miércoles, 23 de junio de 2010

Perturbado impostor

Gran PoderReconozco que lo que ha hecho este hombre es una tremenda barbaridad. Si algún atentado contra el patrimonio histórico-artístico hay que se parezca a un intento de homicidio, diría más, de magnicidio, es el que ha cometido este individuo contra el llamado Señor de Sevilla, el Santísimo Cristo del Gran Poder.

La noticia ha dado pie a que todos los medios de comunicación locales, periodistas de tronío y clérigos de diverso rango y aterciopelada devoción, así como cientos de sevillanos profundamente orgullosos de sus tradiciones, hayan elevado el clamor de sus quejas al cielo hirviente de Sevilla.

Las autoridades enviaron a la policía científica para determinar con precisión los trágicos hechos, pero todos respiramos granpoderagresoraliviados cuando supimos que el agresor había tenido la deferencia de no tocar a nuestro Señor en la cara. Al parecer de los entendidos, el valor artístico de la talla no es demasiado alto, pero su valor emocional para tantos sevillanos es tan extraordinario que cualquier amago de perdón hacia este individuo parece hoy impensable. Ni la atenuante de locura debería servir para justificar tan aberrante acción.

El sujeto, a la salida de los juzgados, preguntado por el motivo de su acción, respondía que él era la verdadera encarnación del espíritu de Jesús, y aunque alguna cosa digan en verdad los evangelios sobre ello, en el sentido de que todos somos parte de Dios, y a pesar de que este Yo soy Jesucristohombre, para declararse genuino Jesucristo, haya aducido un número de pruebas parecido al que presentan los que depositan en el Gran Poder prerrogativas propias sólo del hijo de Dios, es decir, ninguna, todo parece indicar que nunca podrá obtener el perdón de los sevillanos de bien.

Eso sí, no me cabe duda de que este hombre está loco. Coincidiendo con las palabras que esta mañana me envió mi amigo Alfonso, me pregunto asombrado: ¿cómo puede decir este hombre que es Jesucristo cuando todo el mundo sabe que Jesucristo soy yo?

7 comentarios:

T dijo...

Profanación es la palabra técnica adecuada para un católico. Incluso sacrilegio, para un católico, insisto, aunque éso no es materia del Código Penal. Pero por lo que sé de la devoción popular al conocido en Sevilla como ' El Señor', sin más adjetivos ni aclaraciones, la ofensa va más allá de un atentado al patrimonio histórico - artístico. Ni entro ni salgo en sentimientos piadosos que respeto muchísimo. Tampoco en la supuesta locura del profanador que, según he leído, pretendía como último fin obtener una pensión después de lo que lo declarasen perturbado mental. Lo que es innegable, por evidente, es que la profanación ha conmocionado a casi toda Sevilla y que su repercusión en los medios locales y nacionales, ha ido mucho más allá de una anécdota.

No sé del valor artísico que pueda tener la talla de Juan de Mesa pero no tengo ninguna duda de que esa imagen tiene un incalculable valor simbólico y sentimental. Incomprensible para muchos, lo sé pero no por ello menos cierto.

Sir John More dijo...

Bueno, creo que es conocido como “El Señor de Sevilla”, o así llevo yo escuchándolo desde hace 47 años, aunque como todas las imágenes sorprenden por la gran cantidad de pomposos y dramáticos adjetivos oficiales, no creo que uno más y tan respetuoso le sobre.

No dudo que ha habido mucha gente en Sevilla que se ha preocupado por el hecho, aunque de ahí a decir que “casi toda Sevilla” se ha conmocionado va un mundo, de veras. Imagino que hay que vivir en Sevilla para saber que, afortunada aunque demasiado lentamente, esta ciudad va cambiando, y va dejando de ser un lugar donde determinadas tradiciones se anteponen a otras expresiones culturales mucho más abiertas y fecundas, y donde una talla de madera de relativo (aunque innegable) valor artístico es más valiosa que la vida de un pobre desgraciado. De todas formas, el mayor o menor número de almas que creen en algo no es un dato relevante sobre la verdad o la conveniencia de ese algo, porque puestos así, en nuestro país el fútbol es una religión con bastante más adeptos que cualquier otra.

Nadie debe exonerar a este individuo de su responsabilidad civil y penal, por supuesto, pero de la tan cacareada compasión cristiana esperaba yo más preocupación por una de las criaturas del Señor. Dios me libre de criticar el proceso judicial en marcha, pero no puedo dejar de preguntarme por los motivos que habrán llevado a este pobre diablo a cometer semejante tontería. Como amante del arte y como persona respetuosa de la propiedad privada y de la libertad religiosa, y además como sevillano que ha vivido la Semana Santa durante muchos años, me parece una barbaridad que se hagan estas cosas, y así lo digo en mi entrada, pero nunca, nunca pondré, ni en mis oraciones ni en mis consideraciones sociales y personales, a una escultura de madera antes que a un pobre hombre seguramente necesitado de ayuda. Por lo demás, allá cada uno con su conciencia. Sobre los medios de comunicación no digo nada, porque aquí en Sevilla todo se sabe.

Trimbolera dijo...

Os voy a contar una anécdota. Vosotros sacáis la conclusión.
Mi madre me contó que cuando la guerra, sacaron "los santos" de la iglesia de su pueblo para quemarlos. Al verlos arder una abueleta dijo:"¡Lo que nos han hecho creer, pero si son de madera !!!
Trimbolera

T dijo...

Hombre, digo yo que se le aplicará, si procede, la atenuante o la eximente de enajenación mental que está prevista en el Código Penal porque loco, o no loco, ha cometido un delito de los perseguibles de oficio, es decir de los que actúa el Estado sin necesidad de que se querelle nadie. Y digo yo también que si necesita tratamiento psiquiátrico se lo darán porque afortunadamente en España el Código Penal es laico, no se le va a juzgar por ofender a un sìmbolo católico sino a una imagen que está catalogada como patrimonio histórico artístico, algo que también es competencia del Estado.

Si se cargan La Cibeles, algo que por cierto ya ha ocurrido, al agresor se le juzga por lo mismo que el que ha agredido al Gran Poder, no por ofender lis sentimientos de los madrileños o de los seguidores del Real Madrid. La caridad cristiana no excluye la justicia, en ésto, también aplica lo de odia al delito y compadece al delincuente, una máxima muy, muy laica, por cierto.

Si se le aplicase el Código de Derecho Canónico entendería tu comentario pero se le va a aplicar el Código Penal de los españoles.

Sir John More dijo...

Mujer, deberías entender mi comentario como una broma de las muchas que hacemos por estos lares. Aquí no se salva nadie, ni el Gran Poder, ni siquiera en un caso triste como éste. Sin caer en el mal gusto, casi todo está permitido. Y lo de menos para mí es que haya sido el Gran Poder, aunque siga considerando que el hecho es una barbaridad. Me pasa igual con los casos de violencia de género. Hasta que no nos preocupemos de los motivos que llevan a un individuo a matar a su mujer y luego, en muchos casos, a suicidarse, no se resolverá el problema. No podemos renunciar al castigo, por supuesto, pero tampoco deberíamos quedarnos en él.

Los medios de comunicación y algunos círculos piadosos han convertido esta cuestión en algo más, y fíjate que al afirmar que maltratar a la Cibeles y dañar al Gran Poder es lo mismo a efectos penales te equivocas. Con la Cibeles sólo sería un delito de daños al patrimonio histórico artístico, y aquí, además, sería un delito contra los sentimientos religiosos, que normalmente agravará la pena. Y no estoy en contra de ello, claro, aunque para los que la Cibeles es religiosamente mucho más respetable que el Gran Poder seguramente la situación les rechine, y gustarían que se tratase el tema de la misma forma. Lo que escribí sólo era una broma, y una forma de pedir que se mire a las personas, culpables o inocentes, con un poquito más de detenimiento, por supuesto con bastante más detenimiento que el que se pone en una talla de madera, por muchos sentimientos religiosos que congregue.

Trimbolera dijo...

Y digo yo, poniéndome por medio otra vez:
La abuela que miraba sorprendida cómo ardían sus santos... ¿Que ocurriria con su fé?
Poner en las imágenes semejante énfasis sólo conduce a fanatismos.
El pobre diablo que sufrió un ataque de locura necesita ayuda y compasión. La justicia, tan complicada ella, que se emplee en otras causas mas escurridizas. Este caso es bien claro.

T dijo...

¿También está imputado por el delito de ofensa a los sentimientos religiosos? Éso no lo había leído pero claro, si está en el Código Penal pues lo lógico es que se aplique.

Item más, sin entrar en patrimonios histórico- artísticos ni en ofensas a sentimientos religiosos, también está muy claro que el loco, o no loco, ha cometido un delito contra la propiedad privada. Y digo yo que también éso es perseguible judicialmente porque de otro modo, cualquier loco, o no, puede entrar en casa ajena y destrozar algo que nos sea muy querido: la vajilla de la abuela, los enanitos de piedra del jardín - ¡Horror! - o un piano que conseguí comprarme después de ahorrar 40 años. Y me digo yo a mí misma, también, que a lo mejor no me hacía ninguna gracia y por muy filántropa, católica o lo que sea que yo fuese, querría que al loco lo curasen, sí, pero también que se hiciese justicia.