viernes, 12 de marzo de 2010

Paisajes con móvil (II). Madrid

 Columnas y soledad

- Columnas y soledad -


El palacio dorado

- El palacio dorado -


Elefante de Barceló

- Elefante de Barceló -


Galicia en Madrid

- Galicia en Madrid -


Huyendo del Reina Sofía

- Huyendo del Reina Sofía -


Lluvia en Sol

- Lluvia en Sol-


Monotonía guerrera

- Monotonía guerrera -


Noche derramada

- Noche derramada -


Tétrica guardería

- Tétrica guardería -


Trampantojo

- Trampantojo -


Tren, verde y dorado

- Tren, verde y dorado -


Una casa cualquiera

- Una casa cualquiera -


Brillos del Café Gijón

- Brillos del Café Gijón -

jueves, 4 de marzo de 2010

Paisajes con móvil (I)

La ofrenda de la higuera

- La ofrenda de la higuera -


Viaje

- Viaje -


Noche de sol en Edimburgo

- Noche de sol en Edimburgo -


Laboral a la tarde

- Laboral a la tarde -


Lagos

- Lagos -


Sidras

- Sidras y noche -


Somiedo ahí delante

- Somiedo ahí delante -


Tarde de paseo en Gijón

- Tarde de paseo en Gijón -

martes, 2 de marzo de 2010

Vida y muerte

Cementerio de San Fernando, Sevilla, 1 de marzo de 2010
Música: Vicente Amigo, Callejón de la luna

VER LAS FOTOS

viernes, 26 de febrero de 2010

El ser más feliz de la tierra

El parto había sido difícil, instrumental, y el médico tuvo que sudar para sacarlo de allí. La madre se comportó con mucho valor, siguiendo al pie de la letra todo lo que había aprendido en las curiosas clases de preparación al parto; y por mi parte me limité a estar allí, a su lado, tomándola de la mano y acariciándole la frente. No se esperaba de mí otra cosa...

Quiero recordar que cuando vimos a Adrián salir de su vientre, ni ella ni yo nos emocionamos demasiado. María había hecho un esfuerzo tremendo, y al salir el niño seguro que sintió alivio, mucho alivio; en cuanto a mí, acabé preocupándome por ella, por que viera al niño, por los meneos que las enfermeras le dieron al pobre cachito de carne, limpiándolo de sangre y de una caquita negra que el muchacho había hecho antes de salir al mundo. Cuando por fin el niño descansó sobre el cuerpo de su madre todos sonreímos y nos emocionamos, pero pronto el protocolo médico nos arrebató a Adrián de los brazos, y a la madre se la llevaron a la sala de despertar. Yo salí a dar la noticia, exultante por los abuelos y por todos. Y muy pronto los abuelos pudieron arremolinarse alrededor de su primer nieto. Jamás podré olvidar las miradas de mi madre y de mi padre sobre Adrián. Tíos, primos, algunos amigos, mucha gente fue llegando a ver a un niño que a mí me pareció el más hermoso del mundo. Opinión que, por cierto, matizaba al cabo de los meses cuando volvía a contemplar las primeras fotos del recién nacido, lleno de arrugas, amoratado, con Adrián bebé dormido la cabeza deformada por el parto… Un mes después Adrián sí podría haber pasado por uno de los niños más bonitos que nunca nacieron.

Pero luego de tanto trajín, de tantos abrazos y tantas enhorabuenas, de vivir la tarde con esa sensación extraña que es el nacimiento de alguien que marcará para siempre tu vida; después de mirar y remirar a Adrián sin acabar nunca de creerme el prodigio, se me dio la ocasión de descansar un poco, de quedarme solo. Llevaba horas de anfitrión de las visitas, y pendiente de las más mínimas necesidades de los protagonistas. Pero la madre necesitaba algo de ropa y habíamos olvidado algún artilugio para el niño, así que, dejándolos rodeados de familiares, bajé a la calle y me metí en el coche.

Aunque la música comenzó a sonar, dentro del coche se hizo un gran silencio, porque me había quedado solo, solo con esa sensación extraña, con la imagen de mi niño grabada en el cristal de mis ojos. El ritmo acelerado de mi corazón se apaciguó lentamente, acompasándose sin problemas al Madrigal de Rush, y en ese descanso que fue ganándome mansamente, mientras conducía hacia casa, supe con verdadera certeza que Adrián ya estaba en el mundo. Sólo entonces fui realmente consciente de ello, y de todo lo que significaría esa existencia. Y fue entonces cuando pude llorar unas sencillas lágrimas de alegría, sintiéndome por un instante, y por tan poca cosa, el ser más feliz de la tierra.

jueves, 25 de febrero de 2010

Música de paso: I Never Talk To Strangers

I NEVER TALK TO STRANGERS
Tom Waits & Bette Midler

75-BetteMidlerBartender, I'd like a manhattan, please 

Stop me if you've heard this one
I feel as though we've met before
Perhaps I am mistaken
But it's just that I remind you
Of someone you used to care about
Oh but that was long ago
Now tell me do you think I'd fall for that old line
I was none born just yesterday
Besides I never talk to strangers anyway
Well I ain't a bad guy when you get to know me
I just thought there ain't no harm
Hey just try minding your own business
But who asked you to annoy me
With your sad, sad repartee
Besides I never talk to strangers anyway

Your life's a dimestore novel
This town is full of guys like you
And you're looking for someone to take the place of her
You must be reading my mail
And you're bitter cause he left you
That's why you're drinkin in this bar
Well only suckers fall in love
With perfect strangers

It always takes one to know one stranger
Maybe we're just wiser now
Yeah and been around the block so many times
That we don't notice
That we're all just perfect strangers
As long as we ignore
That we all begin as strangers
Just before we find
We really aren't strangers anymore
Ah you don't look like such a chump.

martes, 23 de febrero de 2010

Un bonito día de fútbol y primavera

Hacía siglos que no compraba un periódico, pero esta mañana me ha parecido preferible a escuchar a algunos de esos padres entendidos en fútbol. Ha amanecido un sábado increíble, aunque me encanta la lluvia, porque si no anega las casas ni los caminos siempre es sana, y mucho más en estos pagos donde en cuestión de semanas nos alumbrará un incansable sol de justicia. Juan tiene partido, y paseo hasta el polideportivo Calavera para verlo. He comprado El Público, comprobando pronto que no sólo es un periódico bastante vulgar, como todos, sino que me han timado un euro porque el libro de regalo no era un regalo, sino una compra obligada. Escritos revolucionarios de Ernesto Che Guevara, un libro que no me interesa demasiado y que igual tengo en alguno de esos rincones olvidados de mis estanterías.

Al llegar, el partido lleva casi media hora de juego. Pierde nuestro equipo, que va de visitante, uno a cero, pero acaban de pitar un penalti a nuestro favor. Los padres y aficionados del equipo local vociferan vistiendo de limpio al árbitro, un chaval al que no echo más de diecisiete o dieciocho años. Los nuestros marcan, y nuestros papás y mamás no se contentan con gritar gol y jalear a sus hijos, sino que dedican algunas impertinencias a la afición contraria. Los niños tienen catorce y quince años, y el calor de la grada los anima a calentarse. Uno escupe a otro, las entradas se hacen más duras, algunos simulan lesiones y pierden tiempo, y los más tratan de engañar al árbitro, que sin ayudantes pita como puede, equivocándose con frecuencia y recibiendo toda clase de insultos de mayores y pequeños. img001Marca su segundo gol el equipo local, y ahora es la afición local la que nos manda recados. Uno de nuestros padres, que no ha callado ni un segundo, y otro del equipo contrario se enzarzan en una discusión porque el contrario, discutiendo algo que dijo el nuestro, lo ha insultado. Por fin, llega el descanso.

Abro el periódico, y entre las estupideces sobre política que anegan sus páginas y distraen al lector, llego a esta noticia y me pregunto en qué jodido mundo vivimos. Por supuesto, yo mismo me noto capaz de pasar sobre ella sin conmoverme, y de volver luego a perderme en esta batalla de mamelucos que llaman partido de fútbol, a este encantador modo (uno más) de embrutecimiento de nuestra infancia, mientras en otros muchos ojos, pequeños e indefensos, se dibuja cada día y cada minuto el horror de la vida y de la muerte. Nadie, ninguno de nosotros debería poder descansar un minuto mientras un solo niño en el mundo sufra la injusticia de nuestros negocios. Pero aquí estamos, hemos perdido cuatro a dos, y los enemigos se van alegres, nosotros tristes porque los malditos tramposos siempre ganan de la misma forma, y porque el árbitro ha pitado descaradamente contra nosotros.

Cerca de los vestuarios saludo a Rubén, un amiguillo de Juan que ha jugado en el equipo contrario, y lo felicito porque nunca lo había visto jugar, y aun siendo bajito le plantó cara a un defensa enorme de nuestro equipo. El sábado, conforme avanza la mañana, se va convirtiendo en un hermoso día de primavera…

sábado, 20 de febrero de 2010

Echándole cuento…

Captura

Minuencias deportivas

monteseirin Nuestro querido ayuntamiento, preocupado no sólo por la astronomía y por todos nosotros, los astronautas, sino también sensibilizado por la presencia de los sevillanos en el palmarés deportivo mundial, ha debido caer en este dato insoportable: ningún sevillano ganó nunca el Tour de Francia, ni la Vuelta a España, ni el Giro italiano.

Así pues, y matando dos pájaros de un tiro, ha modificado el funcionamiento del servicio municipal de alquiler de bicicletas. Nuestros responsables municipales han sustituido un servicio pésimo, en el que las estaciones estaban siempre vacías (imposible encontrar bicicletas), o llenas (imposible dejarlas); un servicio con bicicletas destrozadas (por supuesto por los vándalos), con ruedas pinchadas, cubiertas resquebrajadas, cadenas rotas o fuera de su sitio, frenos inexistentes, asientos inservibles… por un servicio puntual, con una bicicleta siempre dispuesta para el distinguido usuario, y un hueco salvador para poder devolverla sin molestias. Las ruedas ya no se pinchan, ni los vándalos pueden ahora navajearlas ni sacar las cadenas de su sitio. Los frenos frenan lo necesario, y los asientos han dejado de estropearse.

Pero ahora los sevillanos conseguiremos algo más: entrenaremos para alcanzar de una vez la gloria del ciclismo. En una ciudad imperturbablemente llana, tirar de una de estas bicicletas resulta un esfuerzo tan colosal que pronto escaladores y esprínteres menudearán por la calles de nuestra ciudad. ¡Gracias, Alcalde, y tiembla, Contador!

* * *

Y en uno de estos accesos de holgazanería, propiciado por unas previas y ricas cervezas en el Jota, sesteo distraído por las dulzuras heladas del patinaje artístico. Es la modalidad masculina, pero observo indignado, en mi papel de macho de la especie, que lo masculino no aparece por ningún sitio. Un rosario internacional de muchachos pálidos y estrafalariamente maquillados realizan piruetas asombrosas dignas de la más sinuosa sílfide. Verán, hacía muchísimo tiempo que no asistía a una prueba de patinaje artístico, pero en la memoria me quedaron diferencias palpables entre el modo masculino y femenino de patinar, porque gracias al cielo, y sin que ello suponga Patinadordistingos cuantitativos sino sólo cualitativos, en esta disciplina se mantenían las diferencias de género, como en otras muchas cosas que a nuestras intransigentes feministas no les interesa abolir. Pero observo con estupor cómo el hombre patinador ya no tiene cabida en este deporte: ahora los hombres patinadores, homosexuales en su mayoría, patinan como las mujeres. Y verán, como digo, no se trata de que el patinaje femenino sea peor ni mejor que el masculino, sino que es distinto. Y unificar disciplinas suele ser, y mucho más en algo relacionado con el arte, un acto empobrecedor en sí mismo. Además, uno que está chapado a la antigua en estas cosas, y que posee la tara fundamental de pertenecer al género masculino, siempre consideró, salvaguardando el derecho que todas y todos tenemos a ser como nos plazca, que esa imagen de extrema palidez, aderezada con esos vestidos chirriantes y esas lánguidas miradas, eran el símbolo de la frivolidad más insufrible. Por supuesto, con su pan se lo coma cada cual. Son sólo preocupaciones estéticas y deportivas de este bobo que les escribe, que nunca patinará como estos aprendices de sirenas…

jueves, 18 de febrero de 2010

Música de paso: Lady of the Dancing Water

Lizard Grass in your hair stretched like a lion in the sun
Restlessly turned moistened your mouth with your tongue.
Pouring my wine, your eyes caged mine glowing
Touching your face, my fingers strayed knowing.
I called you Lady of the dancing water.
Oh lovely Lady of the dancing water.

 
Blown autumn leaves shed to the fire where you laid me
Burn slow to ash just as my days now seem to be.
I feel you still always your eyes glowing
Remembered hours salt, earth and flowers flowing
Farewell my Lady of the dancing water.

viernes, 5 de febrero de 2010

Curso acelerado de inglés y melancolía (II)



My romance doesn't have to have a moon in the sky
My romance doesn't need a blue lagoon passing by
No month of may, no twinkling stars
No hide away, no soft guitars

My romance doesn't need a castle rising in Spain
Nor a dance to a constantly surprising refrain
Wide awake I can make my most fantastic dreams come true
My romance doesn't need a thing but you

Caer por tu risa

Añoro caer por tu risa,
rozar tus dientes de leche
para ahogarme, pronto, en tu lengua
traviesa y prodigiosa.
Me arropo ahora, por esta noche,
en la tregua de tu pecho,
y luego, en la batalla de tu vientre,
renazco eterno en el instante
con mis hambres,
mis ternuras,
mis delirios y mi sangre.

Añoro tus aires, tus juegos,
tus senos de espuma
y la dulce sal de tu piel,
y la arena de tus dedos,
y tu risa, sí,
caer por tu risa,
pasar por tus dientes
y en tu lengua beber
las palabras, los deseos,
los pretextos de amor,
los consuelos.

Añoro esa figura tuya, tan azul,
las curvas de tus caricias,
tus caderas perfectas,
las canciones, tu pelo rojo
y tus ojos encendidos
como faros en la noche,
y tu risa, ay,
cómo añoro tu risa,
caer en tu voz, en el rumor
de tus pesadumbres, 
en el aliento de tu paraíso.

viernes, 22 de enero de 2010

Si Mecenas levantase la cabeza…

mecenas El martes 19 publicaba el maestro Fernando Savater un artículo en El País titulado El regreso de Mecenas, en el que con desacostumbrada torpeza expresiva y argumental rompía una lanza por los autores en contra de los malvados internautas, los cuales, según Don Fernando, no solicitan libertad, sino gratuidad en el acceso a las obras de los artistas. Para ello, Savater trae a colación a Gayo Mecenas, que fue un rico bienhechor de la cultura y favorecedor de la obra de señores como Virgilio y Horacio.

Imagino que el maestro Savater, en su vano esfuerzo por ser no sólo un buen pensador, sino también un buen literato, y por tanto un buen artista, anda algo desconcertado. Si de sus excelentes ensayos se puede deducir algo sobre su personalidad, juraría que no se le ha subido el Planeta a la cabeza, así que supongo que debió tener un mal día cuando decidió escribir este artículo.

No voy a repetir aquí todos los argumentos que ya exponen cada día no sólo los inicuos internautas, sino todo aquel que, sin lucrarse directamente con el asunto, piensa con un mínimo de cordura. Entre estos argumentos destacaría el de que la industria cultural ha sido durante mucho tiempo una de las expresiones más palmarias del capitalismo salvaje, modelo de relación social que, como en algún sitio dijo ya Don Fernando, no es el reino de la libertad, sino el de la libertad económica de unos pocos y la esclavitud económica de otros muchos. Si dicen que esta industria cultural anda ahora de capa caída no es porque los artistas no puedan vivir, y muy bien, de su trabajo, sino porque hoy no existe la misma facilidad para que cualquier mindundi pegue uno de esos pelotazos tan frecuentes en otros tiempos.

Fernando Savater A la sombra de una situación desastrosa de la educación, de una menguante importancia de la sabiduría en todos los procesos sociales y del endiosamiento del gusto popular como principal medida del arte, una caterva de personajillos cuasi analfabetos dictan, con la ayuda de poderosas productoras, la repetitiva banda sonora de nuestra vida, los entretenidos libros que atiborran las librerías-supermercados, o las decorativas obras que adornan nuestros museos. Y en esto llega el maestro Savater, a quien a pesar de todo respeto incondicionalmente, y pretende que la sociedad sea buena y permita a un montón de papanatas hacerse ricos a costa de los bolsillos del populacho.

Por supuesto, entre tanto artista hay sin ninguna duda más de un genio, contados seres que, incluso sin ser pirateados, raramente alcanzan la dicha de vivir de sus trabajos. Son personajes que se diluyen en el carnaval tonto del artisteo y el tomate, y es a estos artistas a los que, en no pocos casos, beneficia la libertad de movimientos que a Savater le parece tan perjudicial. Por supuesto, si uno quiere sacar un disco o publicar una novela, y a continuación comprar una mansión y un coche de lujo, todo esto del pirateo acaba siendo una jodienda, y aun más si los productores e intermediarios, si los dueños de los medios de comunicación, en definitiva, los mecenas de hoy día, tampoco pueden obtener los ilimitados beneficios que antes obtenían con extremo desparpajo; y así, claro, no hay quien haga funcionar el negocio.

Pero más allá de todos estos argumentos, hay uno decisivo para que el artículo de Savater chirríe hasta romperle a uno los oídos: por favor, maestro, no me compare a Virgilio y Horacio con Teddy Bautista o Ramoncín, aunque tampoco con Javier Marías o Saramago, cuyo último libro tuve necesidad de regalar, y le juro que no valía ni la cuarta parte de los dieciocho euros generosos que pagué por él.

jueves, 21 de enero de 2010

Amargor

Hay poetas a quienes pedimos que nos ayuden a decaer, que fomenten nuestros sarcasmos, que agraven nuestros vicios o nuestros estupores. Son irresistibles, maravillosamente debilitadores... Hay otros más difíciles de abordar porque contradicen nuestras amarguras y nuestras obsesiones. Mediadores en el conflicto que nos opone al mundo, nos invitan a la aceptación, al esfuerzo sobre uno mismo. Cuando estamos hartos de nosotros mismos y aún más de nuestros gritos, cuando esa manía de protestar y reivindicar, eminentemente moderna, llega a adquirir en nosotros la gravedad del pecado, ¡qué consuelo encontrar un espíritu que jamás sucumbe a ella, que retrocede ante la vulgaridad de la rebeldía como un hombre de la antigüedad, de la antigüedad heroica y de la antigüedad crepuscular, semejante a un Píndaro y también al Marco Aurelio que exclama: «Todo lo que me traen las horas es para mí un fruto sabroso, oh Naturaleza» (E.M. Cioran, Ejercicios de admiración - Saint-John Perse o el vértigo de la plenitud).

No sé por qué extrañas revueltas vino a ser la primera palabra que aprendí en rumano, aunque sí imagino por qué es una de las pocas que no se me han olvidado. Porque mi profesora no era una rumana adusta, melancólica y penetrante, sino una mujer joven, rubia, alegre... Además, luego el curso discurrió por los caminos acostumbrados, con frases del estilo me gustan mucho las berenjenas o el padre de mi abuelo tenía una camisa blanca. Mi profesora dijo la palabra con ese acento dulce y taciturno que posee la lengua rumana: amărăciune, amargura...

Aunque más que de la amargura, de lo que pretendo hablar aquí es del amargor, que puede ser sinónimo de amargura pero también, y sobre todo, la cualidad que posee cualquier cosa de gusto o sabor amargo. Y es que el otro día, reincidente como pocos, oía Radio 5 y un espabilado presentaba a un tal Gino Vannelli como uno de los mejores cantautores de la historia, mejorando incluso, y esto también era cosecha del avispado locutor, al mismísimo Leonard Cohen.

A mí, por dejar claras algunas cuestiones desde el principio, el señor Cohen, aparte de un remilgado de cojones que va por ahí pidiendo camerinos de lujo y aderezos de chiflado como condición sine qua non para dar sus conciertos, me ha parecido siempre un impenitente petardo. Recuerdo que en aquellas primeras clases de inglés su Partisano era lugar común de todos los revolucionarios, y texto de traducción obligada. Y verán, como he apuntado ya en varios sitios de este cuaderno, tal vez las letras de algunos artistas sean el súmmum de lo poético, pero si su música es simple y aburrida como el espacio vacío, entonces que se dediquen a la literatura, y que no vayan por ahí durmiendo a las ostras con sus cuatro acordes mohosos. Para aquellos enamorados de los cantautores que se sientan de soslayo ofendidos, déjenme recordar el caso paradigmático de Bob Dylan: coincidiendo con su conversión religiosa comenzó a patinar escandalosamente con discos que, manteniendo tal vez la calidad de sus letras, se revolcaban en el papanatismo musical más insustancial, hasta el punto de que pasarán a la historia como los discos insoportables de uno de los más poderosos compositores de todos los tiempos.

Poco después de escuchar la gansada pop del cargante Vannelli, y de camino a un pueblo de la sierra norte de Sevilla, mientras cruzaba una vega del Guadalquivir esplendente de verdor y humedad, iba escuchando yo un disquito que había conseguido mucho tiempo atrás, pero que sólo en ese rato pude escuchar con tranquilidad. Era de un grupo americano llamado Cairo, en concreto su primer disco, publicado en 1995. El trabajo es una modesta pero divertida imitación de los sonidos de Emerson, Lake & Palmer, aunque introduce algunos pasajes más propios de Genesis o Yes. Y dejándome envolver por sus sonidos, pensaba en que aquellos muchachos, con sus imitaciones, andaban a años luz de la ñoñería del tal Vannelli o del duermefarolas Cohen. Pensándolo bien, era como comparar a Haendel con Juan Carlos Calderón o con el inefable Luis Cobos. Y eso que los amigos de Cairo, en el rock, no habían llegado ni en sueños a donde Haendel llegó en la música clásica. Porque hay otro escalón desde el que Vannelli o Cohen no se ven más que como innecesarias y silenciosas motas de polvo, un escalón donde andan los grandes compositores, la gente que elabora su música y no se contenta con ponerle un insípido acompañamiento sonoro a sus poemas más sentidos.

Pero yo quería hablar del amargor. Hace años que vengo notando en mis días cómo el placer previsible de lo dulce va dando paso al fascinante misterio de lo amargo. Me pasa con las bebidas y las comidas, donde uno descubre que el caramelo no posee ni de lejos la fuerza expresiva de esos otros sabores más complejos y ásperos, más difíciles, menos accesibles. Y me pasa con cualquier manifestación artística y personal, donde lo simple (que no lo sencillo) aburre y empalaga, y lo complicado, lo adusto, lo intratable suele venir preñado de descubrimientos, de aventuras, de sobresaltos que remueven nuestras entrañas.

Y al final el amargor y la amargura se toman de la mano, porque toda indagación nos conduce a la tristeza, todo conocimiento a esa hambre propia del desvalido; y cualquier mirada nos lleva a lo que realmente somos, al extravío eterno en el que nos guste o no vagamos. El amargor y la amargura nos posan con suavidad en el principio de todo, en el pretil del asombro, en la puerta de entrada a nosotros mismos.

domingo, 17 de enero de 2010

De traiciones y otros demonios

Before Sunset 3

En virtud de ciertos acuerdos amistosos establecidos entre Lula Fortune y yo mismo, hoy ve la luz a este vasto, y a la par simple mundo, un nuevo blog: De traiciones y otros demonios. Un nuevo espacio de divagación que, como reza su saludo, abundará en aventuras traductoras, textos traicionados, luminarias y lóbregos callejones, expediciones al averno y requisas del paraíso, licencias, arrebatos…

Desde nuestras humildes atalayas, gozamos del honor de invitarles a que visiten sus páginas, en las que su participación será imprescindible aliento y fuente segura de inspiración.

Abyssus abyssum vocat in voce

Curso acelerado de inglés y melancolía (I)

Billie Holiday The Silver Collection (1993) I wished on the moon for something I never knew

I wished on the moon for more than I ever knew

A sweeter rose, a softer sky

On April days that would not dance away

 

I wished on a star to throw me a beam or two

I begged of a star and asked for a dream or two

I looked for every loveliness, it all came true

I wished on the moon for you

martes, 12 de enero de 2010

Esquema misterioso

¿Qué habría bebido yo, hace unos años, antes de escribir esto? Y ¿qué puñetas significará?

Esquema misterioso

lunes, 11 de enero de 2010

Piedras milagrosas

miguel-hernandez2

 

 

 

Tiro piedras a un cordero,

y cada piedra que tiro

deja en la brisa un suspiro

y en el azul un lucero.

viernes, 8 de enero de 2010

Cuñaoooo…

Yo nada más que tengo un cuñado masculino, pero vaya cuñado… Advertido por mí (ay, insensato de mí) de las posibilidades del Corel Photopaint, posibilidades que le mostré haciéndole favores como éste,

James Bond mi cuñado perpetró imágenes como la que sigue:

Paulicky_el_VikingoEn ésta, además de otros miembros de la familia, aparece un servidor en el papel de Halvar, el padre de Vicky, personaje que en esta ocasión encarna su propia hija Paula, cierta hadita preciosa que ya apareció en estas páginas.

Muchas han sido las víctimas que han caído en sus ya expertas manos, y familiares, compañeros de trabajo e incluso algún que otro transeúnte lo buscan para hacerle pagar sus infamantes diseños. Porque no se vayan a creer que todas sus obras son tan agradables como la anterior. Para muestra, un par de botones:

Al caeda  Chrismasnaboo

Incapaz de contenerme más en la venganza, pensé en que el maestro debería revolverse y demostrarle al díscolo alumno que donde las dan las toman, y que quien a hierro mata, a hierro muere, y que cabra coja que no quiere siesta, si la tiene caro le cuesta, pero repasando algunas fotos suyas caí en que mi cuñado no necesita composiciones, que sus fotos hablan por sí solas…

Para empezar, mi cuñado es un experto en cuestiones oníricas…

Dormilón Por otro lado, cualquiera que posea un mínimo de sagacidad, adivinará cuál es la profesión para la que nació mi cuñado…

payaso

Incluso en las situaciones más difíciles, ha conseguido actuar como lo que es…

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Ha pretendido ser un galán…

Imagen028pero tuvo algunos problemas a la hora de ponerse interesante…

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E incluso quiso parecerse a Dios…

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Pero ¿cómo va a ser un dios… esto?

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Al final, mal que bien, no pude resistirme, y por su parecido a ciertos personajes como Alf, Scoobie Doo y otros, tuve que ponerme en la tarea…

epi y blas

Pero ni falta que le hace a mi cuñado ser un dios, porque con lo que es, con lo que ha supuesto tenerlo en nuestras vidas, un dios nunca hubiera hecho mejor papel que él. Ahí estuvo, siempre al lado de mi madre, casi mejor que sus propios hijos…

137 Cumple 2006 Carmen

…y siempre ahí, dispuesto para los que lo queremos, como un hermano de ley…

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lunes, 4 de enero de 2010

Pastora, de Cantillana

La señora era mayor, pero se expresaba con un deje de ironía realmente divertido y tierno. También su marido, aunque aquejado de Alzheimer y tumbado en una cama con sus capacidades bastante limitadas, poseía el mismo deje, y una curiosa sonrisa siempre a punto de dibujarse en los labios. Eran de Cantillana, un pueblo cercano a Sevilla, donde hay dos vírgenes que dividen al pueblo en dos fiestas y en dos bandos. Cuando se cuenta, estos dos bandosdivinapastoracantillana son grupos amistosos, devotos de vírgenes distintas pero, ¿acaso podría ser de otro modo?, de muy parecida sensibilidad religiosa; no obstante, sé yo que en realidad hay una tremenda competencia por montar la mejor fiesta, por bautizar a cuantas más niñas mejor con el nombre de la virgen propia, en resumen, por superar en todo lo que se pueda a las huestes enemigas. En este caso, la pareja era devota de la Pastora, versión diferente y casi antagonista de la virgen de la Asunción.

En el hospital habíamos hablado de Cantillana, porque ellos de antiguo poseían un trocito de tierra y una casa humilde construida en él, un terreno situado en el camino que conducía al Río Viar, un afluente del Guadalquivir donde hace muchos años la gente iba a pasar los fines de semana bañándose y disfrutando de la naturaleza. Llegaron a poner una tienda con bebidas frías y comidas, y cobraban la voluntad por dejar pasar a la gente por su finca. Así que no era raro que nos hubiésemos encontrado por allí unos cuarenta años antes, porque mi padre solía llevarnos al Viar algunos domingos.

En el hospital la mujer, Pastora de nombre, había dejado encima de la mesa de mi padre una foto de su virgen, y en cierto momento, observando que yo no dejaba ningún día de leer, se ofreció a traerme un libro sobre la Pastora de Cantillana, en el que podría aprender mucho sobre el municipio. Al día siguiente me entregó la típica revista que se edita para las fiestas del pueblo, con muchos artículos sobre la devoción de al menos la mitad de los cantillaneros. La hojeé y luego la conservé algún rato más para que la mujer no entendiera que aquello me interesaba poco.

Poco antes de morir mi padre, me había levantado a charlar con Pastora, y mi hermano también se levantó porque, siendo él tres años más pequeño que yo, recordaba con mucho más detalle nuestras excursiones al Viar. Mientras tratábamos de recordar con ella nuestras excursiones de la infancia, yo miraba de reojo a mi padre, que estaba sedado, y en cierto momento observé que su respiración se hacía algo más lenta. Mi hermano siguió hablando, pero yo ya no quitaba la mirada de mi padre, hasta que supe de cierto que la respiración se acababa, que su corazón quería seguir latiendo pero su cuerpo rehusaba ya mantenerse en aquel sinsentido. Entonces hice una seña a mi hermano y los dos asistimos a la muerte de mi padre, que ocurrió en unos minutos.

Pastora, cuando médicos y enfermeros asistían a mi padre, que ya había muerto, en la puerta de la habitación, se acercó a nosotros y muy bajito, con los ojos llorosos, nos dijo: “¿Queréis que os diga una cosa? Yo se lo he pedido a la Pastora: que muriera pronto y sin dolor”. Por encima del entendimiento, el sentimiento hizo que estas palabras me llegaran como una caricia, y sin poder reprimir el llanto le dimos las gracias. Pastora era (seguirá siendo) una mujer amable, resuelta y luchadora, y atendía a su marido con un cariño y una determinación que decían mucho de ella. Desembocadura del Guadalquivir, Sanlúcar de Barrameda Pero era una persona mayor, sin estudios, que había dedicado su vida a pelear por su familia sin demasiado tiempo para pensar en filosofías y sutilezas. Aun así, y sin el menor atisbo de resentimiento contra la mujer, no pude evitar pensar fugazmente en la virgen, entrando en la escena sin permiso, acelerando indiscreta y entrometida el adiós de mi padre, usando sus poderes ambiguos para intervenir en un entierro en el que nadie le había dado velas. Por supuesto, no vi a la virgen, pero noté en cambio el asedio insensato y repugnante con el que la religión y sus más perspicaces acólitos nos envuelven, de manera que ni la muerte puede escapar de él. De ahí que al día siguiente, para mitigar el dolor de una tía muy querida, se celebrara un responso, con un tipo ridículo desentonando estúpidas canciones y parloteando de mi padre sin tener ni la más mínima idea de quién era, salpicando agua bendita sobre mi padre encerrado en un ataúd que coronaba un cristo crucificado. Y de ahí que luego, en el crematorio, todo se quemara salvo ese cristo, que los funcionarios del tanatorio salvaron para no aumentar sus pecados. Pero mi padre ascendió a los cielos extensos y vivos de aquella tarde, vestido en un humo fino, elegante, quedando al cabo en nuestros corazones con infinitas razones y demostraciones irrefutables de su amor; mientras, el cristo seguirá ahí, tieso y sangrante, embaucador y trivial, presidiendo muertes, recordando valles de lágrimas, instando necios parloteos, prometiendo ayuda en la imposible y absurda huida de una muerte que mi padre afrontó con toda la dignidad que le confirió la propia dignidad de su vida. Además, la Pastora que estuvo al lado de mi padre, la que lo ayudó en sus últimas horas, fue una Pastora de carne y hueso…