Nocturnos (41)
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201. Da igual que lo visites con premura o sin ella: un cementerio nunca se abandona con prisas.
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202. La nostalgia del futuro… No sé si alguien me la apuntó al oído, o si, por el contrario, me asaltó desprevenido en algún lúcido momento de tristeza.
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203. Cada una de nuestras convicciones, sean cruciales o diminutas, no son otra cosa que errores de consideración.
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204. Salgo de Valencia, rozando la Albufera y recorriendo el litoral hasta el límite con Alicante. El día se diluye en una aburrida e infinita sucesión de urbanizaciones y pueblos desangelados. Dos días después cruzo los valles y luces al oeste de Ciudad Real y al este de Badajoz, que comparados con aquellos otros escenarios rezuman hermosura y delicadeza. La diferencia fundamental entre ambas zonas es demográfica: la mano del homo sapiens, la osadía perturbada de la colmena reduce el paraíso a escombros.
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205. El silencio es el mejor escenario para los matices, para los más detalles más sutiles y para los más apasionados excesos. El silencio reposa en nuestra tarde como un océano necesario, sobre el que hoy vuela alguna gaviota milagrosa y mañana rugen tormentas universales.



3 comentarios:
Me gusta mucho leerte.
Un abrazo.
Con prisas o sin ellas, lo importante es poder abandonar el cementerio. Mala señal si te tienes que quedar allí. Un abrazo.
Besos, Angelines. Y claro, Javier, yo hablo de pasear. Ni la más mínima gana de quedarme allí a dormir... Ni siquiera para hacerme el valiente... :-). Un abrazo.
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