito resonaban en todo el teatro. Los jovencitos, se desternillaban y se golpeaban con el codo unos a otros. Cuando todo
acabó, ya no había voces, ni gustos, ni estilos...sólo un atronador aplauso que hubiera hecho revolverse en su tumba al genial inglés.
No sé explicarlo mejor, pero creo que eso sólo puede logralo la buena literatura.
Un beso shakespeariano.

Ginebra dijo...

Totalmente de acuerdo. El día que la gente se dé permiso para admitir que disfruta con libros aunque reconozca que sean más malos que la mar comenzará a esclarecerse algo la cosa.

Luis Vea García dijo...

Reproduzco aquí el post que dejé en el blog de Ruth que ella misma menciona para aclarar que nunca dije mierda, dije basurilla, que la diferencia no es moco de pavo( es decir que si hubiera querido decir mierda hubiera dicho directamente mierda, cosa que no dije, pues hay mierda que me merece cierto respeto):

Siento llevarte la contraria pero Los pilares de la tierra es una basurilla, un libro de aeropuerto como mucho -como otras tantos, Códigos y similares- del que, al menos, por ecología, se podían haber ahorrado 500 páginas.Por que una cosa es que el libro sea rematadamente malo y otra que, además, sea pesado de leer. Infumable.

Luna dijo...

Buenos días:
Escribí hace algún tiempo algo sobre Corín Tellado, un amigo holandés estuvo mirando, me comentó que en aquellos tiempos era una de las autoras más leidas.
Pobre literatura, no había mucho acceso a otras cosas, creo.
buen día

Sir John More dijo...

Gracias a todos por vuestros comentarios. No voy a responder uno a uno, me perdonáis, ¿verdad? Estuve todo el puente perdido, sin conexión con el mundo de los microchips... Además, son muchas ideas las que exponéis y muy interesantes, y no quiero alargarme demasiado.
Antes de nada, Elita, muy bien ejemplo. Publiqué una entrada sobre Zafón y su librito (http://elhiloinvisible.blogspot.com/2007/02/la-sombra-de-las-ventas.html), del que reconozco haber leído sólo unas páginas, de todos modos más que suficiente para saber que no tengo que leérmelo. Si la historia luego resulta maravillosa, este hombre se podía dedicar a contarla en plan trovador, o buscarse un buen adaptador de guiones cinematográficos y un buen director de cine, o yo qué sé, pero que no nos dé la tabarra con su verbo pesado y torpe.
Bueno, no coincido con Leo en cierto aspecto: tiene que haber de todo, pero no todo lo que hay es literatura, ni buena literatura. Por supuesto, tanto un buen solomillo ibérico bien cocinado como las chuches son comestibles, pero no me negarás que a una cosa se le puede llamar cocina y a lo otro no. Las cuestiones de gusto son libres, pero pueden estar sujetas a una cierta objetividad, para nada paralizante y absoluta, porque en esto de las humanidades pocas cosas son absolutas, pero suficiente para poder discutir sobre las bondades de un plato o de un libro. Por lo demás, el gusto, además, es libre, y cada uno puede tener el buen o el mal gusto que estime oportuno. Pero es lo que dice Ginebra, todos podemos leer lo que nos plazca, pero creo que demuestra mucha sanidad saber que uno se está permitiendo leer algo menor. Ese algo es menor siempre por comparación a algo, y por eso cada uno tenemos nuestro camino. Ruth se cuestiona esto, y quizás lo que ocurre es que nuestros gustos, o más bien nuestras necesidades dependen mucho de nuestras circunstancias, pero me quedo más con lo que dice Lula sobre ese Shakespeare, porque este hombre combina perfectamente la diversión con la profundidad, y con un dominio del lenguaje tan emocionante... Eso, me perdonarás que incida en ello, Ruth, no lo tiene la Rowling ni en sueños. Que puedes pasarlo bien con Harry... Pues sí, no me cabe duda. Que eso es buena literatura... Pues a mí no me cabe duda de que no lo es. Que es mejor leer a Rowling que nada, pues claro, por supuesto. Hace poco, creo que lo dije, le compré a mi hijo mayor El Código Da Vinci, porque él tenía interés en leerlo, y porque prefiero que lea, y confío en que, con alguna ayuda, algún día leerá con mucho más agrado aún al amigo Shakespeare.

ANA DE LA ROBLA dijo...

Hace algunos años, en un llamado "curso superior de filología" recuerdo que uno de los asistentes planteó, tan campante, que para él no existían diferencias objetivas entre buena y mala literatura. Lógicamente, con semejante intervención ya se podía adivinar que con aquel individuo no se podía hablar de nada, o al menos de nada sensato. Aun partiendo de la ambigüedad y laxitud del término "bueno" referido a la literatura o a la música o al arte, pienso que todos entendemos a qué nos referimos al utilizarlo. Literatura que entretenga puede ser buena, pero no es buena por entretener. Decía Plutarco que cultura es lo que queda cuando todo lo demás se olvida. La buena literatura es la que nos deja algo realmente importante cuando el libro se cierra y vuelve al anaquel, algo permanente, no sólo unas risillas o una lagrimita en el the end, algo que perdura más allá de nosotros mismos y que nos enaltece como hombres, algo que nos ayuda a pensar y a discernir con autonomía, algo que aporta dignidad a los que vienen tras de nosotros. Además de esto, claro, está la complejidad estructural, la riqueza en la construcción de tramas y personajes, la profundidad de la palabra poética, la lucidez de planteamientos en un ensayo, la plasticidad de la lengua en cualquiera de los géneros literarios, etc.
Evidentemente, el que no distingue entre el Código Da Vinci y cualquiera de las grandes obras de la literatura que queramos citar, es difícil que pueda entender siquiera de qué se está hablando aquí.
Por lo demás, en cuanto a que es mejor leer el Código Da Vinci que nada, no sé si estoy muy de acuerdo. Eso supone dar por hecho que leer por el hecho de leer, sin discriminación de contenidos, es bueno. ¿Pensamos que es mejor ver una película de puñetazos que no ver nada? Nadie sostendría eso. Y sin embargo, lo afirmamos de los libros. Creo que es mejor leer el Código que esnifar coca, por ejemplo. Pero no me atrevería a llegar más allá.
Un beso.

ANA DE LA ROBLA dijo...

Por cierto, ya que he denostado el Código Da Vinci, me atrevo a recomendar un librillo que no es buena literatura pero que es desternillante: el Congrio Va Dinci. Como se puede suponer, es una variante del de Brown, pero para mondarse. Altamente recomendable para ocio sin trascendencia.

leo dijo...

Jo..., es que yo creo que el hecho de hacer el esfuerzo de acercarse a un texto es algo importante para muchas personas, aunque para los que pasamos por aquí sea algo normal. Leer ayuda también a ordenar el pensamiento, a expresarse después. A fijar en la memoria cómo se escriben las palabras. No todo es una cuestión de contenidos. Por eso no creo que se pueda comparar a ver una película de puñetazos.
(Y que el demonio me confunda si es pretendo defender al Código y similares y decir que son buena literatura... Espero haberme expresado bien.)

Luis López-Cortés dijo...

Sobre gusto no hay nada escrito aunque considero que en lieratura debe haber unos m�nimos, claro. Los libros deben conseguir determinados objetivos y eso no podemos olvidarlo.
Saludos.

ANA DE LA ROBLA dijo...

Bueno, mi querida Leo, si de esfuerzo se trata, a mí ver una de Chuck Norris me cuesta un mundo... :-))

Sir John More dijo...

Bueno, permitidme que tercie, creyendo (humildemente) poder conjuntar ambos planteamientos. Digamos que Ana expone(de forma contundente y no menos agradable) la profundidad del problema, y que Leo echa en falta una dimensión concreta en este planteamiento. Y quizás ambas tengáis razón. Creo que lo que Ana dice tiene poca contestación, pero yo incidiría en esa flexibilidad del término bueno que ella misma apunta, y no para relativizarlo todo (hay que recordar que los relativismos o son completos, o son objetivismos interesados, es decir, que si contra gustos no hay disputas, a ver quién es el guapo que me dice que Locomía no puede haber hecho mejor música que Bartok...), sino para observar el proceso de aprendizaje de una persona como algo dinámico y progresivo. Podríamos decir que objetivamente El Código da Vinci es un libro malo, pero, por ejemplo, puede haber cumplido una función fantástica en mi hijo, porque en el proceso de leer no sólo hay que aprender a disfrutar de una historia, sino también a acostumbrarse al mismo hecho físico de la lectura, a practicar la atención, la comprensión lectora (que tanto está dando que hablar), sin contar con que muchos de los contenidos de este libro pueden ser más que obvios e incluso estúpidos para un adulto, pero no tanto para un chiquillo de catorce años. Pero no estoy haciendo una defensa de este libro, sino del proceso de creación de un lector, y en este sentido creo que quien lee debe disfrutar pero a la vez debe progresar en su capacidad razonadora y emotiva a la hora de leer. Ese "debe" de antes es menos una obligación y más la prueba de que el lector está leyendo correctamente, es decir, comprendiendo y sintiendo lo que lee, y no simplemente entreteniéndose (aunque también). Así se puede dar ese hecho tan frecuente de que escritores que te han llenado, ahora te resulten casi ilegibles por obvios o incluso por pelmazos. Creo que Hesse es un escritor menor, pero jamás le diría a alguien que comienza a leer que no leyera a Hesse, porque yo me lo bebí de jovencito. Podría valer esa imagen del ciclista, en la que lo importante no es en qué tramo de la ruta ande, sino en que nunca deje de pedalear alegremente, porque en el momento en que se deja de pedalear se cae uno, y entonces lo mismo te da por leerte la obra completa de Elvira Lindo, con los consiguientes riesgos para la salud que tal majadería puede conllevar, claro. Besos y abrazos, también para Luis.

leo dijo...

Pos yo sus mando tantos besos como páginas han escrito el Dan Brown y la Tellado, o puñetazos han pegado el Norris y el Van Damme juntos.
Yo sus los mando y vosotros sus los repartís.

ANA DE LA ROBLA dijo...

Leo, linda: gracias por el exceso :-))))

Sir John More dijo...

Eso, benditos excesos...