lunes, 18 de noviembre de 2013

León

El 18 de noviembre de 1927, en plena dictadura de Primo de Rivera, en una Sevilla que raramente dejaba de anegarse en invierno con las crecidas del río Guadalquivir, y en una familia muy pobre nació este niño.

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No sabemos muy bien cómo se ganaban sus padres el sustento, pero sí sabemos que había un gran desorden en las relaciones familiares. Sufrió enfermedades extrañas, una de las cuales le llenó la cabeza de bultos y cicatrices. Otra le afectó a un ojo, y sólo la vejez borró sus huellas.

Unos años después su padre, en alguna de las raras ocasiones en que tuvo la suerte de verlo, le contó la historia de un padre y un niño.

― Mira, León ―así lo llamaba su padre, León―, un día un hombre le dijo a su hijo que se subiera en una mesa, que se acercara al borde y se colocara de espaldas. Luego le dijo que se tirase hacia atrás, que no se preocupara porque él lo cogería en sus brazos. El niño se dejó caer de espaldas y el padre se apartó. Y cuando el niño, desde el suelo y dolorido, miró a su padre, el hombre sentenció: “Esto es para que no te fíes ni de tu padre”.

Ahí estaba su padre, con planta de señor.

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Cuando el niño contaba nueve años, a principios de la guerra, supo que su padre había sido encarcelado. Le dijeron luego que un cura lo había reconocido y denunciado. Se encontraba en casa de una hermana, por la zona de Puerta Osario, una de cuyas ventanas daba a una calle estrechísima y a un convento, desde el que el cura descubrió a su padre. El niño, de la mano de su madre, lo visitó muchas veces. Le llevaban comida, alguna ropa, tal vez tabaco… Poco después, en una de las visitas, les comunicaron que su padre ya no estaba en la cárcel, lo que no quería decir que había sido liberado, sino que había sido fusilado en una de las sacas nocturnas. Cualquiera pensaría que su padre fue un preso político, pero aunque en la familia se dijo durante mucho tiempo que había sido encarcelado por comunista, la realidad es que estaba en prisión por carterista, como preso común. Pero los carniceros, necesitados de espacio en una cárcel abarrotada, no debieron pararse a mirar la etiqueta de los condenados.

Fue con nueve años también cuando pudo ir al colegio por primera vez, posiblemente porque nadie se preocupó de llevarlo antes. Allí un profesor, al que no olvidó hasta que su memoria fue borrándose de raíz, le leía libros de Julio Verne y le enseñó a leer y a calcular. En poco tiempo, el niño, ansioso por aprenderlo todo, fue expulsado de la escuela por la pura y desnuda necesidad, y trabajando y cuidando de sus hermanos, vivió siempre en la nostalgia del colegio, de las aventuras y de los descubrimientos.

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Ese mocoso con carita asustada tuvo luego unas manos fuertes con las que amasó la vida, con las que acarició la siempre esquiva felicidad. Este niño hubiera cumplido hoy ochenta y seis años. Nunca olvidaré su olor, su entrega, su humanidad falible pero inmensa, el amor que dejó en el aire cuando se fue… Felicidades.

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10 comentarios:

Isabel dijo...

¡Qué hermoso homenaje y recuerdo!
Estaría orgulloso de ti.

Un fuerte abrazo.

Sir John More dijo...

Gracias, Isabel, y un beso.

trimbolera dijo...

Las historias que nos tocan la piel son las que llenan el alma, son las que nos estremecen y mucho más cuando perviven en nosotros. GRACIAS.

Sir John More dijo...

Gracias a ti, Angelines.

Raquel dijo...

Sí, él estaría orgulloso de ti y de tu alma y manos fuertes como la de él.
Un abrazo

Sir John More dijo...

Bueno, Raquel, habría mucho que hablar sobre mis manos y su fortaleza. Pero sí, creo que él se fue muy orgulloso de sus tres hijos. Un beso transatlántico...

Aquí me quedaré... dijo...

Por todo lo que he leído sobre tu padre y ha sido mucho, me parece que no te pareces a él.
No me preguntes, no tengo una respuesta.

Me gusta comprobar cuanto le querías.

Un abrazo

Sir John More dijo...

Puede que tengas razón, Lunita, puede que tengas razón... Besos.

Aquí me quedaré... dijo...

Por cierto.
El libro me gustó muchísimo.
Lo voy saboreando, es para ello.
Me he imaginado a la famosa pareja si hubiera existido internet o la prensa amarilla de ahora

Da para mucho esa relación

Besos

Sir John More dijo...

Sí que da para mucho, y para más aún debería dar, pero son tiempos de superficies... Me alegra mucho que te haya gustado. Las cartas de Emilia son una maravilla, y cuanto más las releo, más me gustan... Más besitos.