Mostrando entradas con la etiqueta Humor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Humor. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de febrero de 2015

La sevillanía contra Faemino y Cansado

Dedicado a mi entrañable amigo Rafael Corega Cerdán,
hípster heterogéneo y desigual donde los haiga

En la reciente gala de entrega de los Goya (una gala con muchísimos premios, en todos los sentidos), arrasó el film sevillano La isla mínima. Imagino la sorpresa de todos los buenos aficionados al cine, porque lo cierto es que la película tampoco es para tirar cohetes. Algunos, con buen criterio, han pensado que era cosa de que en el país de los ciegos el tuerto es Faemino_y_Cansado_CUltura_Inquieta_Getafe_2013el rey, pero no, no va por ahí el asunto. Yo les voy a contar la verdadera razón del aluvión de premios que obtuvo esta película.

Su éxito no es más que un acto de desagravio de la gente del cine que, consciente del desprecio al que Sevilla es sometida por parte de ciertos humoristas, trata de resarcir un tanto el dolor de este maltrato. Faemino y Cansado —sí, esos son los nombres de este par de tipejos malhablados— mantienen un inexplicable boicot a la fervorosa y muy mariana ciudad de Sevilla. Nadie recuerda la última vez que actuaron en Sevilla, si es que alguna vez lo hicieron.

Hemos hurgado en la hemeroteca y los archivos y sólo hemos encontrado una pista sobre este agravio. El 26 de julio del año pasado, la revista Esquire publicaba una entrevista con este par de gañanes, y en determinado momento uno de ellos declara:

(…) Esta minoría mayoritaria que nos sigue es un público con un poco de inquietud, más urbano, así que de pronto nos podemos ver actuando en Barcelona, Madrid, Sevilla… Bueno, a Sevilla no vamos. No sé por qué, pero no vamos (risas). Pero bueno, vamos a Gijón o a Málaga, y la gente reacciona igual en los mismos sitios.

280112mc-129 ¿Qué significan esas risas? A ver, ¿acaso no tienen lo que hay que tener para aclarar esta cuestión? ¿Acaso no tienen los santos (y perdóneseme la cruda expresión) corajes de decir lo que realmente piensan de ciudad tan excelsa como la mía? ¿Acaso temen ser atropellados por alguna cofradía? Vale, hemos de reconocer que las vírgenes y cristos que procesionan por nuestras calles triplican el número de días del año, pero también es verdad que la mayoría salen en primavera, y al amparo de la Guardia Civil. ¿Temen quizás que grupos incontrolados de catequistas rodeen el teatro y provoquen altercados catecumenales? ¿Quizás les preocupa que una jauría de jinetes vestidos de corto, con sombrero de ala ancha y hartos de manzanilla, pongan a sus cabalgaduras a defecar en la puerta del teatro mientras los caballistas, con sus enormes patillas y su sin par galanura, cantan la última de los Marismeños? ¿Tan cobardes son ustedes?

Los sevillanos ya estamos hartos de estos dos pelafustanes, y yo mismo me encargaré de vengar semejante afrenta. Yo mismo haré que se arrepientan del olvido en que mantienen a mi devota ciudad. Juro que asistiré a cada uno de los espectáculos que estos dos cansado-y-faeminomequetefres den por todas esas ciudades de la geografía patria, lugares sin el tronío y la gracia de mi ciudad, y apareceré en ellos con traje de faralaes y peineta en forma de Giralda, o bien vestido de Nazareno de Nuestro Señor del Gran Poder y armando el cirio. Propagaré la duda entre el público quedándome serio todo el espectáculo… ¡Qué digo serio! ¡Me quedaré completamente circunspecto! Ni una sola risa para estos badulaques.  Colocaré en los vestíbulos cajones con todo tipo de hortalizas podridas, y por las butacas repartiré estratégicamente humanoides programados para reír a destiempo y abuchear sin medida, y así convertiré los auditorios en gallineros donde nadie sabrá cuándo reír, ni cuándo toser ni cuándo secarse las lágrimas. Mi venganza será completa cuando dentro de muchos años, ya viejales estos dos maleantes, contemplen cómo la historia del humorismo español los ignora por completo, recordando solamente a monologuistas sin gracia, olvidando sus espectáculos antisevillanistas para rememorar las escenas más escatológicas y casposas de Torrente, los chistecitos forzados de nuestras ñoñas comedias o las gracietas espantosas de nuestros más salerosos políticos y nuestros más promiscuos tertulianos.

¡Sus vais a enterar, mamones!

miércoles, 6 de febrero de 2013

Disquisiciones patosóficas

Si Dios existe, espero que tenga una buena excusa (Woody Allen)

Cartel-Utopia-Leo-BassiEl sábado acudí al Teatro Quintero, donde Leo Bassi daba la segunda función en Sevilla de su espectáculo Utopía. Sólo había visto a Bassi en televisión, en su traje de cómico furibundo que mancha la ropa a los espectadores y los aterra con sus locuras.

Bassi salió al escenario elegante, se sentó en un banco y comenzó a hablar muy sereno de la ruina actual, y yo me pregunté: ¿cómo hará este buen hombre, él solito, sin otros actores, para mantenernos aquí sentados durante hora y tres cuartos? Unos instantes más tarde, cuando el buen hombre comentó que la función estaba a punto de finalizar, yo no salía de mi asombro… Me lo había pasado tan bien…

Leo Bassi es un tipo adorable, con apariencia de gruñón y de gamberro, sí, pero con una cultura exquisita y un alma cautivadora. Y así nos regaló hora y tres cuartos de risa, de emoción, de nostalgia, de humanidad pura y dura, hora y tres cuartos de fascinación ante un payaso en toda regla.

Poco antes del final, Bassi hizo una reflexión que me gustó: estos políticos que nos gobiernan en España, los del gobierno de ahora, los del anterior, muchos de los aspirantes a gobernarnos, creen que somos idiotas, que no entendemos nada, que pueden engañarnos con facilidad. Todos los días tratan de embaucarnos, y no pocas veces lo consiguen. Pero ¿cuándo comenzó esto, quién fue el primero que nos mintió, quién inició este engaño sistemático de las masas, a estas alturas refinado con las más depuradas técnicas publicitarias y políticas? Entonces Bassi se detuvo, se colocó en postura predicante y nos bendijo con su mano sagrada.

Sí, la religión, la iglesia es la primera manifestación fundada en el engaño sistemático y en la búsqueda de réditos económicos y de poder temporal. Por supuesto, las religiones monoteístas son sólo la continuación perfeccionada de una ilusión que viene, en algunos casos, de miles y miles de años atrás, ilusión que les sirvió a aquellas primeras criaturas para calmar su desamparo y su ignorancia. Pero hoy sabemos que ninguna organización ha conseguido alcanzar un nivel tan alto de perfección en la mentira como estas empresas organizadas del espíritu, materialistas y facinerosas a niveles aterradores.

Cristo sangranteTambién resulta asombroso cómo un truco lógico tan burdo como el utilizado por estas religiones ha conseguido que millones y millones de personas crean en sus mentiras. Imagino que ese esquema tan simple y vicioso que apela a la fe para convencer a la gente de que Dios existe es la piedra filosofal de todos los publicistas, a quienes por cierto Bassi también culpó en parte de este desastre cultural en el que sobrevivimos. Sí, convencer a gente instruida, inteligente y crítica de que la prueba fehaciente de que Dios existe se encuentra justo en su propio acto de creer es el invento de los inventos, porque no sólo es una idea simple y directa, sino incontestable. Quienes no tenemos fe no podemos entender la cuestión, ni siquiera podemos ver a Dios hasta que no dispongamos de esa iluminación divina, de punto oscuro en nuestra razón. La fe, además, no es una manifestación cultural más, sino un regalo que el mismo Dios envía a los elegidos. Y oiga, ¿quién va a rechazar a estas alturas un regalo? Estas mismas reflexiones que hago no significarán nada para los fieles creyentes, porque su creencia posee incorporada protección anticríticas. No necesitaré decir, pues, que no pretendo con este texto convertir a ninguno de ellos, aunque siguiendo la lógica recursiva de la fe, cualquiera de mis buenos amigos cristianos bien podría dar un paso en falso, apagar sin querer el antivirus durante un instante, y de pronto cuestionar no tanto la existencia de Dios, sino la inmanencia y la necesidad de la fe, y de ahí a ser uno mismo y mirar a Dios con ojos algo más razonables va sólo un pasito de nada.

PatoBassi, en su espectáculo, nos propuso una alternativa: la Iglesia Patólica. Nuestro amigo reconoció la necesidad que todos tenemos de dioses, de algún dios bueno, que nos deje vivir sin rodearnos de cantamañanas ridículos y de rancias liturgias, que crea en el ser humano, que ame a los niños sin toquetearlos, un dios que, falible, no sólo no imponga castigos sino que sepa llorar y sienta debilidades, un dios ingenuo sin afán de exclusividad, un dios con humor. Y para el cargo no se le ocurrió otro que el patito amarillo de goma con el que todos hemos jugado en la bañera de pequeños. La Iglesia Patólica considera sagrados el humor y la risa como expresión más alta de la inteligencia humana, como camino más directo a la felicidad. En sus textos, el Patolicismo reconoce “valores fundamentales como la humildad, el optimismo y el espíritu lúdico, pero reivindica también el derecho a la burla como acto transcendental”. Se declara heredero de la Ilustración y defensor de la duda que nos salva de oscurantismos, totalitarismos y supersticiones. Es una Iglesia nada idólatra ni intolerante, y por tanto una religión nueva y muy distinta de las existentes. Yo añadiría, además, y no es moco de pato, que nos ahorra todas las milongas con las que las Iglesias actuales suelen marear a sus fieles…

En el barrio madrileño de Lavapiés, el Sumo Pontífice Bassi abrió una primera capilla dedicada al dios Pato, y en ella tienen lugar varios ritos, entre los que se encuentran bautizos pero nunca a menores de dieciocho años, puesto que los bautizos a niños son considerados en esta nueva religión como anti-páticos. Y no es menos importante la creencia patológica en un mundo mejor, que no está en otros mundos, sino en éste. Es este mismo mundo, pero mejor, y por eso esta Iglesia quiere que sus fieles… no, no, perdonen, esta Iglesia, como dijo Bassi, no tiene fieles, sino amigos… así pues, la Iglesia Patólica quiere que sus amigos luchen por un mundo mejor, enfrentándose a los poderes que instituyen hoy día la injusticia y la esclavitud de las conciencias, entre los que se encuentran, y la mar de bien situadas, las religiones monoteístas y sus lucrativos negocios eclesiales.

Gloria al Pato, amén.

scale.php