domingo, 30 de enero de 2011

Hombres…

toulouse_lautrec1 Dicen por ahí que la mujer tiene su propio modo de hacer las cosas; no esta o aquella mujer, sino la mujer, todas las mujeres. Según algunos, lo mismo ocurre con los homosexuales: también tienen su manera peculiar de expresarse y crear. Según estas teorías podríamos hablar de un arte femenino (o feminista) y un arte homosexual.

Partimos, pues, de una situación histórica en la que mujer y homosexual (masculino o femenino) exigen ser considerados personas, con todos los derechos y obligaciones de cualquier mortal; pero una vez conseguido este objetivo, al menos legalmente, las avanzadillas de estos movimientos reivindicativos se sienten calentitas en el seno de la organización y recrean estos grupos culturales: Mujeres y Homosexuales.

Cualquier grupo social, sea real o teórico, se forma por afinidad entre sus miembros, porque a todos ellos les une una serie de semejanzas frente a los que no pertenecen a ese grupo. Si el conjunto (teórico) de las mujeres se diferenciaba del de los hombres por sus características sexuales primarias y secundarias, ahora también las diferencia la forma de hacer arte. Por supuesto, en este esquema, el hombre (o sea yo mismo, Henry Kissinger o Henri de Toulouse-Lautrec) se queda con la forma secular (masculina, machista) de hacer arte, y la mujer (mi sobrina Paula, Marie Curie y Belén Esteban) inventa una nueva forma de ver el mundo y representarlo. Así son las cosas.

belenesteben Con la irrupción de nuevos sectores sociales, de nuevas divisiones del electorado, las personas heterosexuales masculinas mayores de cuarenta años, con pelo en la cabeza y sin moto nos estamos quedando enfrente de todo dios, eso sí, con una responsabilidad monumental: somos los putos guardianes de la cultura caduca, machista, inmovilista, marginadora, peluda y desmotorizada que se ha venido haciendo en los últimos miles de años. Un poner, que diríamos por aquí: uno mira cualquier actividad alternativa y se da uno cuenta rapidísimo que uno no está ya currándose la vida como esos muchos fracasados escolares que, aburridos en las clases, se pusieron a dibujar, y ahora hacen unos fanzines dabuten, con unos primeros planos de tetas, culos, coños y poyas la mar de majos y transgresores.

manjardeamor Viene todo esto a que hace unos añitos vi una película titulada Manjar de amor, dirigida por Ventura Pons. La vi en la televisión, y creo que era la primera película medio interesante que veía sobre el tema homosexual. Verán ustedes, la película no era buena, ni siquiera el guión valía un pimiento. Si ese mismo guión hubiese tenido a un hombre y una mujer de protagonistas, la película hubiese sido calificada como bodrio infumable. No obstante, como digo, me sorprendió gratamente ver cómo los protagonistas vivían sus problemas de amor sin las exageraciones propias de algunos homosexuales, y la única que se salía del esquema normal era la madre de uno de ellos, que no acababa de aceptar la forma de ser de su hijo. En fin, que me quedé con ese nombre, Ventura Pons.

ventura.ponsEn estos días, tragándome las noticias trufadas del Telediario, asistí a la sección de publicidad cinematográfica (dicen que no tienen publicidad, pero las crónicas cinematográficas son a todas luces de pago), y anunciaron la última película de este buen hombre: Mil cretins. La película se anuncia así en la página del director (www.venturapons.com, transcribo literalmente tanto texto como puntuación):

ELS FILMS DE LA RAMBLA que MIL CRETINS (MIL CRETINOS), la nueva película de VENTURA PONS con guión del propio director, basada en relatos de QUIM MONZÓ se estrenará comercialmente el próximo mes de enero. Con MIL CRETINS (MIL CRETINOS), VENTURA PONS adapta por segunda vez textos de QUIM MONZÓ después del éxito internacional que obtuvo con EL PERQUÈ DE TOT PLEGAT (EL PORQUÉ DE LAS COSAS).

En MIL CRETINS (MIL CRETINOS) se explican quince historias, contemporáneas y algunas históricas, donde en clave de humor, sarcasmo y valentía se pasa cuentas con el dolor, la vejez, la muerte y el amor pero sobretodo con la estupidez humana, sin concesiones, mirando a la cara el díficil equilibrio entre vida y miseria humana.

Aparte del bonito y habilidosísimo texto introductorio, la película contiene escenas como estas:

Conozco a homosexuales que escriben muy, muy bien, y que cuando se trata de hablar de amor no esconden sus gustos (como hacen las personas corrientes y molientes), pero cuando se habla de otros temas no necesitan aclarar si son homosexuales, heterosexuales o hinchas del Manchester United; es decir, son como Henry Kissinger o como yo… bueno, como Henry Kissinger no… Quiero decir que no necesitan ir por la vida de locas ni de lesbianas hipohuracanadas, sino que con ir de personas, tan distintas como cualquier otra, les llega para hacer arte. Almodóvar y sus locuras de lacitos y eructos, con sus chistes chabacanos y su estética de terciopelo, abrió una vía anchísima donde casi todo cabe, y Don Ventura, se ponga como se ponga, hizo una película mala pero digna con aquella historia de amores homosexuales, y ahora parece haber hecho algo que al menos a los hombretones de pelo en pecho… (esperen, a ver… joder, pues no sé si yo…), con pelo en la cabeza y sin moto, y eso sí, con un cierto gusto por el cine y una pizquita de inteligencia, no nos va a gustar demasiado. Igual Ventura iba de persona homosexual y ahora se dejó llevar por la locura arrebatadora…

martes, 25 de enero de 2011

Mucho más que un libro…

Libro Acosta EPB

...un documento no dice sino lo convencional: detrás del documento está, sangrando, la vida, y si no es la vida lo que en él busca­mos, no tiene significación alguna. Y un documento debe vestir de piel y carne a las edades pasadas, y hacerlas resurgir ante nuestra contemplación para enseñanza de lo profundo y de lo íntimo de la historia.

Si no sirve para esto, será arena, grano de arena en el inmenso playal de la indagación, y disgregada la arena, en ella no brota vege­tación alguna.

 

Emilia Pardo Bazán, La Ilustración Española, 3 de agosto de 1914, citado en Emilia Pardo Bazán. La luz en la batalla. Biografía, de Eva Acosta (Editorial Lumen, 2007)

lunes, 24 de enero de 2011

Alborada

La luna de noche larga se desinfla suspendida en la fría bruma del cielo. El suelo bulle de prisas y compromisos. Mis pasos navegan sobre las aceras rotas, en esa penumbra confusa del imperfecto y desafinado amanecer. Las acacias posan larguiruchas, esqueléticas, avejentadas, mientras las ramas de aquellos plátanos, iluminadas aún por la luz artificial de unas desengañadas farolas, afierran sus hojas escasas contra el viento helado de la mañana que las azota. Un joven vagabundo, ido y cándido, duerme arrimado al exterior de un local vacío. Bajo el saco de dormir su perro enorme asoma la cabeza y observa sereno el infinito con una mirada reflexiva, casi humana, atravesando con ella, absorto, la cortina de piernas y ruedas que fluye incomprensible por la avenida. No hay flechas, no hay sentidos recomendados, no hay señales de dirección. El paisaje se despinta como si lloviera sobre una acuarela. Mi mirada cae sobre las cosas como la lluvia.

Jackson Pollock - Night Mist

Jackson Pollock, Night Mist (Norton Museum of Art)

domingo, 23 de enero de 2011

Chundachunderos

El sino de la música, tal vez como el de la cultura en general, es triste, realmente triste. Y no porque dejen de aparecer obras fascinantes y originales, sino porque la música es un lugar donde todo vale, donde esas obras fascinantes se disuelven en un insoportable océano de ruidos, atestado de expertos voceros para los que cualquier ritmito facilón se halla al mismo nivel que la más depurada obra de arte. También le pasa a la pintura, a la literatura, y no digamos al cine.

libreria_reguera Por ejemplo, en las librerías de Sevilla resulta más y más complicado encontrar un libro que no sea de Saramago, de Marías o de Vargas Llosa. Los estantes de actualidades van ganando terreno en las macrolibrerías, y cuando buscas un libro que no sea de nuestros escritores insignes (como Almudena Grandes, Pérez Reverte, Ruiz Zafón o Elvira Lindo), la respuesta suele ser: se lo encargo. La contrarrespuesta mía suele ser: vete al diablo, vine a la librería a comprar un libro, no a encargarlo. Como muestra un botón: estas navidades quise regalarle a mi hijo mayor un libro de Highsmith. Se ha zampado todos los de la saga Ripley y me daba igual el título. Pues bien, menos mal que en Sevilla queda aún una pequeña librería de las que antes abundaban en la ciudad, Reguera, porque de lo contrario no hubiese podido regalarle el libro a mi hijo. En los estantes kilométricos de la Casa del Libro, de Librerías Beta y de la FNAC no había un solo libro de Patricia Highsmith.

TomasFernandoFlores Pero les hablaba de música. El otro día, engatusado por la buena de Nieves Concostrina, que sonaba en esos instantes en Radio 5, y siguiendo mi mala costumbre de escuchar la radio mientras me ducho, escuché un microespacio realizado por Tomás Fernando Flores. El microespacio se iniciaba con unos grititos vulgares, plagiados a un grupo disuelto hace cuarenta años, uno que ustedes tal vez conozcan: The Beatles. Pero eso era sólo el principio: el individuo causante de aquella canción consideró que con esas voces en falsete del principio había suficiente homenaje a los de Liverpool, y pasó directamente al meollo de su obra: el chunda chunda. Cualquiera puede bajarse programas gratuitos de la red que permiten crear este tipo de música, incluso sin tocar una sola cuerda de guitarra ni una sola tecla del piano, y sin dar el más mínimo porrazo sobre una batería. Fíjense la basurilla que hice en un ratito perdido con uno de estos programitas, y sin entender muy bien lo que hacía:

Todo electrónico, algo que de por sí no es malo, claro, pero también todo automático, y que yo sepa aún ningún fulano inventó el arte automático… Esperen esperen, que alguna cosa vi en el Reina Sofía que iba por ahí... Lo que sí parece incontestable es que el chunda chunda es universal, patrimonio de la humanidad, y nos une en la fraternidad musical y bailonga.

No contento con programar este bodrio, el amigo Flores, con un tonillo que nos recuerda sospechosamente a ese gran entendido en música, al buque insignia del chundachunderismo actual y nihilista musical donde los haya, Diego A. Manrique, el amigo Flores, digo, nos suelta lo siguiente:

Bruno-Mars Se llama Bruno Mars, y se ha convertido en una de las revelaciones del pop mundial. Nació en Honolulú (Hawai). Hijo de músicos, comenzó su carrera como productor y compositor. Su álbum de debut como cantante se titula Doo-Wops & Hooligans, un disco que incluye entre sus canciones este Just The Way You Are que están escuchando. Calificado como el nuevo genio del pop por el domino de los arreglos y las melodías, ya ha sido laureado por la crítica, nominado para todo tipo de premios y acogido como la gran estrella emergente de este 2011.

O sea, que el individuo no sólo hace otro tema papanatas y vacío, exactamente igual a otros cientos de miles perpetrados en los últimos cuarenta años; no sólo evacua otra mierda más de las muchas que ahogan la sensibilidad musical de vecinos y vecinas, sino que es laureado por la crítica, se le conceden todo tipo de premios y se le considera “la gran estrella emergente del 2011”; aún más, Flores lo llama “el nuevo genio del pop”.

Y vean que la cancioncita no tiene desperdicio: al chunda chunda de fondo (verdadero corazón de la obra, puesto que le da el latido que la hace vivir y la capacidad de poner a la concurrencia a bailar) se le une la letra que el genio expele por esa boquita:

Oh her eyes, her eyes
Make the stars look like they're not shining
Her hair, her hair
Falls perfectly without her trying
She's so beautiful
And I tell her every day
When I see your face
There's not a thing that I would change
Cause you're amazing
Just the way you are

O lo que es lo mismo:

Oh, sus ojos, sus ojos
hacen que las estrellas parezca que no brillan.
Su pelo, su pelo
cae perfectamente sin ella pretenderlo.
Es tan hermosa
y se lo digo cada día…
Cuando veo tu cara
no cambiaría nada en ella
porque eres alucinante
justo tal como eres.

Pura poesía… Aquí tienen la dirección del microespacio radiofónico y un vídeo del genio, para que no pierdan detalle… Por cierto, al ver el vídeo, absorto en su elaborado mensaje, acabé con la convicción de que no se la tira, que ella es una actriz muy mala elegida por estar muy buena, y que él, como macho, es más blandito y pegajoso que el mousse de chocolate. A ustedes ¿qué les parece?

Rne5         

jueves, 13 de enero de 2011

Paisajes con móvil (IV)

Abajo y arriba

Abajo y arriba

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Buen viaje

Bon viaxe 

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Espejismo tras el cristal

Espejismo tras el cristal

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 Estrellas

Estrellas

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Huella y suspiro

Huella y suspiro

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La tapa

La tapa

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Matu Maloa

Matu Maloa

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Pista de vuelo

Pista de vuelo

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 Por fin

Por fin

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Vini tipici

Vini tipici

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Resplandor

Resplandor

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Sin nombre

Sin nombre

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Vacío

Vacío

miércoles, 12 de enero de 2011

El Pato Rojo

Foto 049Hay lugares discretos en los que uno puede darse el gusto. El rinconcito de Joaquín, en la calle La Cruz, en Zafra (Badajoz), es uno de ellos. Tomamos una exquisita ensaladilla de pescado y mariscos, una tosta inolvidable de jamón (sobre todo para mí, poco aficionado a los panes de la casa y las tostas), un bacalao gratinado con patatas suave y delicioso, repetimos con el bacalao de la Abuela, donde el pan va solo a mojarse, y probamos un muflón con setas que para nosotros se queda.Todo ello regado con un vino de Usagre, Privilegio de Chacona, que supo a gloria. Así que ya saben, si visitan este hermoso pueblo, nada mejor que descansar en El Pato Rojo, aunque si están varios días verán que en Zafra la cocina es fabulosa vaya uno donde vaya.

 

El pato rojo

Plano

El pato rojo - foto

domingo, 9 de enero de 2011

El sur del sur

Comparto con los enanos un rato de fútbol. A estas edades hay que aprovechar cualquier excusa para poder estar cerca de ellos, y aunque sé de otros espectáculos más hermosos, el juego mágico del Barcelona no es de los peores.

El Sur Al acabar el partido, muy tarde, el mayor hace rato que duerme en el sofá, pero el pequeño se queda conmigo en el asombro de unos minutos finales de El sur. Apenas asistimos a las últimas conversaciones de Agustín con su hija Estrella, y al desenlace de la película, con ese final ilegítimo que al cabo fue, también por el arte de Erice, una hermosísima puerta abierta a la imaginación. Y vuelvo a preguntarme por qué esta película me hechiza de este modo, por qué siempre se me presenta como la obra cinematográfica más hermosa que nunca vi. Erice no sólo es un mago de la luz, no sólo es un maestro del silencio; Víctor Erice es, sobre todo, un fotógrafo del alma, alguien que intenta retratar la esencia de esta especie aturdida, para que luego los que quieran, aquellos que sepan detenerse, puedan recordar de qué color es el deseo intenso de vivir.

Ese final ilegítimo, impuesto por un Querejeta sin palabra, más apegado al negocio que al arte, nos privó de la continuación de la película, no de una segunda parte, sino del resto de la película. Yo, que soy del sur, que ardo en él ansiando a veces el verde frescor del Cantábrico o de las Tierras Altas de Escocia, tuve que estremecerme cuando Estrella cierra la maleta para, desde un lugar de nieves y musgos, viajar al sur, al sueño, al lugar donde se consumieron el secreto y el corazón de su padre muerto. Y suena la música de Granados, que ayuda a dibujar ese fondo de calor, soledad y tristeza sobre el que flota este sueño, un sueño que, sin embargo, está tan lleno de vida…

Los escenarios estaban elegidos (Carmona), como los nuevos personajes (Fernán Gómez entre ellos); el guión escrito, la obra maestra ahí, tan a mano… Tenemos que conformarnos con lo que nos ha dicho Víctor sobre ese final. Para mí, no sé para vosotros, sus palabras recogen hasta el último gramo de esa emoción que algún día pudo acabar de iluminar esta fascinante película…

El sur 2

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Diurnos (III)

Nicolás Alpériz - Cuento de Brujas barra separadoraSILENCIO. El silencio, igual que el agua, es un elemento refrescante, una simplicidad que reconforta y despeja, una suave luz clarificadora que, como el lejano horizonte, como la página en blanco, invita a perseverar en uno mismo.

barra separadoraSU VOZ. Bajo el estruendo poderoso del aguacero, entre el aire limpio y mojado del mediodía, alumbrada por esta lánguida luz de temporal aletea su voz de afán y delirio, su voz de paraíso.

barra separadoraTACTO Y MEMORIA. Pienso en mis padres y me asombra esta capacidad natural para guardar muy dentro, vívida y reciente, la ternura de un abrazo, la textura de otra piel, la insustituible verdad de unas mejillas.

barra separadoraEMILIA. Para cuando el tiempo acabe de disolver el último vestigio de su vida, aquel entusiasmo suyo por la calle, aquel ímpetu de su pecho y aquellos papeles que ilustró con su imaginación ya habrán germinado irremediablemente en nuestros corazones.

barra separadoraPOLIZONES. Los libros que más me gustan son aquellos que se vinieron escondidos en mi maleta, los que viajaron hasta mis ojos de forma inesperada, esos que, además de sus propios mensajes, trajeron prendido a sus páginas el aroma de una pasión turbadora.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Que el firmamento entre en mis pulmones…

DSC08036 Me hallaba en un mundo destrozado, poblado por animales tan ridículos como fabulosos, a los que aquella gente clasificaba por su peligrosidad. Era un mundo delgado, de escondrijos breves y claustrofóbicos. El jefe de la horda que me había acogido me lo explicaba todo, y me llevó a aquella casa hundida en un mar de basuras. Estábamos dentro, no sé cómo había entrado, pero para salir sólo había un agujero trapezoidal y minúsculo en el suelo, y me dijo que pasara. Le contesté en silencio que ni siquiera me cabría la cabeza. A un gesto suyo, uno de los que nos acompañaban pasó con elegancia por el hueco. Luego me colocaron en posición, con la cabeza por delante, y comprobé que pasaba sin dificultad, pero esa angostura comenzó a aprisionarme el ánimo. Salimos al exterior por una puerta en una de las plantas superiores del edificio, una puerta que habría perdido la escalera que bajaba a la calle, tal vez una de esas escaleras metálicas de seguridad. Daba a un inestable y ajustado pasillo, trenzado con basuras, que corría suspendido en la pared. Todos comenzaron a caminar por él sin temor a la caída, pero al poner el primer pie en él resbalé. Pude sostenerme sin caer, pero tal vez se llegaron a mí todos esos sueños de cuando niño, ésos en los que me veía saliendo de mi casa por la ventana, agarrado a la fachada a una gran altura, una y otra vez deshecho por el vértigo. Abajo los desperdicios se amontonaban…

Poco después caía la noche sobre aquel mundo inasible. El crepúsculo era la hora de los animales, engendros variados que poblaban la noche de peligros. Era una constante huida de lo desconocido. Caminábamos con sigilo, mirando sin descanso a un lado y a otro, vigilando los árboles del parque porque de ellos podría saltar cualquier alimaña inimaginable. Habíamos llegado a una especie de escondrijo oscuro y húmedo, y descansamos, estábamos seguros. Para calmar mi terror alguien que me invitó a que entrase en goyaun diminuto charco, excavado en la piedra e iluminado por un resplandor que mostraba el cieno del fondo. Aunque tampoco cabía en ese charco, no sentí extrañeza alguna, podía hacerlo de forma natural, aunque me sumergí con una sensación intensa de claustrofobia. Buceé un instante y descubrí en el fondo un mundo multicolor, criaturas increíbles que nadaban con placer meloso, cautivas en el exiguo charco. Flotando en el agua mi mente descansaba, pero ese mundo no me decía nada, nada…

Nuestra horda recorría ahora la ciudad llena de sombras, y de la penumbra del parque, saltando la verja, apareció un amenazante grupo de monstruos, liderado por uno alto y terrible. Nos acorralaron contra unos veladores metálicos que brillaban mojados y tristes. El animal más peligroso era una especie de jirafa enorme y pardusca, más bien una enorme avestruz sin alas y con rostro humano, que desde muy arriba me miraba amenazando con lanzar su cabeza contra mí en un golpe mortal. Agarré una de las mesas de aluminio y golpeé al animal en el pecho, lo golpeé con todas mis fuerzas, esperando que huyera por el dolor, pero su piel era dura y la mesa crujió contra ella como si golpease contra un suelo enmoquetado.

Grasmere cemetery Tal vez me atacó, quizás perdí el sentido. No sé bien cómo volvimos a estar hacinados en una guarida sin luz, fría y húmeda. Me fijé en un pequeño charco circular, y el líder de la horda, con barba y pelo largo, me invitó de nuevo a descansar, a entrar en el charco; pero esta vez rehúso, me niego porque estoy harto de ese mundo estúpido de coloreados engendros, que flotan en el agua como verdades inútiles, y no quiero seguir distrayéndome con ellos, engañándome con sus movimientos suaves sin futuro. Siento náuseas y necesito romper estas estrecheces. Odio esta existencia precaria donde sólo sirve huir, huir sin descanso. Querría vomitar pero siento miedo, miedo a la muerte. Medio despierto, pienso que todos hablamos de la muerte con demasiada ligereza, y entonces rememoro los ojos abiertos de mi suegro pocos instantes antes de morir, el pavor de aquellos ojos, los ojos de un buen hombre…

Ya estoy despierto del todo, y me digo que seré un mal moribundo, y que tal vez hay situaciones donde el suicidio puede ayudarnos con las náuseas cuando éstas llegan para quedarse, con la asfixia que llenó mis últimas pesadillas. Necesito levantarme, salir a un espacio mayor que este dormitorio, rasgar el mundo que me rodea para que el aire limpio del firmamento entre en mis pulmones. Primero me pregunto, ya regresado de esos abismos, si existirá un lugar así, tan abierto. Luego me digo un número, el 304, y por una complicada asociación de ideas concluyo que quizás la inmensidad se me haya presentado algunas veces en forma de pequeños rincones aparentemente simples, en los que, sin embargo, se ocultaban profundidades universales y delicias tan inexplicables como estos sueños…

martes, 30 de noviembre de 2010

Timadores y esperpentos

El País

Esto de las filtraciones Wikileaks le importa a la gente un carajo. Los guapos antiimperialistas de El País (esa excrecencia insidiosa del otrora socialismo enamorado) se equivocan si piensan que la gente va a comprarles más periódicos por esta bobería. Porque, a ver, que levante la mano aquel que no sabía ya que todo esto estaba podrido. Y que la levante ahora quien crea que lo que ha salido a la luz no es más que la punta de un planetario iceberg de basura.

Y es que lo de estos mercaderes locales de opinión pública sobrepasó hace tiempo la desfachatez: ¿No se enteraron de que este país está ya en otras cosas? ¿Acaso no urdieron estos tipos, con sus amigos electos, un sistema educativo (incluyan los medios de comunicación en este concepto, háganme el favor) que mantiene a la gente ajena a sus cruciales tejemanejes democráticos? Y ahora ¿qué quieren, que la gente deje de preocuparse del Cuéntame y de Física y química? ¿Que dejen de atestar los Mangos y Zaras, las playitas y los parques temáticos? ¿Que dejen sus vidas anodinas para pensar por sí mismos? Estos tíos son unos jetas...

Por supuesto, conmigo han conseguido algo importante: me da una pereza tremenda reflexionar sobre todos estos chanchullos, y me cuesta la misma vida dedicar un solo segundo de mi tiempo a tratar de entender por qué, por ejemplo, El País ataca siempre a sus compinches justo antes de unas elecciones perdidas. Tal vez El País, la Ser, PRISA en general (sigue existiendo, ¿verdad?), sean bastante más relevantes en estos trapicheos financieros que el propio Partido Socialista, que siempre renacerá mientras conserve en sus bases a cantamañanas, banqueros y empresarios ávidos de beneficios… Lo mismo mismito que ocurre en las otras filas azules, rojas y gris marengo.

Aunque también es cierto que en un país como éste, donde el último ilustrado influyente fue el Lazarillo de Tormes, superamos con facilidad estos esquemas sicilianos. Ahí andamos, siempre en puertas de esas bonitas fiestas de la democracia, en las que el pueblo habla y dice por lo común un montón de tonterías. Y es lógico, tal como se diseñó el patio, y al son de las baladas de estos voceros miserables, en nuestras adorables fiestas de urnas y fastos uno sólo puede elegir entre timadores espabilados e inútiles esperpentos.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Golpe y luna

Mili La tarde del veintitrés de febrero de mil novecientos ochenta y uno guardaba yo cola ante la única cabina de aquel sector. Recostado sobre la pared junto a la cabina, sentado en un poyete, un veterano con uniforme de faena y respetable bigote liaba un cigarro con parsimonia. Para entonces la noticia ya recorría incierta la larga cola, y para ilustrarla el veterano gritó, con una chulesca sonrisa:

— ¡Esto es la guerra!

Hay que reconocer que mis dieciocho años eran algo engañosos. Cuando decidí hacerle caso a JA y pedir mi ingreso voluntario, yo intuía un ejército impreciso, esa imagen pulcra de los soldados que desfilan con elegancia, pero nada más. Permanecería en mi ciudad, y la misma recomendación que me daba acceso a aquel cuartel elitista, me procuraría la tranquilidad suficiente para cursar el primer año de Medicina. El mundo de los adultos todavía no era mi mundo, y sin descubrir sus rincones más agradables me introduje directamente en uno de sus infiernos.

Aún me pregunto por qué no usé aquella llamada para hablar con mi madre. Sólo ahora, casi treinta años después, he pensado en su más que probable preocupación, y en la de mi padre. Sin embargo, hice la llamada que tenía prevista: quería hablar con una compañera de facultad, por unos apuntes. Contestó su madre: Marisa no estaba. Acaso la mujer podía decirme si había pasado algo en el Congreso…

El término correcto es acuartelamiento. Todos los reclutas que habían salido de paseo fueron localizados por la Policía Militar. Entre nosotros, que solíamos quedarnos para estudiar aquellas dos o tres horas libres, la preocupación comenzó a fluir dibujando miedos en nuestras miradas. La información era precaria, insegura, escasa, pero los amantes de la aventura, entre los que se contaban muchos hijos del cuerpo, apuntaron con alegría la posibilidad de que esa misma noche jurásemos bandera, requisito inexcusable para salir a la ciudad a dar tiros.

Luna faroSólo recuerdo con claridad el toque de retreta, el momento de ocupar nuestras literas y la visita de un teniente coronel, también vestido de faena, tratando de tranquilizarnos con aquellos groseros modos de los mandos militares, despachando el asunto con la obviedad de siempre, que se nos darían las órdenes precisas, y que por el momento no debíamos saber nada más. Que las radios estaban prohibidas, y que aquel al que se sorprendiera con una de ellas sería arrestado. Sé que, en cuanto se apagaron las luces de la escuadrilla, uno de los reclutas encendió una radio y algunas noticias corrieron en susurros entre las literas. Y así me dormí, pensando como cada noche en MC, con esa confianza infantil en la capacidad del amor para arreglarlo todo.

A la mañana siguiente nos despertaron, como siempre, muy temprano. Como cada día, en un cuarto de hora nos habíamos aseado y vestido, habíamos hecho la cama con una corrección obsesiva y formábamos en el patio bajo el frío penetrante de febrero, sin el más mínimo indicio del amanecer. El sargento de semana, un tarugo amargado y ruin, aullaba bajo aquella luna que menguaba, una luna que era para mí como un faro en la tempestad, la única prueba disponible del futuro…

viernes, 5 de noviembre de 2010

Mi maestro Savater

OLYMPUS DIGITAL CAMERA         Mi maestro Savater anda perdiendo la cabeza. Esa cabeza suya, preclara, ecuánime, divertida, trasgresora y aun así solidaria se pierde por momentos en dislates cada vez más incomprensibles.

Entendí hasta cierto punto su postura frente a la ley del tabaco, aunque nunca le oí matizar sus encendidos apoyos a la libertad del fumador aportando una sola propuesta que abogara por la libertad de no fumar. Durante años me opuse de variadas formas a los fumadores maleducados (entonces una gran mayoría de ellos), y nunca escuché a mi maestro abogar por la educación como solución del conflicto nicotínico, preocupado casi siempre en demostrar los muy discutibles beneficios hedonistas del cigarro.

Por otro lado, su apoyo casi histérico de la fiesta de los toros ha obviado siempre el mundo casposo y conservador que rodea a la fiesta nacional, su más que dudoso carácter artístico, el trato vejatorio que sufren los animales y las consecuencias morales que ésta y otras salvajes costumbres tienen sobre la educación en nuestra sociedad. Pero por encima de que la fiesta tenga o no defensa, los apoyos que hilvanó Savater han sido siempre tan torpes, tan indignos de él… Quiero creer que el libro que vi el otro día, titulado Tauroética, y en el que parece haber reunido todas esas torpezas suyas, no es un modo oportunista de sacar tajada de una discusión absurda e inútil, tan absurda e inútil como la que se planteó hace mil años cuando se prohibió fumar en los autobuses urbanos, medida que ahora a nadie se le ocurriría discutir.

mario-vargas-llosa

Para aumentar el asombro, el otro día me pasmó la defensa que Fernando Savater hizo de la independencia liberal del unánimemente vanagloriado Vargas Llosa. Pareció decir que no importa ni el talante conservador de este señor, ni sus pensamientos interesados y fríamente capitalistas, que suele disimular bajo bondades difusas y palabras conciliadoras; que lo que importa es que este hombre dice lo que cree y defiende sus ideas sin casarse con nadie. Aparte de un increíble escritor (cosa que humildemente matizaría, porque sus artículos de opinión suelen ser bastante mediocres y sus libros son dechados indudables de técnica literaria, pero también de frío cálculo y de pose), Vargas Llosa es un prohombre de la libertad individual y del derecho a la libre expresión. Todo esto lo decía Savater en línea con otros articulistas que defendían con vagos argumentos a Vargas Llosa, un tipo que pasó del radicalismo de izquierdas al mucho más elegante, democrático y acomodado radicalismo de derechas, y que hoy nos vende un libro concienciador sobre África para inmediatamente después aplaudir ese sueño norteamericano que condena a la misma África a la pobreza y a la muerte.

Pero Savater me ha dejado patidifuso con su reciente artículo Eros y reacción, en el que, tras reivindicar la importancia de la aceptación social de determinadas perversiones sexuales como medida del avance de la libertad, pasa a denigrar a todo aquel que ose prohibir no sólo la práctica de cualquiera de estas perversiones, sino la publicación de textos en los que se haga apología u ostentación de ellas. Don Fernando comparasanchez drago el revuelo que ha producido el libro de Sánchez Dragó y sus alardeos pederastas, con los problemas de censura política que él sufrió con algunos de sus libros.

Para el maestro lo más hermoso es la libertad, sí señor. Sin embargo, ve con intenso gusto cómo se prohíben medios de comunicación, publicaciones y mítines donde algunos malnacidos hacen apología del terrorismo. Parece que el hecho de que unas niñas sean violadas y destrozadas durante años por unos tipos asquerosamente enfermos, que luego chulean de ello en las páginas de sus libros, no le parece a Don Fernando motivo suficiente para combatir ese abuso de la libertad de expresión. El establecimiento de los límites de la libertad de expresión es una de las medidas principales de la salud de una democracia, pero tan perverso es el gusto fascista por la limitación salvaje de este derecho, como la defensa fanática de la libertad absoluta, que Savater sabe muy bien que suele desembocar en liberalismos místico-pedófilos tipo Sánchez Dragó, o liberalismos salvajes capitalistas tipo Vargas Llosa. Y sobre todo Savater debería caer en la cuenta de algo aún más importante y obvio: si en ese paraíso de ilustrada libertad que él siempre soñó andamos discutiendo sobre si tipos como Sánchez Dragó tienen o no la posibilidad legal de sodomizar a unas niñas, entonces el paraíso está perfectamente podrido, y es más propio de idiotas que de ciudadanos libres e informados. El maestro Savater tal vez debería, en su libertad intocable de pensamiento, revisar sus ideas, porque o empieza a chochear, o aquel delicioso culto suyo a la voluntad individual y a la democracia ilustrada está convirtiéndose por momentos en una farsa pseudo intelectual, en una extravagancia ridícula, asumida y utilizada por los poderes de una democracia que de ilustrada tiene lo que yo de vicario de Cristo.