Calavera desencajada, barbas largas y ralas, melena de cometa…
jueves, 28 de mayo de 2009
martes, 26 de mayo de 2009
jueves, 21 de mayo de 2009
Tiempo púrpura azulado
Fiel y parsimoniosa, ejemplar y elegante, florece un año más la jacaranda. Hoy se alza rodeada de cipreses, vigía de la paz y el silencio de los muertos, esbelto reloj de un tiempo púrpura azulado.
Ayer hicieron setenta y tres años que tú afloraste entre ellas. Serías suave como un suspiro, blanca, marina, intacta pluma sobre una tierra de bombas y sangre inminentes. Serías hermosa, un tesoro para la abuela: insondable esperanza en el horizonte, risa en el perenne infortunio, pan en la miseria perfecta. Y así afrontaste siempre la vida traidora, con alma de limpio algodón y brazos de sol afanoso, tierna aunque audaz, desvalida pero gigante, cargando con un destino de trampas e ingratitud que nunca pudo con la bravura de tus manos…
Hoy la jacaranda, un año después, setenta y tres años más tarde, se mece fiel y parsimoniosa en los últimos aires de la primavera. La nieve fulgente de las tumbas, atestada de cuentos antiguos, no impide que en el cementerio sólo se advierta el revoloteo de los mirlos y las palomas torcaces, y el sigilo melancólico de unos gatos desconfiados. Miro a la jacaranda, y el viento y el tiempo pasan huidizos entre sus ramas.
viernes, 15 de mayo de 2009
Por cierto…
Hablando de Elvira Lindo, esta asombrosa escritora publicaba anteayer en El País un pequeño artículo titulado Un cursillo. El texto iba en la línea de esos pequeños chascarrillos insulsos a los que nos tiene acostumbrados El País para dar unos duros a nuestros escritores más insignes. Con bromitas llanas y pedestres, nos ilustran sobre los pequeños valores de la democracia, sobre su necesidad y sobre su maltrato; por supuesto, cuando se trata de los amigos socialistas, sin señalar, claro. Aunque, a decir verdad, el tema suele ser lo de menos. Con frecuencia son asuntos obvios, oscurecidos por las rústicas agudezas y por un anecdotario de babuchas y bata de guatiné.
En este caso, el tema del artículo de la señora Lindo me dejó por completo indiferente. Bueno, debo aclarar, en bien de mi reputación, que no suelo leer a esta mujer; más aún, me niego a leerla a ella y al resto de sus amigotes. Pero ayer tuve un día tonto, y me pregunté si seguiría escribiendo tan bien como al principio. Soy consciente de que, al lado de los ríos de buen periodismo y de las montañas de libros dignos de ser leídos, analizar un texto tan memo parece una lamentable pérdida de tiempo. No obstante, desde pequeñito, tuve afán científico, y a veces debo justificarme los rechazos tanto como me justifico los gustos. Así que tomé el artículo y lo leí. Si eran dos párrafos de nada…
El suelto de la madre de Manolito Gafotas comienza así:
“¿Quién es más chorizo?: ¿el que mete la mano en la caja y sabe (…)?”.
Da igual lo que sabe el que mete la mano en la caja. Lo que me chirrió fueron esos dos puntos entre pregunta y pregunta. Nuestro idioma es suficientemente rico como para no arriesgarme a que salga por ahí algún nieto de Lamíquiz y me refute el desagrado, por lo que sólo diré que la cosa me chirría, aunque gente mucho más sabia sabrá decirme si acierta mi intuición. En una frase más abajo la Lindo vuelve a usar otros dos puntos entre interrogaciones, pero la frase estrella es la siguiente:
Su gesto [del político corrupto] al entrar en los juzgados no es el de quien actúa al margen de la ley, sino de quien cree que ostentar un cargo público es una manera peculiar de regentar una posesión privada.
Me decía un amigo al que le comentaba la frase que, sin querer, la señora no se equivocaba al suponer ostentación en los cargos públicos, pero está claro que Doña Elvira no pretendía insinuar nada, y que sólo usa el término ostentar en su acepción más estentórea (palabreja inconmensurable del difunto Gil y Gil). Lo de “regentar una posesión privada” también tiene mandanga; a no ser que si, por ejemplo, tu posesión es un quiosco de prensa, puedas regentarlo siempre que lo hagas creyéndote quiosquero mayor del Reino.
En fin, que esa niebla de ambigüedad y desatino que rodea a los textos de Doña Elvira se produce no por defecto del lector, sino por imprecisión manifiesta de la escritora. Pero –me dije-, joder, Sir, parece mentira que seas tan cabrón… Uy, perdón, si es que esto de leer a esta generación de escritores gamberros… Me dije: Vaya, Sir, parece mentira que seas tan susceptible y exigente. Lo importante es que la mujer critica la corrupción política, y al fin y al cabo se hace entender, incluso sin faltas de ortografía… Pero entonces, ¡catapún!, me encuentro con esto:
La corrupción brota aún en los países donde los políticos andan más aleccionados en materia de honradez, pero en España da la impresión de que los partidos han sido incapaces de adiestrar al batallón (…).
Ese acento, Elvira, ese acento…
Pero si uno deja de enfangarse en el verbo torpe de esta mujer, si tomando un poco de distancia hojea sus libros, esa idiotez suma y de mal gusto que es Manolito Gafotas, y lee luego a los críticos literarios, advirtiendo el éxito no sólo editorial sino también periodístico de esta señora, entonces sólo te quita el cabreo hundirte en una tragedia de Shakespeare, solazarte en unas cartas de Cortázar o Lorca, navegar por algún cuento de Poe, derretirte con algún poema de Neruda… ¿De qué estaba yo hablando?
martes, 12 de mayo de 2009
El próximo Nobel
Con motivo de una lujosa reedición comentada de los libros, Juan Ramón Lucas, en la línea profundamente ilustrada de los tiempos, dijo esta mañana en Radio Nacional que las novelas protagonizadas por el Capitán Alatriste, de Arturo Pérez-Reverte, habían pasado a ser obras maestras de la literatura española, equiparables a El lazarillo de Tormes, a La Celestina e incluso a Don Quijote de la Mancha. Don Arturo, siempre tan discreto y humilde, al parecer comentó hace unos días que estas novelas habían sido precisamente las que le habían permitido ingresar en la Academia de la Lengua, y que se dio cuenta de lo que realmente valían cuando un taxista, que conocía perfectamente al personaje, le reconoció que no había leído sus libros. El Capitán ya no era suyo, sino de la gente. Imagino que se comparaba también con Don Miguel de Cervantes, vistas las muchedumbres que hablan del Quijote sin haber leído una sola página del libro. Propongo que el próximo Nobel se lo disputen Pérez-Reverte, la Rowling, Ruiz Zafón, Elvira Lindo, José María Aznar y el negro de Ana Rosa Quintana.
lunes, 11 de mayo de 2009
domingo, 10 de mayo de 2009
Traduttore traditore…
“Quejica y viejo protestón”, así me llamó al cabo de los años un antiguo amor por el que, tras muchos años de silencio, nunca había perdido la devoción. Ha sido, sin duda, la forma más triste de desterrar un cariño de las estanterías de mi corazón. Y es que la fama de quisquilloso me persigue, y últimamente mi edad, que empieza a ser provecta, proporciona a mis críticos una razón más que aceptable: ¡viejo cascarrabias!
Por eso me gustaría que me diesen su opinión. Apuro Doña Flor y sus dos maridos, de mi adorado Jorge Amado. Fue un regalo de alguien a quien quiero mucho, de ahí que el libro tenga doble valor. No obstante, sus primeras cuatrocientas cincuenta páginas me han traído, además de buenos momentos de complicidad con el brasileño, una angustia indefinida. En muchos de sus párrafos no he reconocido yo a Amado. Leí Los viejos marineros (traducido por Basilio Losada) y quedé absolutamente fascinado por Don Jorge y sus mundos. Luego, entre la escasez de títulos suyos en las librerías de Sevilla, encontré Capitanes de la arena (traducido por Dante Hermo), un libro aburrido que me hizo pensar que el anterior había sido sólo una perla en el vacío, pero entonces Gabriela, clavo y canela (también traducido por Dante Hermo) me reconcilió con mi amigo, y aunque no me pareció un libro tan asombroso como el primero, disfruté con esa forma seductora de contar e imaginar personajes y situaciones. Y por eso, cuando comencé a leer Doña Flor y sus dos maridos noté algo extraño. Sí, era Amado, pero su lenguaje resultaba espasmódico, irregular, precario. Creo que el libro es un libro menor de Amado, pero posee pasajes suficientemente suyos como para que merezca la pena leerlo. Aun así, su calidad literaria puede muy bien ponerse en entredicho, sobre todo por los pobres recursos lingüísticos que parecen adornarlo.
Y esto es lo que a mí no me cuadraba justo cuando hete aquí que mi cascarrabiez, mi criticonería, mi protestantismo insobornable me llevaron a pensar mal de la traducción que Rosa Corgatelli y Cristina Barros realizan para Alianza Editorial. En alguna ocasión he estado dudando si ciertas construcciones gramaticales del libro no han sido meras transposiciones literales del modo de hablar brasileño a un castellano que no las soporta, pero hasta ahora no había querido mirar el original. Ha sido una de estas veces que te cansas y ya no puedes pasar por alto ni la más pequeña tontería. El libro en español rezaba:
En cuanto a ella [Doña Flor], era de poco remedio y mucha salud, ya que no recordaba haber estado enferma (salvo el insomnio de viuda).
La salvedad me chirriaba, no estaba bien expresada. Así que me dije: joder, ya está bien, Amado merece que me levante, que busque en algún sitio el original y me quede de una vez tranquilo. Así lo hice, y encontré que el párrafo original era el siguiente:
Quanto a ela, era de pouco remédio e de muita saúde, não se lembrando de quando estivera doente (a não ser a insônia de viúva).
De aquí deduje que la salvedad estaba traducida de cualquier manera. No la voy a tachar de gramaticalmente incorrecta, pero sí mantendría ante cualquiera que la traducción es ambigua y poco delicada. De hecho, para mi gusto, basado en la pura intuición (porque sé de portugués todo lo que puede saber cualquier turista que ha visitado varias veces el hermoso país vecino, es decir, casi nada), la traducción más correcta (casi literal) del párrafo sería:
En cuanto a ella, era de poco remedio y de mucha salud, no recordándose cuándo estuvo enferma (a no ser por el insomnio de viuda).
Pero por estas cosas de la vida, divertido por entender bastante el portugués de Amado, seguí leyendo el siguiente párrafo, y en él se decía:
Foi realmente noite memorável, como anunciara doutor Teodoro e deram conta as gazetas. Breve, reduzida conta - queixou-se nosso doutor ao ver suas decisivas alocuções e tôdas as demais espremidas numa frase incolor com nomes incompletos: (…).
Nuestras amigas traductoras convirtieron este párrafo en lo siguiente:
Fue una noche memorable, como había anunciado el doctor Teodoro y dieron cuenta las gacetas. Breve, reducida noticia, se quejó nuestro doctor al ver su decisivo discurso y todos los demás expresados en una frase incolora con nombres incompletos: (…).
La palabra espremidas me sonó a la castellana exprimidas. Por supuesto, no entendía por qué habían convertido alocuções en discurso (además en singular), ni el falso subjuntivo original en un pobre pasado, no sólo perdiendo fidelidad con el texto de Amado, sino banalizando de algún modo su lenguaje. Pero busqué la palabra espremidas, y descubrí algo curioso: espremer significa en castellano exprimir, apretar, comprimir. Y si buscamos la palabra portuguesa para expresar encontramos la portuguesa exprimir. Es obvio que nuestras amigas, con esas prisas propias de tantos traductores, confundieron espremidas con exprimidas. Por supuesto, entre esto:
Fue una noche memorable, como había anunciado el doctor Teodoro y dieron cuenta las gacetas. Breve, reducida noticia, se quejó nuestro doctor al ver su decisivo discurso y todos los demás expresados en una frase incolora con nombres incompletos: (…).
…y esto:
Fue una noche memorable, como anunciara el doctor Teodoro y dieran cuenta las gacetas. “Breve, reducida cuenta”, se quejó nuestro doctor al ver sus decisivas alocuciones y todas las demás comprimidas en una frase incolora con nombres incompletos: (…).
…hay un mundo, sobre todo si estas deficiencias se repiten durante más de seiscientas páginas. El libro se transforma en otro, en algo mucho más plano, y sobre todo en una novela muy diferente a la que escribió el autor. Por supuesto, siempre que consideremos que la literatura no consiste sólo en referir de forma más o menos coherente y comprensible una historia, sino mucho más. Estos errores me demuestran que lo que estoy leyendo no es ni de lejos lo que Amado dejó escrito, y me hace desconfiar de cada término, de cada palabra que estas mujeres eligieron para interpretar a Don Jorge. Y me anima a aprender portugués, claro. ¡Pero qué pesadez esto de ser un quejica y viejo protestón!
viernes, 8 de mayo de 2009
Y la banca gana...
También el Defensor del Pueblo Andaluz acaba de pronunciarse. Incluso a Emilio Calatayud, este juez que tanto gusta por sus sentencias ejemplares e imaginativas, han conseguido sacarle los voraces periodistas unas declaraciones en contra de la subasta de chiquillas. No sólo la Ministra, miembra insigne de nuestro ejemplar Gobierno, no, todo el país clama venganza contra esos empresarios desalmados que obligan a unas adolescentes a entregarse por ¡dinero del Monopoly! Y es que si subastar adolescentes resulta indecente, hacerlo con dinero de mentira ya es indignante...Este país es repugnante. Nuestra sociedad es repugnante. Tomemos un quiosco y observemos las revistas que se venden. Encendamos la televisión y analicemos las mil series y películas que se emiten no sólo en horario de adultos, sino en cualquier horario, y a las cuales andan colgados encofradores y poetas, repartidores de pizza y catedráticos eméritos. Repasemos con unas gotitas de objetividad los hábitos de un número bien significativo de jóvenes, y preguntémonos a continuación qué tiene ver todo ello con la cultura y con la inteligencia. Las modas y sus pasarelas, las misses y las subastas legales de carne en exitosos programas televisivos, los braguetazos (ah, delirio sumo, ya sin distinción de género) de mujeres florero y de niñatos de encefalograma plano, las bodas, bautizos y comuniones de alto copete, el glamour mentecato chorreando de los tejados, ministras con roperos kilométricos... Las cosas que tiene la libertad, dicen algunos. Pero ahora toca indignarse con esos brutos que montaron una discoteca para ganar dinero, y que va a resultar que son los que inventaron el maldito capitalismo. Y con un montón de
adolescentes que juegan a lo que juegan todos los días niños y niñas antes las narices de la Señora Ministra, del Fiscal General del Estado, del Defensor del Pueblo Andaluz y de la sufrida ciudadanía, sin que nadie diga “esta responsabilidad es mía”. Un montón de adolescentes que, por cierto, se bañan todos los fines de semana en alcohol adulterado, sin que ninguno de estos impresentables vaya más allá de una estúpida lamentación. ¿Es función de una discoteca de mala muerte compensar la desastrosa política de servicios sociales (ah, olvidado desarrollo comunitario), la ridícula política educativa (ah, aquellos escenarios pintados por José Ramón en los primeros panfletos socialistas de la democracia) o la política cultural... gilipollas que sufrimos en este país? Como bien dice mi buen amigo Alfonso, creo que no sólo deberían abrir diligencias a los empresarios de la discoteca por corrupción de menores, sino también por desfalco a la banca del Monopoly, por robo de billetes del juego, por compra masiva de calles de Madrid alterando los precios del mercado y por competencia desleal. Eso sí, añado yo, con la atenuante de estar proporcionando a toda esta gente guapa una buena excusa para indignarse y creer que, con esas frases manidas y ampulosas, justifican los sueldazos que les pagamos.
martes, 5 de mayo de 2009
Candela
El infierno de la prisa… La aceleración desdibuja el escenario, los objetos se emborronan, se desvanecen los matices, las tiernas punzadas se esfuman en ese fluido de nada, viajando a la velocidad de la muerte.
Ahora una candela crepita a sus espaldas, y no sabe cuánto tiempo ha permanecido ahí, quieto, silencioso y desocupado, con los ojos fijos en el rojo vivo de sus latidos. La noche se derrama sobre él con su inconsolable modo de mencionar los rescoldos del pasado, o las ascuas de un presente menesteroso, o las incertidumbres de un futuro donde algunas puertas se cerrarán lentas, taciturnas y afligidas. Sí, se siente tan cansado de ser él mismo…
Esos senos dispares, y esas manos pequeñas y rudas cuyo espejismo acaricia sin descanso tras una breve vida entera de extravío. O el jardín perfecto de unas palabras que acarician su alma con sus juegos, que tejen canciones y anuncian deleites que nunca, nunca vendrán más acá de su sueño. Ah, esos caminos anochecidos ahí delante, donde los miedos entibian al pecado, donde sabores ardientes se disipan perdidos por las calles vacías de una ciudad fascinante.
Pero hoy se detuvo ante la candela, ante las maderas que ahora, marchitas, se van durmiendo, y quiso dejar de mirar al mundo para prenderse del rojo excesivo donde la vida no puede ser. Quiso suspenderse ante el fuego, quemar sus pensamientos y ser nadie, librarse de ese difuso dolor de estómago que es puro síntoma de otro antiguo e incurable malestar del alma. Quiso, iluso, enajenarse en el baile casual de unas brasas, en la supuesta sencillez del tiempo y el sufrimiento, rindiéndose al calor absorbente de una candela…
miércoles, 29 de abril de 2009
Feria…
Escapo hasta el domingo del agujero negro de la Feria de Abril. Suelo entrar en ella temiendo a la muchedumbre, pero las tres primeras cervezas, que sólo se beben para calmar la sed del albero y la caminata, y las primeras botellas de manzanilla que pasan y se derraman en tu vaso sin advertirlo, me anestesian pronto, y en breve dejo de saber dónde estoy exactamente. Ésa es la gracia de la Feria. Bueno, y cuando bailas sevillanas casi sin saber pero compensando la ignorancia con el arte desinhibido del alcohol. Y todo lo demás, claro…
La sierra de Málaga y sus pueblitos nos esperan para leer y caminar, y detenerse…
sábado, 25 de abril de 2009
viernes, 24 de abril de 2009
¡Que viva el socialismo!
Mi padre vive ahora siempre acostado; es alimentado con jeringas, a base de purés, zumos y yogur, pero adelgaza progresivamente y va perdiendo las pocas capacidades de relación que le quedan. Raramente atiende cuando se le habla, y los escasos y fugaces momentos en que mantiene los ojos abiertos los fija en algún punto indefinido, sin mirar nada, pensando dios sabe qué. Cuando intenta hablar no sabe bien qué dice, y ya no se entienden las dos o tres palabras que consigue balbucear.
Hace unos días tenía cita con el neurólogo. Debíamos acudir a las nueve de la mañana al Policlínico del Hospital de la Macarena, y como mi padre se encuentra en una residencia, en un pueblo cercano a Sevilla, y dado su estado, pedimos una ambulancia para que lo transportara. Se me informó que si quería acompañarlo debería estar en la residencia a las siete de la mañana, es decir, dos horas antes, puesto que la ambulancia podría venir en cualquier momento entre las siete y las nueve. La mañana estaba muy fría. Cuando llegué a la residencia ya tenían vestido y preparado a mi padre en la silla de ruedas. Lo vi más despierto que de costumbre, y se mantenía mínimamente erguido. Nos hicieron pasar a una pequeña y mal iluminada sala de espera, donde hacía bastante frío, por lo que pedí una manta para mi padre. Hay que decir que la residencia es privada, pero la mayoría de los residentes están en plazas concertadas con la Junta de Andalucía.
La ambulancia apareció a las nueve menos cuarto pasadas. Un tipo con muy mal humor y aspecto chulesco, sin dar siquiera los buenos días, llegó y, con mucha parsimonia, fue preparando la ambulancia para subir a mi padre. Ya llegábamos tarde a la cita, pero imaginaba que no habría problema puesto que quien nos demoraba era el propio Servicio Andaluz de Salud. Pusimos así rumbo al Hospital, con un traqueteo digno de la peor tartana. Al parecer, las ambulancias destinadas al transporte no urgente de enfermos son las antiguas ambulancias que van siendo jubiladas. Si en la sala de espera hacía frío, en la ambulancia el frío se palpaba, soplaba por todos lados.
Llegamos al Policlínico y un celador, que colocó a mi padre en una silla de ruedas, nos indicó amablemente que la consulta de neurología se encontraba en la primera planta. Subimos en ascensor, improvisado en uno de los rincones de aquel antiguo edificio que llevan décadas remodelando. Esperamos en una sala que originalmente había sido un amplio lugar de paso, y que ahora habían llenado de sillas para que los enfermos esperaran a entrar en las múltiples puertas que rodeaban la sala. No tardaron mucho en llamarnos y entramos. Alguien tuvo que ayudarnos a abrir la segunda hoja de una puerta vieja y rota que daba paso al departamento de neurología, puesto que la silla de ruedas no entraba. No lejos de la entrada se encontraba la consulta del neurólogo, donde comprobé pronto que la silla de ruedas apenas cabía. El neurólogo era un señor de mediana edad, muy amable pero también muy triste. Y realmente no me extrañó nada su tristeza puesto que el despacho era minúsculo: lo reducido de aquel habitáculo, el escaso y gris mobiliario y la falta absoluta de luz natural creaban un ambiente de hacinamiento que, día tras día, habrían mustiado a un ermitaño.
Como suponía, este hombre pensaba que era la primera vez que acudíamos al neurólogo, y no tenía sobre su mesa el largo historial de mi padre. Lo informé de todo, de los medicamentos que tomaba, pero tanto él como yo sabíamos que el momento de su enfermedad ya no requería de tanto estudio ni de tratamiento alguno. De hecho, me confirmó que haberlo llevado allí había sido una barbaridad, y se lamentó de que no hubiéramos podido hablar antes, algo que el sistema no contempla, por supuesto. Le mantuvo el medicamento contra el Alzheimer, pero indicando que ya le serviría de bien poco. También me reafirmó en la certeza de que la residencia donde está mi padre es una verdadera porquería: entre otras cosas, el médico que atiende allí a los ancianos tiene aspecto de ser ese médico que, en las películas de delincuentes, es el único al que puedes acudir para que te extraiga una bala o te remiende un tajo sin dar aviso a la policía. Por supuesto, éste, como el de las películas, parece más veterinario que médico. Hace un tiempo le suspendió a mi padre la medicación contra el Alzheimer con el argumento de que producía somnolencia, puesto que mi padre estaba muy decaído y se dormía en la silla de ruedas. El neurólogo me confirma que esta medicación no sólo no produce somnolencia, sino que produce insomnio…
Salimos con mucho trabajo de la consulta del neurólogo y volvimos a la planta baja. Para que una ambulancia viniera a devolvernos a la residencia, debíamos llamar con un teléfono interno al servicio de ambulancias. Tardé un buen rato en conectar con este servicio, pero al fin me dijeron que nos mandaban una. Tardó una hora, hora que pasamos en aquella sala abierta a la calle y a varios pasillos interiores, y por la que corría el aire frío de la mañana. La ambulancia que nos llevó no desmerecía en nada a la primera. Llegamos a la residencia a las doce de la mañana, y al dejar allí a mi padre pensé que igual no había que esperar a que el Alzheimer se lo llevara porque quién sabe si había cogido una pulmonía en el viaje.
Junto al Hospital de la Macarena se encuentra otro antiguo hospital, que ahora no funciona como tal. Es el antiguo Hospital de las Cinco Llagas, sede actual del Parlamento de Andalucía. El edificio fue, sin mucha demora, reformado con todo detalle en sus estancias principales, tanto en su interior como en los exteriores. Jardines intachables preceden y salpican una construcción a la que, según me refieren, no le falta un detalle. Los despachos de nuestros más altos representantes se alzan en un lujo acorde con las maneras y las finas costumbres de sus ocupantes; incluso algunas de estas estancias poseen un pequeño y coqueto montacargas conectado con el restaurante, que es manejado, obvio es decirlo, por la servidumbre empleada a tal efecto. Por supuesto, no dudo que tanto la alcurnia de estos dirigentes socialistas, como las agotadoras e ingratas tareas que deben cumplir justifican suficientemente estos lujos. Al fin y al cabo, el otro hospital se dedica a gente inespecífica, a trabajadoras y trabajadores con oficios vulgares, a amas de casa, a lisiados, a niños que tienen tanto que aprender de la vida… En cambio, el Parlamento es la sede de la Soberanía Popular, el corazón de la Democracia. Todos participamos, de una u otra forma, del notable confort y la elegante suntuosidad de este edificio, e incluso podemos sentirnos imaginariamente dentro de esos trajes a medida, de ese variado vestuario que exhiben nuestros representantes, y podemos viajar, virtualmente, en los vistosos automóviles con los que se desplazan, y disfrutar de los viajes y las cenas, de los aniversarios institucionales, de las entregas de medallas y otros fastos, de la tranquilidad de sus respectivas familias extensas y de sus amigos más fieles, en resumen, de todo lo que este régimen popular pone a disposición del político para que represente con señorío y sin mancha a la plebe. El Socialismo, vaya.
jueves, 23 de abril de 2009
Ratzinger intelectual
Me permitirá mi amiga T que le conteste en un nuevo artículo a su comentario en Salvemos a los que no quieren creer, que convendría leer completo. En este artículo citado yo intentaba abjurar de estos teólogos y miembros de la Iglesia que, algo díscolos con la jerarquía oficial, ocultaban, en esa crítica aparentemente revolucionaria y progresista en la que andan embarcados, su verdadero afán proselitista y su deseo de salvar a todas las pobres almas que no creemos en el Señor. En el artículo salió el Papa a escena, y la opinión del embajador español en la Santa Sede, Francisco Vázquez, socialista de pro, que hablaba de Ratzinger como uno de los grandes intelectuales europeos de estos tiempos. Entonces T me hizo una serie de puntualizaciones sobre Ratzinger y su intelectualidad, sobre la teología y la importancia de la fe.
Y bueno, tengo que decir que leí a algunos teólogos en mi juventud, pero no me convencieron demasiado. De entre ellos reconozco que sólo recuerdo a Hans Küng, y más por su fama de alborotador y por el grosor de sus libros, que por sus ideas. Aunque no soy, por supuesto, un experto, considero la teología una disciplina bastante artificial y tan prescindible como la astrología, puesto que en ella lógica y razonamiento se topan precisamente con el problema de la fe. No hay que confundir el hecho de profesar una fe, derecho innegable, con la intervención de la fe en la formación del pensamiento. La fe siempre ha sido una tabla voluntaria de salvación para cuando el entendimiento humano no llega hasta la orilla de un conocimiento, y por tanto cada uno eligió su fe como quiso. En cambio, todas las ciencias versan sobre cuestiones estrictamente humanas, y todas sin excepción buscan explicar la realidad, o al menos preguntarse por ella jugando con argumentos que se relacionan lógicamente y que tienen que ver con nuestros conocimientos sensibles. La teología estudia al ser divino y sus obras, pero siempre en función de este ser divino, es decir, se basa fundamentalmente en la fe inquebrantable en dicho ser, y sin esa fe todo el edificio se derrumba. Puesto que no tengo fe en la existencia de Dios, no me interesa demasiado la teología. Aunque sí me interesa el hecho religioso, por supuesto, pero a éste como tal lo trata la antropología de la religión, que debe intentar siempre basar sus conclusiones en hechos y no en creencias. Y esto no es un repudio generalizado de la creencia a favor del hecho demostrable, sólo que, como ya he explicado varias veces en este blog, puestos a creer, prefiero creer en cuestiones más interesantes que Dios y sus historias.
Si llamamos intelectual a aquella persona que aplica la inteligencia a alguna disciplina concreta, tal vez el señor Ratzinger pueda ser considerado un intelectual e incluso de los mejores. No dudo que debe ser muy, muy listo para haber llegado donde ha llegado. En este sentido, Jack el Destripador fue también un gran intelectual, e incluso José María Aznar. Yo, sin embargo, prefiero llamar intelectual a aquella persona que trabaja las ideas con una mente abierta, con la que (dicho sea con toda la humildad del mundo) no tengo por qué estar de acuerdo, por supuesto, pero que conoce y considera (respeta) las ideas de los demás, y permite que este conocimiento y el diálogo limpio, libre de ideas intocables (artículos de fe), pueda modificar, enriquecer y hacer avanzar su discurso. Por supuesto, no es el caso de este señor y de muchos otros dirigentes de la Iglesia, que demuestran esa característica artificial de la teología elaborando escritos que, más que aportes al acervo cultural de la humanidad, acaban siendo homilías que sin la fe no conservan ninguna consistencia. Muy, muy distinto, es el hecho de que intelectuales y científicos que han realizado grandes aportaciones a ese acervo sean creyentes; claro, no hay ningún problema. Imagina que soy médico y creo en los duendes del bosque. Puedo ser un magnífico médico mientras aplique mis conocimientos médicos, y sólo dejaré de serlo en el momento en que trate de curar a alguien convocando a los duendes. La creencia en los duendes no impide que sea un buen médico. Esta creencia es bastante más antigua que la creencia en Dios, en el Dios cristiano, me refiero, pero hay que reconocer que el éxito de la segunda es bastante mayor que el de la primera. Aun así, en mi opinión, eso no demuestra más que los encargados de propagar la creencia en Dios fueron bastante eficaces en términos comerciales, mientras que los creyentes en los duendes raramente nos preocupamos de hacer proselitismo, y no precisamente por falta de ideas…
Pero aparte de no considerarlo un intelectual por esta razón, creo que este señor Ratzinger se dedica a propagar por el mundo ideas reaccionarias y muy, muy peligrosas; dirige una institución con una historia oscura y sangrienta que da muchas muestras de andar deseando volver a los años en los que la ley coincidía con su moral interesada; una institución dirigida por señores cuyas vidas son ejemplo de hipocresía, predicando algo que no se aplican a sí mismos, y no pocos de ellos cometiendo delitos (impunes las más de las veces) contra niños y personas indefensas; una institución machista y retrógrada que, por cierto, yo debo sostener con el sudor de mi frente, me guste o no… En fin, podría seguir, pero haría una entrada (aún más) insoportablemente larga.
Sólo queda comentar que me parece lógico que lo que diga este señor sea importante para todos los católicos que admiten que este tinglado proviene sin desvíos de la palabra de Jesucristo, pero ello no evita que siga pensando que las decisiones papales (sean divinas o humanas) y esa potestad de hablar, ahora ex catedra, y ahora como un mortal más, están absolutamente bajo el capricho de este Señor y de todos sus predecesores, salvo del pobre Juan Pablo I, que parece que subió a los cielos antes de que naturalmente le llegase su hora. Creo que entre los creyentes hay tantas personas inteligentes y valiosas como entre los no creyentes (las leyes de Cipolla son aplicables en cualquier situación), pero sigo sin entender por qué se puede creer en una ilusión tan enrevesada y artificial como es la de la Iglesia Católica, y hasta ahora nadie, ninguno de mis amigos cristianos ha sabido darme más explicación que una que sólo puedo comprender tratando de no comprender, cerrando los ojos: la fe. Y no me sirve, lo siento, mi vista no sólo es corta en el terreno físico, sino parece que también en el espiritual…
Con todo mi respeto…
martes, 21 de abril de 2009
Chascarrillos sevillanos
PECHOS Y DOLO.- Cierta consejera andaluza respondía el otro día a una parlamentaria autonómica popular, que había usado el tema del presunto asesinato de la chiquilla Marta del Castillo para sus interminables disputas pseudopolíticas. La señora consejera dijo que su colega conservadora no debería “sacar pecho en un asunto tan doloso como el de Marta del Castillo”. Impresionante…
IMPARCIALIDADES.- El otro día, el buen hombre y líder del simpático grupo de los Mojinos Escozíos, el Sevilla, mientras hablaba de la marcha de Chaves al Gobierno Central, dijo que Don Manuel (el andaluz, no el bético), como vicepresidente, no podría dejar de ser imparcial con Andalucía, y que así lo mismo se nos cabreaba el resto de autonomías …
PRIMERA PIEDRA.- En cualquier obra de envergadura se suele, al inicio de la construcción, enterrar una primera piedra, en cuyo interior hueco se depositan objetos alusivos al día, entre ellos un periódico. A alguna mente maravillosa del Metro de Sevilla se le ocurrió que, para no ser menos que nadie, nosotros enterraríamos no una piedra con un periódico, sino todo un quiosco. Aunque otras fuentes indican, sin embargo, que el objetivo fue colocar el primer establecimiento de prensa en el metro.
COSAS QUE PASAN.- Por cierto, no me he montado y trataré de tardar en montarme un par de añitos. No me fío, no me fío un pelo. Durante las obras, un puente que se construía para las vías se les cayó a plomo justo sobre la ronda de circunvalación de la ciudad. Gracias a algún espíritu compasivo, el puente se cayó cuando la carretera estaba prácticamente vacía. Si hubiera ocurrido en hora punta, la tragedia hubiese sido inmensa. Hasta ahora no he oído que nadie haya pagado por su irresponsabilidad. Bah, y es que estas cosas pasan… Además, en España los errores graves y los despilfarros nunca se pagan. Bueno, sí, los pagamos todos…
SEVILLA ETERNA.- El domingo de resurrección pasé con mi amiga alemana cerca de la basílica de la Macarena. Una multitud bullía entrando y saliendo de la Iglesia. Mi amiga querría fotografiar la iglesia y las imágenes, famosas en el mundo entero. Ella es protestante, y en sus iglesias no existen imágenes, por lo que todo esto para ella era de un
colorido subyugante. Así que entramos, vagamos un rato entre la muchedumbre que abarrotaba la iglesia, pero cuando vi la tumba de Queipo de Llano, y cuando a continuación me fijé en el fajín que porta la Virgen, regalo de ese malnacido, el estómago comenzó a levantárseme. Por fortuna mi amiga ya había hecho muchas fotos y comenzaba a agobiarse también por la bulla, así que salimos, y entre ciertos deseos de vomitar, pude leer la placa de inauguración de la basílica, donde rezaba que el Generalísimo e Increibilísimo Caudillo había estrenado aquel antro por primera vez, justo en la puerta a un barrio donde montones de personas fueron asesinadas por estos dos generales.
Salvemos a los que no quieren creer
Hace unos días, algunos teólogos, monjes y otras personalidades cristianas se reunieron y pregonaron a los cuatro vientos sus profundas desavenencias con la representación viva de Dios en la Tierra. Como suele ocurrir con las cosas de la religión (para nada afectadas por la lógica), y de forma bien repentina, toda la impepinable infalibilidad del Santo Padre se desvanecía hasta convertirse en sólo el recuerdo de la enésima mentira. Pero es más, ahora el oscuro Ratzinger no sólo se equivoca, sino que lo hace adrede y con mala voluntad, en una especie de prevaricación divina.
Estas bellas personas, preocupadas por el papel del cristianismo en este valle de lágrimas, criticaron la lejanía que anda fraguando el actual Papa entre la Iglesia y la sociedad. “La pérdida de credibilidad de la institución católica –declaraban estos señores– está alcanzando cotas preocupantes. Este descrédito puede servir de excusa a muchos que no quieren creer, pero es también causa de dolor y desconcierto para muchos creyentes”. A ver si me aclaro: algunos hijos de Dios no queremos creer, es decir, no deseamos tragarnos toda esa sarta de mentiras podridas, corrompidas por el tiempo y por esa utilización empresarial y sucia de la soledad del ser humano y del sentimiento religioso de las personas; pero para negarnos a creer, por lo visto, necesitamos buscar una excusa. Y este Papa inconsciente nos la brinda con ese descrédito que cada día cultiva con sus ideas reaccionarias y peligrosas.
Más adelante, introduciendo una idea que no tiene mayor interés, estos señores declaran: "Durante gran parte de su historia, la Iglesia fue una plataforma de palabra libre”. De aquí vuelan los teólogos y expertos religiosos a solicitar que la Iglesia vuelva a ser esa plataforma de palabra libre. No obstante, cualquiera que sepa un poco de historia, y no digamos si se tienen conocimientos sobre la Historia Universal, podría preguntarse si estos revolucionarios viven en la Tierra o se mudaron hace tiempo a Ganímedes.
Con estas ideas rozando mi irritación, escucho al ex alcalde de A Coruña, hoy embajador español ante la Santa Sede, Francisco Vázquez, afirmar en la radio que Benedicto XVI es hoy día uno de los intelectuales más prestigiosos del mundo, y que en todas estas tonterías del condón y del aborto está siendo mal interpretado. Pero vaya, no creo que haya que referirse a personaje tan siniestro (el ex alcalde) para comprobar la lamentable falta de laicidad del socialismo español, que, parapetado en dos o tres leyes blandiblú, se enfanga con fruición, aquí y también allá, en las sacrosantas costumbres de la Santísima Madre Iglesia.
Resumiendo: nos salvarán del reaccionario Ratzinger unos hippies bondadosos que buscan, mediante la revolución conciliar (vaticana segunda, claro), ese futuro de igualdad y fervor en el que todos seamos hijos e hijas de Dios, y en el que los díscolos no podremos ya encontrar excusas para no querer creer en el Altísimo. Tengamos en cuenta que el Altísimo existe precisamente gracias a las suscripciones de fe… Si no fueran estos hippies, será nuestra clase política la que nos salvará, la misma que se enfunda un frac y agarra un cirio a las primeras de cambio. Arrepentíos, hermanos compañeros, porque se acerca el futuro idílico del socialismo cristiano, donde el progreso y la bondad nos cubrirán con su dulzura pegajosa, mendaz e inculta.
lunes, 20 de abril de 2009
sábado, 18 de abril de 2009
viernes, 17 de abril de 2009
miércoles, 15 de abril de 2009
¡Larga vida a los bonobos!
Los chimpancés son los parientes vivos más cercanos al ser humano, y de ellos se conservan dos especies, el chimpancé común y el chimpancé bonobo. Este último suele ocupar regiones en la orilla opuesta de las que ocupan sus vulgares primos. Basta conocer un poco el comportamiento general de estos bonobos para comprender por qué reniegan de esas otras criaturitas aparentemente tan monas que tanto asistieron a Tarzán y a la NASA.
El bonobo es un chimpancé más pequeño, ligero y delicado que el chimpancé común. Tiene orejas pequeñas, labios rosados, cuello delgado y las hembras pechos ligeramente prominentes, más prominentes que el resto de los chimpancés, aunque no tanto como las hembras humanas (a las que aprovecho para saludar efusivamente). Entre ellos se da una diferenciación facial mucho más acusada que la que se produce entre los chimpancés comunes, es decir, con sólo mirarse a la cara se reconocen como individuos distintos. Anda erguido una cuarta parte del tiempo, y desarrolla una cultura matriarcal y bastante igualitaria (términos no obligatoriamente excluyentes, como tampoco lo son obligatoriamente el patriarcado y la igualdad de género), con algunas jerarquías poco acusadas y nada determinantes. Pero la diferencia fundamental con su primo reside en la importancia mayúscula que la actividad sexual cumple en su vida, tanto en su vida personal (o chimpancial) como en sus relaciones sociales.
Lo realmente alucinante es que uno de los más relevantes primatólogos del mundo afirme que estos animalitos son capaces de manifestar altruismo, compasión, empatía, amabilidad, paciencia y sensibilidad, todas ellas virtudes bien raras entre los primates… entre todos los primates.
Mientras que los chimpancés comunes se muestran extremadamente violentos con los extraños, incluso organizando batidas para pillar desprevenidos a machos solitarios que anden por la zona, los bonobos prefieren claramente el sexo. De ahí que busquen orillas contrarias a sus belicosos parientes, con un río de agua mojada e insalvable de por medio. Obvia decir que los chimpancés bonobos son considerados animales mucho más inteligentes que los comunes.
Estudiosos del tema han concluido que los bonobos utilizan el sexo con variados objetivos: para saludarse, para resolver disputas, para hacer las paces tras ellas y, atento todo el mundo, para pagar comida con favores más o menos encendidos. Y esto importando poco el género del favorecido…
A estos asombrosos animales (va resultando casi insultante la palabra, ¿verdad?) se les ha observado realizando verdaderas piruetas sexuales: practican el sexo genital cara a cara (sobre todo entre señoras, pero también entre hombre y mujer y entre dos señores), se dan besos con lengua, e incluso practican el sexo oral. El sexo se ejercita con familiares, amigos e incluso extraños, y en él participan las crías, los ejemplares adultos e incluso los ancianitos. En estos menesteres discriminan poco o nada en razón de edad o de género, y tan sólo una relación les resulta tabú: la de las madres con sus hijos adultos.
Resulta bien curioso que cuando los bonobos hallan una nueva fuente de comida o una zona especialmente pródiga en alimentos, lo primero que hacen es montar una soberana orgía, que alivia tensiones y hace innecesarias y molestas las disputas, para luego dedicarse a comer todos la mar de tranquilos… Porque no fuman, claro.
Los bonobos pasan la prueba del espejo, un experimento en el que se investiga la conciencia que el animal pueda tener de sí mismo, e incluso una pareja de bonobos ha llegado a dominar casi 400 palabras que pueden escribir con un teclado especial adaptado, pudiendo responder a preguntas que se les formula verbalmente. Tan listos son estos chimpancés que algún sesudo estudioso ha hablado de su derecho a la supervivencia y a la vida, derecho hasta ahora sólo reconocido a las personas.
Pero, ¡ay!, los bonobos están en peligro de extinción. A los pobres míos la extinción los pillará en el lío, engolfados y felices, sin guerras y sin morales que los aflijan, pero eso sí, compasivos, sensibles, altruistas, pacientes y amables. Algunos achacan esta progresiva extinción a los cazadores furtivos que buscan un alimento cada vez más escaso en el Congo; o también a la reducción de las tierras donde los bonobos pueden vivir, porque cada vez surgen más primos sapiens que huyen de sus propias tierras, y que se oponen a la creación de Parques Naturales cuando ellos no tienen dónde caerse muertos. Pero yo estoy convencido de que el Vaticano tiene algo que ver en esto. Seguro que la Santa Sede tiene allí desplazados a varios cardenales, de estos con pinta de mafiosos sin escrúpulos, y que, trabajando a la sombra, intrigan a favor de la extinción de estos sanos y paradigmáticos animalitos. Y de paso predican a favor de los chimpancés vulgares y los homo sapiens, y de las guerras, y de la castidad, y de la mala leche en general…
(Datos tomados principalmente de Wikipedia)
martes, 14 de abril de 2009
Easter
Domingo… Sevilla
Lunes… Sanlúcar de Barrameda
Martes… Zafra
Miércoles… La Sauceda, Pico del Aljibe
Jueves… Sevilla
Viernes… Cazalla de la Sierra
Sábado… Sevilla, Matalascañas
