miércoles, 11 de marzo de 2015

De cómo estropear la ópera

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Tomemos al caso una ópera. Una ópera moderna. Su música vuela consistente por el teatro, a ratos soberbia. La orquesta carbura la mar de bien, con nervio, con personalidad, rotunda. El coro trina muy lindo, a la altura de la orquesta. Y vaya si el montaje es original, y sorprendente, con un juego atractivo de imágenes grabadas e inesperados volúmenes. El elenco da la talla, y con la leve salvedad de algún pequeñísimo problema de expresión gestual en algunos de los solistas, todo da sensación de profesionalidad, de elegancia y saber estar.

operadoctoratomicCon todo, no han pasado veinte minutos cuando doy varias cabezadas, y en algunos pasajes lucho a brazo partido con el sueño, sin importar mucho si en el escenario hay escándalo o sosiego. Hay instantes en los que con la modorra se alía la pesadilla: sueño que la ópera no va a acabar nunca, y me asaltan unos deseos intensos de salir del teatro e irme a casa a dormir. Sí, lo admito, estaba cansado, pero que me ahorquen si cabeceaba por cansancio. Lo que me empujaba en brazos de Morfeo no era la fatiga del día, sino el maldito libreto.

Anoche acudí al ensayo general de Doctor Atomic, una ópera de John Adams estrenada en octubre de 2005, y que se representa por primera vez en España. La Sinfónica de Sevilla y el Coro del Maestranza se portaron mejor que bien, y eso con una obra técnicamente complicada. Las tonadas de John hongoAdams, aun siendo modernas, no rompen radicalmente con los grandes del pasado, sino que los asumen y los ponen a trabajar en el vientre de sus inventos. Ya digo, todo habría sido perfecto si no hubiera estado allí aquel maldito libreto. Yo había oído que la ópera versaba sobre la primera prueba de la bomba atómica en Los Alamos, y sobre el ambientillo creado entre los genios que la pergeñaron, pero juro por lo más sagrado que ayer no me enteré de nada. Sí, por allí pululaban un militar muy cabrón, algunos científicos pesarosos, un cargante meteorólogo, la pobre mujer de uno de los científicos, rodeados de una hueste de personajes terribles que representaban, o eso parecía, los fantasmas del terror y la culpabilidad; salían muchas víctimas, muertos, hasta zombis… Pero que me queme en el infierno si me enteré de algo.

El libreto, firmado por un fiera llamado Peter Sellars, fue una de las obras más ridículas con las que me he cruzado en mi vida. Fue grotesco, casi siempre risible, y ni siquiera llegaba a la condición de extravagante, porque la extravagancia exige un poco de sustancia y dignidad. De hecho, no creo petersellars3que el tal Sellars, siendo quien es, ignore los altísimos niveles de necedad de su obra, por lo que concluí que este tipo debe ser un grandísimo caradura. En el libreto, al parecer, echa mano de documentos oficiales del gobierno de Estados Unidos, cartas de los personajes reales, poemas de autores reconocidos y hasta del Bhagavad Gita. El pastiche acaba siendo infumable. Además, si algún pero hay que ponerle musicalmente a la ópera son los nada infrecuentes pasajes en los que el libreto adquiere todo el protagonismo, recitativos estúpidos en los que la música se ciñe a los adoquines literarios, pastando sin brillo en la majadería de un fraseo presuntuoso y memo. Ni siquiera cuando el libreto acoge poemas o pasajes del Bhagavad Gita la cosa adquiere el más mínimo sentido.

Aunque escriba con alegría en este cuaderno, no dejo de ser un grandísimo ignorante, y por eso he abierto la Wikipedia para ver quién es este buen hombre. Y me encuentro con un currículum que tira de espaldas. Reconocido y premiadísimo director de teatro y cine, Sellars ha versionado a grandes compositores, a los que ha mezclado para confeccionar emplastos que, sin convencer a la peña, le granjearon un nombre entre los artistas modernos. No sólo ha colaborado con John Adams, también lo ha hecho, entre otros, con el mismo Ligeti. Pero claro, no todo el mundo ve todo el tiempo al emperador vestido con sus mejores galas. Dicen en la entrada wikipédica que el bueno de Sellars no ha sido ajeno a la controversia, y que desde muchas instancias se le ha criticado por haberse olvidado de la intención de los autores con los que trabaja. El propio Ligeti acabó bastante cabreado con el doctor-atomictrabajito que le hizo Sellars en la producción de Le grand macabre, y en representación de los aficionados a la ópera clásica, la añorada Elisabeth Schwarzkopf, una magnífica soprano alemana que nos dejó hace unos años, dijo de él en una entrevista a Newsweek en 1990:

“Hay nombres que no quiero que se mencionen en mi casa. No pronuncies ese nombre en mi presencia. He visto lo que él hace, y es criminal. Como solía decir mi marido, hasta ahora nadie se ha atrevido a ir al Museo del Louvre a pintar un graffiti sobre la Mona Lisa, pero algunos directores de ópera están haciendo un graffiti sobre obras maestras”.

Bueno, todos sabemos que hoy hay grafiteros geniales, pero después de soportar lo de ayer, yo sé muy bien a qué se refiere la Schwarzkopf.

Aquí podemos consultar el libreto completo, reproduzco un par de escenas, para que se hagan una idea de la calamidad. No se pierdan la segunda, en la que el cargante meteorólogo está a punto de asumir la responsabilidad del clima norteamericano. Aunque lo peor no fueron estas escenas flagrantemente idiotas, sino cómo encadenó el artista textos en sí mismo valiosos para componer una historia incomprensible, gansa y botarate.

CORO
Envolvemos el núcleo del plutonio
desde 32 puntos equidistantes
de su superficie.
Los 32 puntos
son el centro
de las 20 caras triangulares
de un icosaedro,
entretejidos
con las 12 caras pentagonales
de un dodecaedro.
Apretamos la esfera
acercando los átomos,
hasta que la masa subcrítica
se convierte en crítica.
Así perturbaremos la estabilidad del núcleo.

OPPIE (Oppenhaimer, científico)
Hay que tener cuidado
con los detonadores defectuosos.
Un detonador que falle
o que detone una millonésima de segundo
antes o después y…

TELLER (científico)
Arruinaría la simetría
de las entrañas del artefacto nuclear...

OPPIE
No hay nada que argüir
sobre el núcleo de plutonio...

TELLER
… y todo fallaría.

OPPIE
Será una bola sólida.
Eso te lo debemos a ti, Edward.
Comenzaremos la reacción
con un iniciador modulado.

TELLER
Permítame disculparme por mi grosería,
pero detesto las reuniones.

(…)

GROVES (militar)
¿Qué diablos ocurre con el tiempo?

OPPIE
El tiempo es caprichoso.

HUBBARD (meteorólogo)
Los truenos comenzaron
sobre las 4 de la mañana.

GROVES
Relámpagos...
¿Y si dan en la torre
y detonan la bomba?

OPPIE
Probablemente la lluvia arruinará
las conexiones eléctricas.

HUBBARD
General, los meteorólogos
se han opuesto a esta prueba durante meses.
Se programó para un momento
lleno de condiciones desfavorables:
truenos, lluvia,
vientos fuertes, capas de inversión…
Usted nos ha ignorado, señor.

GROVES
¿Es esto una insubordinación?

HUBBARD
Y ahora estamos aquí
con las peores condiciones posibles.
Hay una tormenta eléctrica
amenazando no sólo la prueba,
sino también la vida de los que la preparan.

GROVES
Superfortalezas volantes estadounidenses
están lanzando bombas incendiarias
sobre cuatro ciudades japonesas.
Nuestros B-29 están destrozando
la mitad de cada ciudad japonesa que atacan.
El Presidente de los Estados Unidos
va a hablar con Stalin por la mañana, en Potsdam.
¡La prueba seguirá como está programada,
con las condiciones climáticas que haya,
o pasará el resto de su vida  entre rejas,
don meteorólogo!

HUBBARD
Se acercan nubes de tormenta...
Por la "Chupadera Mesa" y las
"Oscuras".

GROVES
Le pido una predicción concreta:
¿cuándo pasará la tormenta?

OPPIE
(recita frases del Bhagavad Gita)
Yo soy el calor del sol
y también el del fuego,
la vida eterna y la muerte.
Dejo caer la lluvia o la retengo.
Arjuna, soy el universo revelado
y la maldad que esconde.

HUBBARD
La volatilidad de la estación
hace imposible tal predicción.

GROVES
¿Se niega a pronosticar
buen tiempo para la prueba?

HUBBARD
Recomiendo que pospongamos la decisión
hasta el próximo parte meteorológico,
sobre las 02:00.

GROVES
Hubbard, quiero una hora concreta.

HUBBARD
Está bien,
le propongo posponer la prueba
hasta las 05.30,
cuando la tormenta eléctrica
sea disipada por los primeros rayos de sol.

GROVES
Exijo un pronóstico firmado.
Y le advierto
que si se equivoca, lo colgaré.

HUBBARD
Firmaré el informe, señor.

OPPIE
Si la posponemos, nunca conseguiré
que mi gente lo vuelva a hacer.
He oído que Fermi
entró corriendo en el comedor
pidiendo una aplazamiento.
Un cambio drástico del viento
podría inundar el campamento
de lluvia radiactiva tras la explosión.
Las rutas de evacuación no son las adecuadas
y podría ocurrir una catástrofe.

GROVES
Si tengo que comprometer la discreción
enviando una fuerza de evacuación
a los pueblos cercanos,
nuestro secreto se vendrá abajo.
La noticia de la prueba
terminará en la portada
de los periódicos de mañana.
Hasta ahora, la prensa ha ejercido
una censura voluntaria.

NOLAN (médico)
Con todo el respeto, señor,
cualquier persona que tenga dos ojos
podría haber encontrado Los Álamos
siguiendo al camión de latas de cerveza
que viene desde Santa Fe.
Pero desde que llegó el primer gramo de plutonio,
la división médica ha estado estudiando
las propiedades tóxicas
de ese metal mortífero.
Su metabolismo es similar al del radio.
Una cantidad mínima en el cuerpo humano
destruye los tejidos vitales,
desintegra los riñones
y provoca un cáncer óseo mortal.
Señor, aún no se ha encontrado cura
a la agonía provocada
por una sobreexposición
a la radiación.

OPPIE
Sensaciones de calor y frío,
de placer y de dolor,
nos produce el contacto
con el mundo de los sentidos.
Todas ellas llegan y se van;
son transitorias, debes aceptarlas.

GROVES
¿Qué?

OPPIE
Yo decía...
¡Cuidado con las serpientes de cascabel!

GROVES
Me preocupan muchas cosas,
pero la lluvia radiactiva
no está entre mis prioridades.
¿Me está diciendo que tenemos
que estar preparados para evacuar
Trinity?
¿Que traiga tropas y camiones
para evacuar a todos,
si algo saliera mal?

NOLAN
Podría ocurrir, señor.

GROVES
¿Es usted un propagandista de Hearst?

OPPIE
Un espíritu sereno acepta el placer y el dolor
con una mente estable
manteniéndose imperturbable.
Sólo Él, es merecedor de la inmortalidad.

NOLAN
Tengo que desdoblarme.
Como psicólogo del campamento
mantengo un contacto frecuente
con un equipo de psiquiatras de Oak Ridge.
Algunos de los científicos jóvenes
están hablando insistentemente
del fracaso y de un posible desastre.
Sus miedos amenazan
con infectar al resto del campamento.
Hace dos horas,
un joven científico se puso histérico
y tuvieron que proceder a su sedación.

GROVES
Hay un nerviosismo en el campamento
que no me gusta.
En estos momentos es esencial
deliberar con calma.
Oppenheimer recibe consejos,
a diestro y siniestro,
sobre lo que debe hacer.
Lo que hay que hacer
en esta situación tan tensa,
es transmitir la mayor tranquilidad posible.
El mayor problema es la meteorología.
Tenemos a los mejores meteorólogos
que el ejército pueda tener.
Sus predicciones siempre
han sido exactas.
La única vez que se han equivocado
ha sido ahora…
en el día más importante.
¡Échenlos de aquí!...
De ahora en adelante,
yo haré mis propias predicciones
sobre el clima.

martes, 10 de marzo de 2015

Debates con caspa

lazarilloSe suele decir que este país no tiene remedio porque bulle de pícaros, y para ilustrar el asunto se echa mano de nuestro pobre Lazarillo de Tormes. No se cae en que Lázaro fue un niño molido por la vida, y que ésta, a través de una serie de personajes representativos de la época, le enseñó que sobrevivir era sinónimo de mentira, picaresca y deshonor. La vida no le enseñó mucho más.

Pero hay que recordar que el libro, aún anónimo, está escrito en primera persona. Es el propio Lázaro el que relatando su biografía pretende denunciar la situación de su patria, recriminar a la sociedad que permite barbaridades como las que a él le ocurriLOS-TRAMPOSOSeron. Lázaro no es un pícaro, es una víctima. Lázaro es un niño al que la vida, al final, no consigue descarriar del todo, y que sobrevive perdiéndolo todo, hasta la honra.

La picaresca en España es enorme, y está extendida por casi todos sus escenarios. El más público y notorio escondrijo de la picaresca nacional es el de la política. Una vez mal disuelta la dictadura, donde la picaresca fue ley orgánica y crimen, nos quedó un tablado en el que un ejército de truhanes (declarados y no) ha hecho su agosto. Nadie con dos dedos de frente, nadie con una pizca de corazón podría negar los beneficios de esta democracia, y mucho menos del concepto ideal de democracia. Pero en nuestro entorno la democracia se ha podrido no sólo por la corrupción, sino sobre todo por la mentira y por el deshonor.

moreno-diaz-maillo-debate-canal-sur-portada_thumbAyer tuvo lugar uno de esos actos estúpidos que salpican nuestra espesa vida democrática: el debate en elecciones. Puede ser que, como la mayoría de los españoles, me haya habituado a los zafios tejemanejes de la política, pero no acabo de acostumbrarme a que me traten como a un ignorante integral. No vi este debate, pero sí he visto otros, y de debate suelen tener sólo el nombre, y la altura humana de los participantes suele medirse en centímetros.

En este caso, el debate se hizo entre tres partidos políticos, los tres partidos que poseen representación parlamentaria en Andalucía, PSOE, PP e IU. Imagino que es la Ley Electoral la que establece la composición de estas farsas inútiles, así que no osaré apuntar ilegalidad alguna. Como tampoco es ilegal el tremendo disparate de que los partidos partan, para explicar sus propuestas, con presupuestos inmensamente dispares, a veces hasta provenientes de los bajos fondos. Tampoco criticaré que los representantes de los dos partidos de siempre se despellejaran vivos, como parece que hicieron, zahiriéndose mutuamente con los muchísimos errores y las muchísimas corrupciones (contra la ley, contra la decencia y contra sus propias promesas programáticas) en los que ambos han incurrido.

ForgesOtra cosa siento con la participación de Antonio Maíllo, candidato de Izquierda Unida. Muchos amigos me han hablado muy bien de él, considerándolo persona íntegra. La sensación que muchos teníamos es la de que, aceptando la dirección regional de su partido, Maíllo acudía a liderar una formación cuya última palabra la tenía un aparato algo casposo y bastante inútil (basta repasar su historia electoral) a la hora de representar la ideas de izquierda. Un aparato que lleva lustros lanzando consignas muy hermosas al aire, y que luego no ha aprovechado en absoluto las pequeñas parcelas de poder que le han tocado para demostrar que eran diferentes. No habría más que repasar sus experiencias municipales para comprobar hasta qué punto han sido, en general, muy parecidos a los demás. Como ha pasado con el resto de partidos, los representantes de IU que han tocado el poder, con sus correspondientes y minoritarias excepciones, han adoptado con demasiada frecuencia los usos democráticos imperantes. Raramente el partido se ha enfrentado a un alcalde déspota siempre y cuando este alcalde le proporcionara los votos que tanto ha necesitado siempre IU.

En este caso Antonio Maíllo vuelve a aprovechar estos usos, estas sacrosantas leyes electorales, para entrar en un debate con los dos partidos grandes, en una televisión que mantiene embobados a un buen número de andaluces con el folklore más zafio, con los programas más repugnantes. Pero participar en ese debate era jugar en la división de honor, y además con dos partidos que se deshacen en sus propios ácidos, en sus propias podredumbres. Estaba cantado que hasta le regalarían la victoria, que los dos líderes de la caspa (con p) se machacarían mutuamente y Maíllo sólo tendría que mantener el tipo para salir vencedor. Según cuentan, los dos adalides mayoritarios ignoraron al tercer participante, hicieron todo el tiempo como si no estuviera allí, lo ningunearon como suelen hacer los pícaros con aquellos que no suponen un peligro para sus espurios intereses. Pero con su presencia en semejante acto, Maíllo ya había aceptado entrar en otra bufonada de la picaresca política patria (tres pes en vez de dos).

anda con una cara pobre

Si mis amigos tienen razón, y Antonio Maíllo es un hombre honesto, será una pena que, como las encuestas pronostican, se hunda por seguir haciendo vieja política (vieja es un eufemismo de endogámica y poco respetuosa con las personas, que sólo son votantes circunstancialmente), aunque el hecho de que él sea buena persona no impide que su formación política posea, entre mucha buena gente, un montón de casposos ignorantes soñando con la próxima revolución bolchevique, y lastrando las, al parecer, buenas intenciones de unos cuantos.

viernes, 6 de marzo de 2015

Jesús el zelote

Carl Bloch . jesus-christ-cleansing-the-templeLa secta judía de los Zelotes, considerada por algunos historiadores como la primera organización terrorista de la historia, era un grupo nacionalista que luchaba contra la invasión romana, a veces atacando a civiles que, según ellos, colaboraban con los invasores. Barrabás pertenecía a esta secta, y también dos de los apóstoles de Jesús, Simón y Judas Iscariote. Este último, Judas, podría muy bien haber pertenecido a la facción de los Sicarios, una de las más violentas del movimiento. Los Zelotes se oponían a sus hermanos fariseos porque los consideraban demasiado adictos al dinero y poco afectos a la causa antirromana. Todo encaja. No cuesta imaginar a Jesús como un zelote con ínfulas de líder (de Mesías), alguien que, a partir de cierto momento, intenta distinguirse de sus correligionarios y elevarse sobre ellos a base de consignas espirituales. En la historia tenemos infinitos ejemplos de individuos así, aunque no muchos consiguieran la fama que obtuvo nuestro amigo. ¿Quién sabe si Judas traicionó a Jesús precisamente porque éste se había separado, con sus místicas vanidosas y sus sermones infantiles, de la línea oficial de la secta?

Resulta curioso que el pueblo judío eligiese salvar, entre élJesucristo_contempla_su_creacion-12756 y Barrabás, al zelote Barrabás, tal vez harto de las necedades de aquel excéntrico que se consideraba a sí mismo, como muchos otros excéntricos, el definitivo Mesías. Está claro que ningún judío con dos dedos de frente pudo comulgar con las pretensiones de Jesús. ¿Qué iba a conseguir Jesús con sus espiritismos, tan inútiles al lado de la lucha armada de los zelotes? Con seguridad, la mayoría de los judíos, como ocurre con casi todos los pueblos oprimidos, soportaba con resignación al Imperio Romano, que además solía respetar las culturas conquistadas y enriquecerlas con adelantos públicos y políticos. Los primeros cristianos debieron ser una pesadez no sólo para los romanos, sino para los propios judíos.

Aunque la adopción del cristianismo fue uno de los elementos (causa y a la vez consecuencia) del desmoronamiento del Imperio, nadie puede afirmar seriamente que Jesús consiguiera vencerlo, porque, en primer lugar, su mensaje llegó a las altas esferas del Imperio tres siglos después de la desaparición del propio Jesucristo, y extraordinariamente manipulado por Pablo y sus compinches; segundo, este mensaje manipulado no consiguió realmente tumbar al Imperio, sino envenenarlo alimentándose de su cadáver.

jesucristoTodo el mundo sabe que el mensaje de Jesucristo, tal como nos ha llegado, es una mezcla viciada de principios dispares, un batiburrillo incalificable de historietas provenientes de fuentes y períodos bien distintos. Lo más probable es que Jesús fuera justamente eso, un iluminado que quiso buscar su gloria en un modo alternativo de lucha contra los romanos, y perdió el seso en los vericuetos de sus parábolas. Encontró prosélitos porque, como en todos los tiempos, la reacción de un pueblo al dolor y a la invasión toma por lo común una de dos vertientes, o las dos: la violenta y la espiritual. En la primera la gente pelea, con medios más o menos legítimos, y en la segunda reza y confía en la acción furibunda de algún Dios justiciero. A partir de la conversión del imperio, la historia del cristianismo es la gran alianza entre la adormidera popular de sus enseñanzas y el negocio tradicional de los poderosos. Su historia es la de una organización que acaba intoxicando al opresor con sus manejos y sus falsedades, pero que no busca ni consigue otra cosa que reforzar al Poder y aborregar a los mansos vasallos. Su historia, durante muchos siglos, será una historia sanguinaria y represiva.

466844009No obstante, como sostuve antes, todo esto ocurre mucho después de Jesús. Es algo que crece (como excrecencia) a partir de un mensaje que debió ser sencillo, inocente, torpe, incluso algo cretino. Un mensaje que sigue repitiéndose desde la Iglesia con interesada insistencia. El otro día Pepa Bueno entrevistó a Carlos Osoro, nuevo Arzobispo de Madrid. Cuando la periodista le preguntó por el adoctrinamiento cristiano en las escuelas públicas de un país aconfesional como el nuestro, el cura hizo lo mismo que había hecho en el resto de las preguntas, salir por peteneras y no contestar a lo que se le preguntaba. En este caso, respondió que la Iglesia estaba para enseñar a los pobres mortales a dar de comer al hambriento, a dar de beber al sediento, a visitar (así lo dijo) al enfermo… Por supuesto, las ideas banales de Jesucristo pudieron ser inocentemente cretinas, pero las de este cura no son inocentes en absoluto, sino profundamente interesadas.

Como dejó escrito el propio Nietzsche, se dice de Jesús que está más allá de todo, de la cultura, del Estado, del mundo y de sus manifestaciones; se dice que no niega casi nada porque está en otro mundo, porque ni siquiera negar tiene sentido cuando el objetivo está más allá de nuestra propia vida. Y Nietzsche reconocía que Jesús está más allá de todo, afirmaba que Jesús está justo en la "tontería pura".

Según el filósofo alemán, la Buena Nueva, la promesa de otro mundo inaugura al cristiano moderno. Pablo y sus sucesores comerciales toman el mensaje de Jesús y lo descargan de preceptos ju­díos y de las boberías circunstanciales del propio Mesías. Poco a poco van tomando importancia conceptos como la inmortalidad, la otra vida, el pecado, la salvación… y sobre todo la buena vida de los representantes más listos de Dios en la tierra, esos a los que Nietzsche llamaba vampiros astutos, sigilosos, invisibles y anémicos.

¿Jesús? Un personaje inflado y simple…

martes, 3 de marzo de 2015

El deporte rey

hincha En realidad, lo que me jode es esa manía religiosa de cerrar los ojos a los hechos o, cuando estos hechos se reconocen, ese vicio devoto de no enjuiciarlos, de ser aficionado, seguidor, admirador, adepto, acólito, fanático de lo que sea… Lo sé, no sólo pasa en el fútbol.

Cuando era pequeñito, en una familia completamente sevillista, esta mala costumbre mía de llevar la contraria a los demás me hizo del Betis. Por entonces, al menos para mí, todo era puro juego. Los lunes, después de los partidos del domingo, el Tío Pepe y su sobrino nos desencajaban las mandíbulas con sus agudezas, y el humor refrescante limaba cualquier arista que pudiera haber quedado tras los triunfos y las derrotas. Desde los prados de margaritas y jaramagos donde hoy se hacinan miles de personas en las Tres Mil Viviendas, jugaba con mis hermanos y primos y escuchaba los goles del Betis como si fueran rumores del paraíso. Los jugadores, a excepción de alguna figura extranjera, parecían verdaderos trabajadores, esforzados currantes que se vaciaban en el campo sudando honor y modales. Había, o eso quiero recordar, hermandad entre ellos, solidaridad entre los gladiadores. Supongo que yo era demasiado pequeño para ir más allá de la superficial grandeza de aquel circo, porque luego, en mis primeros partidos en el Benito Villamarín o en el Sánchez Pizjuán, lo que más me llamó la atención fue la mala hostia generalizada, las formas groseras e injuriosas de muchos de los aficionados, ese culto casposo al machote.

Por entonces tenía un gran amigo, cuatro años mayor que yo, que era un sevillista empedernido, pero tenía tanta gracia y tal sentido del juego que aprendí a reconocer el humor como lo único que se puede salvar de este deporte. También estaba el padre de C_4_foto_1233021_imageotro amigo, bético de pro, del que huían sevillistas, béticos y ministros sin cartera, porque era el tipo más pesado de la historia del fútbol.

El fútbol me ha quedado en la sangre como la Nocilla, como la leche condensada a cucharadas, vicios que, aun controlados, me acompañarán a la tumba. Intento dedicar el menos tiempo posible al fútbol, a veces nada, pero cuando ocasionalmente me pongo con mis hijos a ver un partido reconozco que algo en mí se remueve, y quiera o no deseo fervientemente que gane el jodido Betis y que pierda el jodido Sevilla. En estos últimos años, admito haber sentido un placer genuino con el Barcelona, porque no quedaba otra que reconocer el arte de su juego, pero sin olvidar nunca que, junto a esos partidos inusuales, lo que se mueve en el fútbol es fundamentalmente barbarie y mentira.

1232861845865_f Sí, el fútbol no sería nada sin la religión. En cierta forma, casi todos los deportes de masas funcionan así, como el fútbol, pero la esencia comercial de este deporte, su organización empresarial casi mafiosa, los manejos turbios, los cracks mentecatos, los sueldos astronómicos para muchachos que no han superado la pubertad intelectual, hay tanto despropósito en el fútbol que todo contribuye a crear un aficionado lleno de fe, creyente, para nada un tipo que se limite a disfrutar del juego y de ese gusanillo de la afición. De ahí que en los campos de fútbol se críen los últimos grupos de bárbaros que quedan en el país.

Quien por paternidad o maternidad haya podido frecuentar los niveles inferiores del fútbol, comprenderá a la perfección todo esto que digo. Desde pequeñitos, los niños (fundamentalmente masculinos) practican una actividad que no es deporte, colaboración, ejercicio, respeto, juego. Lo hacen rodeados de una caterva de padres y madres histéricos (aquí, en mi experiencia, despuntan con mucho las mamás), que lawa_importnzan graves insultos a árbitros de quince años y hacen lo imposible por enfrentarse con la hinchada contraria, por convertir en enemistad la fructífera competitividad, en ambición egocéntrica el educativo esfuerzo. A partir de cierto nivel, mucho más bajo de lo que cualquiera podría imaginar, los niños que no destacan suelen morirse de asco en el banquillo, porque lo esencial es la victoria y no el deporte en sí.

Pero lo más curioso de todo es que el fútbol, si tuviera que sobrevivir sin la prensa rosa, sin los largos espacios que le dedican los telediarios y sin el apoyo decidido de nuestros gobiernos, siempre velando por el nivel cultural de los ciudadanos, no aguantaría ni un par de temporadas. No hay deporte más anclado en la mentira. Un partido de rugby es un dechado de fuerza, de estrategia, de honor, de respeto y honestidad con el contrario, de trabajo en equipo, y sobre todo de limpieza en el juego comparado con cualquier partido de fútbol. Los árbitros de fútbol deciden los partidos con su incompetencia o por intenciones oscuras, y hay un interesadísimo rechazo a establecer mecanismos para que gane el que lo merezca. Hay maletines, violencia dentro y fuera del césped, dirigentes corruptos, odio al contrario (desaforado cuando se trata del eterno rival), periodismo rastrero, grupos radicales, mentiras a espuertas…

nino Lo más inquietante, desde mi punto de vista, es esa religiosidad de la que hablaba al principio. Si alguien entra en un estadio en día de partido y mira con un poquito de detenimiento a los que lo rodean, comprobará que la mayoría de la gente está fuera de sí. Está claro que no todo el mundo, ni siquiera la mayoría, son gente violenta, pero los aficionados se encuentran en éxtasis, como dicen algunos, desahogándose, soltando adrenalina con epítetos de rima libre para la madre del árbitro y para el once visitante. Como todas las religiones, el fútbol es una droga. Una droga que divide al mundo entre los nuestros y los demás, una droga que no sólo paraliza el entendimiento en cuestiones deportivas, sino que favorece el machismo, el pensamiento fanático, la violencia, la enemistad, y vidas llenas de goles y cabezas con forma de balón, y todo eso en un espectáculo falseado y cada día más alejado del deporte.

lunes, 2 de marzo de 2015

Antes personas que mujeres

No-mas-violencia-contra-la-mujer Hace treinta años mi altura coincidía con la media nacional masculina: uno setenta. Hoy no me hace falta revisar la altura media actual (entre 1,75 y 1,78) para constatar que soy un hombre recogidito. Además, siempre fui un canijo, y la anchura que Dios tiene a bien concedernos con la edad se me ha concentrado un poco más de lo debido en la barriguita, aunque yo me defiendo con eso de que es algo constitucional. Total, que en términos machotes no soy más que un mequetrefe.

Nunca sería capaz de pegarle a una mujer, ni a un hombre, ni siquiera a un perrito piloto de peluche, a no ser que fuera en defensa propia; ya se sabe lo peligrosos que pueden llegar a ser los perritos piloto. Bueno, lo admito, alguna vez se me escapó algún cate con mis hijos, cates que me dolieron mucho más que a ellos y que siempre, siempre me dolerán. Pero no miento si me califico de persona pacífica. Aún más, me considero una persona cobarde. Siempre dije que me comería al guapo que osara hacer daño físico a los que quiero, pero ahora que los bárbaros no nos escuchan, tengo que reconocer que me dejarían fuera de combate en el primer asalto. Así que entre mis exiguas condiciones físicas y mi aún peor naturaleza guerrera, jamás podría afrontar una riña amparado en mi superioridad masculina. Creo que la mayoría de las mujeres (y de los hombres) me darían para el pelo llegado el caso.

Ahora supongamos la más que improbabilísima eventualidad de que a mi mujer le dé la ventolera de pegarse conmigo (razones no le faltarían), y que un día se me acerca y me suelta un bofetón histórico. Ahora supongamos otro hecho inverosímil: que yo se lo devuelvo, y que nos liamos a guantazos hasta que alguien nos separe. Según la ley, cada uno de los guantazos que mi señora me haya propinado son faltas administrativas, que ella podrá compensar, en el peor de los casos, abonando las multas correspondientes. Cada uno de los bofetones que yo le haya propinado (déjenme estremecerme sólo de pensarlo) serán pesadas piedras en la construcción de uno de los peores delitos que cometerse puedan, que no sólo estará castigado con la cárcel, sino con la más decidida condena social.

tumblr_n5zx97on6Z1rzqenvo1_500 Según me explicó un buen amigo, versado en el tema, y como ya comenté en algún otro sitio de este cuaderno, tras la Segunda Guerra Mundial los legisladores comprendieron mejor que nunca que el derecho no podía estar basado en leyes personalistas. Se castiga el delito, y éste lo será o no dependiendo de la acción y no del presunto delincuente. En el régimen nazi, los judíos, los gitanos, los homosexuales y los disidentes políticos tenían distintos derechos que los alemanes, y había comportamientos que en el caso de un judío suponían la ejecución inmediata, mientras que en el caso de un alemán podían acarrearle hasta una condecoración.

Nada más alejado de mi intención siquiera insinuar que nuestras leyes para la igualdad sean leyes nazis, ni que tengan consecuencias ni de lejos parecidas a aquellas barbaridades totalitarias, pero el hecho de que una acción idéntica sea castigada de distinta forma según quien la cometa es un error absoluto, y una injusticia que podría animar a ciertos políticos a aprobar leyes con resultados bastante más terribles. Para matizar los delitos ya existen las circunstancias agravantes y las atenuantes, que no deciden si el delito lo es o no, sino si es más o menos grave. Cuando una persona violenta a otra aprovechándose de su superioridad, esto ya actúa de circunstancia agravante, sea el superior el hombre, la mujer o un comercial del ramo textil. Si la mayoría de los que pegan son hombres que aprovechan su superioridad masculina y social, la mayoría de las sentencias ya estarán agravadas por esta circunstancia.

Estas normas surgen de otro error mayúsculo: creer que el problema de la violencia contra la mujer se arregla con penas cada vez más duras, como si al bárbaro que es capaz de maltratar a una mujer o a cualquier otra persona le importara mucho esa amenaza. Lo estamos viendo con esa tendencia filofascista de nuestro queridísimo gobierno, que quiere aprobar en breve la cadena perpetua, sobre todo en caso de terrorismo yihadista. Los yihadistas del mundo andan temblando ante semejante peligro…

Todo, como siempre, se reduce a un problema de educación. No hablo de formación, hablo de educación. De educación enfrentada a la sinrazón, a la obsesión, al integrismo. El problema del maltrato familiar (que en la mayor parte de las ocasiones cae sobre niños y mujeres, aunque en algún caso minoritario cae sobre los machotes canijos y mequetrefes) se arregla con educación. Por supuesto que debe haber castigo para los malos, pero el endurecimiento indefinido de los castigos, el control policial (por otra parte imposible) de los bárbaros y la visión del hombre como un maltratador en potencia, que debe contener sus instintos feminicidas y demostrar cada día que no pertenece a la raza de los bárbaros, nada de esto contribuye en absoluto a resolver el problema. La solución es puramente educativa, y en este tema nos estamos equivocando por igual hombres y mujeres.

Cabeza_balon_muralesyvinilos_1783890__Monthly_L La semana pasada se publicó en un diario digital andaluz un artículo firmado por Antonio Avendaño. A mí el artículo no me pareció gran cosa, la verdad. El autor ironizaba con trazo bastante grueso sobre los recientes problemas del Betis y de uno de sus jugadores en asuntos de machismo y maltrato. Era ironía gruesa pero ironía a todas luces. Pues bien, una señora montó en Facebook un revuelo porque decía que había empezado el artículo creyendo que el autor ironizaba, pero que luego se dio cuenta de que no, de que iba en serio. Ahí soltó la perorata típica, esa que algunos sueltan como si estuvieran esperando la más diminuta excusa para soltarla, llena de lugares comunes y de afirmaciones que todas las personas a las que nos asquea la violencia ya conocemos. Algunos de los comentarios advirtieron a la señora que el artículo era pura ironía, y ella pidió unas disculpas a medias, acusando al autor de no saber ironizar. Otros comentarios apuntaban a la poca oportunidad de la ironía o el humor en un tema como éste. Y ya se sabe, cuando en algún tema, por muy terrible que sea, no hay hueco para el humor, entonces la solución la tenemos muy, muy lejos.

Siento ver demasiada hipocresía en este asunto. Nadie con dos dedos de frente podría afirmar que la violencia contra las mujeres es un problema menor. Es un problema terrible y repugnante que merece toda la atención social, pero lamentablemente vivimos tiempos en los que los problemas terribles compiten en crueldad y terror. Sé que es un ejercicio falaz el de comparar las distintas violencias, porque parece que uno quisiera justificar las violencias menores. Todas las violencias deben ser rechazadas y combatidas con la ley y el desprecio social, y con la educación, con muchísima educación. Yo, como los millones de personas de buena fe que pueblan este mundo, condeno hasta la más suave de las violencias, pero no dudo de que la violencia que se ejerce contra los niños es infinitamente más grave que la que se ejerce contra las mujeres. Tampoco dudo de que la violencia que existen en determinados rincones de Oriente y de África es infinitamente más grave que la que sufren los niños y las mujeres en nuestro país, porque incluyen violencia contra niños, contra las mujeres, contra trabajo_infantil_xinhua7 los hombres, los ancianos, contra todos, y con episodios macabros que nos cuesta imaginar. Ser violado debe ser espantoso, pero aún peor debe ser que a uno lo desmiembren las bombas o que a tus hijos los despedace la metralla.

Es una cuestión teórica (para nada menor) que nos permitirá afrontar mejor el problema, que nos ayudará a serenarnos y a pedir soluciones eficaces. Ni el problema de la violencia contra las mujeres ni el indudable problema del machismo social no violento se solucionan añadiendo más leña al fuego. Por ejemplo, no se contribuye mucho a él cuando, ante el descubrimiento de que la mayoría de las pinturas rupestres en España y Francia fueron obra de nuestras antepasadas, los hombres tenemos que sonreír ante comentarios que afirman, sin ningún pudor, que las mujeres son desde siempre seres más sensibles que los hombres. Yo, por mi parte, conozco a mujeres que son verdaderos melones y a otras que son el colmo de la delicadeza. Lo mismo me pasa con los hombres.

El integrismo nunca ha resuelto ningún agravio. Las mejores feministas, las personas que más han contribuido a que las mujeres sean tratadas por los hombres y por otras mujeres como personas, con los derechos y deberes de todas las personas, han sido feministas que no militaban como tales, que como personas (y no sólo como mujeres) contribuían con su lucha, su trabajo y sus ideas a que esta sociedad contemplara, cada día con más normalidad, cómo las mujeres pueden realizar las mismas hazañas y cometer los mismos errores que los hombres. Son feministas que lo eran porque se asombraban de la desigualdad y entendían que era un ultraje que había que combatir con la ley, sí, pero que sólo la educación de mujeres y hombres resolvería.

Este problema no es un problema de las mujeres, es un problema de todos. Durante muchos, muchísimos años, los hombres de este país nos hicimos verdaderos hombres en un cuartel. Durante muchos años se cometieron en ellos vejaciones innombrables; hubo suicidios, muchachos que perdieron la cabeza bajo condiciones durísimas que un hombre de verdad debía tener los cojones de soportar. En estos lugares fueron machacados literalmente los homosexuales, los gorditos, los que usaban la cabeza para pensar y muchos otros que no se adaptaban a un régimen de terror, con el que todos convivíamos como si no pasara nada. Este problema tampoco era un problema de los hombres, sino de todas las mujeres y hombres de este país. Hasta que todos y todas no entendamos esto, la violencia contra las mujeres seguirá existiendo, y en los campos de fútbol se seguirán coreando consignas machistas, y en las redes sociales y por las calles seguirán existiendo personas integristas que no contribuirán nada a arreglar este problema.

viernes, 27 de febrero de 2015

El guerrero obsequioso

slide_384072_4585670_freeLe gusta mucho esta vida. Está convencido de que nació para la política. Por eso los esfuerzos que hizo para estudiar esto y aquello, para tirar por aquí y por allá se fueron todos al traste. Ahora se siente realizado, protagonista. En cierto modo, la notoriedad pública es como una fragancia: cuando te codeas mucho con los jefes, cuando te señalan con sus abrazos en los mítines, cuando te permiten escoltarlos y salir en las noticias rozándoles el hombro, algo del aroma de su popularidad se adhiere a tu piel. Uno adquiere la impronta de la autoridad, la categoría y el saber estar de los mejores estadistas, y por eso hay gente que luego te reconoce por la calle, sobre todo los militantes de base, esos que sueñan con posar en una foto junto a los notables del partido.

En los congresos disfruta con la visión de los compañeros que se amontonan al paso del líder, para mendigar que mendigan el blando apretón de manos o el beso impersonal, esos mismos compañeros que luego suelen lanzarle torvas miradas de envidia.

1340780374_g_0No le molesta el trato displicente de sus jefes. Aguanta firme sus prontos impredecibles, las palabras degradantes mezcladas con caricias equívocas, sus flagrantes y estratégicas mentiras. Así es la política: o ganas o te ganan. El poder siempre ha sido cosa de guerreros, de vencedores. Además, ¿cómo podrían trabajar por el pueblo si no llegan ahí arriba? Hay que saber colocarse adecuadamente en la pirámide, sin cometer error alguno que te impida seguir subiendo. Para ascender hay que sostener al que está arriba, haga lo que haga, diga lo que diga, y luego, con paciencia, esperar la oportunidad, jugar tus cartas con inteligencia. Una vez en la cima, al final del camino, uno ya puede desvivirse por el pueblo. Por eso el partido siempre debe ser lo vacie111primero. El partido debe ganar, no importan los medios. Uno tiene que desvivirse por la victoria.

Sí, le gusta esta vida. Tiene un poco olvidada a la familia, es verdad, pero las comisiones internas, los ágapes, las entrevistas, los homenajes, los cenáculos secretos… Hay tanto trabajo, se requiere tanto esfuerzo para darles un poco de bienestar a las masas.

No lo cobra mal, nada mal. Nunca pudo imaginar un sueldo así. Los malditos estudios se le resistieron tanto… Y que alguien se lo niegue: ¿no confirma el movimiento ansioso de todos esos periodistas la trascendencia de su tarea? Ya está acariciando los sillones de la élite. Un golpe de suerte, una sonrisa bien dirigida, algún favor especial y estará en todo lo alto. Ya pertenece al grupo que asesora a los cabecillas, al equipo de valientes sobre el que se apoyan directamente los más grandes, y juraría que la ayudante del secretario provincial lo mira con ojos tiernos…