Sí, claro, Jiménez Losantos, los reaccionarios incombustibles del PP y toda la Iglesia en pleno, pero a ver si de una pajolera vez nuestros queridos gobernantes dejan de escudarse en la majadería ajena para perpetrar sus calculadas majaderías. Ahora nos salen estas lumbreras de la Educación con eso de que se puede pasar de curso con cuatro asignaturas, y que ello no sólo no rebaja las exigencias a los alumnos, sino que la eleva. Oí a otro de estos listos declarar que se pretende con la medida disminuir el fracaso escolar y la alta tasa de abandono de los estudios. Por supuesto, la preocupación por la estadística es tan propia de los políticos que, sin otro argumento de los muchos que existen, ya podríamos concluir que la medida busca mejorar las cifras educativas de este país, mientras que a los jóvenes y a los niveles educativos y culturales efectivos les pueden ir dando mucho por allí, claro.Parece que estos individuos no tienen hijos, y si los tienen seguramente sus muchas ocupaciones les impiden seguir su trayectoria académica más allá de la ojeada al boletín de notas. Y así tampoco conocen a los compañeros de sus hijos e hijas, ni el mundo en general, para qué seguir detallando. Otra vez pretenden arreglar problemas que no conocen con medidas insensatas, cuando ante sus narices se producen los problemas reales de la educación, y ante sus narices se despliega un manojo clarísimo de soluciones (nada fáciles ni rápidas, pero más que inventadas) que cambiarían (éstas sí) radicalmente y para bien nuestro entorno.
Los colegios e institutos de Sevilla son fríos en invierno y calurosos en verano,
porque no tienen ni calefacción decente ni aire acondicionado. El mobiliario de las clases es penoso, para nada comparable al de cualquier despacho de cualquiera de los cientos de jefecillos descerebrados que pueblan la administración pública. El nivel cultural y la capacidad pedagógica de maestros y profesores raya lo grotesco, y por cada maestro o profesor que enseña con método y apoyado en un bagaje cultural suficiente (a los que sin duda habría que poner un monumento), hay treinta que improvisan y a los que les cuesta mucho articular una frase de más de cuatro palabras. Los medios para la enseñanza son trogloditas, el nivel de las clases de idioma resulta penoso, bastante menor que el nivel de absentismo del profesorado, y además de que todos, sin excepción, seguimos pagando las catequesis oficiales en nuestros colegios públicos, las clases de asignatura alternativa a la religión son patochadas que el docente de turno improvisa, en el mejor de los casos con buena fe, pero siempre sin la más mínima pretensión de que ello suponga un aporte al crecimiento integral del alumno. Todo esto y más lo conoce esa trama mafiosa que es la jerarquía educativa de nuestra comunidad, pero estamos en la Administración, señores, y todo puede esperar salvo el despacho y las ruedas de prensa.
Este año mis hijos trajeron del instituto un escrito que los padres debíamos firmar para darnos por enterados de las obligaciones de los alumnos en el centro. Era un folio escrito por ambas caras, y en ningún momento se hacía alusión a las obligaciones que el Instituto y su personal adquirían con los alumnos, algo que indiqué al lado de mi firma, pero que nadie me ha aclarado mes y medio más tarde. Pero claro, es que hay que ver cómo está la juventud hoy día, y si hablamos de los padres, ni les cuento. Y sí, lo cierto es que gran parte del fracaso de la educación en España es culpa de padres y madres, curiosamente antiguos alumnos. Ésta es otra cuestión que es mentarla, y tenemos a los responsables del tinglado silbando y escudriñando el calendario para ver cuándo cae la próxima inauguración. Y qué decir del trato que reciben esos padres marcianos a los que se les ocurre preocuparse por la cantidad de tiempo que pasan sus hijos en los centros educativos. En los dos cursos pasados tuvimos la fortuna de disfrutar de dos tutoras la mar de lindas en el Instituto, pero las dos (una con muchísima experiencia, y la otra con muy poca pero con muy buena fe y mejor cabeza) no pudieron darnos ni una sola solución para ninguno de los problemas planteados durante el curso. Las dos, cada una a su manera, y con carita de tristeza, vinieron a corroborar esta impresión ya más que contrastada de que la escuela tiene un único fin: ser un obstáculo que nuestros hijos deben sortear para hacerse personas. Y ahora que venga el de la honradez y la honestidaz a convencerme de que toda esa red de poderes que maneja no está podrida hasta la última de sus mediocres ramificaciones, y a mostrarme, para que brille su basura, la basura aún más pestilente que prometen los otros. Esta gentuza, los golfos y los golpistas, se creyeron que somos idiotas…




















