sábado, 14 de febrero de 2015

Ir a ninguna parte

Sergei ProkofievEscuché la orquesta casi desde dentro, a un metro del director. Tenía la fila 5 del patio de butacas, pero las cuatro primeras estaban cegadas con una ampliación del escenario. Me encantó Prokofiev y su Sinfonía Clásica. Incluso Haydn, tan clasicón y previsible, tuvo momentos hermosos en la Sinfonía La sorpresa, y aún más en el concierto para trompeta. Porque el sonido de la trompeta, siempre tan conmovedor, me entra directo a sangre. Por último, Rossini y su Obertura de La gazza ladra sonaron un poco fanfarriosos y descoyuntados. Hubo pasajes de verdadera Italia, de verdadera ópera, pero se notaba que la obertura había sido fruto de la precipitación.

Joseph HaydnEn el programa de mano contaban que Rossini, veinticuatro horas antes del estreno de la ópera, aún no había escrito una sola nota de la obertura. El empresario encerró a Rossini en una habitación para que acabara su obra. Éste, conforme iba escribiendo la música, pasaba las partituras por una ventana para que se fueran preparando las copias de los intérpretes. Y así salió la Giacomo Rossini, 1865 by Carjatobertura, un refrito salvado por el ruido maravilloso que es casi siempre el de una orquesta, y por melodías preciosas que en la obertura, sin embargo, aparecían mezcladas en montón.

Al salir caminé por Paseo Colón, Almirante Lobo, Puerta Jerez y San Fernando en dirección al Prado. Tenía que tomar dos autobuses. Cuando bajé del primero en María Auxiliadora caminé los cincuenta metros que había hasta mi parada. Eran casi las once de la noche, cortaba el frío y la calle estaba prácticamente desierta. Al pasar por la marquesina anterior a la mía, una figura solitaria se levantó y comenzó a caminar en mi misma dirección, unos metros delante de mí. Era un hombre con la capucha de la sudadera subida y una mochila al hombro. Sin duda un vagabundo. Caminaba despacio, demasiado despacio. Solos como estábamos, sabía que si lo adelantaba me abordaría. Enlentecí el paso pero al llegar a mi parada el mendigo se percató de mi presencia. Noté que se detenía. “Ya lo tengo aquí”, pensé.

El hombre me siguió bajo la marquesina y llamó mi atención.

—Perdone, ¿es usted de la ciudad?

Asentí. Bajo la capucha había un rostro delgado, de rasgos angulosos, con una mirada abatida.

—¿Sabe de algún albergue por aquí donde pueda dormir? —me preguntó pausado.

—No, lo siento, no conozco ningún albergue.

—Es que me han comentado algo de… No sé, creo que era el Pumarejo…

Me alegré de tener algo que decirle. Le indiqué que podía acortar por el laberinto de callejas del centro para llegar a la Plaza del Pumarejo, pero que podía perderse, que tal vez fuera mejor tomar por la avenida, más largo pero…

—Pero ¿sabe cómo está el albergue? Es que por aquí hay uno, dormí allí hace dos o tres días, pero no me gustó mucho… Usted sabe, un guardia de seguridad en la puerta… —su boca pareció iluminarse con una casi imperceptible sonrisa de complicidad, pero los ojos continuaron tristes.

—No, lo siento, pero no sé nada de los albergues… —me detuve justo antes de decirle que, obviamente, yo no había necesitado nunca un albergue.

—Entonces ¿no sabe cómo está?

—Bueno, aquella zona tiene mucho movimiento. Hay mucha gente joven y alternativa, muchos colectivos trabajando e imagino que algunos de ellos se preocupan por… —dudé en el nombre que iba a ponerle a aquel hombre— por los transeúntes… por los peregrinos…

El hombre continuó mirándome unos segundos, en silencio, y luego balbuceó:

—Bueno, sólo era eso. Gracias.

Volví a mi libro. Mansamente, el mendigo abandonó el abrigo de la marquesina y siguió camino por la avenida. Sus piernas estaban algo arqueadas. Seguramente era más joven de lo que parecía. Marchaba al paso necesario para ir a ningún sitio.

Un par de minutos después apareció el autobús. Subí y estuve buscando la figura del vagabundo por los cristales, pero no la encontré. El autobús dobló por Carretera Carmona y por fortuna el conductor tenía prisa, así que llegué pronto, antes de lo que pensaba. La trompeta había dejado de sonar en mi cabeza, pero creo que debo escuchar las obras menos conocidas de Prokofiev. Su sinfonía tuvo resonancias de Stravinski, de Mahler. Me llegó verdaderamente hermosa, con fuerza, tan vital…

Escenario

jueves, 12 de febrero de 2015

Una brisa de tejados

P1030419Al través de la ventana, la luna preside un brisa de tejados, adornada por una nimia pero incansable campana —grito de la clausura, anzuelo vetusto para jovencitas turbadas—. Resisten al brillo lunar unas pocas estrellas. La noche siempre posa más bella sobre esos tejados. La luna, gentil, sin escándalo, proyecta dos sombras desnudas sobre las sábanas revueltas, mientras las miradas, rozándose, intentan en vano aprehender la inmensidad del escenario. Lo único que se mueve es el planeta. Hasta el tiempo parece haber detenido su paso riguroso.

Horas después, meses más tarde, lee un libro en la plaza, buscando la calidez oblicua del sol que empieza a calentar la piedra de los bancos. La languidez de la luz primaveral emociona con su tenue aroma a rosas, con su color de ilusión perecedera, fugaz. Viejos cansados y mendigos sin reloj miran el mundo pero, avisados, no muestran el más mínimo asombro. Pronto llegará la hora de ese beso que no explicará nada, que lo explicará todo. Cierra el libro, camina sin prisa por la acera contraria a la de los dioses, tomando un camino único, privado, irreal. No huye de nada, marcha hacia esa joya perfecta y esquiva que es la felicidad.

Horas más tarde, años después, en la oscuridad de un polígono industrial, avanzada la noche y sentado en la parada del autobús, abraza el talle de la mujer que de pie, desde arriba, lo mira, como si al soltar ese talle fuera a despeñarse en un abismo. ¡Qué inerme el amor! ¡Qué expuesta la noche a tantas noches, a tantos días! ¡Qué imperiosa la necesidad de esa mano que se pierde en su pelo! ¡Qué insistente, qué ancestral desamparo!

Pero allí siempre el mundo, aguardándolo en todas las esquinas…

miércoles, 11 de febrero de 2015

Esas pequeñas islas inexploradas

la noche sexualDecía que mientras leo el sugerente libro La noche sexual también pienso en la poesía. Advertencia: ahora pienso y hablo sin intención científica, con palabras blandas, aproximativas, ojalá sugerentes.

Pienso en la poesía porque sugerir es un arte. En el camino que va de la ciencia al arte perdemos objetividad y ganamos sugerencia, pero la mejor ciencia es la que también sugiere, y el mejor arte el que también refiere. Algunos supuestos artistas creen que cuanto menos se dice más se sugiere, pero cuanto menos se dice más genialidad se necesita para sugerir. Un cuadro azul, un poema de un solo verso —“¡Un ópalo por corazón!”, por ejemplo—, una canción con sólo dos notas alternantes y un chasquido ocasional, parecen sugerirlo todo pero no sugieren casi nada. Cuando el artista deja toda la sugerencia en manos del espectador, la obra es sólo un suceso más del azar, para nada una obra de arte.

CalleManual, ensayo, relato, poema y canción… De la objetividad a la sugerencia.

La letra en la música sólo es un adorno, una excusa para la voz, que es otro instrumento. Cuando la letra adquiere más importancia que la propia música, cuando la música es degradada a la categoría de acompañamiento, la canción deja de ser canción y se convierte en poesía. Siempre, claro está, que la letra sea un poema. Los cantautores, por lo común, me horrorizan. Algunos, como Sabina, me parecen ridículos: letras ocurrentes, música de charanga, nada que ver con el arte, en todo caso un asunto de marketing taimado. Otros más sinceros, como Amancio Prada, me aburren, porque lo que dice sería mejor leerlo. El minimalismo de su acompañamiento musical no me sugiere nada.

La mayor parte de las letras que usa Bach son pasajes bíblicos, historietas cansinas, pero por fortuna no sé alemán, y así las voces pueden ser sólo voces. Hay excepciones, claro… Casa

Gran angustia tuve en mi corazón,
pero tus consuelos confortan mi alma.

Suspiros, lágrimas, penas, calamidades,
angustioso anhelo, pavor y muerte
roen mi oprimido corazón.
Siento congoja y dolor.
(Coro y Aria de la Cantata 21)

Y de hecho, cuando el adorno de la letra es hermoso, el arte y la sugerencia de la música aumentan. En realidad es cuestión de equilibrio. El mejor manual, con toda su carga de realidad, de precisión, nos llega salpicado de sugerencias; pero sugiere de paso. El ensayo compensa su pequeña dosis de imprecisión con una mayor dosis de elegante sugerencia. El relato quiere ser tan creíble como sugerente; al relator no le preocupa la Verdad, sino sólo la coherencia interna, la belleza y los puntos suspensivos. La poesía, por su vecindad con la música, busca la sonoridad de las palabras, pero si se olvida de la sugerencia acaba convirtiéndose en música menguada, en chapuza improvisada. Del mismo modo que si sólo cuenta y se olvida de la sonoridad, el poema se convierte en ensayo. No me gustan estos poemas cuadrados, como tampoco los poemas que, en medio de su canción obligatoriamente disminuida (en términos exclusivos de sonoridad, nunca podrán competir con la música), no dicen nada para Estaciónsugerirlo todo. Como en cualquier arte, el experimento logrado es una mezcla de tradición, de alma que rebosa y de remoción de los muros, de alejamiento de los límites sin abolirlos nunca del todo. Para eso hace falta genio, no basta la originalidad.

El buen poema debe referir, como el buen ensayo debe sugerir. No me interesa nada el experimento meramente original, el intento diletante en el que el lector lo pone todo para compensar la falta de genio. Contar algo, cantarlo poéticamente, llenando el lenguaje de asombro, dejando cabos sueltos, mundos que unan el alma del poeta con el alma del lector, eso es para mí la poesía.

Digo todo esto porque me molesta tanta mentira, tanta palabrería insulsa. Y lo digo por ver si consigo entender, por si todo esto me ayuda a seguir acercándome a esas pequeñas islas inexploradas que son los poemas.

martes, 10 de febrero de 2015

Obsesiones curativas

la noche sexualEl libro que leo, La noche sexual, de Pascal Quignard (Editorial Funambulista), es un libro muy sugerente, aunque por momentos intencionadamente ambiguo e impreciso. Justo por esta ambigüedad me hizo pensar en la poesía. Pero ya hablaré de la poesía. También me ha hecho pensar en el psicoanálisis.

Para Quignard el concepto noche sexual posee muchos significados. Trufando su texto de mitología y de una colección envidiable de grabados y pinturas, Quignard, entre otras muchas ideas, nos cuenta cómo la escena original, la noche sexual en la que nuestros padres nos conciben, marca nuestras vidas, y cómo esa escena es para nosotros invisible, pasado de nuestro pasado, tiniebla e intriga, noche más oscura que la noche, ese otro mundo que se arrastra al otro lado del día y la razón. La vida, a partir de ahí, se nos divide en luz y oscuridad. Estas y otras muchas imágenes que han salpicado el libro hasta ahora me han parecido, como decía, sugerentes. Por ejemplo:

El puritanismo define a aquellos que no soportan la escena inmostrable e incesante. La mayoría de las sociedades son puritanas, detestan que se les recuerde tanto el origen sexual del vínculo social como el fundamento primario de todos los valores. El puritanismo es la inmaculada concepción de lo social, la mujer velada, el Cantar de los Cantares, el hijo muerto en el regazo de una madre que llora, y no los amantes que se desnudan y acercan en el gozo.

Pero hay otros pasajes en los que las sugerencias de Quignard se llenan de psicoanálisis, y entonces es como si el autor perdiera su libertad poética, como si dejara a un lado la sugerencia y con cierto aroma didáctico se enfangara en lo categórico. Al fin y al cabo el principal error del Psicoanálisis no es más que su pretensión desquiciada de haber descubierto los esquemas científicos de la imaginación y de la fantasía, y de haber explicado con ellos nuestros miedos y preferencias. Para ello, el Psicoanálisis (Freud primero y luego sus incontables acólitos) imagina y fantasea, elevando a leyes psicológicas toda una ristra de visiones que van depurándose (o retorciéndose) y divergiendo en las infinitas escuelas psicoanalistas.

La escena [original, donde nos concibieron] pone de manifiesto su carácter no sólo sexual sino también bestial, e impone a la imaginación la postura more ferarum que los niños suponen en su origen. El agujero de salida del cuerpo en este mundo es, en primer lugar, el ano por donde reaparece lo que fue devorado.
Los padres hacen el amor como los perros de las aceras.
Cagan a los hijos como los caballos el estiércol sobre los adoquines.

EysenckHans Eysenck, psicólogo conductista, escribió en 1980 un librito muy interesante titulado La rata y el diván. En él describía dos antiguos casos de niños con problemas psicológicos: uno, Hans, a quien Freud trató en 1909 de un miedo exacerbado a los caballos, y otro, Albert, a quien en 1920 trataron Watson y Rayner de una fobia a las ratas.

Freud diagnostica a Hans a distancia, escribiéndose con el padre, músico y entusiasta seguidor de las ideas psicoanalistas. Hans, sin cumplir aún los tres años, se toca mucho “la cosita”. Un día mamá le dice que no se la toque tanto o lo llevará al médico para que se la corten. Cuando nace su hermanita ve que no tiene cosita, y además de sentir unos enormes celos (Freud y el papá hablan de angustia) se niega a aceptar que las niñas no tienen cosita. Luego Hans se enamora de su madre y le pide que le toque la cosita. El padre de Hans culpa a su mujer de haber provocado la neurosis del niño por un exceso de mimo, y por haber colocado al niño en el puesto de él. El niño sueña con jirafas, una grande y otra arrugada, y su padre y Freud coinciden en que son respectivamente el padre y la madre. Hans se enfrenta al padre: mamá es suya. Luego vuelve a soñar, esta vez con un fontanero que le clava un gran destornillador en la barriga mientras está en la bañera. Por supuesto, el fontanero es papá con su Freudgran pene erecto. Hans tiene fobia a los caballos y no puede salir a la calle. Ha visto derrumbarse a uno de ellos, y al susto se le añade que seguramente se ha fijado en el enorme y terrorífico pene del caballo. Los miedos de Hans son desplazados a los caballos, y así en vez de matar a papá, odia y teme a los caballos. Lo subyacente, la represión, el inconsciente, la etapa edípica, la fase anal y la fálica, la latencia y la libido, la amnesia infantil, las zonas erógenas (boca, ano y pene, en el niño), la castración, el yo, el ello y el superyó, la envidia fálica y el complejo de Electra…

El psicoanálisis siempre me pareció una sarta de fantasías algo obsesivas y por momentos asquerosas. Creo que Freud y sus seguidores no describieron otra cosa que sus propios vicios y miedos, y sin una sola prueba científica los convirtieron en teorías, en leyes universales. Si yo no creo haberme enamorado de mi madre ni de haber tenido deseos de matar a mi padre es porque anda por ahí el inconsciente, una instancia la mar de útil para que los psicoanalistas mantengan sus fantasías sin la necesidad de demostrarlas; el mismo mecanismo que el de las religiones. Y siempre he pensado que estas fantasías podían ser tan fructíferas como cualesquiera otras, tomadas por supuesto como acto literario, como aportación expresiva. El problema es que el psicoanálisis no se quedó en una descripción más de nuestros fondos oscuros, sino que extrajo de ella una terapéutica. De ahí que el pequeño Albert se curara de su fobia a las ratas con un simple método de aproximaciones sucesivas, asociando estímulos agradables a la creciente cercanía de una ratita al niño, mientras que el pobre Hans debió asumir que sólo curando sus múltiples neurosis y venciendo variados complejos y disfunciones inconscientes podría volver a ver un caballo sin morirse de miedo.

En Decadencia y caída del imperio freudiano, Eysenck dice lo siguiente:

Lo que hay de cierto en Freud no es nuevo, y lo que hay de nuevo en Freud no es cierto. (…) El psicoanálisis es, en el mejor de los casos, una cristalización prematura de ortodoxias espurias; en el peor, una doctrina pseudo-científica que ha causado un daño indecible tanto a la psicología como a la psiquiatría, y que ha sido igualmente dañina para las esperanzas y aspiraciones de incontables pacientes que confiaron en sus cantos de sirena. Ha llegado la hora de tratarlo como una curiosidad histórica, y de volver a la gran tarea de construir una psicología verdaderamente científica.

Recuerdo que en la década de los ochenta el profesor de Psicoanálisis en la Universidad de Sevilla era un tipo bastante exótico. Se decía que la corrección de sus exámenes eran verdaderos repasos psicoanalíticos de los alumnos. Creo que nos años después se suicidó.

Rodolfo Fucile - El caso SchreberAunque por fortuna el conductismo parece que hace mucho que relajó su encorsetamiento experimental, introduciendo otras variables en el esquema inicial y algo pobre de estímulo-respuesta, no ha dejado de solicitar que la psicología y la psiquiatría sean ciencias psicosociales (también médica en el caso de la psiquiatría), es decir, que no se basen en fantasías. La fantasía nos ayuda a vivir, y nos puede hacer tanto bien como el arte, la risa o el sexo, pero jamás debería ser usada para el tratamiento de las neurosis según las intuiciones de un gurú. Freud, un tipo inteligente y perspicaz, no puede asignarnos a todos sus fantasías. Yo nunca quise matar a mi padre, ni consciente ni inconscientemente, ni me enamoré de mi madre para copular con ella. No sólo no ocurrió sino que me parece repugnante que alguien sostenga que sí ocurrió. Decir que niego estos deseos porque ocurrieron en mi inconsciente es una treta idiota. Del mismo modo, en el inconsciente de Freud, éste pudo basar todos sus inconsistentes descubrimientos en el deseo de convertirse en un gran curandero africano desnudo, conjurando así el temor latente y el deseo inconsciente de ser violado por una banda de sátiros austrohúngaros.

Fuentes:

Eysenck, Hans, La rata o el diván, 1980.

Eysenck, Hans, Decadencia y caída del imperio freudiano, 1985. [ENLACE]

García-Vega Redondo, Laura, “Condicionamiento o conflicto edípico. Dos alternativas ante la ansiedad. El caso de los niños Albert y Hans”, en Revista de la Historia de la Psicología 2000, Vol. 21, nº 2-3, pp. 543-554. [ENLACE]

sábado, 7 de febrero de 2015

También somos lo que votamos

el-roto_los-electores-siempre-votan-lo-que-mc3a1s-les-conviene1Cuando los representantes políticos a los que votamos dedican millones de euros a la compra de armas y a la celebración de fastos estúpidos, y a la vez permiten el desahucio de miles de personas o el desamparo social de otras muchas, nosotros sus votantes deberíamos sentirnos corresponsables de esos terribles sucesos.

Cuando una persona confía su poder a un manojo de individuos que lo usan para organizarse como una cuadrilla jerarquizada de aduladores, que dedican su tiempo y sus esfuerzos a asegurar la propia vida de la cuadrilla y no a servir a la sociedad, esa persona debería enfrentar su responsabilidad no sólo ante los damnificados directos de ese tipo de política, sino ante la sociedad entera, que sufrirá el atraso y las mentiras de semejante casta.

Me molesta cada día más la progresiva caída de los representantes de Podemos en la cháchara política de siempre, en la banalidad de los eslóganes, en el griterío de los mítines. Durante unos meses ha sido refrescante ver a unos políticos discutir con seriedad sobre realidades, incidir en las mentiras del circo político instaurado tras la Transición, y sobre todo leer algunas entrevistas en las que a preguntas inteligentes y profundas ellos emitían respuestas nuevas, lógicas, argumentadas e ilusionantes.

Si lo pensamos bien, ningún español vivo ha conocido época alguna en que la política consistiera en afrontar con sensatez y humanidad el bienestar de los ciudadanos. La inmensa mayoría de los políticos no ha necesitado más que especializarse en los tejemanejes del poder para escalar en la jerarquía de la cuadrilla, y sí, de paso arreglar algunas cosillas en la sociedad, aunque sólo por pura inercia. Por eso el término casta me parece tremendamente acertado.

Los políticos profesionales son una especie aparte: se parecen todos y se diferencian del resto de los ciudadanos en su comportamiento habitual, incluso en su fisonomía. Son gente 38-S.M.-el-Reyespecialmente preocupada de su imagen, no pocas veces hasta límites ridículos. Son tipos que hacen ostentación continua de su posición en el partido y en la sociedad, que viven fervorosamente los avatares de su organización y que, conforme trepan en la escala del poder, se van olvidando de sus obligaciones. Estas obligaciones son cada vez más una oportunidad de ascenso y menos una posibilidad de servicio. Cada día creen menos en lo que hacen por los ciudadanos, de ahí que se produzca una brecha insalvable entre ellos y los técnicos que se supone deben llevar a cabo sus políticas, y que cunda entre todos estos técnicos el desánimo y la convicción de que casi nada de lo que se hace sirve para nada.

Hay diferencias en la escala jerárquica del partido, pero en todos los niveles funciona esa adulación ambigua por el que está arriba, ese deseo de posar en una foto con el capo, de ser abrazado por él ante los demás, porque ese abrazo favorece el ascenso. Incluso entre las bases, donde algunos recién llegados aún conservan la buena fe y la intención de trabajar por el bienestar de los ciudadanos, existe un sentimiento religioso de reverencia al secretario general, al coordinador, a cualquiera que haya conseguido cierta responsabilidad en el aparato del partido. Se aprende pronto que la crítica, que el razonamiento se opone a la organización. Sólo se puede ascender con obediencia, aceptando las reglas de la cuadrilla, reproduciendo los esquemas y costumbres que la sostienen. La organización debe compatibilizar la necesidad de éxito electoral con el juego de astucias y maldades que decide quiénes llevarán las riendas, quiénes repartirán los beneficios en forma de generosos sueldos y mullidos sillones.

617x1000_montoro2002Hay que admitir un cambio, a peor, desde los inicios del período democrático a este parte: se ha producido una palmaria disminución de la formación intelectual de los políticos. Si la inteligencia tramposa sigue siendo una cualidad esencial de los políticos de éxito, si deben seguir siendo unos listos, hoy han dejado de necesitar algún tipo de formación intelectual para acceder a responsabilidades enormes. Los errores de gobierno se sobreseen con pasmosa facilidad, por lo que no ocurre nada si un director general de comunicaciones no sabe una letra sobre comunicaciones, o si un consejero de educación no sabe nada sobre política educativa. No se cae el mundo si un buen número de políticos son analfabetos funcionales, porque la escala del poder ofrece multitud de puestos de responsabilidad adaptados a su ignorancia, bien remunerados y muy útiles para pavonearse.

Alguna gente que participó en la Transición, que colaboró en la construcción de los partidos aportando una enorme ilusión a la esperanza colectiva de la democracia, se encuentra hoy fuera de los mismos y asombrada de lo que ocurre, abochornada por el nivel de los que hoy dirigen sus antiguas organizaciones. Aun así, les cuesta reconocer que el rumbo que ha tomado la política viene de decisiones muy antiguas, de los dirigentes de los grandes partidos que protagonizaron la Transición, que no tardaron en traicionar esa esperanza colectiva en el bienestar y en el progreso económico y cultural de nuestro país.

Por otro lado, todos conocemos a alguna buena persona que tuvo la cándida idea de intentar cambiar el funcionamiento de los partidos desde dentro, y seguramente hemos podido asistir al frío y sistemático método que los partidos usan para machacar a estas almas ingenuas. Hay, sobre todo a nivel local, un pequeño grupo de concejales y militantes de base que, dada la escasa importancia que los aparatos conceden a esos niveles de la política (precisamente los más cercanos al ciudadano), consiguen desarrollar proyectos interesantes y útiles, pero también estos personajes periféricos han de cumplir con las fiestas del partido, con los protocolos, incluso a veces con los vicios de la cuadrilla. Y todos, todos poseen en sus despachos las correspondientes fotos con los sonrientes líderes, todos, incluso los carlos_mottamás bienintencionados, aceptan las reglas de la casta, de la jerarquía, y sueñan con pisar las lujosas alfombras del poder.

Cuando votamos a estas cuadrillas debemos asumir la responsabilidad de sus éxitos y de sus fracasos, pero también de sus fechorías, y si aun así, aun conociendo sus desmanes, seguimos votándolas, debemos ser conscientes que somos nosotros los que andamos sosteniendo a una casta de malhechores, nosotros los que mantenemos un sistema político corrupto y desnaturalizado.

viernes, 6 de febrero de 2015

La extraordinaria y lucrativa sensibilidad del agua

Samuel_Hahnemann_1841Christian Friedrich Samuel Hahnemann era un médico alemán muy listo, que sabía muchos idiomas y que a principios del siglo XIX tuvo una ocurrencia genial. Por entonces la medicina andaba todavía en pañales, y en muchos casos los médicos se guiaban por la intuición más que por los siempre limitados conocimientos científicos. Nuestro protagonista sufría al comprobar cómo los medicamentos eran más fastidio que cura para los pobres enfermos.

Un día leyó en un artículo que la corteza del árbol de la quina (rica en quinina) se usaba para combatir la malaria, y algo no le gustó en los argumentos de aquel texto. Entonces hizo pruebas consigo mismo y se metió entre pecho y espalda una infusión de dicha corteza. Se puso malísimo. Los síntomas que observó se parecían demasiado a los de la malaria. No contento aún, tomó infusiones cada vez más diluidas de la corteza, y comprobó que los síntomas iban desapareciendo. Al observar que un preparado concentrado de dicha corteza producía los síntomas de la malaria, mientras que con una progresiva disolución de la sustancia estos síntomas desaparecían, concluyó varias cosas:ley_de_similitud_homeopatia

1. Que las sustancias que en un hombre sano producían los síntomas de una enfermedad, convenientemente diluidas podrían curar esta enfermedad.

2. Que la eficacia de los medicamentos sería mayor cuanto más diluidos estuviesen.

Al parecer, Christian Friedrich Samuel era simplemente alérgico a la quinina, pero ya sabemos que a veces Dios elige camino retorcidos para iluminarnos.

En fin, convencido de todo esto, el bueno de Christian Friedrich Samuel hizo otro enorme descubrimiento intuitivo: cuanto más fuerza se aplique al agitar la disolución, más energía poseerá el producto y más eficaz se mostrará. A este proceso de agitación propiciatoria lo llamó sucusión. La sucusión más poderosa que encontró fue la que se producía cuando golpeaba el producto con su Biblia, aunque, con el tiempo, los seguidores de nuestro amigo descubrieron que la sucusión ideal es la agitación repetida en tres dimensiones: hacia los lados, hacia arriba y abajo, y hacia delante y detrás.

Pero Christian Friedrich Samuel era médico, no lo olvidemos, así que se dispuso a vestir científicamente sus teorías. Cogió 1 mililitro de sustancia y lo diluyó en 99 ml de agua. Así conseguía una dilución de uno a cien, a la que llamó dilución 1 Centesimal de Hahnemann (1 CH). Luego tomaba 1 ml de esta dilución, y la volvía a diluir en 99 ml de agua. Así conseguía una dilución uno a diez mil de la sustancia, o lo que es lo mismo, una dilución 2 CH. Y así sucesivamente.

Proceso de diluciónChristian Friedrich Samuel, que era un hombre imaginativo pero no idiota, supo que, aplicando la constante de Avogadro (que establece el número concreto de moléculas que hay en cada unidad de masa), una dilución de 12 CH no podía ya contener ni una sola molécula de la sustancia original, es decir, que una dilución tal era agüita pura. Hoy, muchos medicamentos homeopáticos poseen una dilución de 30 CH, es decir, hay 1 ml de sustancia por cada 1057 litros de disolución. Se ha calculado que habría que llenar una esfera de radio la distancia entre la tierra y el sol para meter tanto líquido. Pues bien, usted echa en esa depósito formidable de agua 1 ml de extracto de corteza de quina, le da golpes con una Biblia estratosférica y luego llena un botecito con el que cura la malaria en un pispás.

gotita de agua1Pensarán que si Christian Friedrich Samuel no era idiota, se habría percatado de que algo fallaba en el planteamiento. Así fue, efectivamente. Nuestro amigo solucionó el problema con la misma soltura con la que había afrontado todo el proceso: cuando ponemos la sustancia, en dosis infinitesimales, en contacto con el agua, y además ejercemos sobre el producto la prodigiosa sucusión, la sustancia transmite su espíritu curativo al agua. Hoy, los homeópatas modernos han sustituido esta denominación algo mística por una de apariencia más científica: efecto memoria del agua. Es decir, el agua que ha estado en contacto con la sustancia, al menos por un instante, recuerda a la sustancia y adquiere sus propiedades curativas.

En 1988, un inmunólogo francés llamado Jacques Benveniste publicó en la autorizada revista Nature un artículo sobre determinados experimentos que demostraban la memoria del agua. La misma revista organizó poco después a un grupo de científicos para que reprodujera el experimento de Benveniste y sus colaboradores, entre los que había algunos con claros intereses en la industria homeopática. Se demostró que el experimento era una auténtica chapuza. Aparte de este experimento, no ha habido ninguno más que haya demostrado ni la memoria del agua, ni una eficacia de los productos homeopáticos superior a la del efecto placebo. El mismo Benveniste se fue al otro barrio sin preocuparse lo más mínimo por los experimentos que demostraban la superchería de los suyos.

Y ahí andamos, con las farmacias atiborradas de productos homeopáticos, con cientos, miles de profesionales sanitarios incondicionales de la cofradía del Santo Espíritu Curativo, con nuestros gobiernos sancionando legalmente los primeros medicamentos que no requieren prueba científica de su eficacia. Claro, todo esto en medio del auge de una enorme industria pseudofarmacéutica que James Randiproporciona colosales beneficios a los de siempre.

El grandísimo mago norteamericano James Randi (mago de dulces trucos que les recomiendo), hombre que, entre otras cuestiones, dedica su vida a perseguir las mentiras pseudocientíficas, hace años que va por ahí con un cheque de un millón de dólares en el bolsillo, y promete entregárselo al primero que le demuestre científicamente que la homeopatía funciona. ¡Qué ingenuo! Para las compañías que trapichean con estos brebajes, un millón de dolares es poco menos que calderilla…

 

Fuentes y enlaces

http://queeslahomeopatia.com
http://en.wikipedia.org/wiki/Samuel_Hahnemann
https://tallcute.wordpress.com/2010/02/24/el-dia-que-la-homeopatia-se-colo-por-la-puerta-grande/
No se pierdan este vídeo del Mago Randi: https://www.youtube.com/watch?v=drPNYLVsGQM

jueves, 5 de febrero de 2015

Regreso al siempre

Return to foreverViajaba con ellos encajado en el esquelético Seat Panda de él, que atravesaba veloz y temerario las escurridas carreteras, flanqueado por encinas, alcornoques y prados de ensueño. En aquel asiento trasero todo era primavera, velocidad, música e insolencia juvenil.

Ella y él eran una pareja chocante: ella toda aldea y barro virginal, él consentido, urbano y egoísta. El disco sonaba una y otra vez, como si no fuese más que el rumor desprendido por el roce de mis sentimientos con aquel paisaje conmovedor. Ella, allí delante, sonreía como si el amor brotara de sus ojitos pequeños.

P1100228Al llegar todo ocurría junto a la estación, en un pequeño prado, al abrigo de un gran alcornoque y cruzado por un inocente riachuelo. Con la puerta del coche abierta, el disco embellecía el silencio. La candela crepitaba y el vino barato deshacía nudos y espoleaba los deseos más insensatos. Y ella jugaba, ya lo creo que jugaba.

El amor sin manos me duró años, y la emocionante mentira aún flotaba en el aire cuando ella y él habían desaparecido de todos mis escenarios. Un día, muy lejos de aquella estación, la vi y comprobé que hasta el último gramo de barro se le había escurrido por los husillos de la ciudad, y entonces sólo quedaba la música, aquel disco y aquellas palabras…

Sometime ago I had a dream
It was happy it was lasting it was free

And now in life O can't you see
How we can make that dream into reality

O the music it was playing
O the firelight it was dancing
All the children they were singing
All the people they were living

Sometime ago I had a dream
It was happy it was lasting it was free

And now in life O can't you see
How we can make that dream into reality

O the morning sun it was soft and cool
O the evening breeze it was warm and gold
All together life had started to unfold

Sometime ago

Hace mucho tuve un sueño,
era feliz, perdurable, libre.

Y ahora en la vida, oh, ¿no veis
cómo podemos hacer realidad ese sueño?

Oh, la música sonaba,
oh, el fuego danzaba,
todos los niños cantaban,
toda la gente vivía.

Hace mucho tuve un sueño,
era feliz, perdurable, libre.

Y ahora en la vida, oh, ¿no veis
cómo podemos hacer realidad ese sueño?

Oh, el sol de la mañana era suave y frío.
Oh, la brisa del atardecer era cálida y dorada.
Todos juntos y la vida había empezado a desplegarse.

Hace mucho.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Elogio de Lara o el plácido apocalipsis de los integrados

Contemplo con estupor, incluso con una mueca de asco, las declaraciones que un sinfín de personalidades artísticas, políticas, periodísticas y empresariales hacen sobre la insuperable figura de José Manuel Lara. ¡Cuánto hizo este hombre por el mundo editorial español! ¡Qué inteligencia la suya en el dominio de los medios de comunicación! Esto último es cierto: nadie se ha explicado aún cómo un mismo magnate ha podido mantener un periódico filofranquista como La Razón y una cadena tan rumbosa y guay como La Sexta. Él mismo lo decía el otro día en una entrevista que le hicieron años atrás, justo cuando adquirió La Sexta a aquel pequeño Berlusconi en jose-manuel-larael que se nos convirtió nuestro añorado Milikito: lo que me importa es que haya clientes para mis negocios. Algo de esto se advierte en todos los que fueron sus negocios: la importancia crucial del anuncio, de las ventas y de los ingresos sobre cualquier otro tipo de consideración. No obstante, cuando se habla de él se lo pinta como el prócer cultural español por excelencia, un empresario que, poniendo a un lado sus propias ideas políticas, cuidó de la salud mediática de los españoles, proporcionándoles a cada uno de ellos el medio de información donde confirmar las propias ideas, además de una infumable ristra de pasatiempos con forma de libro.

En lo que respecta a los libros, se nos cuenta que José Manuel Lara revolucionó el panorama literario español, dándole la vida y el reconocimiento que necesitaba. No conozco estadísticas, pero juraría que entre los mayores de cierta edad nunca se ha leído en este país tanto como ahora (por debajo de esa edad, se lee poco más que un puñado de microexpresiones en el móvil). De hecho, noto a mi alrededor un arrebato lector que podría confundirse con el auge de la literatura. Desgraciadamente, lo primero que José Manuel Lara hizo fue mantener y acrecentar si cabe el auge de la editorial creada por su padre, Planeta, un negocio que si publicó alguna vez algún libro que merezca ese nombre, seguramente lo hizo por error, y en alguna colección menor y poco conocida. Durante mucho tiempo hubo en este país la buena costumbre de diferenciar la literatura de verdad de los sucedáneos librescos que publicaba Planeta, pero la costumbre se perdió. Hoy, alborozados y orgullosos, leemos de todo y a todas horas, y eso es indudablemente bueno, buenísimo.

La Guerra Civil y la dictadura no pudieron con los vientos dulces de las generaciones literarias españolas, que se habían sucedido sin descanso desde tiempos de Cervantes. Muchos desde el exilio y otros desde dentro del infierno, hubo autores españoles que siguieron publicando algunos libros asombrosos, y otros menos asombrosos. Sea como fuere, hoy resulta desalentador comprobar cómo algunos escritores menores de aquellos tiempos realzan su figura si comparamos sus obras con los librosautores punteros actuales. Como en otros ámbitos culturales, se ha impuesto la sencillez, la libertad de ser sencillo y el derecho de ser uno mismo por encima de esa supuesta evolución que debería caracterizar a la cultura. Cualquier frase en el peor libro del menos soportable Camilo José Cela posee más grandeza que la mejor frase del más avanzado de nuestros aspirantes actuales a Premio Nobel. Uno leía en tiempos a Ana María Matute, a Delibes, a Sender, al propio Cela, y consideraba que en general escribían libros sin sorpresa, historias que, sin estar nada mal construidas, se arrastraban a duras penas hasta desembocar en un olvido gris. Si resucitaran, cualquiera de esos escritores sin sorpresa sería hoy un genio, a años luz de la gran mayoría de nuestros exitosos artistas. Por decir algo, tenían la costumbre de poner en cada frase una intención literaria, hábito hoy olvidado casi por completo. No hablemos, claro, de los grandes escritores. Ante sus obras, lo que hoy en general se aplaude no son más que libelos apresurados y fatuos, novelillas insustanciales que no pasarían el más relajado de los filtros editoriales.

En mi opinión, lo que ocurre es que los que mandan en el corral y las prisas propias del consumismo nos han convencido de que no hay que darles tantas vueltas a las cosas. En cuestión de libros, hay que contar historias fundamentalmente entretenidas. El arte y sus complejidades perturban al lector, que ya soporta bastantes problemas como para tener que andar descifrando las ocurrencias literarias de un listo. ¿No es mucho más fácil y democrático contar las historias en un lenguaje llano que todo el mundo comprenda? Podemos perdonar la torpeza expresiva de un escritor, pero no que se haga el entendido y se nos ponga barroco. El arte de la literatura debe adaptarse a la nueva era: no tenemos tiempo ni para escribir ni para leer textos elaborados. Cuénteseme una buena historia, y dejémonos de zarandajas. No sólo porque podemos tumbarnos y leer a velocidad de crucero, sino porque a todos se nos permite hacer pinitos literarios sin que venga un escrupuloso a ponernos reparos. Todos tenemos cosas que contar, y ¿no es en eso en lo que consiste la literatura, en contar? Preocuparse de las formas es ponerse picajoso.

Premios PlanetaEn sintonía con este panorama, José Manuel Lara ha contribuido a allanar el paisaje literario español y a atiborrarlo de grandes obras ligeras. El catálogo de Círculo de Lectores —que también pertenecía al ínclito empresario— es la prueba científica definitiva de la situación literaria española y tal vez europea y mundial. Este buen hombre no sólo se limitó a poner en marcha estrategias empresariales impecables para que sus best sellers hicieran honor a su nombre, sino que al parecer hizo lo posible para controlar a algunos díscolos competidores que han tratado siempre de joder la marrana y de complicar el deseo democrático de las masas de estar, sin despeinarse, en el candelabro de la cultura. Una buena librera me comentó hace un par de años que Planeta, además de andar comprando y desactivando editoriales —y de paso arrinconando un arsenal de títulos que contravenían no sólo el deseo general de sencillez, sino las ideas reaccionarias de los nuevos propietarios—, andaban absorbiendo a las distribuidoras de los libros, y consiguiendo que la distribución de la competencia se convirtiera en una pesadilla, mientras que los propios títulos llegaban al rincón más recóndito, a la librería más humilde de la geografía patria. Tal vez no muchos lectores sepan que Lara poseía, entre otras muchas, editoriales como Espasa, Destino, Temas de Hoy, Seix Barral, MR Ediciones, Emecé, Minotauro, Timun Mas, Crítica, Península, Ariel, Paidós, Booket y Austral, además de ser dueño de la Casa del Libro.

Por supuesto, José Manuel Lara no ha sido el único que ha contribuido a esta papanatez literaria imperante. Otras editoriales se han adaptado no sólo a los deseos más ligeros de los lectores, sino a la oferta ágil y cada día más vacua y frívola de los avezados creadores. Muchos otros han puesto su granito de arena para que hayamos pasado de unos tiempos oscuros y retorcidos en los que cada frase en un libro era una oportunidad para la belleza, a una era bastante más alegre y democrática en la que la expresión es lo de menos, siempre y cuando nos cuenten una historia bonita. Lo mismo pasa en el cine, lo mismo ocurre en la música, y lo mismo sucederá en todo lo que tenga que ver con el sentido creador de las mujeres y hombres del futuro. Así pues, descanse en paz ese incansable lector, ese gran hombre ansioso de conocimiento que fue José Manuel Lara, y alegrémonos porque nadie duda de que sus herederos acabarán la faena. Y lean, léanlo todo aunque sea pura bazofia. Es buenísimo leer.

LafarsadelPremioPlaneta-LusMaraAnso

miércoles, 14 de enero de 2015

El imperio cretino de la náusea

CM468_GHace un tiempo leí Arthur & George, una novela de Julian Barnes que en general me gustó, y que por momentos me entusiasmó. En ella, Sir Arthur Conan Doyle se interesaba en el caso de George Edalji, un abogado británico de ascendencia hindú, que fue acusado de matar varios animales en una zona rural del país. Los hechos en los que se basa la novela son reales. Lo Arthur_Conan_Doyle_by_EO_Hoppe_1912cierto es que la obra mantuvo mi interés justo hasta el final, el cual me pareció desentonar por completo con el resto de la historia. Hay que reconocer que si los hechos ocurrieron así, Barnes no podía hacer otra cosa que intentar ser relativamente fiel a ellos, pero de cualquier manera ese final me decepcionó. En él se describía, mediante algunos sucesos que no voy a desvelar, la relación del escritor escocés con el espiritismo. La elegancia con la que actuó el creador de Sherlock Holmes durante la novela quedó disminuida con ese gusto extraño por los fenómenos invisibles y por una de las muchas explicaciones que se le han dado a estos fenómenos a lo largo de la historia.

IMG_20150114_073638Viene esto a cuento porque esta mañana me encontré con la ronda histórica de Sevilla inundada de carteles del VII Encuentro Espírita Sevillano Fraterno. Espiritismo: “La Vivencia del Amor”, que se desarrollará muy cerca de mi casa, en unas instalaciones públicas pertenecientes al Ayuntamiento. Indagando un poco, he descubierto que esta corriente espiritista, o espírita, como a ellos les gusta llamarse, es la misma a la que prestó oídos el bueno de Conan Doyle. En concreto convoca un grupo denominado Grupo Espírita Nuevo Amanecer Joanna de Ângelis. En su página web cuentan así quiénes son (transcribo literalmente):

El 15 de agosto de 2002, dio comienzo lo que sería años después el Grupo Espírita Nuevo Amanecer Joanna de Ângelis, pasando por diferentes etapas de rupturas y crecimiento, hasta ser lo que hoy es han pasado 10 años, y aún somos tan sólo una semilla que a penas está comenzando a crecer.

Como salta a la vista, toda la sabiduría que el Espiritismo proporciona no alcanza para una expresión mínimamente correcta. Poco después, con un uso frenético y patético de las comas, explican que

Ser espírita, es compartir, y dicho acto, se da a través del amor con el que Jesús nos guía al Padre, por tanto, derribemos barreras y unámonos cada día, más y más con la fuerza del ideal que en el porvenir será la luz que Guíe a la Tierra.

allan_kardecPero ¿qué es el Espiritismo aparte de una teoría con muchas mayúsculas? Estos señores dicen que el Espiritismo “es una doctrina revelada por los Espíritus Superiores, a través de médiums y organizada (codificada) por un educador francés, conocido por Allan Kardec, en 1857”. Al parecer, no sólo es una doctrina revelada, sino también una ciencia, “porque estudia, a la luz de la razón y dentro de criterios científicos, los fenómenos mediúmnicos, que son fenómenos provocados por los espíritus y que no pasan de ser hechos naturales”. Dicen que en el Espiritismo no existe lo sobrenatural, porque “todos los fenómenos, aún los más extraños, tienen explicación científica”. Además, el Espiritismo es una filosofía, porque proporciona una interpretación de la vida, y una religión, “porque tiene por finalidad la transformación moral del hombre, volviendo a las enseñanzas de Jesucristo, para que sean aplicadas en la vida diaria de cada persona”. Aún más, el Espiritismo es la Filosofía, la Religión Universal, el Evangelio mismo, y todo ello, además de con muchas mayúsculas, con el respaldo absoluto de la ciencia. El Espiritismo responde a las preguntas esenciales: ¿Quién soy? ¿Antes de nacer, qué era yo? ¿Después de la muerte, qué seré? ¿Por qué estoy en este mundo? ¿Por qué unas personas sufren más que otras? Etc.

fotos-fantasmas-0Creen, por supuesto, en Dios, en la inmortalidad del espíritu, en la reencarnación, en la existencia de muchos mundos entre los que van y vienen los espíritus en su camino hasta el Creador, aunque cargando sin remisión con algo parecido a una memoria interna indestructible que llaman Periespíritu (“una especie de envoltorio fluídico”), donde se almacena el resultado de nuestras distintas encarnaciones. Este envoltorio toma una tonalidad diferente dependiendo de si el Espíritu es a esas alturas imperfecto (oscuro), bueno (brillante) o puro (luminoso como el sol).

La felicidad real se alcanza, según ellos, mediante la caridad, la fraternidad y la solidaridad, aunque en la concreción de estas virtudes siempre aparece el acto (caritativo, fraterno y solidario) de abrir los ojos de los demás a las verdades del Espiritismo. Llegan a afirmar que “el Espiritismo es el consolador prometido por Jesús”.

foto_de_joanna_de_angelis[1]Poseen santos, como la extraordinaria Joanna de Ângelis, que en realidad es un espíritu que encarnó en varias personas santas: “en la mansa figura de Juana de Cusa, en una discípula de Francisco de Asís, en la grandiosa Sor Juana Inés de la Cruz y en la valiente Juana Angélica de Jesús”. Se ve que los espíritus tienen mucho cuidado de encarnar en personas del mismo nombre, o tal vez sea un detalle cachondo del propio Creador, convertido por arte divino en norma transmigratoria.

No crean que el Espiritismo es una confesión de chichinabo. Sólo en Sevilla, además de su página web, poseen varios centros de encuentro de sus fieles, organizan congresos, mantienen una compañía de teatro e incluso un Centro de Estudios Espíritas. Se han publicado, desde su auge a finales del siglo XIX, cientos de libros sobre la materia, incluido uno escrito por el propio Conan Doyle. En uno de estos libros publicado en 1921, una prominente figura espírita, Léon Denis, habla sobre los ataques del Clero Católico al Espiritismo, y afirma que éste “ya ha conocido otros muchos asaltos, es tan antiguo como el mundo y durará tanto como él, porque reposa en base indestructible: la Verdad”. Y siguiendo esta Verdad tan verdadera, afirman la posibilidad cierta, natural y demostrable de la levitación y de otros muchos sucesos hasta ahora calificados de mágicos o paranormales. Algo así como la panacea de un plurimisticismo desbocado, y una digna competencia para el Vaticano y otros pretendientes de la Verdad Eterna.

En el VII Encuentro Espírita Sevillano Fraterno proponen un Taller (asimismo) Fraterno de Evangelioterapia y conferencias sobre la Terapia del Amor, sobre La Ley de Justicia, Amor y Caridad, sobre El Amor a la luz del Espiritismo y sobre El Amor en la Educación Espiritista. Se completa el programa con una Mesa Redonda de los Trabajadores Espíritas, actividades infantiles y un almuerzo fraterno, como no podía ser de otro modo.

20100112elpepivin_3_Ges_XCOMe pregunto por qué son menos creíbles estos amigos que los islamistas o los católicos, por qué estas verdades reveladas por médiums van a ser más grotescas que las de las religiones oficiales. Aunque la respuesta de todas estas grandes empresas de la mentira viene siendo últimamente que no importa en qué dios se crea, que al fin y al cabo Dios es único y ya sabrá gestionar él mismo su reino. Que lo de menos es la liturgia, que cada oveja elija la suya, porque lo fundamental es adherirse a alguna respuesta gregaria a los interrogantes esenciales de la vida. Lo suyo es hermanarse en el rebaño de alguna esas tradiciones descabelladas, que glorifican a Dios y facilitan la salvación de esas mierdecillas imperfectas que somos los hombres (las mujeres, en muchos casos, ni esto; tanto ellas como los animales deben dar gracias de que se les haya reconocido recientemente el alma…). Sin duda, es mucho mejor enmarcar nuestros desvaríos en una de esas grandes respuestas (que por muy absurdas que nos puedan sonar, traen ya la garantía de una gran empresa), que encargarte tú mismo de pensar el mundo.

Vírgenes, santos, profetas y mártires; ministros infalibles y médiums conductores, rabinos e imanes, amor al prójimo y salvación del infiel, caridad, blasfemias y guerra santa, abortos, pecados, castidad y mezquitas, libros sagrados y mentiras y más mentiras… En eso andamos, bajo el imperio cretino de la náusea.