Mostrando entradas con la etiqueta Música. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Música. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de mayo de 2018

Joni

NYR_3440_0010

Oí su música muy tarde, en 2005, en Cahecho, un pueblecito apartado de los Picos de Europa, donde fuimos a almorzar y a descansar de la subida a la Cruz de la Viorna. Lamadrid era un pequeño restaurante al que se entraba por la planta baja. Camino del comedor, que se situaba en la planta alta, pasamos junto a una barra y un salón 81oMGUjcF L._SL1500_solitario e inmerso en esa penumbra que alivia de las tardes de verano. Y en ese silencio sonaba ella.

Con el temor de que dejara de sonar y no pudiera saber nunca más qué era aquella maravilla, pregunté a la mujer que nos atendió: «Joni Mitchell, un disco titulado Mingus. Es muy hermoso, ¿verdad?». Desde el comedor, entre el juego de los niños y la conversación, mantuve un oído en las últimas canciones del disco. Me pareció dulce, abstracto, asombroso. Joni era entonces sólo un nombre más entre los muchos músicos que apenas había escuchado, y tampoco podía imaginar quiénes acompañaban a Joni en ese disco. Salvo cuatro de sus temas, Joni habían compuesto todas las canciones, y el disco intentó (y consiguió) ser el conmovedor homenaje a un Charles Mingus que colaboró con sus risas, su conversación y cuatro maxresdefaulttemas propios, y que moriría pocos meses después. Con Joni tocaban nada menos que el buen Jaco Pastorius (el mejor bajista del mundo), Wayne Shorter, Herbie Hancock y Peter Erskine.

A partir de ahí, la discografía de Joni Mitchell se convirtió para mí en una fuente casi inagotable de regalos, en un río de música que ha llegado hasta hoy fresco y caudaloso. Unos días después de la visita a Cahecho, escuchando en casa el disco de Joni, me pregunté cómo había podido ignorar durante cuarenta y tres años a una de los mejores compositores del siglo XX.

Poco después de aquel descubrimiento, Herbie Hancock, junto a un grupo de magníficas cantantes, produjo un disco lleno de versiones de piezas de Joni. Lo tituló River. The Joni Letters. Salvo el tema que masculla ese supuesto músico que fue Leonard Cohen, el trabajo es una verdadera hermosura, adornado por el piano inmenso de Hancock y la colaboración impagable, entre otros, del mismo Shorter, de Dave Holland y de Vinnie Colaiuta. Esta tarde lo escuchaba, pero de pronto sentí la necesidad de oír la voz original, ese sonido mágico, rotundo y a la vez acariciante que es la voz de Joni. Entonces navegué un poco al tuntún por su Travelogue, por su Count and Spark, por el directo poderoso de Shadows and Light, y durante unas horas el mundo ajustó su curso al ritmo de la pura belleza…

f5e2e5c775e7cc92636985fa787db359_XL

miércoles, 18 de marzo de 2015

De Erentxun a Taylor, del comercio a la música

Nunca podremos calcular lo que debemos a aquellos que han puesto banda sonora a nuestra vida. La peor de las melodías, la mayor de las pavadas musicales puede aún emocionarnos sólo porque acompañó a alguno de nuestros momentos más íntimos. Nadie puede dudar que la música no es sólo música, como una nube no es sólo una nube.

Esta especie de milagro, que ningún neurofisiólogo puede aún explicar, posee dos caras: una bien sugestiva, relacionada con la historia, con la dualidad apasionante entre la magia musical del silencio y el callado prodigio del sonido. Pero posee otra cara algo menos amable: el ruido a veces puede ser insoportable, y la música también, siempre que denominemos música a todo lo que posea, al menos, un acorde de do y otro de sol.

Mikel_Erentxun-24_Golpes-FrontalAyer y hoy se han publicado dos artículos sobre el nuevo disco de Mikel Erentxun, eximio componente que fue de ese dúo indescriptible conocido por Duncan Dhu. El de ayer, una entrevista firmada por Itxaso Marín en Público, se iniciaba con estos tres sublimes párrafos:

Decía Paulo Coelho en El Alquimista que "nadie logra huir de su corazón" y que por eso "es mejor escuchar lo que él dice". Una lección que ha aprendido Mikel Erentxun (Venezuela, 1965).

Después de que una angina de pecho le pusiera en alerta sobre la vida hace dos años, ha entregado su corazón en forma de canciones: "Dieciséis historias escritas en primera persona, a garganta y sangre".

Las primeras frases de Corazones fueron escritas en la cama de un hospital con vistas al mar. Pequeños apuntes de lo que sería un álbum artesanal, en el que Erentxun lo ha dado todo: "Más yo es imposible".

La periodista titulaba el artículo con una frase genial del cantante: “A los músicos se nos ve más como payasos que como cultura". Luego, en una de las preguntas, se aclaraba el asunto:

¿Cree que se respeta la música en España?

No. Creo que no se le da la importancia que tiene y al final los músicos estamos más cerca del entretenimiento que de la cultura. Estamos más cerca de ser payasos, que de ser pintores o escultores.

¿Cómo explicar a este buen hombre que la música siempre será entretenimiento, y que él, entre muchos otros, con sus musiquillas superficiales y sus pueriles letras, ha contribuido a que la música se convierta para muchos sólo en entretenimiento, en puro pasatiempo intrascendente? ¿Cómo explicarle que hay payasos que en tres gestos ponen más arte que él en toda su discografía?

mikel-erentxun-5La vanidad de estos cantantillos los lleva de la vulgaridad al ridículo. Comprendo que después de tantos años de alabanzas, de ejércitos de fans rasgándose los vestidos y pidiéndoles un hijo, deben tener el ego algo dañado, pero desde fuera sólo nos queda alucinar con tanta presunción injustificada. Que este hombre se erija en portavoz de los músicos es como si aquel mono que pintaba cuadros surrealistas se hubiera arrogado la representación de todos los pintores de este mundo.

En otro momento de la entrevista, el amigo Erentxun afirma que después de este disco ya se puede morir tranquilo, porque “es un disco completo”. Ahí queda eso. Su disco es artesanal y sobre todo es distinto, entre otras cosas porque está grabado en analógico, de lo que hace bandera y por lo que este buen hombre siente que va a contracorriente. Efectivamente, un verdadero transgresor.

Hay dos preguntas personales que no tienen que ver con la música y que nos dicen mucho sobre el fondo humano de este gran compositor:

Aparte de envejecer, ¿le preocupa algo actualmente?

No. Sólo envejecer.

¿Y políticamente?

Eso sí, tengo muchas inquietudes sociales. Me preocupa la situación de mucha gente e incluso gente que conozco. Y me preocupa la deriva política de este país, la corrupción, lo que pasa es que da tanto asco que al final uno trata de evadirse y de buscar placebos y opios distintos, pero lo bueno es buscar tu propio opio, no el que te imponen.

Hoy, en un reportaje de Silvia Hernando para Infolibre, reconocía el músico que se considera mejor compositor que cantante. La periodista afirma que «Tras verse a sí mismo "en el filo de la vida" por una afección cardíaca, el músico donostiarra saca nuevo disco en solitario: 'Corazones’ (…). Tras un trance así, dice, "te salen James Taylor at UNC Obama concertcosas súperprofundas, hay una carga emocional insuperable". El acento de súperprofundas es de la periodista, aunque la conmovedora palabra parece ser del artista.

Contrasta todo esto con el concierto que disfrutamos ayer. Antes de coger la guitarra y pulsar una sola cuerda, James Taylor quedó envuelto por un larguísimo y vibrante aplauso, en el que unos miles de corazones agradecían al (esta vez sí) artista toda una vida de música. Agradecíamos que nos hubiera regalado ese hermoso fondo sonoro para nuestras cuitas y nuestros gozos. Con cada aplauso reconocíamos nuestra deuda con esa guitarra limpia y clarividente, con esa voz irrepetible, con la personalidad artística del que no sólo juega a poner cuatro acordes uno detrás de otro ni al frívolo y estúpido pasatiempo de la fama mercantil, sino que siente lo que hace y se lo toma en serio, ofreciendo arte, un arte sencillo y elegante, pionero, innovador, preñado de luz y de inteligencia. Está claro que el gusto interviene en música, pero la música, como cualquier otro arte, nunca, nunca será una mera cuestión de gustos.

miércoles, 11 de marzo de 2015

De cómo estropear la ópera

2015-03-188t-DAtomic_1

Tomemos al caso una ópera. Una ópera moderna. Su música vuela consistente por el teatro, a ratos soberbia. La orquesta carbura la mar de bien, con nervio, con personalidad, rotunda. El coro trina muy lindo, a la altura de la orquesta. Y vaya si el montaje es original, y sorprendente, con un juego atractivo de imágenes grabadas e inesperados volúmenes. El elenco da la talla, y con la leve salvedad de algún pequeñísimo problema de expresión gestual en algunos de los solistas, todo da sensación de profesionalidad, de elegancia y saber estar.

operadoctoratomicCon todo, no han pasado veinte minutos cuando doy varias cabezadas, y en algunos pasajes lucho a brazo partido con el sueño, sin importar mucho si en el escenario hay escándalo o sosiego. Hay instantes en los que con la modorra se alía la pesadilla: sueño que la ópera no va a acabar nunca, y me asaltan unos deseos intensos de salir del teatro e irme a casa a dormir. Sí, lo admito, estaba cansado, pero que me ahorquen si cabeceaba por cansancio. Lo que me empujaba en brazos de Morfeo no era la fatiga del día, sino el maldito libreto.

Anoche acudí al ensayo general de Doctor Atomic, una ópera de John Adams estrenada en octubre de 2005, y que se representa por primera vez en España. La Sinfónica de Sevilla y el Coro del Maestranza se portaron mejor que bien, y eso con una obra técnicamente complicada. Las tonadas de John hongoAdams, aun siendo modernas, no rompen radicalmente con los grandes del pasado, sino que los asumen y los ponen a trabajar en el vientre de sus inventos. Ya digo, todo habría sido perfecto si no hubiera estado allí aquel maldito libreto. Yo había oído que la ópera versaba sobre la primera prueba de la bomba atómica en Los Alamos, y sobre el ambientillo creado entre los genios que la pergeñaron, pero juro por lo más sagrado que ayer no me enteré de nada. Sí, por allí pululaban un militar muy cabrón, algunos científicos pesarosos, un cargante meteorólogo, la pobre mujer de uno de los científicos, rodeados de una hueste de personajes terribles que representaban, o eso parecía, los fantasmas del terror y la culpabilidad; salían muchas víctimas, muertos, hasta zombis… Pero que me queme en el infierno si me enteré de algo.

El libreto, firmado por un fiera llamado Peter Sellars, fue una de las obras más ridículas con las que me he cruzado en mi vida. Fue grotesco, casi siempre risible, y ni siquiera llegaba a la condición de extravagante, porque la extravagancia exige un poco de sustancia y dignidad. De hecho, no creo petersellars3que el tal Sellars, siendo quien es, ignore los altísimos niveles de necedad de su obra, por lo que concluí que este tipo debe ser un grandísimo caradura. En el libreto, al parecer, echa mano de documentos oficiales del gobierno de Estados Unidos, cartas de los personajes reales, poemas de autores reconocidos y hasta del Bhagavad Gita. El pastiche acaba siendo infumable. Además, si algún pero hay que ponerle musicalmente a la ópera son los nada infrecuentes pasajes en los que el libreto adquiere todo el protagonismo, recitativos estúpidos en los que la música se ciñe a los adoquines literarios, pastando sin brillo en la majadería de un fraseo presuntuoso y memo. Ni siquiera cuando el libreto acoge poemas o pasajes del Bhagavad Gita la cosa adquiere el más mínimo sentido.

Aunque escriba con alegría en este cuaderno, no dejo de ser un grandísimo ignorante, y por eso he abierto la Wikipedia para ver quién es este buen hombre. Y me encuentro con un currículum que tira de espaldas. Reconocido y premiadísimo director de teatro y cine, Sellars ha versionado a grandes compositores, a los que ha mezclado para confeccionar emplastos que, sin convencer a la peña, le granjearon un nombre entre los artistas modernos. No sólo ha colaborado con John Adams, también lo ha hecho, entre otros, con el mismo Ligeti. Pero claro, no todo el mundo ve todo el tiempo al emperador vestido con sus mejores galas. Dicen en la entrada wikipédica que el bueno de Sellars no ha sido ajeno a la controversia, y que desde muchas instancias se le ha criticado por haberse olvidado de la intención de los autores con los que trabaja. El propio Ligeti acabó bastante cabreado con el doctor-atomictrabajito que le hizo Sellars en la producción de Le grand macabre, y en representación de los aficionados a la ópera clásica, la añorada Elisabeth Schwarzkopf, una magnífica soprano alemana que nos dejó hace unos años, dijo de él en una entrevista a Newsweek en 1990:

“Hay nombres que no quiero que se mencionen en mi casa. No pronuncies ese nombre en mi presencia. He visto lo que él hace, y es criminal. Como solía decir mi marido, hasta ahora nadie se ha atrevido a ir al Museo del Louvre a pintar un graffiti sobre la Mona Lisa, pero algunos directores de ópera están haciendo un graffiti sobre obras maestras”.

Bueno, todos sabemos que hoy hay grafiteros geniales, pero después de soportar lo de ayer, yo sé muy bien a qué se refiere la Schwarzkopf.

Aquí podemos consultar el libreto completo, reproduzco un par de escenas, para que se hagan una idea de la calamidad. No se pierdan la segunda, en la que el cargante meteorólogo está a punto de asumir la responsabilidad del clima norteamericano. Aunque lo peor no fueron estas escenas flagrantemente idiotas, sino cómo encadenó el artista textos en sí mismo valiosos para componer una historia incomprensible, gansa y botarate.

CORO
Envolvemos el núcleo del plutonio
desde 32 puntos equidistantes
de su superficie.
Los 32 puntos
son el centro
de las 20 caras triangulares
de un icosaedro,
entretejidos
con las 12 caras pentagonales
de un dodecaedro.
Apretamos la esfera
acercando los átomos,
hasta que la masa subcrítica
se convierte en crítica.
Así perturbaremos la estabilidad del núcleo.

OPPIE (Oppenhaimer, científico)
Hay que tener cuidado
con los detonadores defectuosos.
Un detonador que falle
o que detone una millonésima de segundo
antes o después y…

TELLER (científico)
Arruinaría la simetría
de las entrañas del artefacto nuclear...

OPPIE
No hay nada que argüir
sobre el núcleo de plutonio...

TELLER
… y todo fallaría.

OPPIE
Será una bola sólida.
Eso te lo debemos a ti, Edward.
Comenzaremos la reacción
con un iniciador modulado.

TELLER
Permítame disculparme por mi grosería,
pero detesto las reuniones.

(…)

GROVES (militar)
¿Qué diablos ocurre con el tiempo?

OPPIE
El tiempo es caprichoso.

HUBBARD (meteorólogo)
Los truenos comenzaron
sobre las 4 de la mañana.

GROVES
Relámpagos...
¿Y si dan en la torre
y detonan la bomba?

OPPIE
Probablemente la lluvia arruinará
las conexiones eléctricas.

HUBBARD
General, los meteorólogos
se han opuesto a esta prueba durante meses.
Se programó para un momento
lleno de condiciones desfavorables:
truenos, lluvia,
vientos fuertes, capas de inversión…
Usted nos ha ignorado, señor.

GROVES
¿Es esto una insubordinación?

HUBBARD
Y ahora estamos aquí
con las peores condiciones posibles.
Hay una tormenta eléctrica
amenazando no sólo la prueba,
sino también la vida de los que la preparan.

GROVES
Superfortalezas volantes estadounidenses
están lanzando bombas incendiarias
sobre cuatro ciudades japonesas.
Nuestros B-29 están destrozando
la mitad de cada ciudad japonesa que atacan.
El Presidente de los Estados Unidos
va a hablar con Stalin por la mañana, en Potsdam.
¡La prueba seguirá como está programada,
con las condiciones climáticas que haya,
o pasará el resto de su vida  entre rejas,
don meteorólogo!

HUBBARD
Se acercan nubes de tormenta...
Por la "Chupadera Mesa" y las
"Oscuras".

GROVES
Le pido una predicción concreta:
¿cuándo pasará la tormenta?

OPPIE
(recita frases del Bhagavad Gita)
Yo soy el calor del sol
y también el del fuego,
la vida eterna y la muerte.
Dejo caer la lluvia o la retengo.
Arjuna, soy el universo revelado
y la maldad que esconde.

HUBBARD
La volatilidad de la estación
hace imposible tal predicción.

GROVES
¿Se niega a pronosticar
buen tiempo para la prueba?

HUBBARD
Recomiendo que pospongamos la decisión
hasta el próximo parte meteorológico,
sobre las 02:00.

GROVES
Hubbard, quiero una hora concreta.

HUBBARD
Está bien,
le propongo posponer la prueba
hasta las 05.30,
cuando la tormenta eléctrica
sea disipada por los primeros rayos de sol.

GROVES
Exijo un pronóstico firmado.
Y le advierto
que si se equivoca, lo colgaré.

HUBBARD
Firmaré el informe, señor.

OPPIE
Si la posponemos, nunca conseguiré
que mi gente lo vuelva a hacer.
He oído que Fermi
entró corriendo en el comedor
pidiendo una aplazamiento.
Un cambio drástico del viento
podría inundar el campamento
de lluvia radiactiva tras la explosión.
Las rutas de evacuación no son las adecuadas
y podría ocurrir una catástrofe.

GROVES
Si tengo que comprometer la discreción
enviando una fuerza de evacuación
a los pueblos cercanos,
nuestro secreto se vendrá abajo.
La noticia de la prueba
terminará en la portada
de los periódicos de mañana.
Hasta ahora, la prensa ha ejercido
una censura voluntaria.

NOLAN (médico)
Con todo el respeto, señor,
cualquier persona que tenga dos ojos
podría haber encontrado Los Álamos
siguiendo al camión de latas de cerveza
que viene desde Santa Fe.
Pero desde que llegó el primer gramo de plutonio,
la división médica ha estado estudiando
las propiedades tóxicas
de ese metal mortífero.
Su metabolismo es similar al del radio.
Una cantidad mínima en el cuerpo humano
destruye los tejidos vitales,
desintegra los riñones
y provoca un cáncer óseo mortal.
Señor, aún no se ha encontrado cura
a la agonía provocada
por una sobreexposición
a la radiación.

OPPIE
Sensaciones de calor y frío,
de placer y de dolor,
nos produce el contacto
con el mundo de los sentidos.
Todas ellas llegan y se van;
son transitorias, debes aceptarlas.

GROVES
¿Qué?

OPPIE
Yo decía...
¡Cuidado con las serpientes de cascabel!

GROVES
Me preocupan muchas cosas,
pero la lluvia radiactiva
no está entre mis prioridades.
¿Me está diciendo que tenemos
que estar preparados para evacuar
Trinity?
¿Que traiga tropas y camiones
para evacuar a todos,
si algo saliera mal?

NOLAN
Podría ocurrir, señor.

GROVES
¿Es usted un propagandista de Hearst?

OPPIE
Un espíritu sereno acepta el placer y el dolor
con una mente estable
manteniéndose imperturbable.
Sólo Él, es merecedor de la inmortalidad.

NOLAN
Tengo que desdoblarme.
Como psicólogo del campamento
mantengo un contacto frecuente
con un equipo de psiquiatras de Oak Ridge.
Algunos de los científicos jóvenes
están hablando insistentemente
del fracaso y de un posible desastre.
Sus miedos amenazan
con infectar al resto del campamento.
Hace dos horas,
un joven científico se puso histérico
y tuvieron que proceder a su sedación.

GROVES
Hay un nerviosismo en el campamento
que no me gusta.
En estos momentos es esencial
deliberar con calma.
Oppenheimer recibe consejos,
a diestro y siniestro,
sobre lo que debe hacer.
Lo que hay que hacer
en esta situación tan tensa,
es transmitir la mayor tranquilidad posible.
El mayor problema es la meteorología.
Tenemos a los mejores meteorólogos
que el ejército pueda tener.
Sus predicciones siempre
han sido exactas.
La única vez que se han equivocado
ha sido ahora…
en el día más importante.
¡Échenlos de aquí!...
De ahora en adelante,
yo haré mis propias predicciones
sobre el clima.

sábado, 14 de febrero de 2015

Ir a ninguna parte

Sergei ProkofievEscuché la orquesta casi desde dentro, a un metro del director. Tenía la fila 5 del patio de butacas, pero las cuatro primeras estaban cegadas con una ampliación del escenario. Me encantó Prokofiev y su Sinfonía Clásica. Incluso Haydn, tan clasicón y previsible, tuvo momentos hermosos en la Sinfonía La sorpresa, y aún más en el concierto para trompeta. Porque el sonido de la trompeta, siempre tan conmovedor, me entra directo a sangre. Por último, Rossini y su Obertura de La gazza ladra sonaron un poco fanfarriosos y descoyuntados. Hubo pasajes de verdadera Italia, de verdadera ópera, pero se notaba que la obertura había sido fruto de la precipitación.

Joseph HaydnEn el programa de mano contaban que Rossini, veinticuatro horas antes del estreno de la ópera, aún no había escrito una sola nota de la obertura. El empresario encerró a Rossini en una habitación para que acabara su obra. Éste, conforme iba escribiendo la música, pasaba las partituras por una ventana para que se fueran preparando las copias de los intérpretes. Y así salió la Giacomo Rossini, 1865 by Carjatobertura, un refrito salvado por el ruido maravilloso que es casi siempre el de una orquesta, y por melodías preciosas que en la obertura, sin embargo, aparecían mezcladas en montón.

Al salir caminé por Paseo Colón, Almirante Lobo, Puerta Jerez y San Fernando en dirección al Prado. Tenía que tomar dos autobuses. Cuando bajé del primero en María Auxiliadora caminé los cincuenta metros que había hasta mi parada. Eran casi las once de la noche, cortaba el frío y la calle estaba prácticamente desierta. Al pasar por la marquesina anterior a la mía, una figura solitaria se levantó y comenzó a caminar en mi misma dirección, unos metros delante de mí. Era un hombre con la capucha de la sudadera subida y una mochila al hombro. Sin duda un vagabundo. Caminaba despacio, demasiado despacio. Solos como estábamos, sabía que si lo adelantaba me abordaría. Enlentecí el paso pero al llegar a mi parada el mendigo se percató de mi presencia. Noté que se detenía. “Ya lo tengo aquí”, pensé.

El hombre me siguió bajo la marquesina y llamó mi atención.

—Perdone, ¿es usted de la ciudad?

Asentí. Bajo la capucha había un rostro delgado, de rasgos angulosos, con una mirada abatida.

—¿Sabe de algún albergue por aquí donde pueda dormir? —me preguntó pausado.

—No, lo siento, no conozco ningún albergue.

—Es que me han comentado algo de… No sé, creo que era el Pumarejo…

Me alegré de tener algo que decirle. Le indiqué que podía acortar por el laberinto de callejas del centro para llegar a la Plaza del Pumarejo, pero que podía perderse, que tal vez fuera mejor tomar por la avenida, más largo pero…

—Pero ¿sabe cómo está el albergue? Es que por aquí hay uno, dormí allí hace dos o tres días, pero no me gustó mucho… Usted sabe, un guardia de seguridad en la puerta… —su boca pareció iluminarse con una casi imperceptible sonrisa de complicidad, pero los ojos continuaron tristes.

—No, lo siento, pero no sé nada de los albergues… —me detuve justo antes de decirle que, obviamente, yo no había necesitado nunca un albergue.

—Entonces ¿no sabe cómo está?

—Bueno, aquella zona tiene mucho movimiento. Hay mucha gente joven y alternativa, muchos colectivos trabajando e imagino que algunos de ellos se preocupan por… —dudé en el nombre que iba a ponerle a aquel hombre— por los transeúntes… por los peregrinos…

El hombre continuó mirándome unos segundos, en silencio, y luego balbuceó:

—Bueno, sólo era eso. Gracias.

Volví a mi libro. Mansamente, el mendigo abandonó el abrigo de la marquesina y siguió camino por la avenida. Sus piernas estaban algo arqueadas. Seguramente era más joven de lo que parecía. Marchaba al paso necesario para ir a ningún sitio.

Un par de minutos después apareció el autobús. Subí y estuve buscando la figura del vagabundo por los cristales, pero no la encontré. El autobús dobló por Carretera Carmona y por fortuna el conductor tenía prisa, así que llegué pronto, antes de lo que pensaba. La trompeta había dejado de sonar en mi cabeza, pero creo que debo escuchar las obras menos conocidas de Prokofiev. Su sinfonía tuvo resonancias de Stravinski, de Mahler. Me llegó verdaderamente hermosa, con fuerza, tan vital…

Escenario

miércoles, 11 de febrero de 2015

Esas pequeñas islas inexploradas

la noche sexualDecía que mientras leo el sugerente libro La noche sexual también pienso en la poesía. Advertencia: ahora pienso y hablo sin intención científica, con palabras blandas, aproximativas, ojalá sugerentes.

Pienso en la poesía porque sugerir es un arte. En el camino que va de la ciencia al arte perdemos objetividad y ganamos sugerencia, pero la mejor ciencia es la que también sugiere, y el mejor arte el que también refiere. Algunos supuestos artistas creen que cuanto menos se dice más se sugiere, pero cuanto menos se dice más genialidad se necesita para sugerir. Un cuadro azul, un poema de un solo verso —“¡Un ópalo por corazón!”, por ejemplo—, una canción con sólo dos notas alternantes y un chasquido ocasional, parecen sugerirlo todo pero no sugieren casi nada. Cuando el artista deja toda la sugerencia en manos del espectador, la obra es sólo un suceso más del azar, para nada una obra de arte.

CalleManual, ensayo, relato, poema y canción… De la objetividad a la sugerencia.

La letra en la música sólo es un adorno, una excusa para la voz, que es otro instrumento. Cuando la letra adquiere más importancia que la propia música, cuando la música es degradada a la categoría de acompañamiento, la canción deja de ser canción y se convierte en poesía. Siempre, claro está, que la letra sea un poema. Los cantautores, por lo común, me horrorizan. Algunos, como Sabina, me parecen ridículos: letras ocurrentes, música de charanga, nada que ver con el arte, en todo caso un asunto de marketing taimado. Otros más sinceros, como Amancio Prada, me aburren, porque lo que dice sería mejor leerlo. El minimalismo de su acompañamiento musical no me sugiere nada.

La mayor parte de las letras que usa Bach son pasajes bíblicos, historietas cansinas, pero por fortuna no sé alemán, y así las voces pueden ser sólo voces. Hay excepciones, claro… Casa

Gran angustia tuve en mi corazón,
pero tus consuelos confortan mi alma.

Suspiros, lágrimas, penas, calamidades,
angustioso anhelo, pavor y muerte
roen mi oprimido corazón.
Siento congoja y dolor.
(Coro y Aria de la Cantata 21)

Y de hecho, cuando el adorno de la letra es hermoso, el arte y la sugerencia de la música aumentan. En realidad es cuestión de equilibrio. El mejor manual, con toda su carga de realidad, de precisión, nos llega salpicado de sugerencias; pero sugiere de paso. El ensayo compensa su pequeña dosis de imprecisión con una mayor dosis de elegante sugerencia. El relato quiere ser tan creíble como sugerente; al relator no le preocupa la Verdad, sino sólo la coherencia interna, la belleza y los puntos suspensivos. La poesía, por su vecindad con la música, busca la sonoridad de las palabras, pero si se olvida de la sugerencia acaba convirtiéndose en música menguada, en chapuza improvisada. Del mismo modo que si sólo cuenta y se olvida de la sonoridad, el poema se convierte en ensayo. No me gustan estos poemas cuadrados, como tampoco los poemas que, en medio de su canción obligatoriamente disminuida (en términos exclusivos de sonoridad, nunca podrán competir con la música), no dicen nada para Estaciónsugerirlo todo. Como en cualquier arte, el experimento logrado es una mezcla de tradición, de alma que rebosa y de remoción de los muros, de alejamiento de los límites sin abolirlos nunca del todo. Para eso hace falta genio, no basta la originalidad.

El buen poema debe referir, como el buen ensayo debe sugerir. No me interesa nada el experimento meramente original, el intento diletante en el que el lector lo pone todo para compensar la falta de genio. Contar algo, cantarlo poéticamente, llenando el lenguaje de asombro, dejando cabos sueltos, mundos que unan el alma del poeta con el alma del lector, eso es para mí la poesía.

Digo todo esto porque me molesta tanta mentira, tanta palabrería insulsa. Y lo digo por ver si consigo entender, por si todo esto me ayuda a seguir acercándome a esas pequeñas islas inexploradas que son los poemas.

jueves, 5 de febrero de 2015

Regreso al siempre

Return to foreverViajaba con ellos encajado en el esquelético Seat Panda de él, que atravesaba veloz y temerario las escurridas carreteras, flanqueado por encinas, alcornoques y prados de ensueño. En aquel asiento trasero todo era primavera, velocidad, música e insolencia juvenil.

Ella y él eran una pareja chocante: ella toda aldea y barro virginal, él consentido, urbano y egoísta. El disco sonaba una y otra vez, como si no fuese más que el rumor desprendido por el roce de mis sentimientos con aquel paisaje conmovedor. Ella, allí delante, sonreía como si el amor brotara de sus ojitos pequeños.

P1100228Al llegar todo ocurría junto a la estación, en un pequeño prado, al abrigo de un gran alcornoque y cruzado por un inocente riachuelo. Con la puerta del coche abierta, el disco embellecía el silencio. La candela crepitaba y el vino barato deshacía nudos y espoleaba los deseos más insensatos. Y ella jugaba, ya lo creo que jugaba.

El amor sin manos me duró años, y la emocionante mentira aún flotaba en el aire cuando ella y él habían desaparecido de todos mis escenarios. Un día, muy lejos de aquella estación, la vi y comprobé que hasta el último gramo de barro se le había escurrido por los husillos de la ciudad, y entonces sólo quedaba la música, aquel disco y aquellas palabras…

Sometime ago I had a dream
It was happy it was lasting it was free

And now in life O can't you see
How we can make that dream into reality

O the music it was playing
O the firelight it was dancing
All the children they were singing
All the people they were living

Sometime ago I had a dream
It was happy it was lasting it was free

And now in life O can't you see
How we can make that dream into reality

O the morning sun it was soft and cool
O the evening breeze it was warm and gold
All together life had started to unfold

Sometime ago

Hace mucho tuve un sueño,
era feliz, perdurable, libre.

Y ahora en la vida, oh, ¿no veis
cómo podemos hacer realidad ese sueño?

Oh, la música sonaba,
oh, el fuego danzaba,
todos los niños cantaban,
toda la gente vivía.

Hace mucho tuve un sueño,
era feliz, perdurable, libre.

Y ahora en la vida, oh, ¿no veis
cómo podemos hacer realidad ese sueño?

Oh, el sol de la mañana era suave y frío.
Oh, la brisa del atardecer era cálida y dorada.
Todos juntos y la vida había empezado a desplegarse.

Hace mucho.

lunes, 20 de febrero de 2012

Wenn dein Mütterlein

De los Kindertotenlieder, música de Gustav Mahler (1860 - 1911) y poema de Friedrich Rückert (1788 - 1866)
Thomas Hampson, barítono, Wiener Philharmoniker dirigida por Leonard Bernstein, 1988.
Pinturas de Vilhelm Hammershøi (1864-1916) y Van Gogh

Wenn dein Mütterlein

Wenn dein Mütterlein
Tritt zu Tür herein
Und den Kopf ich drehe,
Ihr entgegensehe,
Fällt auf ihr Gesicht
Erst der Blick mir nicht,
Sondern auf die Stelle
Näher nach der Schwelle,
Dort wo würde dein
Lieb Gesichten sein,
Wenn du freudenhelle
Trätest mit herein
Wie sonst, mein Töchterlein.
 
Wenn dein Mütterlein
Tritt zu Tür herein
Mit der Kerze Schimmer,
Ist es mir, als immer
Kämst du mit herein,
Huschtest hinterdrein
Als wie sonst ins Zimmer.
 
O du, des Vaters Zelle
Ach zu schnelle
Erloschner Freudenschein!
Cuando tu madre

Cuando tu madre
viene hacia la puerta,
y giro la cabeza,
para observarla,
mi mirada no cae
primero hacia su rostro,
sino sobre el lugar,
cerca del umbral,
donde tu pequeña carita
solía estar,
cuando tú, radiante de alegría,
entrabas, también,
tan normal, mi hijita.

Cuando tu madre
viene hacia la puerta
a la luz de la vela,
me parece como si
estuvieras entrando,
fugazmente tras ella,
como solías hacer, a la habitación.

Oh tú, trocito de tu padre,
¡ay, tan pronto,
mi alegría, tan pronto extinguida!

lunes, 16 de enero de 2012

Alma que no se extingue…

La música nos llama, nos sumerge en su poder, nos arrastra como un torbellino en su nave de cien velas, y desbarata el frágil rumbo de nuestros pensamientos. Es una tabla de salvación, un salvoconducto para pasar al otro lado, es el vértigo vital de una muerte sin nunca ni jamás, la irrefutable excusa sin palabras, el electrocardiograma conmovedor de nuestra alma entregada al silencio de los silencios…

***************

Hard to Cry Today

***************

A New Day Yesterday

***************

Heart of the Sunrise / Starship Troopers

domingo, 9 de octubre de 2011

Los peligros de la radio en la ducha

Radio 5 javier hernández Nadie imagina los peligros que tiene enchufar la radio por las mañanas, sobre todo en las mañanas de domingo. Se mete uno en la ducha y claro, a ver cómo la apagas en caso de urgencia. Esta mañana tenía sintonizada Radio Clásica, pero para variar emitían en un volumen bajísimo, y con la ducha no iba a escuchar nada, claro. Busqué Rock & Gol pero no tuve narices de encontrarla en un dial atestado de emisoras religiosas y agrícolas, así que deambulé de aquí para allá hasta que me di con las noticias de Radio 5. Que si Rajoy, que si Rubalcaba, que si no sé cuántos muertos en no sé qué atentado, que sí no sé cuántos refugiados sin esperanzas, que si Alonso y que si Nadal… lo normal, vaya. Pero andaba yo contento en el recuento de las habituales gracias y desgracias de este mundo cuando se acabaron las noticias y llegó un tal Javier Hernández, que no contento con disponer de Radio 3, toda una cadena para sus lindezas musicales, venía a contarnos los conciertos de Radio 3 en Radio 5. Y de sopetón, sin aviso previo de que lo que seguía podría dañar la sensibilidad del oyente, comenzó a sonar una música blandengue y bobalicona. Aquí pueden ustedes escuchar los seis minutos y pico del espacio, pero no se lo recomiendo, y declino cualquier tipo de responsabilidad por los problemas que su audición pueda provocarles. Yo mismo les cuento…

Para resumirles, el amigo Javier Hernández nos dice que un grupo llamado Nubla, cuya alma mater es la barcelonesa Luciana Calevaro, llega para “mostrarnos un universo personal cargado de fetiches y pequeños detalles”.También nos dice que su sonido es “producto de una exhaustiva elaboración, generando un pop preciosista, donde los matices se convierten en protagonistas y seña de identidad”. No contento con esto, continúa tachando la música de Nubla como “un pop blando con aspiraciones universalistas, puesto de moda en los últimos tiempos por las musas del Indi”. Y para rematar el asunto, nos cuenta que “su directo es una especie de performance sencilla que invita a consumir entera la actuación, para disfrutarla de forma sosegada, casi como si de un chill-out se tratara”.

Mientras me ducho y suspiro por que lleguen de nuevo las noticias salvadoras, una pregunta me ronda la cabeza, algo mareada ya por el chill-out de las narices, por el “pop preciosista” y el “universo personal” de la tal Luciana y su compañía: ¿alguien me puede decir, salvando los adelantos técnicos en el sonido y la imagen, qué diferencia hay entre esto…

…y esto?

viernes, 23 de septiembre de 2011

Humorismo musical

Imagino que en algún sitio del Manual de Estilo de El País, que gracias al cielo no se me ha ocurrido leer, aparecerá una recomendación parecida a ésta: “Aunque la noticia sea una sandez, hay siempre que adobarla con poesía periodística”. Tal vez por eso casi todos los medios se han hecho eco de la separación del grupo R.E.M. comentando sencillamente las declaraciones pomposas e insulsas de los propios protagonistas, mientras que El País aborda emocionado el asunto y ensalza con pasión a la banda.

Popgrama También imagino a El País con un plantel de críticos musicales suficiente para que, se hable de quien se hable, de Hiromi Uehara o del Fari, de Cream o de R.E.M., alguien glose las bondades del agasajado. Ante todo, buen rollito. Incluso cuenta en sus filas con un tal Diego A. Manrique que, en la vejez, y ya muy lejos de aquel buen gusto que demostró en el prehistórico Popgrama, igual se pirra por dios que por el diablo, que lo suyo es disfrutar epidérmicamente, con naturalidad e inmediatez, sin comerse demasiado el tarro, pero eso sí, con mucha poesía.

En este caso, Íñigo López Palacios nos planta un artículo sobre R.E.M. que podría ser calificado de humorismo musical. Reconoceré para empezar que a mí R.E.M. me parece un grupo detestable, simple (que no sencillo) y más ñoño que perrito piloto, y que nunca, ni en sus supuestos mejores discos, han hecho nada que pueda haber trascendido, ni de lejos, los hitos alcanzados por Los Diablos o Fórmula V. Pero el artículo de López Palacios no sólo mueve a risa, sino que, si no teníamos bastante con la prueba de su propia música, resulta revelador sobre los méritos artísticos de estos exitosos cantamañanas.

rem El artículo comienza resaltando, como casi todos los demás, la sentencia asombrosa del líder de la banda, Michael Stipe, que afirma lo siguiente:

"Un hombre sabio dijo: la gran habilidad para ir a una fiesta es saber cuándo es el momento de irse".

Bonita frase que, en su profundidad insondable y su insuperable belleza, podría ser atribuida a cualquier filósofo anoréxico, de flequillo insospechado, arreglao pero informal.

Don Iñigo afirma que ”han llegado mucho más lejos como banda de lo que nunca imaginaron y ahora se sienten sin ganas de continuar porque ya no saben que [sic] hacer”. Aparte de dudar de la sección Acentos del Manual de Estilo, uno empieza a sospechar que ni ellos se creyeron el éxito que tuvieron. El periodista nos lo aclara: “La verdad es que hacía ya bastantes años que R.E.M. habían perdido la trascendencia cultural que una vez tuvieron. Que fue enorme. Son la banda básica para entender el acceso del rock alternativo a los estadios”. Lo de R.E.M. no era música como tal, sino trascendencia cultural, y fueron, ahí es nada, referentes para el rock alternativo. No puedo dejar de preguntarme: alternativo ¿a qué? Incluso veo la mayor: ¿rock? ¿R.E.M. es una banda de rock? El periodista de El País nos lo aclara enseguida: “Frente a la frivolidad, los sintetizadores y el pop de colorines ellos apostaban por las guitarras cristalinas del folk pop de los sesenta, las letras crípticas de Stipe y el compromiso político”. R.E.M. fueron, según El País, “pioneros del rock de buenas intenciones”. Je, je, qué tremendo lo de R.E.M. Ahora ya sabemos a qué tipo de rock querían dar una alternativa: al rock frívolo de sintetizadores y al pop de colorines, y ello con guitarras cristalinas de folk pop de los sesenta... ¿Qué hay que fumar para entender este barullo?

MariaJesus-02 Este buen hombre llega a calificar a R.E.M. como “la banda de rock más importante del planeta con Out of time, su séptimo álbum”. He tenido la precaución de irme al disquito y escuchar algunos temas, y qué quieren que les diga: con ese disco, con haber sido la banda más importante de su barrio ya deberían haberse dado con un canto en los dientes... siempre que vivieran en un barrio de sordos, claro. Pero nadie puede negar que fueron un fenómeno social, que fueron superventas, como tantos otros grandes músicos: David Bisbal, Julio Iglesias, María Jesús y su acordeón, Los del Río, Richard Clayderman...

López Palacio nos advierte que “se les considera los creadores de un modelo, el de la gestión inteligente del éxito. (…) Cobain [líder extinto de Nirvana al que, según su bajista, hoy le encantaría Lady Gaga] estaba obsesionado con ellos, envidiaba la aparente facilidad con la que Stipe manejaba la fama”. Ahí hay que callarse, oiga, cuando alguien lleva razón... Por fin hemos dado con un mérito incontestable: el negocio musical. Vender tan bien la mierda de música que hicieron requiere habilidad, genio comercial, pose, incluso un poquito de labia filosófica que mezcle las fiestorras de famosos con las retiradas a tiempo...

whitney_houston_2_3 Pero es sobre el final del artículo donde el periodista retrata definitivamente al grupo, y de paso explicita sus conocimientos y gustos musicales: “Cuando el resto de las bandas de éxito, ya fueran Van Halen o Whitney Houston, aprovechaban sus primeros beneficios para comprarse un descapotable, ellos lo usaron para contratar un abogado que defendiera sus derechos”. Acabáramos: ante la irrupción de genialidades rockeras como Whitney Houston en el mercado norteamericano de los descapotables, estos tres fláccidos artistas se fueron corriendo a un buen bufete y lloriqueando pidieron: queremos tener todo los derechos sobre nuestro negocio. Y con la ayuda legal de buenos leguleyos, se creó otro más (qué cansancio) de los muchos artefactos pseudomusicales de nuestros tiempos. ¡Viva la música! ¡Todos a bailar!

sábado, 10 de septiembre de 2011

Dulce Carly Simon

People Carly Simon

Carly Simon tiene ahora 66 años. Muchos la conoceréis por esta antigua canción, que compuso en 1972…

Pero Carly Simon ha realizado decenas de discos desde entonces, entre ellos el que escucho estos días: This Kind of Love, de 2008, donde la abuelita Carly demuestra tener una fuerza y una sensibilidad asombrosas, además de un sentido musical que combina una ingenuidad enternecedora con la energía y la nitidez de una verdadera compositora. Me quedo con dos pastelitos que son dos muestras de lo que debería llamarse Pop, palabrita esta que, para desgracia de la música, vale hoy día para clasificar cualquier melodía predecible que no valga un pimiento.

jueves, 14 de julio de 2011

Besar la realidad

Sólo tenía veintiocho años cuando tuvo que abandonar el arco, pero dos años antes la enfermedad se fue adueñando de sus dedos. El cello fue su pasión desde muy pequeña, y en esos escasos veinticuatro años sacó de él sonidos que en sí mismo justificaban una vida. La vida… ¿Se la puede defender cuando permite que unas manos como ésas se retuerzan de dolor, hasta romper el corazón que las guía? Porque su corazón se rompió, y su cabeza se perdió en el laberinto de la desesperación. Comprobó que la vida desgrana sus días sin promesas ni condiciones, que decide sus derroteros en el capricho del azar, que el futuro es materia impredecible, vaporosa y movediza. Por eso, nada como mirar al presente a los ojos, ningún acto como el de sumergirse en este abrazo silencioso, nada como besar la realidad que surge a borbotones bajo el pelo, entre los labios, en el vientre y en los pies; y en las manos que modelan el milagro y la verdad. Y luego ya puede venir la vida con sus enigmas y sus agravios…

jueves, 9 de junio de 2011

With the dawn…

Monheit Pizzarelli

Jane Monheit y John Pizzarelli son dos intérpretes dulces, cada uno por una dulzura diferente. La voz de Jane es sensual y nocturna, la de John elegante y perfecta, y alrededor de ambas vuelan las notas de seda de una guitarra magistral. En este vídeo interpretan un viejo tema, They Can’t Take That Away From Me

 

Pero hay una canción que estos dos amigos susurran, Tonight You Belong To Me, que me lleva definitivamente a la noche, a ese reino infinito y eterno que es el instante del amor…

I know
You belong to somebody new
But Tonight you belong to me
Although we're apart
You're part of my heart
And tonight you belong to me

Way down by the stream
How sweet it will seem
Once more just to dream
In the moonlight
My honey I know
With the dawn that you will be gone
But tonight you belong to me

Way down by the stream
How sweet it will seem
Once more just to dream
In the moonlight
My honey, I know
With the dawn that you will be gone
But tonight you belong to me
Just to little old me

domingo, 3 de abril de 2011

Jazmines, Collins, el arte y la insinuación (3ª y última parte… uf)

[continuación de la 2ª parte]

El arte es morirte de frío

auguste_louis_lumiereVisto lo visto, en el disfrute de una obra de arte intervienen tres parámetros fundamentales (les ahorro la gráfica tridimensional):

a) La técnica usada,

b) lo que la obra insinúa y

c) lo que el espectador cree que la obra insinúa.

La técnica, ciertamente, no es un elemento del todo mecánico, porque admite mejoras. Uno puede aprender la técnica de un arte y luego usarla de modos completamente originales. O incluso puede inventar técnicas no conocidas hasta ese momento. Estos dos últimos casos pueden  aumentar el valor de una obra, pero son méritos que siempre irán ligados estrechamente a la historia de ese arte. Hoy, a no ser por motivos históricos, nadie se asombra ante una película de los hermanos Lumière, y sólo el conocimiento de la historia del cine puede hacernos valorar la crucial e inestimable aportación de estos amigos. En mi opinión, es básicamente un mérito técnico, no artístico, y por eso caduca, mientras que los méritos artísticos de una obra jamás prescriben. Tal vez algunas de las obras de estos hermanos conserven, junto a la cualidad de ser los primeros frutos de una nueva técnica, una calidad artística añadida…

Por otro lado, la insinuación propia de la obra reside tanto en la expresión como en la impresión que produce. La obra puede expresar, mediante el lenguaje que sea, una serie de ideas, que no sólo son valiosas por sí mismas, sino por el modo en que estén trenzadas, o incluso por la oportunidad temporal de las mismas. Pero la obra también puede provocar impresiones en el espectador, impresiones calculadas por el artista.

No hace falta decir que existe una holgura inevitable en la determinación del mensaje contenido en una obra, y no es posible (ni tampoco deseable) aislar con exactitud este mensaje, aunque suele haber muchas pistas que nos pueden servir para saber si un artista pretendía decir algo, pistas que suelen estar en la propia obra.

En este sentido, es curioso comprobar cómo ha habido determinados movimientos que han tratado de ir despojando al arte de su mensaje. Se dice que el arte debe ser plástica y directamente aprovechable, que son nuestros sentidos más primarios los que deben captarlo, y que para ello no hace ninguna falta que la obra exprese ningún mensaje ni siquiera que intente causar impresiones concretas en el observador. Pretende impresionarlo, pero a lo bestia, cayendo sobre él con su novedad, con su técnica salvaje, o con su sencillez insultante, pero siempre sin salir de las formas puras. Hasta cierto punto, y más en unos artistas que en otros, este movimiento expresó un deseo legítimo de sobrepasar una barrera, de inventar nuevos métodos artísticos para despertar de cierto cansancio expresivo. Sin embargo, creo que todos estos movimientos acabaron perdiéndose en las formas, hasta el punto que prácticamente cualquier forma sirve hoy para el arte, permitiendo que en su determinación como obras artísticas o no artísticas intervengan decisivamente juicios comerciales o el de un enorme (nada elitista) grupo de esnobs charlatanes que juegan a las tendencias y las modas, mezclando churras con merinas y muy ajenos a términos como grandeza y profundidad (ARCO y demás saraos).

Tàpies - Inspiració-expiració

Tàpies – Inspiració-expiració

Fijémonos en la pintura: con el impresionismo los pintores trataron de sacudirse el supuesto corsé del realismo (aunque el realismo siguió evolucionando sin parar, intacto por la aparición de nuevas orientaciones), y luego le siguieron otros movimientos que, cada vez con más pesadumbre y simpleza, y de un modo económicamente interesado, proponían no sólo el alejamiento, sino la ruptura con cualquier contenido mental consciente en estas obras. Si miramos un cuadro de Pollock observaremos la obra de uno de los últimos artistas sinceros en Pollock - Number 8este camino hacia la locura. Esa misma fuerza, la incomodidad con su propia vida, el dolor y la violencia contra el cuadro, las caricias derramadas en esos lienzos demuestran que ese camino  era sólo para los locos, pero, a la muerte de estos últimos pintores, una panda numerosa de no locos se hizo cargo del negocio, y comenzó a pintar cuadritos regulares, usando colores primarios para demostrar el regreso a los orígenes; como aquel inolvidable cuadro que vi una vez en una exposición en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla: vertical y pintado completamente de blanco, incluidas unas gafas pegadas en el borde superior del lienzo. O, de más alcurnia, una serie de ocho o diez cuadros que colgaban en la basílica del Monasterio de la Cartuja, sede del Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla, y que un tipo había pintado de blanco con una mancha desvaída de humedad en el centro. Tanto mi mujer como yo pensamos que estaban colgados sólos los marcos, y que aquellos cuadros estaban restaurándolos, que la humedad desvaída pertenecía a la pared. Luego, cuando supimos que aquellos eran los cuadros reales, acudimos a los títulos que, desgraciadamente, no nos aclararon mucho: todos se llamaban Sin título 1, Sin título 2 y así sucesivamente. Por supuesto, nos vimos inmediatamente como unos pobres catetillos del arte. Y es que nada de lo dicho arriba es observable, nada en el arte vale un pimiento si no hay un espectador capaz de descubrir y disfrutar de este mensaje explícito e implícito de la obra. Cuando hay mensaje, claro…

Y ¿cuál es este espectador adecuado? No soy yo, tranquilícense los que disientan con todas estas tonterías; aunque mentiría si dijera que no pretendo llegar a serlo. El espectador adecuado es aquel que reconoce de la manera más fiel posible lo que una obra insinúa, que no advierte en ella ni más ni menos que lo que ésta insinúa. Un espectador así se vale fundamentalmente de su acervo cultural, de lo que sabe no sólo a través del estudio, de la observación y de la experiencia, sino también mediante la actividad solitaria y deductiva de su raciocinio, que interactúa a la vez con los sentimientos. Esto explicaría por qué nuestra relación con el arte resulta mucho más placentera cuando nuestra pasión y nuestra razón pueden disponer de más cultura (más información y más experiencia) a la hora de acercarse a una obra de arte.

Sobre gustos…

En nuestras sociedades, tal vez por una creciente e imparable pereza, tal vez por ser la inmediatez y la prisa valores en alza en todos los ámbitos de la vida, se tiende a convertir el arte en una transacción de ideas cada vez más pobre, es decir, una actividad donde todo se facilita y simplifica: la técnica sencilla e ingenua se confunde con la naturalidad, las insinuaciones de las obras deben ser directas y ante todo claras, sin recovecos; incluso la capacidad de los perceptores para descubrir insinuaciones o, aún más, para inventarlas se observa como elitismo, esa tendencia de los pocos de diferenciarse de la canalla.

La manida y falaz frase “sobre gustos no hay nada escrito” no sólo propone que el gusto es sagrado, que cada cual puede poner su gusto, al menos en cuestiones artísticas, donde le parezca. Si sólo se refiriese a esto sería una frase correcta, aunque también obvia e innecesaria. No, la frase también pretende zanjar la discusión sobre los contenidos artísticos. Según esta aserción, yo, que sé poco o nada de pintura, puedo tener mis gustos que serán no sólo tan respetables como los de cualquier estudioso del arte, sino tan razonables como los de éste. No sólo tengo el derecho de tener determinados gustos, sino que me asistirá a priori la misma razón que a cualquier experto en la materia. Si admitimos esto, bien podríamos admitir que, siendo la felicidad que obtiene un perceptor ignorante ante una obra pobre la misma que obtiene uno culto ante una obra inmensa, la calidad de la obra de arte pasaría a ser un valor relativo, una cuestión de expertos pero nada relacionado con el disfrute del arte. Las obras complejas y elaboradas, las asombrosas obras de arte pasarían a ser cosas de la élite, y el pueblo podría entretenerse sin complejos y sin la necesidad de preocuparse por lo que lo entretiene.

Es curioso porque este argumento sólo se puede derrumbar desarrollándolo hasta el final. Porque en mi opinión se puede demostrar que tanto social como personalmente los beneficios de una obra de arte de calidad y de un público capaz de comprenderla son obvios. No automáticos ni universales, pero sí obvios. Para ello, basta seguir esta conversación, algo simple pero suficientemente demostrativa, entre dos vecinos que se encuentran en el bar de la esquina, con una cervecita en la mano:

Vecino melómano 1: Ah, me encanta la música, vecino...

Vecino melómano 2: ¿De veras? Yo también suelo escuchar música.

Vm 1: Yo siempre, tengo discografías enteras, de Pedro Guerra, de Roxana y de Ismael Serrano… ¿Escuchó usted el último disco de Roxana?

Vm 2: [tímido] Pues no, lo siento, pero no me gusta mucho la música que hace…

Vm 1: [vehemente] Pues a mí los cantautores es que me pirran. ¿Qué cantautores le gustan a usted?

Vm 2: Bueno, pienso que la mayoría de los cantautores son como el Manuel Darío de Les Luthiers, que más que cantautor era autocantor… Me gusta Ruibal, algunos discos de Serrat, el cachondo de Krahe, Silvio Rodríguez, poco más…

Vm 1: Es usted raro, vecino.

Vm 2: Creo que pasé esa etapa…

Vm 1: [algo mosca] En fin, yo no creo que sea una cuestión de etapas, a cada uno le gusta una cosa y cada uno en su casa y Dios en la de todos.

Vm 2: No sé, vecino, creo que hay músicos buenos y malos…

Vm 1: No, no, cada uno disfruta de una cosa, lo importante es disfrutar. A mí la música clásica o el rollo ese de los negros tocando como locos, el jazz, y no digamos el rock ruidoso no me gustan. No puedo con ellos. ¿Quién será el juez que a mí me diga que la música que yo escucho es mala o buena? Sobre gustos no hay nada escrito, ya lo dijo el poeta… [risas].

Vm 2: No dudo que cada cual debe hacer lo que desee, y escuchar la música que más le guste, pero aparte de eso, me reconocerá usted que hay diferencias en la calidad de los músicos. Contésteme a una pregunta: ¿quién cree usted mejor músico, Mozart o David Bisbal?

Vm 1: Joder, no hay color, hombre, también es que usted se ha ido al extremo; entre esos dos no hay color [el vecino melómano 1 había visto unos días antes la película Amadeus], por supuesto que Mozart.

Vm 2: Vaya, creí que lo importante era disfrutar. Conozco a algunos que disfrutan mucho más con Bisbal que con Mozart… De hecho, creo que son mayoría, y sin embargo usted me dice que Mozart es mejor que Bisbal. Y eso ¿por qué?

Etc…

Bisbal Mozart En el momento que en un conjunto hay diferencias de grado entre dos elementos, se puede establecer una gradación en ese aspecto concreto. Si Bisbal es claramente peor músico que Mozart, eso significa que la escala existe, que se pueden establecer unos parámetros que nos indican no quién es buen músico y quién es malo, sino que nos permite comparar (aproximadamente) entre dos músicos quién es mejor y peor. Contando, por supuesto, que yo, cuando me siento al piano y lo aporreo ya soy un músico…

La nube y el arte

Queramos o no, todos nosotros, más o menos conscientemente, entendamos más o menos, comparamos las obras artísticas que nos interesan. Esta comparación de obras también puede hacerse con pretensiones académicas, pero ahora no me refiero a Gráfica 3ese modo de preguntarse por la obra. Aquel que se interesa realmente por un arte hace un recorrido por la bisectriz que relaciona, por un lado, el mensaje (ético y estético) de la obra, con, por otro, su propia capacidad de comprender y sentir. O si se quiere (es más complicada de dibujar), la bisectriz tridimensional que relaciona estos dos parámetros con el de la técnica. En ningún momento el interés sincero por un arte sacrifica el gusto de disfrutar de ese arte por el afán científico de diseccionarlo, algo que sí podría considerarse esnob y artificialmente elitista. Cuando escucho música disfruto y valoro a la vez, automáticamente, porque el disfrute es, cada vez más, un disfrute activo. Como se ve en la gráfica, esta persona evoluciona, pero sin que ello quiera decir que no pueda seguir gustando de obras (E ó D) cuya calidad sea más baja que otras (B ó C) que ha descubierto recientemente. Incluso puede disfrutar, por razones ajenas a las propias obras, de algunas que hace ya mucho dejó en el camino (A). Uno puede reconocer que una obra tiene muy poca calidad, pero que significó tanto en su historia que no puede evitar profesarle un cariño especial. Pero lo normal, en una persona que ame realmente un arte, es que esa nube de gustos (en la que no siempre se ajustan perfectamente la insinuación de obra y la del espectador) avance. Todos nos encontramos en un nivel del camino, de un camino que, a la vez, vamos construyendo entre todos, pero ese nivel posee forma de nube difusa debido a que no tratamos con cuestiones exactas sino cuestiones que describimos con términos aproximados, y a que en el proceso intervienen una gran cantidad de aspectos fisiológicos, psicológicos y sociales. Cada cual posee su nube y su nivel para cada arte, e incluso para cada aspecto de cada arte.

En esta línea artística vital no hay ningún límite pasado el cual las obras sean buenas, quedando bajo ese límite las malas, pero sí existe la progresión, y en la progresión está la vida, el movimiento, el descubrimiento progresivo de los secretos de este maldito mundo. Quien se queda anclado en la obra A, o en la nube de obras que la rodea, solicitando de los demás que respeten su elección (confundiendo el respeto con la tolerancia), tiene todo el derecho de hacerlo, por supuesto. Pero de nuestro Vecino Melómano no se puede decir que lo que le guste sea la música, sino algunos sonidos concretos que son, obviamente, musicales. No sólo no llega más allá, sino que no quiere llegar, y está en su derecho… en su derecho de ser un ignorante musical. Esto es esencial: en cualquier arte el ignorante no es el que sabe menos de ese arte, sino aquel que se ha detenido en cierto punto, que se ha anclado en un nivel concreto de ese arte, que no necesita avanzar, descubrir nada más porque lo que descubrió le es más que suficiente. No hará falta añadir que esta ignorancia, como la sabiduría, no es un termino exacto, un valor todo o nada, sino gradual.

HermannHesse Con la cultura y el interés por experimentar y disfrutar se sube en esa flecha que relaciona la insinuación propia y la de la obra, porque así vamos eligiendo obras más y más ricas, nuestra percepción alcanza niveles más complejos y sabrosos, y nuestro gusto disfruta con goces cada vez más inolvidables y demoledores.

Ahora podemos entender eso que nos ocurre tan frecuentemente, por qué cualquiera puede distinguir sin demasiada dificultad cuándo una obra se encuentra por debajo de su nivel (no interesa, porque resulta particularmente obvia y fútil) o por encima (no se la comprende, se reserva para más adelante, para algún día en que podamos comprenderla). Para alguien que ha leído a Nietzsche, seguramente Hermann Hesse resultará prescindible, pero para un adolescente que comienza a leer y a preguntarse por la vida, tal vez su obra resulte realmente apreciable. Esa línea nebulosa de insinuación es la línea de nuestra propia vida, que avanza (viviendo, aprendiendo, disfrutando) por la senda de la cultura y el placer de contemplar el mundo.

Y al fin Collins y su batería

Fue un gran batería, un magnífico intérprete que nunca pareció estar ahí por la música en sí. De hecho, en cuanto Gabriel y Hackett lo dejaron, él soltó laPhil Collins batería y comenzó a gritar en el micrófono su edulcorada superficialidad. El aroma evocador del jazmín (recuerden, yo iba caminando una mañana y pensando todas estas pavadas) se ha mezclado con ese juego fascinante de voces e instrumentos que Genesis llevó hasta un punto delicioso, y entonces repaso las poses del Collins maduro, bajo esa percusión electrónica prefabricada con la que vistió todas sus machaconas cancioncillas. Collins se limitó a la insinuación explícita y vulgar de sus letras, y con su música se lanzó a insinuar nada, negocio, entretenimiento (que suele ser el eufemismo usado para todo aquello con lo que se intenta rellenar sin complicaciones el mortal aburrimiento de la gente).

Collins dejó de tocar la batería en uno de los mejores grupos de rock de la historia, y se convirtió en un tipo cuya música era superada en calidad por cientos de músicos de ayer y de hoy. Pero sobre todo Collins se simplificó con un afán comercial, como muchos otros hacen, y bien que consiguió lo que pretendía, que hasta lo fichó Disney para realizar una de las más pastelosas bandas sonoras de la casa. Si una obra de Vasks o Part atrae a un grupo siempre reducido de personas, son cientos y miles los que se mueren por cualquier tontería de Bunbury o Amaral, y la sociedad ha demostrado que en esaBunbury tesitura no va a optar por mejorar la educación musical de la gente, sino por dar a la gente lo que la gente pide, en ese círculo diabólico e irresponsable de papanatización social. Los medios de comunicación dedican un tiempo infinito a propagar estos sonidos, infectando con su repetición eterna el orgulloso y desprotegido gusto de nuestro primer vecino melómano; entretanto, en las escuelas, los niños aprenden el nombre de las notas musicales y a tocar el Himno de la Alegría con la flauta, mientras sus maestros tararean para sí la letra que el amigo Miguel Ríos tuvo a bien ponerle a la pegadiza musiquita. A mí me encantaría que todo esto cambiase, que los maestros fueran de los profesionales mejor pagados, más exigidos y con más formación y cultura, que trabajaran para enseñar a los niños no a sumar ni a restar, sino para despertar en ellos el gusto por saber y por disfrutar de la vida del modo más consciente posible. Me encantaría esto y mucho más, pero eso nunca, el Señor me libre de pretender que ustedes cambien sus gustos…